El misterio de Cahokia …

El Montículo de los Monjes ocupa el centro de las 890 hectáreas del Sitio Histórico Estatal de Cahokia Mounds, un bien cultural del Patrimonio de la Humanidad que conserva 80 montículos; algunos se usaban como plataformas de construcción, otros para enterramientos.
Quo/NationalGeographic(En un área que actualmente forma parte del estado de Illinois (EE UU) se ubicaba la antigua ciudad de Cahokia, donde vivía una avanzada sociedad amerindia que, sin embargo, desapareció a finales del siglo XIV. El motivo de su desaparición ha sido objeto de debate entre los estudiosos desde hace años, y una última investigación ha descartado la teoría de que un desastre ambiental pudiese haber provocado el abandono de esta ciudad.
Hasta ahora se creía que la deforestación y el uso excesivo de la tierra provocaron una erosión excesiva e inundaciones que hicieron de Cahokia un área menos habitable.
El reciente estudio publicado en Geoarchaeology y llevado a cabo por investigadores de la Universidad Washington en San Luis, ha analizado los sedimentos recolectados cerca de montículos de tierra en el yacimiento de los Túmulos de Cahokia. A diferencia de lo que se creía, sus hallazgos mostraron que el suelo permaneció estable desde el apogeo de Cahokia hasta mediados del siglo XIX y el desarrollo industrial.
“Existe una narrativa muy común sobre las prácticas de uso de la tierra que conducen a la erosión y la sedimentación y contribuyen a todas estas consecuencias ambientales”, ha indicado en un comunicado Caitlin Rankin, investigadora científica de la Universidad de Illinois y autora de este trabajo, que ha realizado como parte de sus estudios de posgrado en la Universidad de Washington. “Cuando revisamos esto, no vemos evidencia de la inundación”, ha apuntado Rankin.

Cahokia
En el caso de Cahokia “hubo evidencia de un uso intensivo de madera“, probablemente para la construcción de fortificaciones defensivas, pero no fueron la causa de la erosión e inundación que terminó que los nativos americanos abandonasen el lugar, según esta nueva investigación.
“No debemos asumir automáticamente que la deforestación estaba ocurriendo, o que la deforestación causó este evento”, añade Rankin. Para el antropólogo Tristram Kidder, de la Universidad de Washington en San Luis, “al eliminar esta posibilidad, nos mueve hacia otras explicaciones y requiere que busquemos otras vías de investigación“.
Ni siquiera las universidades estadounidenses prestaron demasiada atención a Cahokia y otros yacimientos autóctonos hasta 1950. Preferían enviar a sus arqueólogos a Grecia, México y Egipto, donde los relatos de civilizaciones ancestrales ofrecían un tono exótico y romántico.
Los pocos paladines de Cahokia y de las zonas de montículos cercanas a East Saint Louis y Saint Louis defendieron una causa prácticamente perdida contra la urbanización y el abandono durante buena parte de un siglo. Estos dos últimos yacimientos, que se contaban entre las más importantes comunidades de la cultura del Mississipppi, fueron destruidos y asfaltados.
Y aunque el Montículo de los Monjes (Monks Mound), así llamado por los monjes franceses que en tiempos moraron a su sombra, se convirtió en 1925 en un minúsculo parque estatal, se utilizaba como pista de trineo y escenario de la tradicional búsqueda infantil de huevos de Pascua. El resto de Cahokia vivió un olvido casi total hasta 1960.

Los arqueólogos que excavaron Cahokia en la década de 1960 descubrieron restos de lo que apodaron Woodhenge, unos postes de cedro dispuestos de forma circular que funcionaban como un calendario solar. Una reconstrucción moderna demuestra la complejidad astronómica de Cahokia, comparable a otras civilizaciones antiguas.
Y entonces la historia demostró su sutil sentido de la ironía, porque Cahokia apareció en el mapa por la obra más grande que habría de desgarrarla.
El programa de autopistas interestatales del presidente Dwight Eisenhower, una iniciativa que obró en el paisaje estadounidense un cambio tan radical como el que en su día implicara el ferrocarril, contemplaba el estudio de los yacimientos arqueológicos que encontrase a su paso.
Aquello se tradujo en la mayor financiación para hallazgos arqueológicos jamás vista, amén de una detallada programación que indicaba dónde excavar, cuándo y cuánto tiempo.
Como la antigua ciudad iba a ser atravesada por dos carreteras (una secciona hoy la Plaza Norte de Cahokia, creando un emparedado viario con Collinsville Road, medio kilómetro al sur), los arqueólogos emprendieron un estudio sistemático del lugar. Y lo que hallaron fue una auténtica revelación.

Una empalizada similar a a este tramo reconstruido de Cahokia medía unos tres kilómetros de largo y protegía la zona central de la ciudad de los ataques. La empalizada original estaba recubierta de barro y fue reerigida varias veces a lo largo de un período de 200 años, lo que podría indicar que hubo un incremento de los conflictos causados por la escasez de alimentos que provocó la sequía.
Se evidenció que Cahokia era más que un formidable apilamiento de tierra o un lugar ceremonial que esporádicamente congregaba tribus desperdigadas.
En casi todos los sitios donde excavaron, los arqueólogos encontraron viviendas, prueba de que la comunidad estaba integrada por miles de personas, y muchos de esos hogares se habían construido en un plazo brevísimo.
De hecho, parece que la ciudad surgió alrededor de 1050 prácticamente de la noche a la mañana, un fenómeno al que hoy se denomina «big bang».
La gente llegó en tropel de las áreas circundantes, erigieron casas y en un abrir y cerrar de ojos construyeron la infraestructura de una ciudad, con montículos coronados por edificios y una gran plaza polivalente (del tamaño de 37 campos de fútbol), utilizada para encuentros deportivos, fiestas comunitarias y celebraciones religiosas.

Hasta mediados de la década de 1800, Big Mound era uno de los mayores túmulos indios de Estados Unidos. Imágenes de su destrucción alentaron más adelante iniciativas para evitar que los montículos de Cahokia corriesen igual suerte.
Más interesante aún fue hallar evidencias de sacrificios humanos rituales. Al excavar lo que documentaron como Montículo 72, los arqueólogos encontraron los restos de 53 mujeres y un hombre de alto rango, así como los esqueletos decapitados de cuatro hombres que quizá probaron en sus carnes el poder de la autoridad.
El hallazgo echaba por tierra la creencia de que los nativos americanos vivían en comunidades igualitarias sin las jerarquías, a menudo mantenidas por la fuerza bruta, que definían a otras muchas civilizaciones.
¿Fue Cahokia un imperio, como las civilizaciones mesoamericanas meridionales? Era prematuro afirmarlo, pero sin duda en ese lugar había sucedido algo importante, y merecía la pena desentrañar el misterio.

Para los habitantes de Saint Louis, a pocos kilómetros de Cahokia, los montículos eran poco más que depósitos de tierra de fácil acceso. Tardaron años en nivelar Big Mound, de unos 9 metros de alto y 91 de largo. Ajenos a su valor histórico, en 1869 retiraron los últimos restos de tierra para asentar la base de una vía férrea.
Para entender Cahokia, el primer paso es subir los 156 escalones del Montículo de los Monjes. Desde la cima llana de este coloso (cuya planta de 5 hectáreas supera la base de la Gran Pirámide de Keops) no sólo se intuye el trabajo invertido en su construcción, sino también el posible motivo que llevó a erigir aquí la ciudad.
Desde lo alto se abarcan los dominios de Cahokia: la vasta llanura de inundación conocida como American Bottom, que se extiende desde Saint Louis hasta una larga línea de riscos cinco kilómetros al este de Cahokia y hasta donde alcanza la vista si se mira al norte y al sur.
Tras dirigir la construcción del que quizá fuese el punto más alto de los 450 kilómetros cuadrados de llanura, un caudillo o sumo sacerdote dominaría a vista de pájaro toda la tierra bajo su mandato.

Un monumento conmemorativo en el norte de Saint Louis señala la localización de Big Mound, que fue uno de los mayores túmulos indios de Estados Unidos.
Obviamente, esta hipótesis presupone que en Cahokia había un único líder, dato que no nos consta. Ni siquiera sabemos cómo se llamaba el lugar (el topónimo se tomó de una tribu que vivió en las cercanías en el siglo XVII) ni con qué gentilicio se identificaban sus habitantes.
Al carecer de escritura, dejaron tras de sí la misma escasez de indicios que tanto dificulta la comprensión de las sociedades prehistóricas. (La cerámica ayuda mucho, ¿pero qué averiguaría de nosotros una cultura foránea si se limitase a estudiar nuestras vajillas?)
Si descifrar la historia es fuente de polémicas, no digamos ya la prehistoria. «Ya sabe lo que se dice –apunta Bill Iseminger, un arqueólogo que lleva 40 años trabajando en Cahokia–. Mete tres arqueólogos en una habitación y tendrás cinco opiniones.»

El Montículo de los Monjes, al fondo de la imagen, tiene un tamaño colosal: 623.000 metros cúbicos de tierra que se elevan unos 30 metros y con una planta de cinco hectáreas, más del doble que el Coliseo de Roma.
Y no exagera mucho. Incluso cuando coinciden en lo relativo a Cahokia, los expertos tienden a presentar sus tesis de tal modo que se antojan antítesis.
Pero existen puntos de consenso. Todos aceptan que Cahokia se desarrolló con rapidez cuando el maíz llevaba un par de siglos formando parte importante de la dieta local, que congregó a los pueblos del American Bottom y que eclipsó tanto en tamaño como en capacidad a otras comunidades del Mississippi. Las discrepancias suelen ser respecto al número de habitantes, el grado de centralismo de su autoridad política y organización económica, y la naturaleza y el alcance de su influencia.

Gorjal de concha, 1250-1350; Castalian Springs Mound, Tennessee Un gorjal realizado con una concha procedente del golfo de México representa a un guerrero que sostiene un mazo en una mano y la cabeza de un enemigo en la otra.
En la Universidad Washington de Saint Louis, Gayle Fritz sostiene que si Cahokia fue una ciudad, desde luego no fue la clase de ciudad que hoy nos imaginamos, sino una habitada por agricultores que cultivaban su propio alimento en campos cercanos.
De lo contrario habría más vestigios de almacenes.
Apoyándose en esta especie de límite práctico en el tamaño de una comunidad agraria de subsistencia, minimalistas como George Milner, de Penn State, aducen que las hipotéticas cifras de población de Cahokia (que hoy se calcula estaba entre 10.000 y 15.000 habitantes en la ciudad y otros 20.000 a 30.000 en sus alrededores) duplican o incluso multiplican por más la cifra de población real, y que atribuir a Cahokia características de protoestado es un gran error.
Pero con menos del 1% excavado, sigue habiendo sobreoferta de especulaciones y escasez de pruebas.
El arqueólogo de la Universidad Washington John Kelly, experto en Cahokia, sintetiza con acierto lo que hoy sabemos: «No está del todo claro qué es».
Ni tampoco se sabe qué le ocurrió. Cahokia ya era una ciudad fantasma cuando Colón arribó al Nuevo Mundo, y el American Bottom y partes importantes de los valles fluviales del Mississippi y el Ohio estaban tan despoblados que la gente los llamaba la Región Vacía.
El declive de Cahokia tal vez sea más misterioso que su surgimiento, pero tenemos unas cuantas pistas. La ciudad vivió su auge durante una fase climática de especial bonanza y entró en declive más o menos cuando el tiempo empezó a ser más frío, más seco y menos predecible.
Para una comunidad agrícola que dependía de cosechas regulares, el cambio de las condiciones pudo ser desde preocupante hasta catastrófico.

Desenterrada por un agricultor mientras araba un campo, esta placa, que representa la figura de un hombre pájaro, está hecha de cobre procedente de la región de los Grandes Lagos. Este hecho demuestra que Cahokia y otras comunidades formaban parte de una amplia red comercial.
El hecho de que entre 1175 y 1275 los cahokianos construyeran (y reconstruyeran, varias veces) una empalizada que circundaba la mayor parte de la ciudad sugiere que los conflictos o la amenaza de ellos se habían convertido en un rasgo cotidiano de la vida en la región, tal vez porque había menos recursos que antes.
Además, las poblaciones densas generan por definición problemas medioambientales (deforestación, erosión, contaminación, enfermedades) que no siempre son fáciles de paliar y que se han llevado por delante más de una sociedad.
Que Cahokia sólo durase unos 300 años, viviendo su apogeo a lo sumo durante la mitad de ellos, no debería causar sorpresa. «Si miramos la historia humana, la norma es el fracaso –señala Tom Emerson–. Lo asombroso es que las cosas duren.»
Emerson dirige actualmente una gran excavación en la población vecina de Cahokia, East Saint Louis, una ciudad que tuvo varios miles de habitantes.
Y una vez más todo corre a cuenta del fomento viario: el puente nuevo que se va a tender sobre el Mississippi ha dado al equipo de Emerson la oportunidad de rebuscar en 14 hectáreas hasta ahora condenadas por el progreso.
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