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“El irlandés”: la verdadera historia del camionero, miembro de la mafia y asesino a sueldo …


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Infobae(M.Bauso)/ElConfidencial(R.Rodríguez)  —  Frank Sheeran nació el 25 de octubre de 1920 en Pensilvania (EEUU), siendo un hijo de inmigrantes irlandeses que habían viajado al ‘nuevo mundo’ en busca de nuevas oportunidades. Pero su juventud no fue un camino de rosas: crisis económica, poco trabajo y la II Guerra Mundial marcaron su carácter. Alistado en el ejército en 1941, su paso por el gran conflicto bélico del siglo XX le convirtió en la persona que años después sería una referencia entre los mafiosos.

Destinado en la Campaña Italiana, Sheeran sirvió más de 411 días en el frente que le marcaron a fuego. Allí no solo aprendió a matar, sino que aprendió a hacerlo a sangre fría, como él mismo reconoció, e incluso a sentir placer por hacerlo. Tras acabar la Guerra, regresó a Pensilvania, donde comenzó a trabajar como camionero.

Fue uno de los pocos no italianos que se movió con comodidad en el submundo de la mafia de los años 50 y 60. Entre apellidos como Bufalino, Provenzano, Colombo, Bonnano, Genovese, Luchese y Gallo, Sheeran hizo su trabajo. De 26 nombres de mafiosos que manejaban la justicia en un momento, él era el único irlandés, el único sin ascendencia italiana. Fue escalando posiciones en el escalafón delictivo. Empezó de chófer. Al tiempo, sus labores se extendieron a las de valijero y sicario. Efectivo y discreto, ganó lugares con celeridad.

La mención al pasado de Frank Sheeran como soldado en la Segunda Guerra Mundial es relevante. No solo por lo que produce, por el sedimento indeleble que deja una contienda de ese tipo sobre una persona, no solo porque lo habituó a tutearse con la muerte. Sheeran dijo que mucho de lo que sucedió después en su vida lo pudo hacer por todo lo que aprendió en el campo de batalla. Y no hablamos de manejar camiones que fue su trabajo principal en los primeros años después del regreso de Europa (no se puede utilizar en la vida de Sheeran el lugar común tiempos de paz: él siempre estuvo en guerra).

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Aunque parezca una perogrullada, en la guerra, Sheeran aprendió a matar, se acostumbró a matar. Y en sus memorias relató algunas situaciones específicas en las que el enfrentamiento con el enemigo no era la norma, no se refería a las vicisitudes de una batalla. Cuando un alemán mataba a alguno de sus compañeros, en el momento de la rendición del enemigo, ya desarmado, lo mataba a sangre fría. Al entrar en Dachau, al ver el cuadro atroz, los soldados norteamericanos según Sheeran, descargaron su estupor y su sed de revancha con los guardias nazis que quedaban por allí, procurando no dejar ninguno con vida. También reconoció haber asesinado a varios prisioneros de guerra.

Comenzó su vínculo con la mafia, al conocer a Russell Bufalino -capo de la familia de su mismo nombre- y a Jimmy Hoffa -el líder sindical de los transportistas-.

La relación con ambos le terminó por meter de lleno en el mundo de la mafia. Bufalino pronto le convirtió en su chófer, tras cumplir varias misiones de recadero con verdadero éxito. Mientras tanto, por otro lado y absolutamente vinculado con el crimen organizado, Hoffa le convirtió en uno de sus hombres fuertes, al permitirle llevar a cabo trabajos relacionados con el fraude, los sobornos e incluso las extorsiones. La mafia y el sindicato de transportes estaban íntimamente relacionados.

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Russell Bufalino

Fue entonces cuando entró en ‘la familia’: pasó de ser un simple recadero a chófer de la Mafia para, en cuestión de meses, convertirse en un sicario en toda regla. A partir de ahí, pasó a ser conocido como ‘El Irlandés’, el único miembro del mundo del crimen con un apellido alejado de los habituales italianos. Frank Sheeran reconoce haber llevado a cabo unos 30 crímenes como miembro de la Mafia, pero dos de ellos fueron los que le granjearon un nombre: Joe Gallo y el propio Hoffa.

Cuenta que cuando tuvo que cometer su primer crimen por encargo por orden de un capo de la mafia, él ya tenía experiencia en la cuestión. Al menos en esa ocasión obtenía algún rédito económico.

Frank Sheeran dijo haber matado en su larga carrera en el hampa entre 25 y 30 personas. Pero dos de esos homicidios fueron los más célebres. Y es por ellos, o al menos por haberse atribuido la autoría de esos dos crímenes, que sabemos de él. De otro modo, sería uno de los tantos soldados de la mafia, sin mayores méritos que su lealtad y su persistencia en lo ilegal; nada demasiado raro, nada demasiado especial en el ámbito en el que él se movía.

Los crímenes ‘canónicos’

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Joe Gallo

Joe Gallo era uno de los mafiosos más peligrosos de EEUU. Conocido como ‘El Loco Joe’, se le atribuyeron algunos de los crímenes más salvajes de las décadas de los cincuenta y los sesenta. Se encontraba celebrando su 43 cumpleaños en Umberto’s Clam House, un conocido restaurante de Little Italy (Manhattan), cuando ‘El Irlandés’ irrumpió en el local y le descerrajó tres tiros por la espalda que, a la postre, terminarían con la vida del sangriento mafioso.

Tras recibir los tres disparos, Gallo se tiró al suelo y se trató de proteger con una mesa. Al acabar el tiroteo, Gallo se arrastró hasta la calle, donde inconsciente fue montado en un vehículo en dirección al hospital… pero nunca llegó. Terminaría falleciendo en el interior del vehículo. Algunas versiones dicen que Sheeran intervino solo; otros, que fueron tres hombres. Sea como fuere, los presentes le reconocieron como el responsable del asesinato.

Solo unos meses después, Hoffa fue su siguiente objetivo. El que fuera líder sindical y uno de los responsables de su ascenso en el mundo del crimen, fue detenido y enviado a la cárcel en 1967 por su vinculación con la Mafia.

Hoffa no era un líder más. Carismático, agresivo e inescrupuloso, poseía ambición y una especie de adicción por el poder. Rápidamente entró en contacto con la Mafia. Sus negocios y la actividad sindical se fusionaron. Fraudes, sobornos, aprietes, extorsiones. Un desfile por el código penal. Y en las escasas ocasiones en que la justicia lo llevaba ante los estrados, influía de manera non sancta sobre los jurados. Luego de años de persecución, fue apresado y condenado en 1967. Fue un cimbronazo para la vida pública de Estados Unidos.

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Jimmy Hoffa fue uno de los hombres más poderosos de Norteamérica durante las décadas del 50 y 60. Era el líder gremial de los camioneros, un sindicato fuerte, populoso e influyente. Hoffa no era un líder más. Carismático, agresivo e inescrupuloso poseía ambición y una especie de adicción por el poder

El líder del sindicato más numeroso del país debía pasar más de una década entre rejas. Pero en 1971 fue indultado por el presidente Richard Nixon. La condición del indulto era que Hoffa no tratara de recuperar el liderazgo de su sindicato. Esa posición la había perdido tras su detención. Hoffa pretendió seguir manejando los hilos desde la cárcel pero pasados unos meses, sus segundos se apropiaron de los negocios y olvidaron a su ex jefe. Las relaciones con la mafia eran uno de esos asuntos en los que Hoffa ya no decidía. Las decisiones y los negocios eran de otros. Una vez libre, de a poco empezó a reunirse con viejos colegas, con mafiosos y afiliados para recuperar su posición pese a la prohibición que había sido condición de su liberación.

La Mafia no estaba dispuesto a aceptarlo.

Hasta que el 30 de julio de 1975, Hoffa desapareció. Se esfumó. La policía y todas las agencias federales lo buscaron con denuedo durante años. Parecía imposible que alguien tan conocido, alguien que había sido tan influyente se desvaneciera sin dejar rastro alguno. Siete años después la justicia, sin encontrarlo, sin tener demasiadas claves, debió declararlo oficialmente muerto.

Sin embargo, su muerte siempre quedó en el aire. Nadie pudo ser capaz de encontrar ni quién mató a Hoffa ni, tan siquiera, su cuerpo. Desapareció de la noche a la mañana para no dejar rastro. Solo una persona inculparía a Sheeran; él mismo, en su propia autobiografía, en la que cuenta con detalles cómo le mató y le hizo desaparecer. Pero, de momento, nadie ha encontrado pruebas que le inculpen de su asesinato, más allá de su propia confesión.

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En abril del 2002, luego de 27 años de investigación, luego de seguir cientos de pistas, de enfocar en decenas de posibles culpables, el FBI cerró la investigación. Quedó un expediente de 16 mil fojas y un gran misterio. ¿Quién mató a Jimmy Hoffa? Un agente del FBI explicó el fracaso: “Lo único que, a esta altura, puede resolver el crimen es que alguien confiese o brinde alguna información desconocida en su lecho de enfermo, sabiendo que no habrá consecuencias”.

Esa confesión, finalmente, llegó. Sheeran explica en su libro cómo mató a Hoffa. La descripción de los hechos es detallada y verosímil. Quien la lea estará convencido de que los hechos sucedieron según se relatan en esas páginas. Sin embargo, hay muchos especialistas que creen que el Irlandés estaba mintiendo.

¿Cuál sería el motivo para atribuirse un crimen de esa magnitud? Algunos sostienen que era la única manera de que el libro tuviera relevancia

La vida de un mafioso de línea media ya había sido contada muchas veces. Resolver el crimen irresuelto de mayor relevancia del último medio siglo aseguraba la repercusión. Ese dato, ya presente en la tapa del libro: Frank el Irlandés Sheeran y la resolución del Caso Hoffa dice la bajada de la edición original.

Muchos salieron a rebatir la versión de Sheeran. Algunas de sus descripciones son precisas y se ajustan a las pocas pruebas obtenidas. Otras son afirmaciones incomprobables.

Lo cierto es que Sheeran, en vida, dio cuatro versiones diferentes sobre la muerte de Hoffa y en la final se atribuyó su asesinato. Periodistas, abogados, investigadores y criminales han desmentido a Sheeran. El último fue Jack Goldsmith, abogado e hijastro de quien sindican como chofer del auto que entregó a Hoffa a sus asesinos. El libro de Goldsmith, que ayer fue incluido por The New York TImes en su lista de los 100 mejores libros del año, destruye las afirmaciones del Irlandés.

El asesinato de Hoffa ha hecho que surgieran decenas de personas que se atribuyeron el crimen; otros que dijeron haber presenciado el momento en que le disparaban, o cuando era enterrado o cremado. Ninguno de todos esos testimonios aportó ninguna certeza.

Un crimen contado en su biografía, llamada ‘Me dijeron que pintas casas’, curiosamente una frase que Hoffa utilizó en la primera llamada telefónica que le hizo a ‘El Irlandés’, con doble sentido: el padre de Sheeran era pintor; él, derramaba la sangre de las víctimas en sus hogares. Fallecido en diciembre de 2003, ‘El Irlandés’ fue uno de los mafiosos más peligrosos y desconocidos de la historia de EEUU.

La única persona que acusó a Frank Sheeran de haber matado a Jimmy Hoffa fue el mismo Frank Sheeran, el Irlandés.

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