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“Hipótesis del tiempo fantasma” afirma que estamos viviendo en el año 1724 …


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El Confidencial/El Períodico(C.Ramirez)/marcianosmx.com  —  Habitamos una época donde la diversidad es la regla. De un individuo a otro pueden encontrarse diferencias entre creencias religiosas, ideologías políticas, gustos musicales y un largo etcétera. Nuestras opiniones son divergentes, y es un fenómeno completamente natural.

La hipótesis del Tiempo Fantasma es una teoría de la conspiración desarrollada en las décadas de 1980 y 1990 que afirma que los períodos de la historia, específicamente durante la  Alta Edad Media  (614-911 d.C.), están mal fechados o no ocurrieron en absoluto.

Esta teoría fue propuesta por primera vez en 1991 por Heribert Illig y luego fue ampliada en 1995 por el doctor Hans-Ulrich Niemitz, ambos alemanes. La misma afirma que el calendario estaba contaminado con 297 años que simplemente no existieron.

La teoría de Illig es referida popularmente como la “hipótesis del tiempo fantasma” y, de acuerdo con su contenido, la confusión entre los calendarios se produjo en el año 1000 después de Cristo e involucró a tres líderes mundiales de la época que conspiraron para modificar el sistema de fechas.

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Otón III del Sacro Imperio Romano Germánico

De acuerdo con Illing, Otón III del Sacro Imperio Romano Germánico, el emperador bizantino Constantino VII y el papa Silvestre II se reunieron para acordar una serie de triquiñuelas con el objetivo de alterar el calendario de forma que el reinado de Otón pudiera iniciar en el año 1000 – en lugar del año 996. De acuerdo con la hipótesis propuesta por el investigador alemán, el trío creía que el año 1000 parecía mucho más imponente y significativo para el arranque de un reinado que el 996.

Por eso, para hacer efectivo su plan Constantino, Otón y el papa fabricaron documentos de la época e inventaron una serie de personajes que jamás existieron así como acontecimientos que jamás se realizaron. Entonces, de acuerdo con la teoría del alemán, personajes como Carlomagno, el primer emperador romano, no fueron más que leyendas fabricadas por este grupo, junto con 297 años de historia.

Las evidencias.

Illig afirma que la “mentira” se mantuvo debido a que el sistema de datación de artículos medievales tiene fallas y también porque la mayoría de los estudiosos se basa en documentos escritos en la época medieval para reconstruir la historia. Por eso, sus investigaciones lo han llevado a creer que existe algo muy raro con el período comprendido entre los años 614 y 911.

De acuerdo con las observaciones de Illig, antes del 614 hay registros de muchos acontecimientos relevantes, y lo mismo sucede después del 911. Sin embargo, en este lapso de 297 años, no sucedió nada interesante – algo que suena bastante sospechoso. Por si fuera poco, el investigador afirma haber encontrado discrepancias matemáticas entre el calendario juliano (que divide el año en 365 días y 25 minutos) y el gregoriano (el que usamos de forma oficial y tiene 11 minutos de más).

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El emperador Otto III en la bóveda de la tumba de Carlomagno

Según la revista de ciencia ZME Science, el estudio describe que el emperador Otón II se aseguró de que su reinado “ocurriera” en el año mil para mostrar que entendía el “milenarismo cristiano”. Para lograrlo tuvo que manipular los años con el fin de llenar el tiempo que faltaba, por lo que inventó a Carlomagno, que supuestamente vivió del año 742 al 814 d.C. y lo dibujó «como el héroe modelo que él mismo quería ser».

Niemitz también planteó la hipótesis, con la ayuda del famoso teólogo Peter Schreiner, que el emperador Constantino VII reescribió toda la historia bizantina y dijo a sus transcriptores que destruyeran los escritos originales.

Aún con estas evidencias, la mayoría de historiadores se niegan a creer en la teoría del tiempo fantasma y para ellos todas las evidencias presentadas por Neimitz y Heribert son circunstanciales.

De acuerdo con el doctor Hans-Ulrich Niemitz, actualmente no es el año 2021, sino el 1724, argumentando que los años fantasmas se agregaron por accidente, mala interpretación, o tal vez incluso por falsificación deliberada por conspiradores del calendario.

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Coronación de Constantino VII.

De acuerdo con Niemitz, la cronología realizada por los investigadores entre la Antigüedad y el Renacimiento – periodo que comprende entre el año 1 y el 1500 – tiene 300 años “de más”.

Evidentemente, la teoría propuesta por Illig, y apoyada por Niemitz, sufre el rechazo de prácticamente la totalidad de los historiadores académicos quienes lo tachan de pseudohistoriador, aunque Niemitz ha tenido la precaución de señalar que existen argumentos que pueden invalidar esta fascinante propuesta.

Según  Hans-Ulrich Niemitz, colega de Heribert, explicó en su momento que habían varias pruebas que demostraban que el período desde el año 614 al 917 d.C. nunca ocurrió.

Una de estas pruebas es la Catedral de Aquisgrán en Alemania, «La Capilla de Aquisgrán (fechada en el año 800), parece haber llegado aproximadamente 200 años antes. La forma de construir un arco que se muestra en esta capilla no tiene antecesor».

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Papa Silvestre II

Según el historiador alemán, otros edificios de diseño similar no aparecieron hasta el año 1049, por lo que sería una prueba de que aquellos años no existieron realmente. 

Además, durante este período, el Imperio bizantino se sometió a una reforma masiva del gobierno, sin embargo, no existen fuentes históricas de la supuesta reforma en este período.

Neimitz también mencionaba la falta de documentación de la amplia expansión de la religión del islam por toda Persia y Europa, la inactividad del pueblo judío durante una época de gran agitación como evidencia, y el estancamiento en el desarrollo de las artes respecto al período romano durante esos primeros tres siglos.

Mediante la conexión de todos los puntos, el científico explicó que se hace evidente que 297 años no se encuentran en las historias de muchas culturas y diferentes civilizaciones.

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Papa Gregorio XIII

Las pruebas encontradas

El Papa Gregorio XIII fue el impulsor del calendario gregoriano, el que utilizamos hoy en día en todo el mundo. Fue en el año 1582 y, con su llegada, se ponía fin al conocido como calendario juliano, el que puso en marcha Julio César en el año 48 a. C. Ese antiguo calendario estipulaba que, cada 4 años, había que añadir un día más para que el calendario coincidiera con el año solar: así comenzaron los años bisiestos.

El problema es que después se demostró que el año solar dura, exactamente, 365,24219 días y no los 365,25 que se habían estipulado. Eso suponía que, durante más de 1600 años, se habían estado contando 11 minutos de más a cada año, lo que supone que cada 128 años se ganaba un día.

Por eso, Gregorio XIII decidió que había que retocar el calendario y adaptarlo, ya que la fecha solar no se correspondía con la que se llevaba en la Tierra.

Sin embargo, aunque los cálculos matemáticos son claros y el Papa debería haber adelantado el calendario casi en 13 días, lo cierto es que solo lo hizo en 10. Así, en 1582, el día siguiente al 4 de octubre no fue el 5, sino el 15, por lo que esos 10 días no existieron oficialmente. Pero hay quien cree que esos tres días de desfase entre el cálculo real y el que tuvo en cuenta Gregorio XIII obedecen a otra causa.

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Carlomagno, que según esta hipótesis, sería una simple leyenda.

Tiempo fantasma

En la década de los 90, un grupo de historiadores alemanes se enfrentó de nuevo a este problema y propusieron una teoría: se conoce como la «hipótesis del tiempo fantasma» y consiste en que esos tres días de más que Gregorio XIII no añadió al calendario tienen que ver, más que con un error matemático, con una idea, cuando menos, inverosímil: la Edad Media no existió.

Por eso, según este grupo de «historiadores», actualmente no estaríamos viviendo en el siglo XXI, sino en el XVIII, concretamente en 1724. El tiempo que se habría añadido artificialmente estaría comprendido entre los años 600 y 900 de nuestra era, lo que significaría que personajes de la talla de Carlomagno no habrían existido y se habrían inventado con propósitos más o menos desconocidos.

De esa manera, se explicarían esos 3 días de desfase entre ambos calendarios.

Pero, ¿quién borraría 300 años de historia de un plumazo? Según Niemitz, fue el emperador Otto III quien se alió con Silvestre II, el Papa de la época, porque ambos querían vivir en el año 1000. La razón es que así «se adaptaban a su comprensión del milenarismo cristiano».

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Heribert Illig

El problema es que ambos nacieron 300 años antes, pero decidieron cambiar la fecha para poder vivir el cambio de milenio.

Como era de esperar, Niemitz e Illigs no están solos en su verdad revelada. En Rusia, un grupo de historiadores y matemáticos (Nikolai Morozov, Anatoly Fomenko -foto-…) abrió el camino a mediados de los 80.

Basándose en los trabajos de inspiración bíblica de Jean Hardouin (1649-1729) que tanto gustaron a Isaac Newton, los ínclitos llegaron a la conclusión de que todas las fechas estaban mal, y que en el siglo XVI los monjes benedictinos se encargaron de falsificar miles de textos griegos y romanos.

Así, explican, el Viejo Testamento se escribió en realidad entre los siglos  XIV y XVI, y la historia de Grecia, Roma o Egipto se la inventaron esos mismos religiosos.

Lo curioso de todas estas teorías no es que alguien haya malgastado tinta y papel en escribirlas o que algún cerporro pierda tiempo escribiendo sobre ellas en su blog, sino que a sus autores no les hayan fichado ya por la Real Academia de la Historia.

¿Sería posible confirmar esta teoría? Y de ser así, ¿nos haríamos a la idea de que estamos viviendo en pleno siglo XVIII?

nuestras charlas nocturnas.

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