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El misterio que ha podido con el FBI: el criminal que secuestró un avión y huyó en paracaídas con 200.000 dólares …


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Foto de archivo de D.B. Cooper del FBI.

lavozdigital.es(M.P.Villatoro)/El Paíz(A.Laborde)  —  El pasado 8 de enero murió Sheridan Peterson, considerado uno de los principales sospechosos de ser Dan B. Cooper, el raptor del único secuestro aéreo sin resolver en la historia de Estados Unidos.

El FBI nunca detuvo al veterano de guerra y empleado de la compañía aeronáutica Boeing, con sede en Seattle. La agencia de investigaciones cerró el caso en 2016, tras 45 años de pesquisas y 1.000 sospechosos.

Las teorías sobre la identidad del secuestrador continúan dando vueltas, pero ahora con la verdad de Peterson, bajo tierra. El hombre fallecido a los 94 años por razones aún desconocidas en su natal California, según Legacy.com.

Este misterio comenzó en la víspera del Día de acción de gracias de 1971.

Aquella jornada, un hombre de mediana edad vestido con traje, corbata y abrigo acudió al aeropuerto para comprar un billete que le permitiese subirse al Boeing 727 de la compañía Northwest Orient Company.

Su objetivo era viajar de Portland a Seattle. Todo parecía normal. La transacción fue satisfactoria y se llevó a cabo a nombre de Dan Cooper.

El día 24, nuestro misterioso protagonista se subió al avión y se sentó en la última fila. En el aparato había otras 42 personas.

Se hacía llamar D.B. Cooper. Desde su asiento, el 18C, el hombre le pidió a una de las azafatas un bourbon y una 7-Up. Luego, le entregó una nota en la que decía que tenía una bomba en su maletín.

Por si las dudas, abrió un poco la tapa del portafolio dejando a la vista unos cables que parecían de explosivos. Según el FBI, en el acto siguiente la asistente de vuelo le lleva un escrito al capitán del avión con las siguientes demandas: cuatro paracaídas y 200.000 dólares en billetes de 20.

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Lo que sucedió posteriormente fue relativamente rápido.

Cooper logró que el piloto aterrizase en Seattle y, allí, liberó a los pasajeros y a varios miembros de la tripulación.

Solo se quedó con los estrictamente necesarios: los pilotos y una azafata.

«Fuera el que fuera el extraño proyecto de robo y secuestro del misterioso hombre de negro, iba viento en popa. Las autoridades en tierra estaban confundidas.

Creían imposible que el hombre intentara usar los paracaídas para lanzarse de un avión que no estaba preparado para ello», explica el periodista León Krauze en su libro « Historias perdidas».

Tras recibir el dinero, ordenó que el avión despegase y pusiese dirección a México a una altura concreta (menos de 3.000 metros) y, cuando el avión estaba entre Seattle y Nevada… saltó de él por la puerta trasera.

Esa fue la última vez que se le vio. A partir de entonces desapareció sin dejar rastro. De nada sirvió que el FBI tratase de investigar el caso, pues los nueve años siguientes los agentes se dedicaron a dar palos de ciego.

Dan Cooper les había vencido.

Tan solo hubo una prueba que la agencia trató de seguir, la aportada por Brian Ingram, un niño. «El primer auténtico hallazgo surgió en 1980, casi diez años después del prodigioso secuestro. […]

Fue entonces cuando un niño de ocho años de edad encontró en el río Columbia, cerca de Vancouver, casi seis mil dólares envueltos en ligas pertenecientes al botín de Cooper», añade el autor en su obra.

Para algunos, estos papeles demostraron que Cooper se había salvado y había logrado escapar, aunque para otros sugirió todo lo contrario: que había muerto. De lo contrario… ¿Por qué se habría dejado esos fajos?

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Detalle de un paracaídas y la bolsa en la que venía uno de los cuatro paracaídas que solicitó

Las preguntas, según parece, seguirán abiertas.

Sin embargo, la historia ha continuado interesand a la sociedad desde entonces.

Así lo demostró el que, en 2008, se subastaran en Dallas varios billetes de los que fueron encontrados en los años 80 por un valor 120 mayor del habitual.

«Obviamente hay todavía un gran interés en el caso. Personalmente siempre me he preguntado si Cooper vivió o no», dijo ese año Greg Rohan, el encargado de vender estas reliquias.

En 2004 el FBI entrevistó a Sheridan Peterson, cuando ya tenía 77 años. Era un marino aficionado al paracaidismo que había servido en la Segunda Guerra Mundial y trabajado como técnico en Boeing.

Los testigos dijeron que el sospechoso del secuestro tenía entre 35 y 45 años. Peterson tenía 44 años al momento del crimen.

Dos agentes interrogaron a Peterson y le tomaron una muestra de ADN que el FBI nunca publicó, a pesar de que descartó públicamente a otros sospechosos del caso por los resultados de este tipo de exámenes.

La agencia cree que quien sea que fuese D.B. Cooper, probablemente murió la noche del asalto.

Eric Ulis, empresario de Phoenix, que investigó el caso por su cuenta durante años, autor de DB Cooper: The Definitive Investigation of Sheridan Peterson, afirmó que estaba un “98%” de que Peterson era el famoso “secuestrador del cielo”.

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Corbata y dinero de Cooper

“En realidad, el FBI tenía buenas razones para sospechar de mí”, escribió Peterson en una revista publicada por la Asociación Nacional de Paracaidismo en 2007.

“Amigos y asociados estuvieron de acuerdo en que sin duda yo era D.B. Cooper.

Había demasiadas circunstancias involucradas para que fuera una coincidencia”.

Además, el veterano de guerra se parecía mucho a los bocetos del secuestrador dibujados por la descripción de los testigos.

Las sospechas sobre Peterson no le impidieron vivir una vida de cara al público por las causas que consideraba justas.

En los sesenta fue un activista de los derechos civiles, después se mudó al sudeste asiático para ayudar a los refugiados durante la guerra de Vietnam y se manifestó en contra de la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989.

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