¿Pero de verdad existieron alguna vez las groupies? …
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La banda rockera de las GTO se formaba por siete de las groupies más rutilantes de los años 70, entre ellas, Pamela des Barres (abajo, en el centro)Y Judith Edra Peters (arriba, a la izquierda)
La Razón(S.Méndez)/chilangopost.com(M.Thompson)/Vaniti Fair(G.Morales)/pikaramagazine.com(C.Bouza)/Esquire — ¡¡¡ Ah, las groupies!!!… Criaturas míticas del rock de las que hablaba todo el mundo, pero cuya existencia era tan difícil de comprobar como la del centauro o el unicornio en la Antigüedad grecolatina.
En teoría, eran amazonas desinhibidas que se pirraban por tener encuentros carnales con los músicos, un significado mítico a medio camino entre la musa, la hurí, la ninfa y la coleccionista de autógrafos. ¿Qué hay de cierto en ello?
Bueno, más de lo que parece y mucho menos de lo que la lírica de la epopeya rock pudiera sugerir.
El fenómeno corre paralelo al cambio de paradigmas sexuales que se da en el siglo XX. Cuando las escolares de los años 50 empiezan a gritar al ver a Frank Sinatra, se sientan las bases de lo que serían las posteriores groupies, pero sus fundamentos ya venían de lejos. Por lo menos, de medio siglo antes.
A principios del XX, Freud normalizó una serie de conductas emotivas que hasta la fecha estaban proscritas de ser manifestadas en público.
Tras la Segunda Guerra Mundial, ese camino de sinceridad se cruza con la prosperidad económica de los adolescentes y aparecen los primeros fenómenos de fans grupales que van a chillar y testimoniar las emociones de sus hormonas en los conciertos.
El primer icono de esos clubs de fans será Sinatra. Lo persiguen para adorarlo las llamadas «bobby soxers», chiquillas que todavía vestían los calcetines infantiles (de ahí su nombre) en lugar de las medias de nylon que serían muy populares entre las féminas adultas de la época.
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Pero como la popularidad del rock’n’roll nace enseguida por esos días (en 1953, concretamente), todo ese mercado de filias adolescentes se traslada de una manera natural a los artistas de la nueva música respondona.
Son artistas que además tienen una edad más cercana a la de sus propios seguidores. La universalidad de ese tipo de movimientos grupales juveniles alcanza su momento más mundial con la «beatlemanía».
El sesgo de género se ve muy claro en las películas de la época: existían fans masculinos, pero eran pocos y se expresaban de diferente manera.
La posesión del desmadre emocional la asumían sin complejo ellas, gustando de acciones llamativas que a veces se convertían incluso en problemas de orden público.
¿Cómo se pasa de las fans aguerridas a las groupies?
Pues con la llegada de la contracultura, que agrega unas dosis importantes de filosofía y desafío de costumbres a esa pócima.

Cantos de sirenas
La idea de emancipación, de dirigir la propia sexualidad y de amor libre intersecciona con todo ese movimiento fan y el seguimiento de las bandas se convierte en algo ya de mucho más contenido, sobre todo en el caso de las bandas hippies más ideologizadas.
La groupie de finales de los 60 es una mujer que no quiere solo acostarse con el músico, sino compartir su vida libre y utópica y su mundo de creatividad (empoderarse, le llaman ahora).
En muchos casos saben más de la banda que los propios críticos, conocen bien la música del grupo y sus objetivos artísticos.
Que existieron es indubitable porque hasta la «Rolling Stone» les dedicó un especial de su reportero Baron Wolman el 15 de febrero de 1969 (un año de un guarismo adecuadísimo para el tema).
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Con The Beatles brilló más que nunca el fenómeno fan, como se ve en esta imagen de Los Ángeles de 1964
Wolman las fotografió abundantemente.
Justo a tiempo, porque en 1973 toda la espontaneidad de esas conductas ya se había vulgarizado (convirtiéndose en algo cercano a la prostitución encubierta), como se comprueba en el libro «Viajando con los Rolling Stones», de Robert Greenfield, o con el caso de las strippers que Queen alquilaron para la presentación de su disco «Jazz» en 1977.
Pero, aunque su reinado fue breve y se deshizo pronto en lamentables epígonos, sería injusto pensar en las groupies como simples busconas.
Mujeres como Cherry Vanilla o Genya Ravan grabaron luego discos jugando con la leyenda (no se sabe si cierta) de haber sido groupies. En el caso de Ravan, incluso discos notables. Unieron así sus nombres a Miss Sandra, Anna, las GTO y otras. Por tanto, la isla de las sirenas realmente existió. Otra cosa es que sus cantos fueran o no armoniosos.
Antes, los fenómenos musicales eran trofeos vivos para la mayoría de las personas, los fans eran pasionales a morir. Existían individuos que hacían filas interminables para obtener un vinyl de colección de su banda favorita; en cuanto a la mayoría de las mujeres fanáticas, su misión de vida se basaba en entregarse por completo a sus artistas con el objetivo de convertirse en el amuleto perfecto mientras se iban de gira, su tirada era tranformarse en sus predilectas groupies.

Hoy en día, cuando te gusta algún músico, casi siempre lo reconoces por canciones contadas que te llevan a la disposición de pagar por su concierto, ya no existe esta cultura de conocer álbums completos, por el mismo hecho de que vivimos diariamente que vivimos en una sociedad inmediata atascada de información, ya nisiquiera da tiempo de aferrarte a colecciones enteras, Claro que existen excepciones de gente muy clavada en la música, pero créanme… son pocos.
Es por esto mismo que las fans que existen actualmente no se comparan en lo absoluto con las groupies de las bandas que se crearon específicamente en los 60 y 70, estas mujeres que jamás volverán a existir así, se desvivían por conocer a su presumible músico y ser en algún sentido parte de su entorno, y si es que lo lograban se sentían en la cima de su vida a pesar de las consecuencias.
Actualmente, existe mucha pasión por la música pero ya no es tan exagerado, otros, se conforman con verlos tocar en vivo y disfrutar ese momento. pienso que hemos evolucionado de manera acertada, debido a que el fanatismo en sí te puede llevar a lugares que simplemente no te corresponden ya que al sumergirte a este extremo, el fanático deja de vivir su vida por pensar en la otredad, o sea, en su fanatismo.
Las groupies vivían para sus bandas, para esa otredad constante, ellas no solo querían entrar en la atmósfera de sus héroes, sino que querían ser sus musas y su completa inspiración.

La opinión de personas externas a esta situación daban por hecho que el papel de estas mujeres era estar drogadas todo el tiempo y ser el acostón frecuente de sus músicos estelares.
En parte era razón; sin embargo, muchas de ellas se sentían en el paraíso, eran bien tratadas y conseguían ese protagonismo de ser la melodía inspiracional y otras por no decir que la mayoría, se convirtieron en víctimas del valemadrismo de estos rockeros que consecuentemente acabaron con graves problemas de drogadicción, mala fama y vida acabada.
Este fenómeno particularmente se daba en las bandas de rock, en el momento que un músico tenía una groupie, automáticamente ya se podía nombrar a si mismo una «Estrella nata de Rock»
Dichas mujeres al convertirse en las «it girls» de sus estrellas, se transformaban en seres glamourosos con el espejismo de entrar a un mundo de sexo, drogas, envidias y mucha fiesta.
Existieron mujeres que dejaron su marca en la historia del estrellato del Rock, a continuación les nombraremos a varias de ellas con su respectiva historia que obtuvo un protagonismo con un tono bastante interesante y controversial:
Pennie Lane

Durante tres años, desde los 17 a los 20, viajó y tuvo relaciones con algunas de las estrellas de rock más importantes de todos los tiempos: Jimmy Page, Robert Palmer, Eric Clapton, Roger Daltrey… Después regresó a casa, terminó la universidad y se casó. Su vida fue llevada al cine en la película Casi famosos.
Pattie Boyd

Ex modelo y fotógrafa, se casó con George Harrison, al que dejó para marcharse con Eric Clapton. Terminó por divorciarse del segundo por el mismo motivo: las constantes infidelidades. La famosa canción Layla está dedicada a ella. Mantuvo romances con Ron Wood, Mick Jagger, Eric Swayne…
Pamela Des Barres:

La vida loca de Pamela empezó en su temprana adolescencia. Al ser parte de este ambiente mundano de la música e instalarse completamente en este plano, pudo tener encuentros sexuales con Jim Morrison, Keith Moon y especie de amoríos con Jimmy Page y Mick Jagger.
La más importante de cuantas groupies cruzaron los sesenta. Mantuvo relaciones con Keith Moon, Jim Morrison, Mick Jagger… hasta que Jimmy Page la abandonó por una chica más joven, algo que se convirtió en un serio problema.
Des Barres se convirtió en una de las groupies más famosas y de altísimo nivel, se la vivía en los clubes de Sunset Strip con leyendas como Jim Morrison, The Rolling Stones y The Flying Burrito Brothers, viajaba en aviones privados con Frank Zappa y más adelante armó su propia banda de Rock llamada GTOs.
Lo cool de esta groupie es que no cayó en el concepto banal de esta palabra, sino que era recordada por su estilo y su influencia. Actualmente tiene 67 años, es ama de casa y escribió un libro llamado I’m With the Band: Confessions o a Groupie (1967) contando todas sus aventuras.
Lori «Lightning» Maddox

Se dice por todas partes que Lori a los 13 años perdió su virginidad en un trío con David y Angela Bowie, emergiendo su fama en los 70, fue conocida por su relación oculta con Jimmy Page debido a que en ese entonces solo tenía 14 años.
Lori no fue tan experimentada sin embargo alguna de sus conquistas fue John Bonham (Led Zepellin), Iggy Pop, Mick Jagger, y Keith Moon, era conocida por su corta edad y por ser la «baby groupie» más deseada.
Más adelante se encargó de que Jimmy Page se deshiciera de Pamela Des Barres para tener una relación con él, aunque el karma fue duro con ella, ya que la groupie Bebe Buell apareció en el radar de Page y salió del mapa Lori.
A los 18 años salió de este mundo muy afectada obteniendo trabajos bastante mediocres.
Bebe Buell

Bebe Buell, la filosa concubina del rock, una mujer que fue parte de la revista playboy y que al tener amoríos y acostones con famosos, al final ella siempre tenía la decisión y la persecución cambiaba de los rockeros hacia ella. David Bowie, el «todas mías» de Jimmy Page, Elvis Costello, Rod Stewart, Mick Jagger, Steven Tyler y claro, entre muchos otros, pasaron por la cintura de Buell relatos que confesó en su autobiografía «Rebel Heart»..
Conocida como una de las groupies más hermosas, pero también por ser la madre de Liv Tyler que nació de una relación que tuvo con el vocalista de Aerosmith Steven Tyler, de quien quedó embarazada en 1977.
Sable Starr

Ni como empezar con la depredadora número uno más odiada por las mujeres, aunque para los rockeros recibió mención honorífica por excelencia en ser la mujer más irreverente, agresiva, sumisa y complaciente que podría haber existido en sus giras.
Sable, íntima de Lori Maddox mientras mantenía guerra constante con Pamela Des Barres, se iba a los conciertos desnuda . La groupie más conocida y polémica de los setenta. Comenzó a frecuentar a las estrellas del rock con tan sólo 14 años. Fueron muchos los músicos que estuvieron con ella: Iggy Pop, Jimmy Page, Keith Richards, David Bowie
A los 13 años, Iggy Pop la inmortalizó al irse a vivir con él dándole placer de todas a todas. Solía ir mucho al hotel Hilton, mismo lugar en donde se encontraba a David Bowie y de paso le calentaba la cama, además tuvo experiencias feroces con Keith Richards, Jimmy Page, Robert Plant, Richard Hell y Marc Bolan.
Tuvo una relación amorosa con Johnny Thunders que por cierto le metía unas palizas de miedo y la acabo embarazando, no te pases hermano.
Uschi Obermaier

Uschi fue una de las protagonistas de movimientos de izquierda en Alemania de 1968 y es considerada la diosa hippie de la revolución sexual.
Saltó a la fama en el momento que fue descubierta en la revista «veinte» con un nuevo tipo de desnudos frontales, reconocida por estar en estas páginas desnuda y fumando marihuana.
Fue brevemente parte de una banda en donde conoció a Keith Richards, Mick Jagger y Jimmy Hendrix y a todos se los echo.
Edie Sedgwick

La carismática Edie Sedgwick no fue conocida precisamente por ser una climber de músicos reconocidos, aunque si es el claro ejemplo de la mujer que entra a este mundo de fama y se convierte en la víctima que se hunde en las drogas a causa de no poder lidiar con este ambiente.
Básicamente era la musa de Andy Warhol, aunque tuvo encuentros amorosos y sexuales con Bob Dylan después de cortar relación con Warhol y su famosa Factory, que era el lugar donde en los días era la fábrica del artista y en las noches se convertía en un espacio de fiesta eterna, drogas y orgías.
Años más tarde se rehabilitó y se casó, sin embargo su cuerpo no aguanto y al tener dolores físicos tan fuertes, Edie se pasó de lista con la prescripción que le recetó el doctor y murió
Jo Jo Laine

Cantante, modelo y actriz, perdió su virginidad con Jimi Hendrix durante el festival de Woodstock. Originalmente era una cantante, actriz y modelo mientras era miembro del grupo de Paul McCartney en ese entonces «Wings». Este estilo de vida la llevo a tener encuentros sexuales con Jim Morrison, y una relación corta con Rod Stewart.…hasta que murió al caerse por unas escaleras en 2006.
Anita Pallenberg

Anita Anita… novia de dos guitarristas de los Rolling Stones, Brian Jones y Keith Richards, estuvo involucrada también en La Factoría de Andy Warhol e hizo una película en donde comparte escenas con Mick Jagger
Marianne Faithfull

Dejó a su marido para irse con Mick Jagger, con quien mantuvo un largo noviazgo, aunque siempre estuvo enamorada de Keith Richards. Después de la muerte de Brian Jones, las cosas fueron de mal en peor. Perdió la custodia de su hijo e intentó suicidarse. Con el paso del tiempo fue recuperando el ánimo y ha tenido una excelente carrera musical y como escritora.
Empezó a salir con Mick Jagger y se lo cuerneó con Keith Richards contando descaradamente que fue la mejor noche de su vida. tuvo encuentros sexuales con Anita Pallenberg, Jimi Hendrix y los liberales de David y Angela Bowie, estuvo con otros miembros de los Stones como Brian Jones, al enterarse de la muerte de este, intento suicidarse.
¿Cómo las ven?, estas si son vidas jugosas y no tonterías, las concubinas de la música daban todo por pertenecer a un mundo completamente desequilibrado, un estilo de vida que hoy por hoy las nuevas generaciones nunca lo podrían entender. Si no se la jugaban a la constante cacería de sus músicos, se aferraban a la idea de estar perdiendo el tiempo en este mundo.

Conocida por su relación con Jim Morrison, quien abandonó a su mujer por estar con Nico para después repetir la operación en sentido inverso. Tuvo una estrecha relación con Bob Dylan, Brian Jones, Lou Reed e Iggy Pop entre otros. Murió en Ibiza en 1988.
Roxana Shirazi

Es una de las tantas groupies que nació en los años 80, y de hecho escribió un libro contando sus historias junto a los músicos en «The Last Living Slut» (La última ramera viva). Entre los artistas con quien se acostó se encuentra Steven Adler, Dizzy Reed y Matt Sorum de Guns N Roses, Nikki Sixx de Motley Crue, The Rev, baterista de Avenged Sevenfold, y con todos los miembros de la banda Buckcherry.
Connie Hamzy

Connie Hamzy, también conocida como “Sweet Sweet” Connie, posee uno de los más grandes curriculums en lo que se refiere a ser groupie. Habiendo acompañado a bandas como Rush, The Eagles, KISS, a los barbones de ZZ Top, Van Halen, Fleetwood Mac, y hasta a The Who, la vida de Hamzy estaba destinada a ser envuelta por la controversia. Tanto así que hasta se le llegó a relacionar con el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton.
No solo por ello es que Connie pertenece a esta lista, también está aquí debido a que se atrevió a contar la verdad oculta detrás de la vida de una groupie en un libro titulado “Rock Groupie: The Intimate Adventures of “Sweet Connie” from Little Rock.”
Chriss O’Dell

Fue una de las groupies más famosas de los 60, ya que se encontraba con Ringo Starr de The Beatles y con George Harrison y Paul McCartney. Luego se convertiría en la pareja de Bob Dylan y pasaría mucho tiempo compartiendo con Mick Jagger de The Rolling Stone.
Pamela Anderson

A los 26 años estuvo con Vince Neil, vocalista de Mötley Crüe y se acostó con Fred Durst, Tommy Lee y Kid Rock, con quien se casó en el 2005. La actriz y modelo se hizo conocida por interpretar a la salvavidas C.J Parker en Baywatch, y hoy es dueña de una marca de lencería.
Carmen Electra
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A los 19 años estuvo con Prince, luego estuvo con Kid Rock, Tommy Lee, Dave Navarro, con quien se casó en el 2003 y tres años después se anunció el divorcio. También estuvo con Rob Patterson y Joan Jett. En la actualidad es conocida por sus facetas como actriz, modelo, cantante y productora estadounidense, además fundó una organización que acoge a pacientes con tumor cerebral.
Nancy Spungen

Apenas 2 décadas de vida y una historia llamada Sid Vicious le confieren a Nancy uno de los más importantes puestos en esta lista. Y si bien podría ser catalogada más como una novia que como una groupie, pues adivinen cómo es que llegó a conocer a los Sex Pistols.
Nancy era una groupie hecha del más ácido punk rock. Antes de conocer a Sid, la estadounidense ya faneaba a bandas de glam y punk con las que además se relacionaba como parte de la escena groupie de la época.
La verdad es que esta chica se convirtió en todo un ícono, aunque probablemente no en uno ejemplar.
Audrey Hamilton

Audrey se gana la mención por haber sido autora del más grande plot twist del “groupie-ismo”. Y es que su historia dio un giro más dramático e inesperado que cualquier filme de M. Night Shyamalan.
Hamilton fue durante mucho tiempo la groupie y novia de Robert Plant. Lo que quiere decir que solía hangear con los de Led Zeppelin como si fuera nada. ¿Se imaginan?
Pero el amor no duró para siempre, y Audrey terminó por convertirse en la madre del hijo de Ace Frehley, guitarrista de KISS. Justo cuando todos esperaban el más feliz de los finales felices para Hamilton y Plant.
Tura Satana

Más voluptuosa que reconocida entre las groupies. Pero aún así Satana pasará a la historia por ser una de las primeras groupies en la historia del rock. ¿Con quién pasaba el tiempo esta mujer cuando no se dedicaba a ser go-go dancer? Nada más y nada menos que con el mismísimo rey; Elvis Presley.
Satana declara haber sido ella quien le enseñó al Rey todo lo que hay que saber del dulce, dulce amor de alcoba. O al menos, de haber sido quien perfeccionara sus íntimas técnicas.
Cynthia Albritton

¿Sui géneris?, ¿Mente maestra?, ¿Troll profesional, o artista?
Sea como sea, el nombre de Cynthia “Plaster Caster” Albritton quedará guardado en los records de la historia de las groupies por un hecho muy particular: Ella realizaba figuras de yeso de los genitales de las celebridades con las que se acostaba.
Su debut en esta actividad fue con Jimmi Hendrix, y de ahí en adelante ni Frank Zappa, ni Pete Shelley pudieron escapársele. Y eso es poco decir, ya que por este extraño ritual pasaron más de 12 celebridades, según ella.
Si bien Cynthia no se acostó con ninguno de las estrellas de rock, consiguió el molde del pene de cada uno de ellos, ya que mientras estudiaba arte en la Universidad de Illinois le encomendaron obtener un molde de «algo duro».
En sus andanzas como groupie obtuvo el molde de las erecciones de Jimi Hendrix, de los miembros de MC5, Lovin’ Spoonful y de Jello Biafra.
Incluso ha sido la inspiración de canciones de Kiss «Plaster Caster» y «Five Shorts Minutes» de Jim Croce y también mencionada en la canción «Nanny Nanny Boo Boo» de Le Tigre.

La vida de una groupie es algo que muchos y muchas envidiaron en su momento. Y es real, no es cuestión de género. Cuando lo que más te mueve en la vida es el rock, quizá estar cerca de la estrella que idolatras es algo por lo que darías cualquier cosa.
Sobre todo si hablamos de “cerca” en el sentido de ser REALMENTE apegado a tu ídolo favorito. Ya sabes, autobus, jet, aventura, romance y enigma; Nueva York, Paris, Londres, Madrid… lo normal.
La tarea de esta persona no es estar bajo los reflectores. Muchas veces no se les considera ni siquiera como parte del staff o la “compañía oficial”, por decirlo de alguna manera. Su vida está, más bien, llena de misterio y sus historias pertenecen a todo aquello que ocurre en el backstage y detrás de este.
En este ocasión estaremos hablando de las groupies más representativas de la época más gloriosa del rock. Aquella época en la que los excesos, la música y los deseos carnales se combinaban con largas cabelleras, lentejuelas y psicodelia.

La groupie Lori Maddox, con 14 años, acompañada del batería de Led Zeppelin John Bonham en 1972.
El target de consumo –el público adolescente– y un turbio ideal masculino –la quinceañera– van unidos desde el nacimiento del rocanrol.
Existe un jukebox completo de canciones dedicadas a las jovencitas. Desde aquel Sweet Little Sixteen de Chuck Berry en el 58, un himno a la chica que suplica a los padres ir a su primer concierto de rock, a declaraciones de amor explícito, como el número de Johnny Burnette “You´re Sixteen, You´re Beautiful (and You´re Mine) .
Las grupis son hijas de la revolución sexual de los sesenta. Chicas de catorce, quince años, que se escapan de casa y lo dejan todo para seguir a los artistas, meterse en la cama con ellos y acabar siendo parte de su séquito.
Entre este nivel y el de la fan hay muchos otros, como las que persiguen a los músicos, los espían y se cuelan en sus casas u hoteles (sin ser una acosadora, ni nada de eso, la fotógrafa Joana Biarnés consiguió de esta manera entrar en la suite de los Beatles en su visita a Barcelona para conseguir un reportaje) .
Lo que es realmente curioso es leer las aventuras de las grupis más famosas de los años sesenta y setenta, a luz de autores y autoras de la actualidad. Para todos, sin excepción, su vida no se diferencia de la de una prostituta, buscona o chica de vida alegre.
No juzgan tan severamente ni al traficante de drogas que acompañaba a los grupos o a los managers que se lucraban de su trabajo.

La «supergroupie» Pamela Des Barres, con Alice Cooper, en 1970.
Las groupies nacen en la década de los años sesenta, cuando las ideas de la revolución sexual y el feminismo se extienden en los países anglosajones.
Las chicas que buscan el contacto sexual con músicos de pop y rock, ser las “novias” que los acompañan en las giras, forman parte del circo de la música y muchas de ellas han trascendido la anécdota.
Hoy, en las biografías de grupos como Rolling Stones, The Doors o Led Zeppelin, se incluye la importancia de mujeres como Connie Hamzy, Bebe Buell o Sable Starr, primera generación de grupos y groupies.
Miss Pamela Des Barres, la groupie más famosa del mundo por sus libros de memorias y la lista de músicos con los que se ha relacionado, escribió, en el estilo provocador de un rockero de los setenta, que su papel en la vida de estos famosos no había sido el de una prostituta, sino que lo suyo se parecía más al de María Magdalena con Jesucristo.
Más sencilla es la explicación que aporta el personaje que interpreta Kate Hudson en la película Casi Famosos (Cameron Crowe, 2000, sobre su experiencia como periodista de Rolling Stone, siguiendo los tours de célebres músicos) , dando vida a la grupi Penny Lane: “Nosotras no somos groupies. Las groupies se acuestan con los rockeros porque quieren estar al lado de un famoso. Nosotras estamos aquí por la música, inspiramos la música. Somos asistentes de la música”.

Acerquemos los acontecimientos a España. La música popular ha tenido repercusión en el fenómeno de las fans desde muy temprano. Carlos Gardel era recibido por un público enloquecido cuando venía a Barcelona y Madrid.
En 1938, al actor y cantante mexicano Jorge Negrete, ídolo absoluto de la juventud española, se le ocurrió salir a pasear por la Gran Vía madrileña montado a caballo y vestido con unos de sus vistosos trajes de charro. Tuvo que volver a toda prisa al hotel. Las fans le habían rasgado la ropa y a punto estuvieron de arrancarle el pelo.
Raphael tenía una red multitudinaria de clubs de fans, por no hablar de las seguidoras de los grupos del beat patrio: Los Brincos y Los Bravos.
Con la llegada de Camilo Sesto en los años setenta y un nuevo tipo de cantante, casi glam y casi ambiguo, todo eso palideció. Se desataron las mareas de adolescentes, miles y miles de chicas al borde del ataque de nervios tras sus ídolos.
Compraban todos sus discos, acudían a los conciertos, organizaban clubs de fans y establecían una relación con los músicos de entrega absoluta.
El dúo Pecos arrastraba multitudes, y no es una forma cualquiera de hablar. La prensa llegó a hablar de “disturbios” en más de una ocasión, por la cantidad de muchachas, y su único objetivo, estar lo más cerca posible de sus adorados cantantes.
Lo mismo sucedía con Miguel Bosé, el cantante, actor y bailarín que en sus primeros años de carrera fue el solista más popular del país, permanentemente envuelto en una nube de polémicas, fans y portadas de la revista biblia del movimiento, Super Pop.
Ajeno a todo, estilos musicales y transformación del mundo, el caso de Julio Iglesias , artista de éxito y fama mundial durante décadas, debería ser motivo de estudio aparte, por esa inveterada leyenda de sex symbol latino y su relación con las fans, y el mundo de la mujer en general.

Fans de los Beatles, la imagen más icónica del fenómeno fan.
Hay anécdotas terribles sobre las primeras visitas de bandas extranjeras de rock a mediados de los setenta a nuestro país.
Acostumbrados a tener en el backstage a las grupis de rigor, algún músico pidió explicaciones de esta ausencia al promotor de turno. El empresario, aterrado, utilizó la solución final: llamar a las profesionales de su confianza. Si esto era a nivel internacional, imaginemos el ambiente en los conciertos de artistas de rock español, urbano, progresivo o heavy metal.
Ya no de grupis, sino un porcentaje mínimo de fans femeninas. La razón: sus postulados eran terriblemente serios, adultos y vedados a cualquier interpretación alternativa. Las chicas, salvo militancias muy entregadas, preferían al ídolo pop, con mensajes de amor primerizo y consignas adolescentes.
Esto cambió con Tequila, el quinteto de rock juvenil que supo conectar con todos los públicos, incluyendo a las niñas, que abarrotaban sus conciertos y los convirtieron en un grupo superventas.
Por supuesto, esto los estigmatizó: Tequila no es que fuesen un blandengue grupo pop, es que no eran ni medio hombres, a ojos de la escena de machos del rock nacional.

En este triste panorama hay que destacar una brillante excepción: la periodista Bertha Yebra, fundadora de Popular 1, quien consiguió llegar a las grandes figuras internacionales del rock y mostrarlas a los lectores en reportajes históricos.
En un mecanismo muy común, a Yebra no la consideraban periodista, sino simplemente una groupie que se hacía fotos con sus ídolos. De sus compañeros de profesión, que también posaban muy felices con Iggy Pop o EL&P, nadie dijo que eran grupis.
El público femenino ha sido sistemáticamente vilipendiado por estas muestras de afecto hacia los músicos. Lo han tipificado como ejemplo del clásico histerismo, una dolencia de mujeres. Para los críticos y el público en general, las chicas nunca han tenido criterio o conocimientos suficientes a la hora de apreciar la música pop.
A ellas lo que les interesaba era la apostura de los cantantes, algo que el público masculino no hace, porque este sí que sabe y entiende. Eso no solo es falso, sino un error de bulto.
El desprecio a las fans olvida que las chicas fueron uno de los motores de la evolución del rock y el pop. Fueron ellas las que apoyaron a los grupos y solistas y mantuvieron la industria. Pero es más fácil catalogarlas como histéricas y candidatas todas a groupies.
Pattie Boyd, modelo y actriz, sigue siendo considerada una grupi. George Harrison se casó con ella porque “se parecía a Brigitte Bardot” y Eric Clapton, su segundo marido, la siguió durante años, hasta que Boyd dejó a los dos. Nadie parecer reparar en que hay un repertorio de canciones, alguna de las más famosas de la década de los sesenta, escritas por y para ella.

Grupis fascinadas ante el ‘rolling’ Brian Jones, que salía así de un juicio por posesión.
La paradoja es la misma de siempre. El rock ha sido como el jazz, movimientos especialmente sexistas y machistas, aunque estos rasgos no se han puesto en tela de juicio casi nunca. Como al soldado, se los suponía. Una de las bondades de la profesión de músico pop ha sido siempre la posibilidad de ligar con chicas a destajo.
Gran parte de la industria del disco, de los años 60 a los 80 se guio por este principio artístico: la libertad de disponer de sexo. Sin embargo, el uso del capital erótico de las mujeres jóvenes que se ofrecía libremente a estos personajes, ha sido motivo de condena y desprecio.
Que los rockeros tuviesen un séquito con nueve chavalas en las giras era cosa, pues eso, de artistas románticos y rebeldes. Lo de las chicas, en cambio, era una golfería. Cuando las mujeres se convirtieron en músicos de rock, llegaron los problemas.
Una cosa era que las chicas te persiguieran para ser tus juguetes sexuales, además de secretarias, criadas, dealers, costureras… Pero otra muy distinta es que vinieran a medirse la guitarra contigo.
Las mujeres en el pop, para hacer de acompañantes, madres-novias, madres de tus hijos, putas, fans con derecho a roce… vale, pero ¿camaradas de escenario? Eso no se contemplaba. ¿Qué iba a ser lo próximo? ¿Que una artista pop femenina tuviese sus propios o propias groupies?
Las memorias de Chrissie Hynde, la creadora del grupo Pretenders, son muy ilustrativas en este aspecto.
La era de las fans, a pesar de los cambios sociales, ha continuado. Los Hombres G causaron estragos en los años ochenta, convirtiendo la movida en un divertido homenaje a los grupos pop y a sus fans. Luego llegarían El Canto del Loco, las boy bands, los beliebers…
La novedad es que ahora hay tantos chicos como chicas, y que gracias a Internet, las relaciones entre fan y artista se han modificado sustancialmente. Democratizado, en esa extraña forma de la vida virtual. Las adolescentes manejan las mismas herramientas y conocen la misma información que sus hermanos mayores.
Ahora ya no vale decir eso de que no tienen ni idea de música. Pues pese a esos cambios evidentes, todavía hay resistencia a considerar a la aficionada como tal, y no como una cazadora de músicos pop rock, lo cual, en sí mismo, no tiene nada de objetable.

Los músicos de Pereza, juntos o en solitario, han traído hasta hoy los estereotipos del rockero para chicas. Hasta le dedicaron una canción a esta problemática, Grupis y tienen un catálogo de fantasías sexuales sobre chicas malas, muy jóvenes, suponemos que tan guapas como Alicia Silverstone y Liv Tyler en el video de Aerosmith, en plan stones-quinqui-rock (Chavalita, Princesas, Amelie, Pop para niñas, Francesitas, Sixteen…) .
Los casos de mujeres famosas casadas o relacionadas con músicos poprockeros son muy significativos. El tratamiento de estas relaciones no es el de una mujer popular que está saliendo o se ha casado con un músico, sino que ellas pasan a ser calificadas automáticamente de “groupies” de su novio.
Hay un peldaño en la relación. Macarena García era la groupie de Leiva; Kirá Miro, la señora, pero groupie, de Macaco; Pilar Rubio, la de José Molinero, de Hamlet (ahora es esposa de futbolista, que esta otra catalogación, pero va en la línea de los matrimonios entre modelos y toreros) .
La excepción son relaciones como Shakira- Piqué, y aun así, ella, que es una artista de fama planetaria, sigue siendo a los ojos del espectador medio, una chica que canta, casada con un súper futbolista.
Lo de Kate Moss es todavía más sangrante: siendo una de las modelos más importantes del mundo, su entidad ha sido reducida a groupie, novia o esposa de rockeros de medio pelo. ¿Y cuando ella es la rockera? entonces, él no es un groupie. Esto es una anomalía.
Por ejemplo, el matrimonio Alaska-Vaquerizo, para la interpretación popular, estaría en el grupo de folclórica y amigo íntimo, sin ser ellos nada de eso.
Casi famosos

El fenómeno fan y las groupies siguen existiendo, aumentadas por las redes sociales.
Con la destrucción de la industria y la puesta en Internet de toda la música posible, los solistas y grupos jóvenes – quien dice jóvenes, está hablando lo mismo de los candidatos de los talent shows, que de esos chavalotes de casi cuarenta que ahora llenan los polideportivos – ya no son ídolos inalcanzables para su público.
Las fans siguen a sus ídolos, y lo hacen al minuto, desde los conciertos, los festivales o sus cuentas privadas y públicas. Muchas solo quieren verlos más de cerca.
Otras van en busca de la foto, para subirla inmediatamente al altar de trofeos que es, por ejemplo, Instagram, reflejo narcisista de una generación (bueno, de varias) . Lo malo es que la vida en streaming es complicada.
El público, por muy grupi que sea, no está preparado para la compleja mente de los artistas, y a veces, puede dar la impresión de que son como las personas normales. O peor.
Poder y sumisión

Coincidiendo con el declive de la década de los 70, y al tiempo que los patrones socioculturales entraban en una nueva fase de transformación, el fenómeno groupie inició también su propio proceso de repliegue hacia el interior de las bambalinas.
Ahora que incluso el propio rock va camino de los museos, de aquello solo quedan los testimonios: los de las mujeres damnificadas por el rastro de abusos infligidos por sus compañeros sexuales, y los de las mujeres que aseguran haber manejado unos niveles de poder infrecuentes en muchas de sus contemporáneas.
Entre las primeras se encontraba Sable Starr, fallecida en 2009, quien describió así en el libro Por favor, mátame: la historia oral del punk (Legs McNeil y Gillian McCain, Libros Crudos, 2007) su experiencia como groupie y su relación con el músico neoyorquino Johnny Thunders, cuando ella contaba con tan solo 16 años: “Johnny destrozó mi personalidad.
Quería que me quedara allí sentada, diciéndole que le quería las veinticuatro horas del día.
A mí me gustaba salir y pasarlo bien, pero cambié por él (…) Después de aquello ya no volví a ser Sable Starr. Él destrozó todo mi personaje. Me hizo quemar los diarios y las agendas, y destrozó mi álbum de recortes (…) Cuando todo terminó, me sentí fatal por haberme rebajado hasta aquel extremo”.
La vivencia de Pamela Des Barres es muy distinta, a tenor de su testimonio en 2012 para la revista británica NME: “Tomé la píldora anticonceptiva en Sunset Strip frente a todos y esa fue mi declaración.
Controlo mi cuerpo, puedo hacer lo que quiera”. Tres años después, frente a la grabadora de la periodista Mish Barber Way, de Broadly Magazine, Des Barres volvía a revindicar desde sus casi 60 años de edad su condición de pionera: “Antes se me consideraba una antifeminista, una puta que se mostraba sumisa ante los hombres. Ahora, finalmente, se me considera una feminista, una mujer que hizo exactamente lo que le dio la gana”.
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