Misterios: entre leyendas y realidad (II) …
Los Goblins de Hopkinsville
Todo comenzó la noche del 21 de agosto.
Desde las primeras horas después que el Sol se ocultó, pudo escucharse un sonido insistente parecido a una canción entonada en un idioma desconocido, podía escucharse con claridad que provenía del bosque que rodeaba a la propiedad.
El sonido se extendió durante toda la madrugada y parte de la mañana siguiente, provocando que los habitantes de la granja empezaran a preocuparse.
Durante el punto más álgido de aquella madrugada, también habían visto luces extrañas de color verde que brillaban por entre los árboles iluminando el cielo nocturno en la distancia.
Los Sutton habían mantenido en su posesión aquellas tierras desde hacía dos generaciones y jamás se habían enfrentado a tal cosa.
En la misma casa vivían los patriarcas Henry y Beatrice Sutton, el hijo mayor Jerold (J.C.) y su esposa Abeline, sus hijos Agatha y Barry de 6 y 9 años respectivamente, además de su hermano Elmer.
Un amigo de la familia, de nombre Billy Ray, pasaba algunos días con los Sutton en esa época. Todos se reunieron en el pórtico de la casa intentando comprender lo que estaba sucediendo. Las opiniones sobre lo que significaba aquel misterioso sonido eran variadas.
Según Beatrice se trataba de algún animal, quizá jabalíes americanos. Sin embargo, J.C estaba convencido de que se trataba de alguna especie de canción. Notaron que los perros de la granja ladraban cuando el sonido se hacía más intenso y que los otros animales, caballos y vacas, se comportaban de forma inusual.
Después de toda una noche en vela, Elmer y Billy Ray decidieron llegar al fondo del problema. Tomaron sus escopetas y se adentraron en el bosque. Siguieron una brecha bosque adentro durante al menos media hora. El sonido había cesado en el instante que pusieron un pie en el bosque y un aterrador manto de silencio parecía haber cubierto aquel lugar.
Relataron que todo estaba muy tranquilo, que ni siquiera se podía escuchar a los pájaros comunes de la zona. Cerca de un gran árbol, el par encontró un montículo de tierra removida de aproximadamente medio metro de altura.
En la cima de este montículo descubrieron alas de pájaros, huesos de animales pequeños, hojas, rocas de colores y otros objetos curiosos. Según las palabras de Elmer Sutton, aquella estructura evocaba un pequeño altar primitivo, como los que los nativos hacían siglos antes. Pero los indios se habían ido de aquella región desde hacía bastante tiempo.

Inquietos por el descubrimiento, ambos decidieron regresar a la granja.
Cuando volvían por la brecha que habían seguido, escucharon un silbido alto y el sonido de algo aproximándose por entre los arbustos.
Los dos se detuvieron de inmediato y apuntaron las escopetas en dirección al sonido, aguardando durante unos segundos muy tensos.
De repente, una silueta humanoide, de corta estatura y fisionomía grotesca, emergió de entre los arbustos de forma sigilosa.
Aquella criatura pálida de enormes ojos y orejas aún más grandes se agachó a casi diez metros de los hombres y soltó un rugido largo y fuerte como si se tratara de un perro salvaje.
Los hombres pudieron ver cuando sus labios se retrajeron para mostrar los dientes. Después se abalanzó sobre ellos corriendo en cuatro patas.
Las escopetas estallaron y la criatura voló por el aire. Ambos decidieron alejarse a toda prisa sin mirar atrás, pues en seguida tuvieron la aterradora sensación de estar siendo observados.
Al salir del bosque y llegar al claro donde se situaba la granja, encontraron preocupado al resto de la familia. Habían escuchado los disparos de las escopetas. Además, les dijeron que se habían ausentado durante demasiado tiempo, lo que el par rechazó afirmando que solo había sido alrededor de una hora.
Henry les dijo que se habían ido desde hacía tres horas y que en ese lapso, los extraños ruidos provenientes del bosque no habían hecho más que intensificarse dejando a todos en estado de pánico. Confundida, la familia se reunió en la casa y los hombres contaron lo que habían visto.
Tenían planeado cargar una carreta con sus pertenencias e irse a Hopkinsville, pero mientras hacían los preparativos el canto extraño se hizo más estruendoso, adquiriendo un tono de urgencia. Aquella música gutural parecía más salvaje y próxima.
Los hombres tomaron las viejas escopetas de la granja, algunas provenientes del periodo de la Guerra Civil. Se repartieron las municiones y se mantuvieron alerta. Los caballos estaban bastante nerviosos y dudaron ser capaces siquiera de poner el arnés a los animales.
La noche empezó a caer lanzando sombras sobre el bosque. Cuando todo quedó oscuro el mismo brillo ondulante reapareció, iluminando el cielo con un fulgor siniestro.
Resolvieron atrancar las puertas con los muebles para impedir la entrada de lo que sea que estuviera allá afuera. Esa noche estaba clara, la luna llena brillaba con todo su esplendor sobre la granja. Los hombres vigilaban aprensivos incluso mientras se preparaba una cena a las prisas.

Con la llegada de la madrugada, el ruido cesó de forma repentina y poco después las personas al interior de la casa en la granja notaron movimiento en los alrededores. Eran figuras de baja estatura en cuclillas, parecidas a aquella que había sido tiroteada en el bosque, corrían por todo el frente de la casa gritando y gruñendo.
Las piedras volaron sobre las ventanas alcanzando las persianas y las paredes de madera.
Los perros al interior de la casa ladraban como locos, los niños lloraban y las mujeres gritaban aterrorizadas.
En la puerta principal, fuertemente atrancada y bloqueada con una pesada cómoda de madera, podían escucharse los golpes de incontables manos.
Por entre las rendijas de las ventanas surgieron las sombras de los invasores, criaturas feroces del tamaño de niños: desnudas y pálidas, con facciones embrutecidas y ojos que brillaban en la oscuridad.
Poco después escucharon un relinchido aterrador que provino del establo. Las criaturas habían llegado hasta los animales de la granja. El barullo que siguió fue angustiante, era el sonido de gruñidos mezclados con el tropel de los caballos, mugidos nerviosos y llenos de terror que se extendieron durante varios minutos.
Elmer quería abrir la puerta y hacer frente a los invasores, pero Henry jamás se atrevería a poner en juego la vida de los niños y las mujeres. La puerta principal fue golpeada nuevamente, pero la gruesa madera soportó el castigo.
Sin embargo, lo mismo no podía decirse de las ventanas que empezaban a ceder ante la ferocidad de las criaturas que amenazaban con entrar. Percibiendo peligro inminente, los hombres apuntaron las escopetas y dispararon por entre las rendijas, más para asustar a los seres que para alcanzar un objetivo.
Los gritos irrumpieron en el patio frontal, era un sonido de terror y pánico salvaje, seguido de los sonidos de pasos que emprendían una retirada. Aquel tumulto se había dispersado, la familia tuvo tiempo suficiente como para clavar tablas sobre las puertas y ventanas, además de reforzar sus barricadas con los muebles más pesados que tenían.
En torno a las tres de la mañana, una segunda ola de criaturas envistió la casa, esta vez se concentraron en la puerta trasera que había sido asegurada con tablas. La puerta resistió aquellos ataques furiosos de puños y patadas.
Fue entonces que escucharon pasos en el tejado y supieron inmediatamente que las criaturas habían llegado arriba. Las tejas caían por todas partes y la embestida superior terminó cuando los familiares dispararon al aire. Los gruñidos se multiplicaron y la puerta trasera parecía a punto de vencerse.

Billy Ray y Jerold apuntaron sus armas en esa dirección, en el preciso instante que la puerta se soltó de las paredes.
Las armas estallaron e inmediatamente algunos seres fueron alcanzados, pero otros tantos los relevaron, extendiendo sus manos dotadas de garras al interior de la casa.
Dispararon en repetidas ocasiones hasta que finalmente los seres desistieron.
El comedor fue volteado y colocado frente a la puerta para resguardar la entrada.
El segundo ataque se extendió al menos durante dos horas, con las criaturas gruñendo enfurecidas, lanzando piedras contra la fachada y golpeando las paredes.
Finalmente, cuando empezó a amanecer, se rindieron y regresaron al bosque.
Alrededor de las siete de la mañana, los hombres notaron que había movimiento otra vez en la puerta principal, pero en esta ocasión eran vecinos que vivían a algunas millas de distancia. Los Sutton abrieron la puerta para saludar a unos vecinos impactados por lo que veían sus ojos.
La granja parecía un campo de guerra, todo estaba fuera de lugar, destruido o arruinado. No había quedado ninguna señal de las criaturas responsables por tal devastación, se habían ido llevándose a sus heridos y muertos.
El establo, gallinero y granero estaban destruidos, los animales que allí vivían fueron brutalmente masacrados a golpes y pedradas. Una serie de extraños símbolos fue pinta en la pared del granero con la sangre de los animales abatidos.
Los vecinos, Paul Taylor y su hijo Carlton, dijeron que habían escuchado los disparos en la madrugada, pero no pudieron acudir antes por temor a dejar al resto de su familia desprotegida. Tomando en cuenta la cantidad de criaturas y la forma tan violenta en que atacaron, los Taylor no pudieron tomar una mejor decisión.
Carlton, acompañado de Elmer, se dirigió hasta Hopkinsville para buscar ayuda y en menos de una hora más de una docena de habitantes preocupados hacían acto de presencia en el lugar para dar fe de la situación.
Nadie dudó de la historia de Henry Sutton, el hombre no ganaba nada con inventarse aquello y los Sutton siempre habían sido gente de bien, incapaces de inventar aquella historia solo para llamar la atención. Además, el estado de las mujeres y de los niños dejaba en claro que algo realmente malo había sucedido.

En la noche del 21 de agosto de 1955, cinco adultos y siete niños visitaron la estación de policía de Hopkinsville, Kentucky, con una historia extraña. Entre esos 12 estaban los hermanos Elmer y John Sutton, así como O. P. Baker, quienes están en la foto.
El delegado del condado de Christian, Russel Greenwell, y una veintena de oficiales acudieron a la granja. Los policías sacaron fotos, rastrearon el área e interrogaron a las personas. A inicios de la tarde, el grupo ingresó al bosque buscando indicios de la misteriosa presencia sobrenatural. No encontraron nada, ni una sola huella o rastro.
Los periódicos locales dieron una amplia cobertura al caso y los Sutton se convirtieron en una especie de celebridad. Las criaturas fueron llamadas los “Goblins de Hopkinsville” en un reportaje que hizo el Kentuck New Era y el nombre se quedó de forma definitiva.
En los días siguientes, los habitantes de Hopkinsville informaron que hombres del gobierno habían estado en la región, haciendo preguntas y recolectando información. Algunos venían de la Base Aérea del Fuerte Campbell. Incluso hay rumores de que miembros del sigiloso Proyecto Blue Book también estuvieron indagando.
Tras el incidente, los Sutton decidieron no hablar más de lo que había pasado aquella noche. La granja se convirtió en una especie de atracción turística durante algunos meses, congregando a un gran número de curiosos. Incómodos por la invasión a su privacidad, la familia dejó el condado de Christian y se refugió en casa de familiares.
Solo Billy Ray siguió viviendo en la región, afirmando de forma categórica que los hechos sucedieron según el relato. Un año después la granja fue vendida y los Sutton se mudaron al oeste.
Especialistas en fenómenos paranormales formaron, a lo largo del tiempo, varias hipótesis sobre el incidente y sobre la naturaleza real de los “Goblins”.
Una de las hipótesis más interesantes (y controversiales) pone a los Goblins como visitantes inter-dimensionales, criaturas provenientes de otra realidad. Habrían “invadido” nuestro mundo cruzando algún portal que conectó ambas dimensiones durante cierto periodo de tiempo. Incapaces de vivir en este mundo, simplemente se habrían marchado.
Probables explicaciones al suceso
Los psicólogos Rodney Schmaltz y Scott Lilienfeld han citado el supuesto incidente como un ejemplo de pseudociencia y un «reclamo extraordinario» para ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades de pensamiento crítico.
El miembro del Comité para la Investigación Escéptica y escéptico Joe Nickell señala que la familia pudo haber identificado erróneamente al búho cornudo o búho real americano, que son nocturnos, vuelan silenciosamente, tienen ojos amarillos y defienden agresivamente sus nidos.
Según Nickell, también se produjeron avistamientos de meteoritos en el momento que podrían explicar la afirmación de Billy Ray Taylor de que al ir por agua al pozo, vio poco antes «una raya de luz brillante en el cielo desaparecer más allá de una línea de árboles a cierta distancia de la casa».
Según el autor Brian Dunning, «simplemente hay demasiadas similitudes entre las criaturas reportadas por las familias y un par agresivo de búhos de Cornualles locales, que tienen una altura de dos tercios de metro»
El ufólogo francés Renaud Leclet también argumentó en una publicación que la explicación del caso son los búhos cornudos. El que no fueran ni heridos se atribuye a la mala puntería en la oscuridad, la granja no tenía electricidad ni agua corriente.
Otro ufólogo, Jerome Clark, escribió que las supuestas criaturas «flotaron» a través de los árboles y el sonido de las balas golpeándolas «parecían balas que golpeaban un cubo de metal». Clark describió «un parche luminoso extraño a lo largo de una valla donde uno de los seres había sido disparado, y, en el bosque más allá, una luz verde cuya fuente no podía determinarse». Sin embargo, la explicación científica alegó que se trataba de elementos bioluminiscentes de hongos de la madera en estado de descomposición.
Clark también escribió que las investigaciones de «policías, oficiales de la Fuerza Aérea de la cercana Fort Campbell y ufólogos civiles no encontraron evidencia de engaño».
Sin embargo, Brian Dunning informó que «la afirmación de que los investigadores de la Fuerza Aérea se presentaron al día siguiente en la casa de la Sra. Lankford ha sido publicado varias veces por autores posteriores, pero no pude encontrar evidencia que corrobore esto».
Dunning también observó que «los cuatro policías militares que acompañaron a los oficiales de policía la noche del evento eran de una base militar, no de una base de la Fuerza Aérea».
Algunos ufólogos compararon las supuestas criaturas con gremlins, que a menudo serán conocidos después como los «Goblins de Hopkinsville» en la cultura popular estadounidense. El ufólogo Allan Hendry escribió que este caso se distingue de otros por su duración y por el número de testigos involucrados.
El Proyecto Libro Azul, que recogía una serie de estudios sobre ovnis llevado a cabo por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, enumeró este caso como un engaño sin más comentarios.
JonBenét Ramsey: uno de los casos policiales más misteriosos

Justo el día 26 de diciembre de 1996 a las seis de la mañana, Patsy Ramsey despertó y se dirigió hasta la cocina de su casa. Era el día posterior a la Navidad y todo aparentaba estar perfectamente normal, hasta el momento en que notó un trozo de papel sobre el comedor.
Se trataba de una extensa nota de rescate, allí se exigía la cantidad de US$ 118 mil a cambio de devolver a su hija más pequeña, JonBenét Ramsey, de apenas seis años de edad.
En la residencia, además de Patsy se encontraba su esposo John y el hijo mayor de la pareja, Burke, de 9 años. La familia rápidamente llamó a la policía, a los familiares y otros conocidos, y en cuestión de minutos la casa estaba atestada de personas afligidas por el secuestro de la niña.
Aquella actitud tan precipitada y descuidada provocó una verdadera limpieza de evidencias, hecho que perjudicó la investigación desde el principio. Pese a esto, los oficiales notaron que no había señales de entrada forzada en el lugar y tampoco robo de pertenencias.
John se mostró en toda disponibilidad para retirar la suma exigida y pagar el rescate de su hija, pero nadie apareció para cobrar el rescate. Con el paso del tiempo, las cosas se volvieron aún más extrañas.
Tras algunas horas sin novedades en el caso, la familia empezó a buscar en cada rincón de la casa, hasta que sucedió lo peor: John encontró el cadáver de su hija oculto en el sótano. Ataron a la pequeña de las muñecas y el cuello con una cuerda de nylon.
Apenas descubrió el cuerpo de la niña, John cometió otro error: llevó el cadáver a otra zona de la casa, enturbiando aún más la escena del crimen. Curiosamente, Patsy señaló que la niña iba vestida con ropa diferente a la que llevaba la noche anterior.

La autopsia concluyó que JonBenét había muerto por estrangulamiento, además presentaba graves lesiones en el cráneo y traumatismo genital. La familia entera quedó bajo sospecha y los obligaron a entregar muestras de sangre y cabello, además de las muestras de caligrafía.
Uno de los extraños hechos destacados por los investigadores es que la nota de rescate se escribió en un cuaderno que era de la familia. Después de todo, no tenía lógica secuestrar a alguien y escribir una extensa nota en la escena del crimen.
Además, la cantidad solicitada coincidía exactamente con el monto que John había ganado como bono ese año. Para empeorar las cosas, algunos agentes creían que la letra de Patsy era similar a la de la nota, pero nunca pudieron comprobarlo.
Una serie de extrañas casualidades.

Los padres de JonBenét – john y Patsy- estuvieron sospechados por el crimen de su hija.
Este caso se desarrolló durante dos décadas y, hasta la fecha, se mantiene abierto. Pese a eso, una serie de extrañas coincidencias que relacionan a la familia con el crimen se han ido descubriendo.
Para empezar, tan solo cuatro años antes del asesinato de JonBenét, John estaba casado con una mujer llamada Lucinda Pasch con quien tenía una hija llamada Elizabeth Ramsey. En 1992, Elizabeth murió de forma trágica en un accidente automovilístico.
Sospechando, los oficiales reabrieron el caso para ver si había alguna forma de que John hubiera sido culpable por la muerte, pero nunca pudieron comprobar nada.
Otro descubrimiento extraño puso la balanza contra John: una maleta encontrada en el sótano de la casa. La familia declaró que jamás había visto ese artículo; sin embargo, durante la investigación se encontraron restos de semen del padre de la niña en un cobertor y un libro que estaba dentro de esta maleta.
Y aunque estos hallazgos levantaron sospechas, no fueron suficientes para relacionarlo con el homicidio.

La casa de los Ramsey.
Pese a que la policía siempre puso a John y Patsy en el centro de sus investigaciones, otras 1,600 personas fueron, en algún momento, consideradas sospechosas.
Un hecho que resultó evidente en el crimen fue el abuso sexual sufrido por JonBenét. En la escena del crimen no se encontró evidencia de agresión sexual, pero la policía creía que la niña era abusada desde hacía tiempo.
Los informes mostraron que tres días antes del homicidio, alguien había llamado a la policía desde la casa de los Ramsey, pero colgaron inmediatamente. Esto podría haber sido un indicio de que algo extraño sucedía en la casa.
La autopsia también reveló que la niña pudo haber sido víctima de abusos desde hacía años, y existían registros médicos que revelaban que los padres de JonBenét la habían llevado al hospital pues sus órganos genitales presentaban irritación.
Los concursos de belleza.
Extrañamente, la pequeña era obligada a participar en concursos de belleza, constantemente objeto de críticas por sexualizar en exceso a las niñas.
La familia llegó a declarar que estaba arrepentida de haber puesto a JonBenét en este ambiente, pues podrían haberla acercado a depredadores sexuales, y también revelaron que había estado ante personas sospechosas.
El propio hermano le dijo a la prensa que creía que JonBenét había sido asesinada por algún “pedófilo del público en el concurso”, pero incluso su actitud era extraña en torno al caso.
Burke era un niño problema sumamente raro: varias veces manchó la cama de su hermana con heces.
Algunos creían que su actitud era promovida por los celos que sentía de la atención que recibía la pequeña, y se llegó a especular que el niño la había matado en un arranque de ira.
Tan solo unos días después de la tragedia, durante un interrogatorio, los agentes notaron a un Burke indiferente. Incluso llegó a hacer bromas y a decir que su madre estaba “exagerando” con la muerte.

Los otros sospechosos del asesinato de JonBenét Ramsey.
No suficiente con esta familia tan problemática, los investigadores tuvieron que lidiar con otros sospechosos extraños. Uno de ellos fue un Papá Noel que visitó la casa la noche anterior al asesinato y cuya propia hija había sido secuestrada dos décadas antes.
Otro que pasó por la sala de interrogación fue Michael Helgoth, que se suicidó después que un investigador privado contratado por la familia hubiera grabado una confesión suya sobre el asesinato. Sin embargo, Michael no fue el único en colocarse en la escena del crimen, en el 2006 John Mark Karr se declaró (falsamente) culpable, pero lo pusieron en libertad al no encontrar ningún tipo de coincidencia en el ADN. Hasta nuestros días, nadie sabe la verdad oculta en la historia de JonBenét.
También hubo otros sospechosos: Gary Oliva, un pedófilo que había estado preso y vivía cerca de los Ramsey; John Mark Karr, un profesor de primaria en Tailandia que aseguró haberla matado; Bill McReynolds, un amigo de la familia al que le gustaba vestirse de Papá Noel. Pero todos sus perfiles fueron desestimados.
Con el caso en suspenso, hace dos años surgió una nueva línea. Un testimonio aseguró que Randy Simons, un fotógrafo de 66 años, fue detenido por 15 cargos de pornografía infantil, podría ser el responsable. El le había hecho un book y después del crimen se mostró preocupado por una coartada.
También se dijo que la pequeña no estaría muerta y que en realidad sería Katy Perry.

Michael Helgoth
La nota de rescate en el caso JonBenét Ramsey.
“Sr. Ramsey,
¡Escucha con atención! Somos un grupo de individuos que representa a una pequeña facción extranjera. Respetamos su negocio, pero no el país al que sirve. En este momento tenemos a su hija en nuestra posesión. Se encuentra a salvo e ilesa, y si quieres que vea el año 1997 debes seguir nuestras instrucciones al pie de la letra.
Retirarás US$ 118 mil de tu cuenta. US$ 100 mil serán en billetes de US$ 100 y el restante en billetes de US$ 20.
Cuando llegues a casa, coloca el dinero en una bolsa de papel café. Llamaremos entre las ocho y diez de la mañana para dar instrucciones. La entrega será desgastante, por lo que aconsejo que descanses. Si notamos que consiguió el dinero por adelantado, podremos llamarlo más temprano para acordar la entrega y, por consecuencia, la devolución de su hija.
Cualquier desatención a mis instrucciones resultará en la inmediata ejecución de su hija. También le serán negados sus restos mortales para una sepultura digna. A los dos caballeros que vigilan a tu hija, particularmente, no les caes bien, por lo que te aconsejo no provocarlos. Hablar de la situación con la policía, el FBI, etc… resultará en su decapitación.

Así luce la nota que dejaron sobre el comedor la noche del asesinato
Si te atrapamos conversando con alguien, ella muere. Al alertar a las autoridades del banco, ella muere. Si el dinero es marcado o adulterado de alguna forma, ella muere. Puedes intentar engañarnos, pero debes saber que estamos familiarizados con estas tácticas. Tienes 99% de probabilidades de matar a tu hija si intentas hacerte el listo. Sigue las instrucciones y tendrás el 100% de posibilidades de tenerla de vuelta.
Tu familia está bajo vigilancia constante, así como las autoridades. No te hagas el listo. No nos subestimes, John. Usa tu buen sentido. Ahora depende de ti, John.”
Quién mató a JonBenét

La investigación judicial fue controvertida y paralelamente la familia Ramsey hizo un rastreo privado. Pero nunca se encontraron pruebas claras y los fallos también tuvieron idas y vueltas.
En 1999, el gran jurado votó por imputar a los padres, pero el fiscal Alex Hunter decidió no acusarlos por falta de pruebas.
Más tarde, en 2006, un experto del FBI concluyó que el perfil del autor de la nota para el rescate coincidía con el de la madre.
Dos años más tarde la justicia resolvió que la familia no tenía relación con el asesinato.
La madre, Patsy, murió por un cáncer de ovarios a los 49 años, diez años después del asesinato y antes de ser señalada por la justicia como sospechosa.
Burke ronda hoy los treinta y pico. Recién hace cinco años dio por primera vez una entrevista donde reconoció que ellos fueron sospechosos.
El padre, John, tiene 77 años. Estuvo en pareja un tiempo con la madre de un resonante caso de una adolescente asesinada. Desde 2004 se dedica a la política y tendría una nueva esposa.

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