Infobae(P.B.Hernaiz) — Tener dinero infinito es el sueño de muchos y algo que salvaría de bastantes apuros. Y es la situación que ha vivido un camarero australiano, Dan Saunders, quien de la noche a la mañana se convirtió en millonario durante varios meses.
Era el año 2011. Saunders, un joven australiano de 29 años, estaba disfrutando de una quedada con algunos amigos en Wangaratta, a tres horas al norte de Melbourne, cuando decidió salir a sacar dinero de un cajero. Una vez frente a la máquina, el banco le brindó una cantidad muy superior a su saldo real. Así, el joven se dio cuenta de que existía una laguna jurídica en la programación del sistema del banco: aunque sacara dinero, el saldo de su cuenta no se reducía.
El joven decidió quedarse con los frutos de su nuevo árbol de billetes. En solo cinco meses, pudo extraer alrededor de 1,6 millones de dólares con los que organizó fiestas lujosas, alquiló aviones privados y pagó las matrículas universitarias de sus amigos. No obstante, su actividad financiera acabó dando señales de alarma a la policía, por lo que finalmente fue atrapado. Años después, Saunders ha concedido una entrevista a Vice para hablar de cómo se hizo millonario.
– La casualidad que le hizo millonario
Saunders aseguró que “quería saber el saldo de mi cuenta, pero seguía apareciendo el mensaje “saldo no disponible en este momento”. Por ello, hizo una transferencia de 200 dólares a su cuenta de ahorros y recibió el mensaje de “transacción cancelada”.
“Me pareció muy extraño, así que intenté retirar 200 dólares de mi cuenta de ahorros, sólo para ver qué pasaba”. Los billetes seguían saliendo y el saldo seguía sin reducirse. “Fue una combinación de borrachera y aburrimiento, pero seguí y seguí. Fue como un truco de magia”.
A la mañana siguiente, hizo una llamada al banco “para averiguar el saldo de mi cuenta de ahorros, que en ese momento era de alrededor de 2,000 dólares″. Así es como pudo “crear” el dinero. Detectó un “desfase entre mis retiros en cajeros automáticos y el saldo de mi cuenta”.
Había un fallo informático. Con una serie de transferencias entre sus cuentas, que luego se podían revertir, era posible “engañar al sistema haciéndole creer que tienes millones”, afirmó a Vice.
Cuando se dio cuenta de este vacío informático, puso 1.000 dólares en la cuenta conjunta de su esposa “y fuimos de bar en bar”. Tras hacerlo varias veces, se dio cuenta de que era bastante adictivo, ya que “en un minuto podía aumentar mi saldo en un millón. Me sentí como un cavernícola descubriendo el fuego”.
A pesar de que algunos amigos suyos no estuvieran muy de acuerdo con esta actividad fraudulenta y no querían involucrarse, explicó que “la mayoría no dijo nada”. Sin embargo, su familia no se enteró. Y es que Dan les dijo que trabajaba “en inversiones o en bienes raíces”. “Tuve que contar muchas versiones diferentes porque conocí a tanta gente que ni siquiera me acuerdo”, comentó.
A pesar de su gran vida de millonario, Saunders creía que podría ser atrapado. “Una noche tuve una pesadilla: un equipo SWAT me esperaba afuera del hotel donde me hospedaba. Me desperté bañado en sudor y en ese momento sonó el timbre”, confesó en la entrevista. Decidió abandonar el fraude.
“No quería que mi vida fuera como en las películas. No quería desaparecer sin dejar rastro y abandonar a mi familia”, explicó.
De este modo, dejó de hacer transferencias y habló con el banco al inicio del verano de 2011. Durante la charla, el responsable del banco le anunció que “ahora estás bajo custodia de la policía y no podemos hablar contigo.
La policía te llamará, pero estás en un gran problema”. Saunders solo quería que fueran a recoger los 80.000 dólares que tenía escondidos en el Hilton, pues padecía de una gran ansiedad originada por la culpa. Bajo el consejo de su psicólogo, se rindió y acudió a diferentes medios para hacer pública su historia.
“Básicamente, hicieron falta tres artículos de prensa y una aparición en la televisión nacional para que nos tomaran en serio”, afirmó.
Además, Saunders explicó al entrevistador que en caso de no haberse rendido nunca, “hubiese huido a España, tal vez Mallorca”. Incluso, “habría puesto todo el dinero no en los bancos, sino en los casinos, porque no hacen preguntas”, aseguró. Igualmente, confesó que hasta que no compraba algo o cambiaba el dinero de lugar, sólo lo tomaba como “números en una pantalla”.
Y como “nadie lo extrañaba, en mi razonamiento no le estaba robando a nadie”. El australiano fue detenido y condenado a un año de prisión y 18 meses de servicio comunitario. Tras su condena volvió a su trabajo de camarero y retomó su vida normal.
Revista Diners(C.Sánchez) — En busca del tiempo perdido de Marcel Proust (París, 1871-1922) es, entre tantas otras cosas, la crónica detallada de una época. La última parte se ocupa de la Gran Guerra desde la tras escena, desde la ligereza de los palacetes que tuvieron que cambiar el horario de sus veladas nocturnas porque escaseaba el carbón y la electricidad, desde los soldados lisiados que llegaban con historias escabrosas de las trincheras y desde una París que veía como el cielo se llenaba en la oscuridad de luces anti aéreas que parecían estrías brillantes que se cruzaban con las estrellas.
El escritor parisiense no publicó nada durante los cuatro años que duró el conflicto. Se enclaustró en su cuarto, aislado con corcho en las paredes, para escribir. Los acontecimientos en Europa lo llevaron a crear un nuevo capítulo donde el friso de personajes evocara sus opiniones y experiencias sobre la guerra. El último aparte se tituló El tiempo recobrado y es la representación de la vida civil en la capital francesa bajo los bombardeos.
– Marcel Proust y la prensa
El autor recogió información de los siete periódicos que leía a diario durante esos años, además de boletines con los mapas que emitía el Estado Mayor francés y las cartas que le escribían sus allegados desde el frente de batalla. A esto sumó su ingenio para redondear la novela. “Desgraciadamente he asimilado la guerra, no me puedo aislar; es menos para mí un objeto (en el sentido filosófico de la palabra), que una substancia entre yo y los objetos”, le escribió a su amiga, la princesa rumana Soutzo.
Entre sus fuentes contó con las cartas que se cruzaba con su hermano Robert, médico al igual que su padre, quien estuvo destinado en Verdun, al nordeste de Francia, donde se libró una de las batallas más sangrientas; el editor de la Nouvelle Revue Française, Jacques Riviere, quien fue capturado por los alemanes cerca de Sajonia; el escritor Alain Fournier, autor del clásico de la literatura francesa Le Grand Meaulnes, quien murió en 1914 en combate. Y finalmente, su gran amigo el pianista franco-venezolano Reynaldo Hahn, inmovilizado durante un tiempo en Albi, una pequeña población francesa de la región de Mediodía-Pirineos.
– El patriota de Francia
Proust tuvo un sentido de patriotismo mesurado y a veces ambiguo. En 1912 trató de enlistarse pero fue inmediatamente rechazado por su problema de asma. Dos años más tarde, durante la guerra, manifestó en cartas el dolor al enterarse de la tragedia de las familias y los soldados en duelo y de las dificultades de sus conocidos enlistados en el ejército galo. Por otra parte, sentía cierta distancia con el análisis nacionalista de los periódicos, que calificaba de “bestia”.
Trataba de rechazar, según se recoge en su correspondencia, el falso patriotismo “chovinista y xenófobo”. También criticó la germanofobia, que había logrado censurar de los repertorios musicales, e incluso de las conversaciones, a Wagner o a Schuman. “Leemos los periódicos como amamos, con una venda sobre los ojos. No buscamos comprender los hechos”, escribió el autor.
Para algunos escritores la perspectiva de Proust sobre la guerra no pasa de ser un tema de conversación entre los personajes. Estos se limitan a encontrase en un lugar u otro para hablar sobre los acontecimientos como lo harían sobre cualquier otra cosa. En palabras del historiador italiano Carlo Ginzburg, por su parte, El tiempo recobrado es una alusión al distanciamiento moral y social de un mundo dominante más que una cuestión sobre la guerra y la paz.
– Lo que esconden los relatos de Marcel Proust
El capítulo también se revela como una representación compleja de la sociedad parisiense en guerra. La hipocresía de una aristocracia en declive cuyas impresiones del conflicto basculan según la ira de los titulares en la prensa. Pesa más la información distorsionada que la voz de los intelectuales.
Para 1917 París empieza a retomar de a poco la liviandad y frivolidad de la Belle Époque. Proust hizo del comedor del hotel Ritz su segundo hogar. Disfrutaba salir a dar caminatas nocturnas, bastón en mano, en las noches de bombardeos.
No cuesta trabajo imaginárselo atravesando el suntuoso puente Alejandro III, inaugurado en 1900 para conmemorar la alianza franco-rusa, con el lamento de la sirena de la torre Eiffel de fondo, dando aviso de una incursión aérea y el estruendo hosco de los cañonazos como sello de un espectáculo descrito por el autor como una “convulsión geológica”. La guerra.
Marcel (izquierda) con amigos en los jardines de la mansión Cour Brûlée en 1892.
– La Primera Guerra en las páginas de Proust
. París en guerra
“Le dije con humildad lo poco que se notaba la guerra en París. Me dijo que hasta en París la cosa resultaba a veces “bastante inusitada”. Aludía a una incursión de zepelines registrada la víspera y me preguntó si lo había visto bien, pero como me hubiera hablado en otro tiempo de algún espectáculo de belleza estética.
Todavía en el frente se comprende que haya una especie de coquetería en decir: “!Qué maravilla de rosa! !Y ese verde pálido!”, en el momento en que puede llegar la muerte a cada instante; pero éste no era el caso de Saint-Loup, en París, hablando de una incursión insignificante, pero desde nuestro balcón, en aquel silencio de una noche en que hubo de pronto una fiesta verdadera con cohetes útiles y protectores, toques de clarines que no eran más que teatralidad, etc”.
“Con el pretexto de la guerra, ya no se hace música, pero se baila, se come fuera de casa, las mujeres inventan “Ambrine” para la piel. Las fiestas cumplen lo que, si los alemanes siguen avanzando, será quizá los últimos días de Pompeya”.
“Pero en aquella época muchos grandes hoteles estaban llenos de espías que anotaban las noticias telefoneadas(…)”
“A la hora de la comida, los restaurantes estaban llenos; y si yo, al pasar la calle, veía a un pobre soldado de permiso, y que, libre por seis días del peligro permanente de muerte dispuesto a volver hasta la rue du Saint Esprit, como yo no los encontraba ahora en las calles convertidas en sinuosos caminos rústicos, desde Sainte Clotilde hasta la rue Bonaparte”.
“En aquellos días excepcionales todas las casas eran negras. Pero, en cambio, en la primavera, de cuando en cuando, desafiando los reglamentos de la policía, un hotel particular, o solamente un hotel, o incluso solamente una habitación de un piso, no había cerrado los postigos y parecía sostenerse él sobre las tinieblas, como una proyección puramente luminosa, como una aparición sin consistencia”.
“Entonces volví a un París muy diferente de aquel al que yo había vuelto una vez, como se verá enseguida, en agosto de 1914, para una consulta médica, después de lo cual retorné a mi sanatorio. Estaban cerrados el Louvre y todos los museos, y cuando se leía en el título de un artículo de un periódico:
“Un exposición sensacional”, se podía estar seguro de que se trataba de una exposición no de cuadros, sino de vestidos, de vestidos destinados por lo demás a “esos delicados goces de arte de los que las parisienses llevaban tanto tiempo privadas”. Así renacieron la elegancia y el placer; la elegancia, a falta del arte (…)”
– La fascinación por la aviación
“Le hablé de la belleza de los aviones que ascendían en la noche.
-Y quizá aún más los que descienden-me dijo-. Reconozco que es muy hermoso el momento en el que suben, en que van a formar constelación, y obedecen en esto a leyes tan precisas como las que rigen las constelaciones, pues lo que te parece un espectáculo es la formación de escuadrillas, las órdenes que les dan, su salida en servicio de caza, etc.
Pero ¿no te gusta más l momento en que, definitivamente asimilados a las estrellas, se destacan para salir en misión de caza o entrar después del toque de fajina, el momento en el que hacen apocalipsis, y ni las estrellas conservan su sitio?”
“Y estas sirenas, todo tan wagneriano, lo que, por lo demás, era muy natural para saludar la llegada de los alemanes, muy himno nacional, con el Kronpiz y las princesas en el palco imperial, Wacht am rhein; como para preguntarse de verdad sin eran aviadores o más bien valquirias que ascendían”.
“Antes de la hora en que terminaban los tés de la tarde, a la caída del día, claro todavía el cielo, se veían de lejos unas manchitas oscuras que, en la noche azulada, hubieran podido parecer moscardones o pájaros, de la misma manera que cuando se ve de lejos una montaña se puede confundir con una nube, pero nos emociona porque sabemos que esa nube es inmensa, en estado sólido y resistente.
Así me emocionaba a mí que la mancha oscura en el cielo estival no fuera ni un moscardón ni un pájaro, sino un aeroplano tripulado por unos hombres que vigilaban París”.
Botica en Francia, durante la primera guerra mundial
– Sobre la prensa
“Claro que, en los tiempos habituales de la paz, una crónica de sociedad subrepticiamente enviada a Le Figaro o a Le Gaulois hubiera hecho saber a mucha más gente de la que podía contener el salón majestic que Brichot había comido con la duquesa Duras.
Pero como, desde la guerra, los cronistas de sociedad habían suprimido esta clase de informaciones (aunque se desquitaban con los entierros, las reuniones y los banquetes franco americanos), la publicidad ya sólo podía existir por este medio infantil restringido, propio de las edades primitivas y anterior al descubrimiento de Gutemberg”.
“Lo raro es –dijo- que ese público que sólo juzga así de los hombres y de las cosas de la guerra por los periódicos está convencido de que juzga por sí mismo”.
Soldados británicos cegados por gases en la Primera Guerra Mundial.
– Noticias de las trincheras
Pensarás en mi en las trincheras. ¿No es demasiado duro?
!Caray!, hay días, cuando le pasa a uno una granada!… -Y el mozo se puso a imitar el ruido de la granada y de los aviones, etc.-
Pero no hay más remedio que hacer como los demás, y puede estar usted seguro que llegaremos hasta el final!
-dijo melancólicamente el barón, que era “pesimista”.
-Ya ve que Sarah Bernhardt lo ha dicho en los periódicos: Francia irá hasta el final. Los franceses se harán matar hasta el último.
* Citas tomadas de dos ediciones de El tiempo recobrado: Libro de bolsillo, Alianza Editorial (2008).
Proust usó rasgos de distintas personas para crear a sus personajes. Uno de ellos es el pianista Venteuil, compositor de una sonata que deja su marca en el narrador. Para este personaje tomó características de Debussy, a quien consideraba uno de los músicos más grandes de su tiempo. Acá una de sus composiciones más conocidas, Claro de Luna. Compuesta en 1890 con 28 años, la pieza fue estrenada en 1905.
Psicología y Mente(G.Hudson) — Ana se sentó frente a mí con la mirada de alguien que aún cree en su relación, pero que se siente atrapada.
Su relación con Marcos no estaba rota; se querían, sí, pero algo andaba mal.
Había amor, pero también una sensación de asfixia, de monotonía.
Ana estaba agotada de la rutina y, sobre todo, de la falta de escucha de Marcos.
Recordaba los primeros años con nostalgia, cuando ambos compartían gestos de cariño diarios, detalles pequeños que le recordaban lo especial que era.
Marcos le dejaba notas en el desayuno, la miraba con admiración, y ambos encontraban espacio para aventuras espontáneas: salidas sin rumbo o cenas improvisadas a media tarde.
Con el tiempo, sin embargo, todo parecía haber perdido color.
Las notas habían desaparecido, las noches de pasión se tornaron en charlas rápidas antes de dormirse y, aunque compartían el mismo techo, ella se sentía como si estuviera viviendo sola. Así llegó a consulta, buscando algo más profundo: no solo quería que su relación mejorara; quería una transformación.
– La Certeza y la Novedad en la Pareja: dos caras de la moneda
Al explorar su vida diaria, quedó claro que la certeza —la seguridad de la rutina— había pasado de ser una base sólida a un espacio sin salida. Muchas parejas encuentran estabilidad en la previsibilidad, en esos hábitos que les permiten saber qué esperar del otro. Sin embargo, cuando el espacio de lo conocido se convierte en el único pilar de la relación, ésta pierde su chispa, ahogando la conexión emocional.
Con el desgaste del tiempo, el estrés del trabajo, y la llegada de los hijos (si es que los hay y por más que se los adoren), las parejas pueden verse atrapadas en una vorágine de responsabilidades y tareas cotidianas que les hacen olvidar que el amor necesita ser alimentado. El tiempo para la conexión emocional puede escasear, dejando a la pareja en piloto automático, y al amor en una serie de gestos predecibles.
Mantener una relación duradera requiere no solo la certeza, sino también la novedad: momentos inesperados y experiencias que sacudan esa predictibilidad. La rutina puede ser el marco del cuadro que nos mantenga bien parados, pero si éste es muy ancho, tapará al lienzo. Es por eso que una pareja necesita rituales revitalizantes, hábitos que mantengan viva la curiosidad y el deseo.
– Hábitos que le den color a la Relación: la diferencia entre Hábito y Ritual
Es importante diferenciar entre hábitos y rituales, ya que aunque ambos pueden mejorar la relación, cumplen funciones distintas. Los hábitos son prácticas repetitivas que realizamos casi sin pensar, y que contribuyen a la estabilidad de la relación. Cosas como hacer las compras juntos o compartir una comida pueden convertirse en hábitos saludables que refuercen el vínculo.
A diferencia de los hábitos, los rituales tienen una intención especial y están cargados de significado; son prácticas que no hacemos solo por repetición, sino para conectar con el otro a un nivel emocional más profundo. Mientras que un hábito aporta regularidad, el ritual añade emoción y atención plena.
Un simple café por la mañana deja de ser un hábito y se convierte en ritual cuando ambos dedican tiempo a conversar con atención plena, mirarse, y reconectar antes de iniciar el día. Son estos rituales los que colorean la relación, ayudando a recordar por qué están juntos y manteniendo el interés mutuo.
El arte de amar, como lo describen algunos autores, implica no solo el deseo, sino la dedicación y la voluntad de cultivar ese amor a diario. Este arte se alimenta tanto de hábitos significativos como de rituales que revitalizan la conexión emocional. Al integrar estos elementos en la relación, se potencia la capacidad de amar y ser amado, transformando la rutina en un espacio lleno de vida y de conexión.
Fíjate que diferencia es el café de la mañana hecho en piloto automático o convertido en una oportunidad para amar y conectar:
. Hábito de tomar el desayuno juntos
Automatismo: Puede ser que cada mañana, al despertarse, ambos se sirvan un café y lo beban mientras revisan sus teléfonos o se preparan para el día. Aunque esto puede ser parte de su rutina, carece de la atención y la conexión que se busca en un ritual. Se convierte en una serie de acciones mecánicas que, aunque agradables, no generan un vínculo emocional significativo.
. Ritual de tomar el desayuno juntos
Intención y Significado: Cuando ambos comparten su café por la mañana como un ritual, se toman el tiempo para mirarse a los ojos, conversar sobre cómo se sienten, o hablar sobre sus planes para el día. Este tipo de interacción no solo se centra en la bebida, sino que se convierte en un momento sagrado que refuerza su conexión emocional. La atención plena en el ritual permite que se escuchen realmente, se validen mutuamente y se reconecten en un nivel más profundo.
– 5 Rituales Diarios que Transforman tu Relación de Pareja
Aquí tienes cinco rituales sencillos pero significativos que pueden transformar la dinámica de tu relación, ayudándote a salir de la rutina y a renovar la conexión y la complicidad en pareja.
1. Despedidas y Bienvenidas Conscientes
En lugar de salidas y llegadas rápidas sin contacto, este ritual propone crear momentos de bienvenida y despedida que fortalezcan la relación. Dedica unos segundos para mirarse a los ojos, darse un abrazo y un beso que simbolice más que un simple “hasta luego”. Estas transiciones ayudan a cerrar las actividades individuales, favoreciendo la conexión antes de cada separación y celebrando el reencuentro diario.
2. Un Tiempo al Día para Escucharse sin Distracciones
Abre un “tiempo sin distracciones”: un espacio diario, aunque sea de cinco minutos, en el que ambos se escuchen realmente. Sin pantallas, sin interrupciones. No se trata de ponerse al día sin más sino de compartir emociones durante las experiencias del día. La escucha consciente permite a cada uno sentir que sus pensamientos y emociones son importantes, renovando el lazo de confianza.
3. Crear Nuevas Experiencias Juntos
Aventúrate a compartir experiencias juntos que ninguno haya probado antes, como probar nuevas recetas, tomar clases juntos, compartir lecturas nutritivas, hacer una excursión, hacerse masajes, o descubrir juntos nuevas series o películas. Generar nuevas memorias y asociarlas a momentos felices enriquece la relación y les da algo nuevo que esperar y recordar.
4. El Día de la Semana sin Rutina
Uno de los elementos que ayudó más a Ana y Marcos fue establecer una “cita sin rutina” semanal. Elegid un día para hacer algo distinto, sin planes establecidos, dejando espacio para la sorpresa y la espontaneidad. Este ritual es una excelente manera de introducir la novedad y recordar que siempre queda algo nuevo por descubrir juntos.
5. El Poder del Agradecimiento Diario
Con el tiempo, las cosas positivas suelen darse por sentadas, y solo se resaltan los aspectos que molestan. Crear un momento antes de dormir para agradecer algo que el otro hizo o simplemente expresar aprecio por alguna cualidad, es una forma de nutrir la relación. Este ritual no solo ayuda a valorar lo que se tiene, sino que también fomenta un ambiente positivo y de apoyo mutuo.
Los pequeños cambios pueden tener un impacto profundo. Estos rituales son puertas a una nueva forma de vivir la pareja, pero también a una invitación a mirarnos a nosotros mismos y a reflexionar sobre nuestra manera de relacionarnos. ¿Qué rituales de pareja son importantes para ti? ¿Dónde podrías renovar la conexión y la alegría en tu relación?
Transformar la relación requiere una mirada consciente y, sobre todo, la valentía de cambiar, de construir día a día un vínculo más profundo y pleno. El cultivo del amor está en la práctica diaria, en la voluntad de crecer juntos y de hacer de cada día una oportunidad para amar más profunda y auténticamente.
JotDown(Y.Gándara/Ilustraciones D,Cuevas) — En efecto, el jodido horóscopo.
ARIES
Estimado Aries, pronto llegará ese merecido descanso que anhelabas. O no. Mientras tanto te pueden surgir oportunidades laborales como cazarrecompensas, doble de riesgo o bailarina erótica en las que encontrarás un hueco para satisfacer tu vocación interpretativa. Tip de salud: pon especial atención a los pies.
TAURO
Tauro, los putos astros te tienen reservado el papel de solucionar cosas. En este ciclo, la Luna orbita sobre tu ascendente provocando que tengas que hacerte cargo de una movida muy gorda con tu habitual profesionalidad, pero no empecemos a chuparnos las pollas todavía. Tu color: el marrón. Tip de salud: vigila la circulación sanguínea.
GÉMINIS
Jodido Géminis, en este ciclo lunar las mejores armas para hacer frente a las dificultades que se interpongan en tu camino serán tu elocuencia, tu capacidad de diálogo y una Star B de 9 mm de cachas nacaradas. Problemas en el trabajo por la puta torpeza de tu puto compañero. Buena onda con Tauro. Tu color: el negro, hijo de puta.
CÁNCER
Cáncer, estás a mil jodidas millas de estar bien. Una situación complicada te ha arruinado el día, la semana y posiblemente varios putos ciclos lunares, pero los astros te reservan una ventana de oportunidad para la venganza. Aprovecha y disfruta del momento como tú sabes: practicando el medievo. Tu color: el maldito naranja.
LEO
Te enfrentarás a una jodida situación que pondrá a prueba tu confianza en los que te rodean y los que te rodean verán poner a prueba su confianza en ti y en los que les rodean a ellos y a ti. No hagas planes a corto, medio o largo plazo. Tu jodido color de la suerte, pero no mucha: el rosa. Una canción: «Like a Virgin». Tip de salud: cuida tus orejas.
VIRGO
Apreciada Virgo, esta semana doblan las campanas de boda por ti. Tu ascendente pasea por Marte y eso provocará que te posea un sentimiento guerrero que canalizará esa jodida sed de venganza que, por lo que sea, albergas. Semana letal en la que el éxito te acompaña. Evita a cabrones, zorras y ninjas. Tu color: el amarillo.
LIBRA
Querida Libra, o como coño te llames si eres de algún sitio en el que usan el puto sistema métrico, el destino puede barajar caminos alternativos, en esta ocasión los astros te serán muy favorables y van a elegir un final de tu propia aventura en el que la violencia caerá sobre los putos hippies. Alabado sea el Señor.
ESCORPIO
Ten cuidado en los desplazamientos por carretera, gilipollas. Las estrellas dicen que vas a verlas de cerca. Puede que te sientas indestructible al volante de tu puto coche, pero tu polla no es invulnerable a una patada vertical, hijo de puta. Tu número de la suerte: el del cementerio.
SAGITARIO
Estás de suerte, Sagitario: Venus ingresa en tu signo y destacarás allí donde vayas. En Venus tampoco han visto nunca un negro a caballo. Las relaciones personales con tu entorno son algo tensas pero conseguirás un éxito mayor de lo esperado con las alianzas adecuadas.
CAPRICORNIO
Capricornio, en el terreno laboral tendrás que afrontar una ardua tarea que te será encomendada en la que jugarán un importante papel tu don de gentes y tus habilidades políglotas. Estás jodido, pero, tras sortear algunas dificultades, la suerte te sonreirá y alcanzarás un éxito glorioso, puto bastardo.
ACUARIO
Los astros dicen que vivirás en estos días una experiencia espiritual. Una parada fortuita durante un viaje junto a un amigo te descubrirá nuevos mundos y conocerás gente, no necesariamente amistosa, no necesariamente viva, con la que compartirás una velada inolvidable. Pero qué coño sabrán los putos astros, me cago en la hostia ya.
PISCIS
Piscis, o lo que coño seas, seamos claros: los astros no saben una puta mierda, joder. Qué van a saber. ¿Sabes por qué la gente le pregunta su futuro a las jodidas estrellas? Porque necesitan rellenar de gilipolleces esos silencios incómodos. Tú puedes estar callado un puto minuto y disfrutar del silencio, ¿verdad?
National Geographic(Abel G.M.) — Un equipo internacional de investigadores ha analizado los restos humanos recuperados de un antiguo cementerio de Bélgica en la década de 1970.
El cementerio galo-romano de Pommerœul contenía 76 enterramientos de cremación y el esqueleto de una persona… que ha resultado no ser tal.
En su momento, los enterramientos por cremación se dataron en los siglos II y III d. C., mientras que una especie de alfiler de estilo romano que se encontró con el esqueleto hizo pensar que probablemente aquel enterramiento también databa de la época romana.
Sin embargo, ahora los investigadores han realizado una datación por radiocarbono de los huesos y han hecho un descubrimiento sorprendente y con tintes macabros: en realidad, el esqueleto está formado por los huesos de al menos cinco personas y la mayoría ni siquiera eran romanos.
El análisis reveló, para empezar, que el esqueleto está compuesto por huesos de, al menos, cinco individuos diferentes. Además, solo el cráneo es de época romana, mientras que los demás huesos datan de tres entierros distintos entre el 7000 y el 3000 a.C.
El hecho de que sean tan distantes en el tiempo sugiere que no se trataba de una tumba colectiva, sino que los individuos fueron enterrados en el mismo lugar por otra razón.
El cráneo, por su parte, pertenece a una mujer que vivió entre los siglos III y IV d.C. De hecho, el alfiler posiblemente también fue reutilizado, ya que la datación por radiocarbono indica que procede, como muy tarde, de principios del siglo III d.C. y puede que sea más antiguo incluso.
La pregunta, entonces, es cómo han llegado los huesos a formar este rompecabezas.
–Construyendo un enterramiento
Los investigadores que han realizado el análisis de los huesos aportan dos posibles teorías para explicar este “esqueleto puzzle”. “Una posibilidad es que la inhumación compuesta fuera alterada durante el entierro de las cremaciones durante el período galorromano”, señalan.
“O bien originalmente no había cráneo y la comunidad romana que descubrió el entierro añadió uno para completar el «individuo», o bien reemplazaron el cráneo existente de la época neolítica por uno del período romano. En cualquier caso, el alfiler parece haber sido añadido, tal vez como ajuar funerario, en este momento”.
“Una segunda posibilidad es que todo el «individuo» se ensamblara durante el período galorromano, combinando huesos neolíticos de origen local con un cráneo del período romano. “Si es así, hasta donde sabemos, esta sería la primera tumba romana en la que se ensambló un nuevo «individuo» a partir de huesos prehistóricos y romanos”, señalan.
Los investigadores creen que la primera hipótesis es la más probable debido al posicionamiento del cuerpo en posición fetal, que suele encontrarse en entierros neolíticos pero no en los de época romana.
Otra pregunta interesante es qué sucedió con los huesos faltantes de los diversos individuos. En este sentido, los autores sugieren que el resto del esqueleto al que pertenecía el cráneo fue incinerado y enterrado como depósito de cremación en el cementerio.
El enterramiento T25 es un candidato particularmente bueno para contener los restos cremados del esqueleto restante, ya que se encuentra inmediatamente adyacente a la tumba 26 y, además, en el análisis de dichos restos no se han encontrado restos de huesos craneales, como sí ha sucedido en casi todos los enterramientos galo-romanos del cementerio.
Y la pregunta más importante… ¿Por qué lo hicieron?
En cualquiera de las dos hipótesis, la pregunta más interesante que cabe hacerse es qué motivo habría llevado a a crear este enterramiento compuesto. Hay casos documentados de actividad funeraria en el período romano que alteró tumbas de épocas anteriores, pero una remodelación de tumbas como esta no está atestiguada en ningún otro lugar.
Si fue una población neolítica la que “montó” el esqueleto, los investigadores señalan que resulta curioso que la mayoría de las muestras esqueléticas utilizadas no eran de individuos estrechamente relacionados.
Esto, según afirman, “implica que el «individuo» puede haber satisfecho una necesidad de un grupo de personas que se consideraban parientes a pesar de sus diferencias genéticas”: como apoyo a esta hipótesis, señalan un caso similar en los restos del sitio de Cladh Hallan, en las Islas Hébridas (Escocia).
En la hipótesis galo-romana, los investigadores apuntan a una cuestión de creencias religiosas y costumbres funerarias. Este escenario plantea que los romanos perturbaron el entierro neolítico por error, lo cual constituía una profanación aunque fuese involuntaria.
Al ver el esqueleto incompleto temieron que el espíritu del individuo enterrado se vengara de ellos de algún modo y, por ese motivo, añadieron un cráneo para completarlo y depositaron el alfiler como ofrenda. “Tal vez esta comunidad actuó por superstición o sintió la necesidad de conectarse con un individuo que había ocupado el área antes que ellos”.
La razón(J.guijarro) — La materialización del espacio ingrávido ha sido utilizada por numerosos artistas y arquitectos durante el siglo XX, manteniéndose hasta la actualidad. Desde las «columnas flotantes» diseñadas por Charles Moore para el Lawrence Hall del Williams College Museum of Art que proporcionan una falsa sensación de ingravidez, hasta los más desconcertantes pilares de los soportales de un edificio en la Rambla de Can Mora, en Sant Cugat del Vallés, que realmente levantan un palmo del suelo, como si levitaran.
El uso de la columna como simple ornamento supone una constante en la historia de la arquitectura pero lo del antiguo templo Veerabhadra es otra cosa que parece no ser de este mundo.
El edificio se erige en la localidad india de Lepakshi, en el sur del estado de Andhra Pradesh.
El templo de Lepakshi y sus 70 columnas de granito
El templo de Lepakshi, como también se le conoce, es famoso por sus mosaicos y esculturas en casi todas las superficies expuestas, que se remontan al siglo XVI.
Este importante lugar de peregrinación es obra de dos hermanos -Virupanna Nayaka y Viranna- que fueron gobernadores del Imperio Vijayanagar durante el reinado del rey Achyuta Deva Raya.
Entre las 70 columnas talladas en granito que soportan el techo, una resulta sumamente intrigante. Se le conoce como el pilar colgante de Lepakshi y, cuando decimos colgante, es porque en efecto no toca el suelo. Es habitual que los guías sorprendan a los visitantes pasando telas y papeles para comprobar que desafía la ley de la gravedad pese a su aparente peso.
Tiene 4,60 metros de altura y está decorada con intrincados tallados que parecen colgar del techo con el pilar. Y no tiene, como los ejemplos que citábamos al principio, una función ornamental. Durante el período colonial, un ingeniero británico intentó descubrir el misterio e intentó mover la columna lo que provocó el colapso de parte del techo del templo.
Esto descartaba, como alguien había propuesto, que se tratara de bloques de piedra entrelazados y perfectamente equilibrados que crean una sensación de objeto flotante. Entonces: ¿Es posible dispersar el peso de alguna forma a través del techo que la sostiene?
Las estrategias de aligeramiento más importantes en la arquitectura del siglo XX son una consecuencia de avances técnicos y el empleo de materiales livianos pero, ¿qué pasa cuando hablamos de granito?
Algunos han propuesto que, en realidad, la columna es hueca, lo que disminuiría significativamente su peso pero no se ha podido probar.
Muchos estudiosos creen que fue diseñado de esta forma debido a la actividad sísmica de la región, para ayudar al templo a resistir los terremotos. Esto concedería unos conocimientos técnicos sobresalientes a los hermanos Nayaka.
Huella gigante del pie de Sita
No es el único misterio del templo de Lepakshi. Al cruzar el kalyāna mandapa, es visible una huella gigante, como si alguien colosal hubiera pisado el suelo con toda su fuerza, dejando su forma de su pie en la piedra.
Se trata, según la tradición, del pie de Mā Sita, uno de los protagonistas de la epopeya del Ramaiana (‘el sendero de Rama’), avatar (o encarnación) de la diosa Laksmí, eterna consorte del dios Visnú.
Según la tradición, cuando Rāvana se llevó a Sita a la fuerza a bordo de su pushpaka vímana (nave voladora hecha con flores) en el camino hacia Lanka se detuvieron allí y, al resistirse a continuar, pisó una piedra con tal fuerza que quedó su huella en la roca.
Esta huella siempre tiene una fina capa de agua. Los guías del templo suelen decir que muchos visitantes han tratado de secar el líquido elemento pero que, misteriosamente, el agua vuelve a filtrarse manteniendo la huella húmeda. El misterio es que no hay ninguna fuente de agua conocida en las inmediaciones.
Sri Aurobindo en A Defence of Indian Culture decía: «La mente europea considera que Rama y Sita son poco interesantes e irreales, porque son demasiado virtuosos, demasiado ideales, demasiado blancos en su color; pero para la mente india, incluso al margen de todo sentimiento religioso, son figuras de una realidad absorbente que apelan a las fibras más íntimas de nuestro ser».
En efecto, para los hindúes sus deidades encarnaron seres reales, de carne y hueso, que en un pasado remoto lucharon en la región con tecnologías inalcanzables para los humanos.
De acuerdo al citado Ramaiana, la localidad donde se erige el templo es considerado como el lugar donde el mítico Jatayu, un pájaro que luchó con el rey Rāvana después de ser herido, cayó al suelo sin vencerlo.
La duda es saber si el Pilar Colgante de Lepakshi es una hazaña increíble de ingeniería antigua o fruto de la casualidad, al moverse de su posición aparentemente flotante debido a la actividad sísmica o, incluso, podría ser un error durante la construcción. Como sea, atrae las miradas de todos los visitantes a este templo patrimonio de la UNESCO.
Infobae(I.G.Delgado) — En una época donde la tecnología tiene un impacto creciente en diversos ámbitos, desde la ciencia hasta la salud, ahora también se ha vuelto una herramienta útil para el turismo. A través de algoritmos y análisis de imágenes, la Inteligencia Artificial (IA) ha identificado cuál es el parque más bonito de México.
El resultado fue el producto de una compleja evaluación llevada a cabo por un sistema de inteligencia artificial que analizó miles de fotos y datos de parques de todo el país, tomando en cuenta variables como el paisaje, la vegetación, la infraestructura, el acceso y la interacción de los visitantes con el entorno natural. Este tipo de análisis visual y contextual permitió a la IA otorgar al Parque Chapultepec una puntuación excepcional, destacando su belleza tanto natural como histórica.
Ubicado en el corazón de la Ciudad de México, el Parque Nacional de Chapultepec no solo es uno de los pulmones verdes más importantes de la capital, sino también un espacio lleno de historia, cultura y biodiversidad. Con una extensión de más de 2,000 hectáreas, este parque alberga museos emblemáticos como el Museo Nacional de Antropología, el Castillo de Chapultepec, el Lago de Chapultepec y una gran variedad de especies vegetales y animales.
La belleza del parque no se limita solo a su entorno natural. La combinación de árboles centenarios, jardines bien cuidados, y el contraste de monumentos históricos le da una estética única que, según la IA, supera a la de otros parques en México. Además, la gran cantidad de actividades culturales y recreativas que ofrece lo convierten en un lugar de encuentro para millones de personas cada año.
Sin embargo, lo que realmente distingue a Chapultepec, según los análisis de la IA, es su capacidad para integrarse armoniosamente en una gran urbe. A pesar de estar rodeado por el bullicio de la Ciudad de México, el parque mantiene una atmósfera tranquila que invita tanto a la relajación como a la exploración. Esto es, en gran medida, lo que lo ha convertido en un referente de belleza y naturaleza en medio de una de las metrópolis más grandes del mundo.
El Lago de Chapultepec, uno de los puntos más emblemáticos.
Así que, si alguna vez te preguntas cuál es el parque más bonito de México, la respuesta, según la Inteligencia Artificial, está en el corazón de la capital: el Parque Nacional de Chapultepec, un verdadero oasis urbano que, más allá de sus características visuales, representa un espacio de vital importancia para la cultura y el bienestar de los mexicanos
GQ(J.Sullivan) — ¿Cómo ser unapersona más carismática? Piensa en alguien con esa cualidad, tal vez sea un antiguo jefe capaz de dirigir una sala de conferencias en segundos o ese amigo que te escucha y se preocupa por ti. Podrías suponer que estas personas nacen cautivadoras, pero no es cierto, mencionó el doctor Ulrich Jensen, profesor asociado de Ciencias Políticas que estudia el liderazgo en la Universidad Estatal de Arizona.
“El carisma es un conjunto de expresiones estilísticas que puedes incorporar a tu comunicación. Es algo que se puede aprender”, señala el doctor.
Pero el carisma es mucho más que caer bien, en realidad es una forma con la que puedes incluso manipular a los que te rodean. En 2023 el equipo del doctor Jensen analizó 350 discursos de 50 gobernadores estadounidenses entre febrero y mayo de 2020 que hablaban de lo que la gente debía hacer para mantenerse a salvo durante la pandemia. Cuanto más carismáticos se mostraban, más probabilidades había de que la gente siguiera el consejo de no salir de casa.
“Se les considera dignos de confianza, más competentes”, añade. Su equipo definió los “comportamientos carismáticos” como palabras, frases u oraciones que proyectaban un mensaje fuerte y central con convicción moral usando metáforas, analogías y preguntas retóricas para que el oyente se sintiera supercomprometido.
Lo mejor de todo, señala el doctor Jensen, es que puedes tomar esos mismos rasgos que hacen influyentes a los políticos y trasladarlos a tu vida, por ejemplo, para que te contraten o ganarte a la familia de tu pareja en la cena de Navidad. Te explicamos cómo desenvolverte con carisma y confianza en cualquier situación social aunque seas tímido.
– Piensa en “tu historia” para las presentaciones
La mayoría de la gente definen el carisma como la forma en que una persona habla o coloca su cuerpo, aunque eso puede ser cierto, en realidad es solo “la punta del iceberg”. “Puedes tener voz fuerte, dar un apretón de manos firme y una postura excelente, pero si lo que dices no tiene valor perderás a cualquier interlocutor”, dice el doctor Jensen.
Como ejemplo pone a Barack Obama, ampliamente considerado como uno de los presidentes estadounidenses más carismáticos, “Si lo ves de pie en un escenario hablando en un mitin, es muy discreto en su comunicación no verbal”, menciona el experto.
Lo que hace que el expresidente y otros como él sean tan convincentes es que tienen un mensaje valioso que compartir. “Una de las formas más importantes de ser más carismático es pensar en cómo quieres presentarte ante los demás”, explica el doctor, “piensa en algo que sea realmente interesante sobre ti y después analiza estratégicamente cómo puedes incluirlo en una breve historia cuando te presentes”.
Lo importante es que transmitas algo que muestre tus valores fundamentales. Por ejemplo, el recurso habitual del doctor es que se mudó de Europa a Estados Unidos con una mochila, “Ahora estoy casado con una mujer maravillosa, tengo un hijo pequeño y amo mi vida”, dice, “Lo uso para ilustrar algo sobre mí que creo que es que soy una persona valiente”.
El experto señala que también puedes intentar un poco de humor y vulnerabilidad, dos cosas que pueden ayudar a que el oyente se involucre más con tu historia. Por ejemplo, el doctor cuenta que el aire acondicionado de su casa en su nueva ciudad, Phoenix, estaba roto cuando llegó y hacía un clima de 38 grados centígrados, pregunta cosas tan sencillas como ¿qué crees que pasó después? mientras enfatiza las partes divertidas para conseguir un efecto dramático.
– Busca el tipo de carisma que se adapte mejor a ti
La gente que tiene ese je ne sais quoiatrae de forma natural, pero si pones a dos personas encantadoras en la misma habitación su forma de actuar será muy distinta. “La cuestión es quétipo de carisma funciona mejor para ti, tu personalidad y tu cerebro”, dice Olivia Fox Cabane, autora de El mito del carisma.
“En realidad se trata de encontrar qué es lo que te hará brillar y entender que el carisma en realidad tiene menos que ver con lo que la gente siente por ti y más con lo que les haces sentir”.
Le gusta dividir el tipo de carisma de una persona en tres categorías: poder, calidez y presencia. Por ejemplo, dice que los que irradian poder probablemente podrían tomar las riendas y sacar rápidamente a un grupo de personas de un edificio en llamas si fuera necesario.
Por otro lado, las personas que lideran con calidez podrían ser increíblemente empáticas, poniendo como ejemplo al Dalai Lama. Y sobre la presencia, Bill Clinton era famoso por eso, te hacía sentir como si fueras la única persona que existía en el mundo”, menciona.
He aquí cómo saber en cuál encajas, “cuando interactúas con la gente ¿te resulta fácil mantenerte concentrado en lo que dicen durante la conversación?”, pregunta Cabane. “Eso es alta presencia porque la mayoría de los cerebros tienen tendencia a desviarse de la conversación”. Así que en este caso, apoyarse en las historias de los demás en lugar de soltar un montón de las tuyas, es lo ideal. Si eres una persona segura de sí misma por naturaleza, eso es poder, dice Cabane.
Si te parece que encajas bien puedes perfeccionar tu historia personal porque es probable que captes la atención rápidamente, y si sueles ser compasivo y empático por naturaleza, es calidez, añade. Si te gustaría tener ese tipo de carisma quizá identifiques las partes sensibles de la conversación y respondes con emoción genuina.
– Prepárate para tener más confianza
Como explica Cabane, hay algunas cosas por hacer antes de una reunión para que te sientas mucho más seguro de ti mismo, eso empieza por cómo te vistes. “Asegúrate de que vas a estar físicamente cómodo”, señala, “La gente reacciona a tu lenguaje corporal en primer lugar y a tus palabras en segundo o tercer lugar, así que es importante sentirse bien”.
Agrega que es útil recurrir a algo que llama visualización, una técnica de mejora del rendimiento utilizada generalmente por los atletas. “Tu estado mental lo es todo, porque lo que está en tu mente, tu cuerpo lo manifestará”, explica. Funciona así: primero recuerda un momento en el que te sentías muy seguro de ti mismo, en el que alguien en tu vida estaba increíblemente orgulloso de ti o en el que “te sentías más vivo”.
Esto enciende partes de tu cerebro que te ayudarán a prepararte para el éxito en cualquier cosa que estés a punto de hacer. “Hará que salga de ti el lenguaje corporal adecuado”, añade Cabane.
No te asustes si sientes el síndrome del impostor justo antes o durante, es uno de los sentimientos más comunes. “Es importante controlarlo porque no puedes ser carismático si al mismo tiempo te estás dañando a ti mismo. Para superarlo piensa en un momento en el que un ser querido te elogió, puedes usar esas imágenes para que la autocompasión fluya por tu cerebro”, explica.
El doctor Jensen y Cabane coinciden en que las personas carismáticas no son necesariamente extrovertidas. La doctora Laurie Helgoe, autora y psicóloga clínica, asesora a ejecutivos sobre cómo ser una persona más carismática y proyectar poder en el trabajo pero específicamente para introvertidos.
La doctora Helgoe agrega que debemos aceptar que las situaciones sociales pueden ser difíciles para casi todo el mundo. “A veces ayuda reconocer que estás haciendo algo por alguien a quien quieres o porque es tu trabajo.
Sí hay personas que se divierten socializando, pero no es el caso de una buena parte de la población”, señala. Básicamente el carisma puede ayudarte a ganar un poco más de influencia, sin embargo, no te preocupes demasiado por ser el mejor en ello; una vez más, como ya señaló el doctor Jensen, tus valores e ideas lo son todo.
La mente es maravillosa(V.Sabater) — Pocas áreas suscitan tanto interés y preocupación entre los padres como el desarrollo psicomotor de sus hijos. La coordinación mano-ojo, la interacción social o el progresivo dominio locomotor, trazan esas áreas que siempre despiertan mayor atención.
Así, aunque es cierto que cada niño tiene sus propios procesos madurativos, existen unos hitos específicos que es importante valorar, y para ello se cuenta con el test de Denver.
Este es el instrumento más clásico para evaluar posibles problemas en el desarrollo psicológico y motor. Consiste en 125 ítems que analizan dimensiones cómo el lenguaje o el modo en que los pequeños de entre 0 y 6 años se relacionan con su entorno. Es una prueba válida, fiable y con una elevada eficacia. A continuación, te damos todos los datos.
– ¿Qué es el test de Denver?
El test de Denver (DDST, por sus siglas en inglés) es una herramienta psicométrica que evalúa el desarrollo de un niño en función de su edad cronológica. Fue diseñado en 1967 por los psicólogos Williams Frankenburg, Josieh B. Doods y Alma Fordal. El nombre de este instrumento proviene de la ciudad donde se asentaba el centro de trabajo de estos profesionales: la Universidad de Colorado, en Denver.
Un trabajo divulgado en la Revista Científica de la Investigación y el Conocimiento lo describe como un test cuya fiabilidad alcanza el 90 % entre los evaluadores. Además, es fácil de aplicar y no es caro. Ha sido revisado varias veces y, en la actualidad, utilizamos ya la versión DDST-II, que mejoró mucho más su precisión.
– ¿Cuáles son sus objetivos?
La principal ventaja del test es evaluar las funciones sociales, cognitivas y madurativas de los niños, para definir posibles estrategias de intervención. Un ejemplo de sus beneficios lo vemos en un trabajo realizado en el departamento de pediatría de Bihar, en la India. Gracias a este instrumento pudo detectarse que el 6,4 % de los bebés de entre 0 y 2 años presentaba un retraso en el desarrollo.
Por otro lado, cabe destacar que esta herramienta no valora el cociente intelectual ni el potencial cognitivo del niño. Lo que nos aporta es una radiografía de cómo madura su sistema nervioso en comparación con unos percentiles estipulados. Y es un recurso que debe aplicarse por profesionales especializados. Estos son sus objetivos básicos:
Monitorear el progreso: permite llevar a cabo un seguimiento del desarrollo del niño a lo largo del tiempo, y evaluar si hay mejoras o retrocesos en sus habilidades.
Orientar a padres y cuidadores: esta evaluación facilita a padres y cuidadores información clara sobre el desarrollo del niño, así como las áreas donde se requiere de mayor estimulación o atención.
Evaluar la efectividad de programas de intervención: este instrumento es válido y muy interesante para medir el impacto de programas educativos o terapias del desarrollo de los niños de entre 0 y 6 años.
Facilitar la intervención temprana: tanto los padres como los profesionales necesitan de una adecuada evaluación que permita diseñar intervenciones específicas, para ayudar a los pequeños a mejorar posibles áreas de retraso.
Identificar retrasos en el desarrollo: muchas veces son los pediatras los que detectan de forma temprana alguna deficiencia o problema. Con el fin de evaluar esa sospecha, se hace necesario aplicar algún recurso válido. En este caso, el test es ideal para identificar posibles retrasos o dificultades en el desarrollo.
– Áreas de desarrollo evaluadas
El test de Denver está diseñado con 125 ítems en total. Ahora bien, el profesional que aplique la evaluación debe seleccionar de ese listado aquellas tareas que son las adecuadas según la edad del niño. Al fin y al cabo, no es lo mismo valorar el desarrollo de un bebé, que el de un pequeño de 5 años. Por otro lado, la prueba está organizada en cuatro áreas que describimos, a continuación.
1. Área motora gruesa
La detección temprana de problemas de locomoción y equilibrio, como tropezar con los pies, chocar con objetos o no coordinar en el desplazamiento, permite una intervención oportuna para su debida corrección.
Un ejemplo de ello es lo que nos describen en un trabajo divulgado en Early Human Development. El test de Denver es muy eficaz para identificar a pequeños que con 2, 3 o 4 años ya podrían presentar un riesgo de trastorno del desarrollo motor (TDC). El área motora gruesa (movimientos de piernas, brazos y torso) es un objetivo esencial en el análisis de la maduración en la población infantil. Algunas tareas que evalúa son las siguientes:
Saltar
Subir escaleras
Jugar a la pelota
Caminar hacia atrás
Mantener el equilibrio
2. Área del lenguaje
El área del lenguaje busca obtener datos tanto de la comprensión como de la producción del lenguaje hablado infantil. Aquí los procesos diana que deben atenderse son las habilidades verbales del niño y también su capacidad para entender palabras y frases.
Asimismo, una puntuación baja en esta área estaría relacionada con posibles problemas de audición, trastornos del lenguaje, dificultades para el desarrollo social, etc. Por otro lado, muchas de estas problemáticas pueden mejorarse con una buena estimulación. Ello explica la relevancia de una detección temprana. Algunas actividades para esta área son estas:
Definir palabras
Nombrar objetos
Comprender frases
Comprender analogías
Saber seguir instrucciones
Explicar de qué están hechas las cosas
3. Área motora fina-adaptativa
Pocas áreas son más decisivas en el buen desarrollo infantil que adquirir, poco a poco, una correcta coordinación mano-ojo. En este caso, la evaluación se centra en analizar la capacidad del niño para manipular objetos de manera precisa. En ella, debe observarse cómo se adapta en cada situación con sus manos y su vista; también si es capaz de resolver problemas simples.
Un retraso en esta área sugiere problemas de coordinación fina, trastornos del desarrollo visual-motor o limitaciones para adaptarse a situaciones nuevas. Todo ello podría vincularse a problemas cognitivos o neurológicos que deberán valorar los especialistas. Veamos algunos ejemplos de las tareas evaluadas:
Dibujar líneas
Copiar círculos
Copiar cuadrados
Dibujar un hombre
Montar una torre de cubos
Sacar objetos de una botella
4. Área personal-social
El área personal-social del test analiza el desarrollo de las interacciones sociales y la autonomía del niño. Esta sección desgrana cómo ellos se relacionan con el entorno, cómo se vinculan con el resto de figuras sociales y qué grado de independencia demuestran. De hecho, las informaciones más decisivas que aporta son también posibles problemas de apego o trastornos del espectro autista (TEA).
Te describimos ahora algunos ejemplos generales de las tareas que se llevan a cabo en la prueba. No obstante, ten en cuenta, una vez más, que cada dimensión tiene múltiples opciones y el profesional selecciona aquellas que están en sintonía con la edad cronológica del pequeño que se valora.
Imita sonrisa
Bebe de una taza
Se abrocha la ropa
Autonomía en el aseo
Ayuda en tareas de la casa
Le da de comer a la muñeca
Se aparta de la madre sin llorar
Interacciona durante los juegos
– ¿Cómo se aplica el test de Denver?
Aunque de primeras este recurso te pueda parecer una prueba larga y compleja, lo cierto es que no lo es. Lo fundamental es que la aplique un especialista en el test y el desarrollo infantil. Este instrumento puede resolverse en veinte minutos o media hora, pero es esencial que el pediatra o terapeuta elija bien qué pruebas presentar.
. Objetos que se necesitan
Sonajero
Una taza
Una botella
Una campana
Papel y lápices
Caja de canicas
8 cubos de 23 mm
Una pelota de tenis
Una madeja de lana roja
Frasco de aluminio con tapa a rosca
. Preparación del entorno y del niño
Antes de comenzar la evaluación de los pequeños, es esencial que el entorno sea adecuado para que se sientan cómodos, seguros y sin distracciones. Para ello, siempre es interesante atender los siguientes factores:
Una sala tranquila: es ideal si la habitación está bien iluminada y tiene una decoración agradable, con tonalidades cálidas.
Atmósfera segura: los profesionales deben crear un ambiente de confianza con el niño, interactuando de modo relajado y amable para reducir la ansiedad, el miedo o la timidez.
Valorar el acompañamiento de un familiar: si el niño es muy pequeño, el cuidador o madre/padre puede estar presente durante el proceso, así el niño se sentiría seguro.
. Determinación de la edad del niño
Ya lo señalamos a lo largo del artículo. El primer paso será siempre calcular con precisión la edad cronológica. Esto se hace restando la fecha de nacimiento del niño de la fecha en que se administra el test. Es importante añadir meses y días, para que, de ese modo, se pueda acudir a la cohorte de edad adecuada según el test.
. Selección de los ítems adecuados
Dependiendo de la edad del bebé o el niño, el profesional seleccionará las tareas que se corresponden a su etapa concreta de desarrollo. Para tal fin, se llevan a cabo las siguientes acciones:
Primer paso: una vez determinada con exactitud la edad del pequeño, el pediatra o terapeuta infantil debe acudir a una de las fichas que incluye el propio test. Es una tabla de referencia donde están reflejadas las tareas estipuladas que han de seleccionarse según los años y los meses del sujeto evaluado.
Segundo paso: en la selección, deben incluirse también tres tareas (ítems) fáciles que estén un poco por debajo de la edad del niño. A su vez, se eligen tres tareas más complicadas que estén un poco por encima. El objetivo de esto último es ver si hay progresión o alteración en el desarrollo cuando en el futuro se le vuelva a aplicar este instrumento.
. Presentación de las tareas
La administración de las tareas es muy sencilla y se lleva a cabo de manera bastante rápida. De este modo, y según la habilidad que se quiera evaluar, el profesional puede usar diferentes métodos para analizar los datos:
Observación directa: el evaluador o evaluadora puede observar al bebé o al infante durante las pruebas, para ver si alguna de ellas las realiza ya de forma espontánea, como, por ejemplo, sonreír, interaccionar con él/ella, caminar, manipular objetos, etc.
Instrucción verbal: a los niños más grandes, se pueden dar instrucciones para realizar ciertas tareas. Ejemplo de ello es decirles «dale de comer a la muñeca», «pon el bloque en la caja», «dibuja a un señor en esta hoja» o «camina hacia atrás para que yo vea cómo lo haces».
Demostración de habilidades: en algunos casos, el psicólogo, pediatra o terapeuta, puede darle al niño ciertos objetos (como bloques o una pelota) de modo que demuestre que sabe utilizarlos. El objetivo es que evidencie una habilidad motora, como apilar bloques o lanzar la pelota.
– ¿Cómo se interpreta?
El test de Denver se interpreta utilizando los resultados obtenidos de cada ítem, comparándolo con los percentiles de referencia. Para ello, se dispone de unos gráficos específicos, en los que se visualiza el porcentaje de niños (25 %, 50 %, 75 % y 90 %) que deberían poder completar dicha tarea a ciertas edades. Dependiendo de dónde se sitúen los resultados del niño al que se aplica, se podría hablar de alguna de estas tres categorías:
Precaución: el pequeño evaluado no logra pasar una serie de ítems que del 75 % al 90 % de los niños de su edad ya pueden realizar. La categoría de precaución indica una posible necesidad de vigilancia o seguimiento, pero no implica que padezca un problema significativo.
Normal: el bebé o el niño supera los ítems correspondientes a su edad sin problemas. O bien muestra algunos resultados negativos muy puntuales, pero que siguen estando dentro de los límites esperados. Si no pasa algún ítem que el 25 % o el 50 % de los niños sí logran, pero sí supera los ítems correspondientes al 75 % o 90 %, el desarrollo se considera normal.
Retraso: en este caso, lo que vemos es que no resuelve uno o más ítems que el 90 % de los niños más pequeños pueden realizar. Dicho resultado sugiere un retraso en el desarrollo y suele requerir de una evaluación adicional y, en algunos casos, de una intervención específica. No obstante, como señalamos, este tipo de estimulaciones aplicadas a tiempo pueden ser muy beneficiosas.
– Una guía para la valoración integral del niño
Entre las principales ventajas del test Denver destaca brindar una visión integral del progreso madurativo del niño. Gracias a este instrumento, los profesionales de la salud y la educación pueden guiar a los progenitores en la comprensión del crecimiento de sus pequeños. Asimismo, su enfoque informativo y preventivo lo hace muy interesante para detectar necesidades que atender.
Por otro lado, destacamos la relevancia de aplicar esta herramienta antes de que los chicos sean escolarizados. La mayoría de los problemas se ven ya en la educación primaria. Pero identificar alteraciones psicosociales y motoras antes de los 5 años, por ejemplo, ofrece siempre una ventana de intervención valiosa para potenciar y mejorar muchas áreas.
Detalle del cuadro Brujas yendo al Sabbath (1878), Luis Ricardo Falero.
JotDown(D.Cuevas) — Históricamente, las brujas conforman uno de los colectivos más vilipendiados, humillados y denostados de los universos fantásticos.
Nacieron afeadas en las historias populares y condenadas a ser villanas de cuento, fueron utilizadas como combustible para hogueras por gente muy poco tolerante y, a la altura de los años sesenta, acabaron convirtiéndose en material erótico para onanistas gracias a un fenómeno muy curioso gestado en el mundo del entretenimiento: la witchploitation.
O la era en la que la brujería invadió los kioscos, las salas de cine y la industria discográfica para ofrecer BDSM underground, destape en celuloide de medianoche y grabaciones de rituales arcanos en los surcos de los discos de vinilo.
Pero el camino entre el origen mágico del mito y la transformación en objeto de paja para esa gente que va en gabardina al cine supuso una senda larga, angosta, enrevesada y de lo más extraña. Una ruta en la que se absorbió el ocultismo en la sociedad como hobby llamativo, se trituró para comercializarlo en forma de pornografía barata, y, finalmente, se abandonó a su suerte al considerarlo temible.
– The Witch
Es una tarea complicada concretar aquí el momento exacto en el que nace la figura de la bruja. Porque, por un lado, es muy probable que siempre hayan estado ahí.
Y, por otra parte, el título de este artículo anuncia pornografía a modo de gancho rastrero. Con lo que quizás las clases de historia y los debates entre los términos «bruja», «hechicera» y «ocultista» no son tan importantes ahora mismo como repasar la apropiación pop de las magas libertinas aficionadas a cabalgar escobas y/o varones despistados.
Así que el repaso histórico va a limitarse en este texto a unas meras pinceladas superficiales. Las fotos de brujas en cueros, y de brujas forradas con cueros, llegarán unos cuantos párrafos más adelante.
Izquierda: Las cuatro brujas (1497). Derecha: Bruja cabalgando al revés sobre una cabra (1501-1502), ambas de Alberto Durero.
En la Odisea redactada por Homero en el 800 a. C. la hechicera Circe, hija de Helios (el titán, no la mermelada) y Perseis, era descrita como una bruja por su afición a juguetear con varitas mágicas, transformar a gente en animales, y fabricar pociones. Plinio el Viejo ya hablaba de sortilegios perpetrados por señoras con pinta de ser poco de fiar allá por el 450 a. C.
Y ya en el siglo IX, Alfredo el Grande, rey de Wessex, redactó un compendio de leyes titulado El código legal de Ælfred el Grande, conocido también por el mucho más molón nombre de Doom Book. Una colección de reglas, basadas en enseñanzas bíblicas y en lo que le salía de las gónadas al bueno de Alfredo, en donde se recomendaba aniquilar a todas las «encantadoras, hechiceras y brujas».
El origen de la palabra «bruja» en nuestro idioma es incierto, aunque huele a prerrománico. En la península, la primera aparición registrada del término ocurrió en un escrito del siglo XIII en donde aquella se presentó con acento gallego, adoptando la forma «bruxa». La versión en inglés, «witch», por lo visto también posee raíces celtas, al haber nacido de la mutación del vocablo «wicca».
Tampoco está de más apuntar que en la mayoría de idiomas existen palabras distintas para referirse a la «hechicería» y a la «brujería». La primera implica prácticas mágicas. La segunda también, pero con el bonus de que en ellas existe línea directa con Satán, en mayor o menor medida.
Circe transformando a los compañeros de Ulises en bestias, (1650–51) de Giovanni Benedetto Castiglione.
En la Europa medieval, entre el siglo XV (1450) y el siglo XVIII (1750) a la peña se le fue muchísimo la pelota con el tema de las brujas. Las que hasta entonces habían sido consideradas mujeres con poderes interesantes, y algo vividoras, pasaron a convertirse en alarma social cuando se estableció que la brujería era sinónimo de herejía, satanismo, libertinaje y aquelarres en el bosque con bebés tiernos a modo de catering.
Las cazas de brujas comenzaron a llevarse a cabo con alegría, ajusticiando a las sospechosas de serlo (en ocasiones con acusaciones y motivos de lo más vagos) de cualquier manera imaginable, desde sádicos ahogamientos hasta las famosas hogueras a la vista del pueblo. Estos brujicidios ocurrieron a menudo en Alemania, Francia y Suiza.
Y se contagiaron a Dinamarca, Inglaterra, Noruega, Escocia y Norteamérica. Aunque, contrariamente a lo que suele ser una creencia popular, en las zonas donde la presencia de la iglesia era potente y poderosa (España, Polonia y países del Este) las cazas de brujas fueron anecdóticas y poco reseñables. En 1750, todos los países europeos, excepto Suiza, ya se habían cansado de programar aquellas barbacoas y habían despenalizado la brujería como delito.
Izquierda: El círculo mágico (1886), Derecha: Circe envidiosa (1892), ambos de John William Waterhouse.
Las fábulas y los cuentos convirtieron a la bruja en una silueta villana recurrente, que no tenía por qué estar asociada con demonios, a lo largo de los siglos. Desde los hermanos Grimm, pasando por las leyendas orales y hasta aterrizar en el cine de Disney, las brujas se dibujaron como encarnación definitiva del mal.
Y adoptaron una apariencia que iba a juego con su villanía y repetía ciertos patrones: sombreros puntiagudos y vestuario sombrío, nariz afilada como el pico de un pájaro, verrugas gordas, piel verdosa, pelambrera cochambrosa y escoba como principal medio de transporte.
Entretanto, los artistas sucumbieron a los encantos de las brujas sin muchos reparos, y con especial énfasis del año 1400 en adelante. Eso sí, como ellos no siempre le buscaban moraleja al asunto, los resultados fueron más abiertos de miras que los de los cuentacuentos: sobre el lienzo se perfilaron tanto brujas espantosas y monstruosas, como brujas sensuales y de buen ver.
En el mundo occidental, el primer dibujo de las damas pilotando escobas apareció en los márgenes del poema «Le champion des Dames» firmado por Martin Le Franc en 1415.
A partir de ahí, cientos de artistas utilizaron a las magas como musas: el alemán AlbertoDurero, el italiano Giovanni Benedetto Castiglione, el flamenco Frans Francken el Joven, el francés Albert Joseph Pénot (creador de la verdadera Batwoman), el británico John William Waterhouse, o españoles como Francisco de Goya o el granaíno Luis Ricardo Falero.
Izquierda: El aquelarre 1797–1798, Derecha: Vuelo de brujas (1797) ambas de Francisco de Goya.
– Ocultismo popular
A mediados de los años veinte, los boletines de ocultismo y el espiritualismo comenzaron a reinventarse como material de consumo para el gran público estadounidense, necesitado de emociones fuertes. Así nació The Occult Digest en 1924, la revista que bajo el subtítulo «Un mensual para todo el mundo» incluía una bonita declaración de intenciones al publicitarse como «El único magazine que es atrevidamente diferente.
Defendemos la verdad desenmascarada y el hacer que el mundo sea seguro para la inteligencia». O una carta de presentación que cien años atrás ya enarbolaba esa maravillosa pretenciosidad moral, tan vaga a la hora de concretar algo, que tienen los actuales grupos de Telegram de librepensadores, terraplanistas y gente convencida de que su frutero es un reptiliano y las etiquetas de los melocotones esconden significados secretos.
The Occult Digest lucía portadas ilustradas bien hermosas, y en su interior apilaba escritos de figuras respetadas como Annie Besant, junto a textos de peñita de la liga del ocultismo como Rudolf Steiner, Carl Henrik Andreas Bjerregaard, Charles Robert Stansfeld Jones, Max Heindel o Dion Fortune.
También publicaba a gente como Max Freedom Long, un caballero que hablaba de la magia kahuna hawaiana a pesar de que el tío era más de Colorado que las hamburguesas con queso. Y a Arthur Edward Waite, un poeta inglés, cocreador del popular tarot Rider-Waite, que tenía sofá en el palco VIP de la masonería, pero que también había militado en la Orden Hermética de la Aurora Dorada.
Esa sociedad secreta cuya cruz oficial era el equivalente victoriano al adolescente que se viene arribísima con el clipart en el Word. Pero la verdad es que ese escaparate con tanto autor de cierto renombre era la tapadera que The Occult Digest utilizaba para colar textos morralla de otras firmas pulp del montón.
Y, sobre todo, para estampar anuncios de productos disparatados como trompetas con las que comunicarse con los espíritus, métodos secretos franceses para hacer crecer el busto femenino o conjuros para elevar los puntos de carisma y resultar irresistible.
Portadas de The Occult Digest.
Al margen del psicotrónico catálogo publicitario, los artículos de The Occult Digest orbitaban alrededor de temas como la numerología, los médiums, los viajes astrales, los fantasmas aficionados al photobombing, la kundalini, la lectura de manos, la psicografía, la astrología, los poderes psíquicos y, en especial, cualquier cosa relacionada con el sexo.
La revista aguantó hasta 1947, tras ser resucitada en más de una ocasión, y en sus últimos años acabó en manos de Marie Gossett Harlowe, una editora autocalificada como de «mente abierta» que defendía el «racismo kármico» y era hooligan de Adolf Hitler.
Al margen de que el magazine estuviera plagado de gente que consideraba un embudo como el mejor de los sombreros, lo importante es que la aparición de The Occult Digest en los años veinte marcaba el momento en el que lo esotérico, especialmente el espiritualismo y la magia, dejaba de ser subterráneo para intentar convertirse en popular.
La publicación ni siquiera era contracultura, ni generaba un interés por lo arcano que resultara especialmente alarmante en la sociedad, sino que podría interpretarse más bien como un «Coño, mirad qué hobbies más exóticos tienen algunos».
La obsesión de dicha revista por los temas sexuales era práctica, porque escribir sobre gente frotándose los bajos con otra gente siempre vende, pero se solapó con el tirón que comenzaba a tener el concepto «sex magick», es decir, el sexo como elemento importante en los rituales mágicos.
Una moda popularizada por cosillas como los escritos del famoso satánico Aleister Crowley, quien también había militado en la Orden Hermética de la Aurora Dorada, el mismo tipo que se sacó de la chistera la palabreja «magick», con «k», para diferenciar sus rituales místicos de la magia teatral basada en sacar conejos de otras chisteras.
Crowley redactó decenas de manuales con instrucciones para combinar prácticas sexuales y mágicas, pero no fue el único literato que ilustró sobre cómo agitar la varita. La mística Maria de Naglowska, una rusa afincada en París que creó su propia sociedad de ocultismo (la Confrerie de la Flèche d’Or), también avivó la libido mágica de los lectores recopilando y publicando los escritos de un entusiasta de la «alquimia erótica» llamado Paschal Beverly Randolph.
Y, sobre todo, firmando una serie de libros en donde ella misma instruía sobre folleteos y polvos mágicos basándose en un muy documentado trabajo de periodismo empírico: Le rite sacré de l’amour magique (El sagrado ritual del amor mágico), La lumière du sexe (La luz del sexo), o un Le mystère de la pendaison (El misterio del ahorcamiento) que apostaba por ir al tope con el David Carradineway of life al centrarse en la autoasfixia erótica como rito de iniciación mágica y satánica.
Extractos de El misterio del ahorcamiento de Maria de Naglowska.
– Sex, pentagrams and rock and roll
Durante la década de los cincuenta y los primeros sesenta, con el ocultismo presentado formalmente en sociedad y con el lazo entre sexo y magia afianzado en la cultura popular, los rituales esotéricos y los tonteos con Satán se limitaron a servir como combustible para relatos pulp ficticios en los kioscos.
En el terreno del cine ocurría algo similar, pero curiosamente lo de ser satánico se mostraba como más propio de un grupo de pijos que de una pandilla de punkis. En La noche del demonio (1957) el culto a Satanás tenía pinta de pasatiempo de clase alta, y en Arde, bruja, arde (1962) los rituales brujeriles se utilizaban para ascender en la escala social.
Encontrar un celuloide más subversivo durante aquellos años suponía alejarse del circuito comercial y rastrear el subsuelo hasta dar con la producción Inauguration of the Pleasure Dome (1954). El cortometraje avant-grade perpetrado por Kenneth Anger, un satánico, seguidor de las enseñanzas de Aleister Crowley y gran cotilla de Hollywood.
O treinta y ocho minutos de imaginería surrealista con la aparición estelar de Marjorie Cameron, la artista a la que el director se refería como «una bruja auténtica». Inauguration of the Pleasure Dome pretendía instruir sobre la religión thelema fundada por Crowley, e incluía rituales, demonietes, máscaras, alguna teta suelta y una visita al infierno.
Pero, a pesar de su estatus de culto, revisitarla hoy en día (en YouTube alguien ha colgado la versión de 1966, que es la misma que la de 1954 con un par de modificaciones) resulta decepcionante: en su momento sería una cosa loquísima, pero actualmente tiene tanto de radical como las obras teatrales de una clase de primaria. De hecho, el maquillaje luce igual que el de una obra teatral de Primaria.
En general, a lo largo de los sesenta, gran parte de la sociedad veía el ocultismo como si aquello fuera una curiosidad en lugar de una amenaza para sus valores. Incluso en España, donde en 1966 las páginas de la mítica revista infantil de historietas TBO se atrevían con el siguiente chiste en su sección «De todo un poco»:
«Una señora pregunta por el nombre de un lindo bebé: —Ekjsats — le dicen. —Un nombre muy raro ¿Acaso es checoslovaco el padre de niño? — No, señora, es ocultista».
Detalle de la revista TBO.
Rebasado el hemisferio de los años sesenta, se fraguaría de golpe un fenómeno cultural que iba a suponer la resurrección de la bruja como icono, aunque algo más descocada y, sobre todo, mucho más forrada en cuero de lo que era habitual en los cuentos de los hermanos Grimm.
En Estados Unidos la idea del amor libre pegó fuerte y, como no hay nada más cercano a la libertad que trotar por el campo bamboleando las lolas y las tulas al aire, la moralidad se vio obligada a amoldarse a aquellas moderneces renunciando a sus pudores.
El asunto se debatió entre paredes de los juzgados, lugares donde se hacían cumplir las leyes que castigaban la publicación y distribución de material obsceno en los medios. Allí fue dónde los jueces se toparon con el problema de intentar definir qué debía entenderse por «obscenidad» y, por tanto, ser punible.
En el popular juicio Jacobellis contra Ohio (1964) se evaluó si la proyección de la película francesa Los amantes (1958) era legal o una guarrada indecente. Y se llegó a la conclusión de que una obra solo debía considerarse obscena si «carecía totalmente de importancia social».
En dicha vista, un juez llamado Potter Stewart declaró que la obscenidad está «constitucionalmente limitada a la pornografía dura», al mismo tiempo que eximía a la película Los amantes de cualquier castigo por no considerarla obscena. Stewart matizó la decisión apuntando lo siguiente: «Hoy no intentaré definir más concretamente los tipos de material que entiendo incluidos dentro de esa descripción abreviada de la obscenidad como pornografía dura. Pero los reconozco cuando los veo».
En otro proceso judicial, el de Memoirs contra Massachusetts (1966), también se levantó el veto al libro Fanny Hill, acusado previamente de ser muy cochino e inmoral.
Gracias a esas sentencias, y a otras cuantas similares, a mediados de los sesenta las leyes sobre obscenidades se volvieron más laxas. En el terreno de los kioscos, de repente, los editores se dieron cuenta de que aquello planteaba nuevas posibilidades. Publicar pornografía explícita en plan mainstream seguía estando prohibido, pero los emprendedores de las revistas comenzaron a preguntarse cómo podían aprovecharse de la nueva permisividad legal con respecto a las carnes.
La respuesta llegó rápido: tetas y brujas.
– Las Guerras Púbicas y el calentamiento previo
La jugarreta ideada por las editoriales fue graciosa. En aquella época no se podía publicar porno alegremente sin esperar que en algún momento se presentase la policía en la imprenta. Pero sí era posible lanzar tiradas de magazines «informativos y educativos» como tapadera para mostrar un montón de culos al aire.
Y el tema de la «sex magick» era la excusa perfecta para ello. Porque permitía mostrar a zagalas en bolas, enredadas en perversiones diversas, amparándose en explorar asuntos tan llamativos y poco estudiados como la brujería, los rituales y el ocultismo. En el mundo editorial, los últimos sesenta y los primeros setenta supusieron el nacimiento de este nuevo fenómeno, ehm, educativo: la witchploitation, la brujaxploitation.
En temas de desnudez de folletín es cierto que la Playboy ya habitaba los kioscos norteamericanos desde 1953, y que Penthouse se presentó en 1965 en Inglaterra (y cuatro años más tarde en Estados Unidos). Pero aquellas dos cabeceras jugaban en una liga distinta a la que aspiraban las novedosas revistas de erótica ocultista. Porque tanto Playboy como Penthouse se sostenían sobre el concepto de chica pin-up concebido en los cincuenta.
Ambas publicaciones ya mostraban desnudos, pero el aterrizaje de Penthouse en terreno norteamericano desató una reyerta muy graciosa que el famoso (y asqueroso) Hugh Hefner bautizó como las «Guerras púbicas»: una competición por ver cuál de los dos magazines se arriesgaba a mostrar más explícitamente el vello púbico de las modelos. Como Penthouse provenía de una Europa más descocada, se presentó directamente en USA con pocos reparos y muchos pelos al aire.
Y Playboy, que hasta entonces había evitado el vello íntimo en las fotos, decidió imitarla, arriesgándose bastante a ser castigada por aquellas leyes que prohibían las obscenidades. Las dos revistas se tiraron los sesenta y los primeros setenta en una carrera sosegada, mostrando un poquito más de los bajos femeninos con cada nuevo número para tratar de superar al rival.
Pero incluso así estaban muy lejos de lo que propondría las publicaciones witchploitation, porque la brujería erótica y diabólica llegaría pasadísima de revoluciones.
Portadas de los primeros números de Playboy y la edición británica de Penthouse.
La anécdota curiosa es que, al margen de los titanes Playboy y Penthouse, existió un magacín que se adelantó a la moda demoníaca: la cabecera Satan nacida en 1957. Aunque aquella revista también estaba muy distanciada de las subversiones punkarras de la witchploitation.
En realidad había sido concebida como un clon de Playboy, y su decisión de adoptar al Maligno en el papel de mascota oficial tenía más que ver con ir de canallita que con sumergirse en lo satánico. En lugar de rituales arcanos, sus cubiertas anunciaban vino, música y nenas, mientras sus artículos hablaban de fiestas locas y vida alegre.
Satan gozó de una existencia bastante corta, se publicaron tan solo seis números, y hoy en día la única razón por la que es recordada es por haber embellecido una de sus portadas con la presencia de Bettie Page, la reina de las pin-ups. Eso sí, a Satan hay que reconocerle alguna sesión de fotos con bastante encanto, como la que protagonizó Judy O’Day (des)vestida de diablesa en el número de Febrero del 57.
Judy O’Day en Satan.
– Librería encantada
Playboy, Penthouse y fotocopias como Satan eran, por entonces, representantes de un erotismo amable y seguro en su indecencia.
Pero todas parecían reuniones de monjas al lado de las revistas más gamberras de la witchploitation, las cuales eran directamente descaradísimas en sus intenciones mostrando softcore, porno suave, mezclado con toques de BDSM porque la temática se prestaba a ello.
Y bajo un un empaque que parecía más kitsch que lúgubre: cacharrería de secta loca, pentagramas, velitas, capas, túnicas y ocasionalmente Satán, o alguna cabra de la familia, posando para la instantánea.
Portadas de Bitchcraft.
En su interior, estas publicaciones presuntamente ocultistas incluían artículos sobre asuntos oscuros, ficciones eróticas con magia implicadas y similares excusas literarias, pero irónicamente esos textos eran mera paja en un producto ideado para la paja. Donde sí se esforzaban dichas revistas era en las aparatosas fotografías con damas, y algún caballero, simulando ceremonias y actividades de lo más festivas.
La apuesta era apuntar al fetiche: bondage, dominación y sumisión, lesbianismo, gente abierta de mente y piernas, sexo en grupo, lencería erótica, sadomasoquismo y cultos extraños. Y el público objetivo al que se dirigían todas esas pegajosas páginas era evidentemente masculino y profundamente pajillero.
Por la razón que fuera, se daba el caso de que las revistas protagonizadas por brujas empoderadas no tenían interés alguno por atraer a las mujeres.
Hermoso collage minúsculo de páginas interiores de Bitchcraft. Es lo que hay.
La descarada Bitchcraft fue una de las propuestas editoriales que apostó por ir más a tope con las perversiones de las brujas. Tras un nombre que era toda una declaración de intenciones, aquella revista recopilaba colecciones de fotos bastante explícitas celebrando el sexo kinky, junto a artículos sobre ceremonias satánicas y hechizos.
Textos que no eran el aliciente principal para una audiencia más propensa a ojear aquellas páginas con un clínex en la mano que con unas gafas de lectura.
Portadas de Witchcraft y Mystic.
La existencia de Bitchcraft supone no solo el testimonio perfecto de hasta dónde eran capaces de llegar los editores, sino también el ejemplo de lo subterránea que resultó la witchploitation en prensa: hoy en día es difícil encontrar información sobre la revista incluso en internet, ese lugar donde hay todo tipo de páginas dedicadas a recopilar minuciosamente las cosas más ridículas.
En el caso de Bitchcraft no existe apenas material o datos más allá de imágenes de algunas portadas, y de fotos de algún número subastado en eBay. Lo cierto es que es bastante probable que la mayoría de Bitchcrafts que hayan sobrevivido al paso del tiempo se encuentren pillando polvo en los sótanos estadounidenses, rodeadas de cosas que no sería recomendable tocar sin llevar puesto un traje antiradiación.
Portadas de SAS, Witchcraft today y Sexual witchcraft.
Junto a Bitchcraft también aparecieron otros magazines mensuales y otros libros como Witchcraft, Mystic, Sas: Black Magic in New York, Witchcraft Today, A Study of Sexual Practices in Witchcraft and Black Magic (ilustrado con fotos, según anunciaba su cubierta), New Witchcraft, Bizarre, Black Magic, Black Arts Today, Witches and Bitches, Satan Sex Ceremonies o Ritual Magic.
Todos ellos ofreciendo brujería y pornografía fría. En el caso de Sexual Witchcraft sus creadores habían tenido a bien incluir en su portada el siguiente texto en letra pequeña: «Prohibida la venta a menores.
Esta es una publicación sexualmente explícita ideada para adultos que consideran que este tipo de material tiene valor para ellos y tengan una curiosidad normal sobre tales asuntos». O la mayor cantidad de explicaciones que nadie ha dado nunca para explicar que lo que tenías delante era una revista de las marranas.
Portadas de Nude living, Search y Bizarre.
Algunas publicaciones al margen también aprovecharon para surfear la moda. Satan’s Scrapbook nació a mediados de los sesenta, poco antes de que las witches bitches tomaran el mando, como una especie de hija bastarda de aquella Satan de los cincuenta.
Pero su contenido, un desfile de nuevas pin-ups, solo utilizaba el satanismo como aderezo pop y no versaba sobre artes oscuras, sino que se limitaba a hablar de infiernos, diablesas y demonios para hacerse la interesante jugueteando con la idea del pecado. Nude Living, una revista que bajo el pretexto de celebrar el naturismo era básicamente un catálogo de chicas en pelotas, presentó en aquellos años un reportaje titulado «Satanismo: la religión del sexo y la indulgencia».
O la excusa para cascar en su portada a tres jambas desnudas junto a la personificación popular del satanismo: un calvo con capa y perilla.
El resultado de toda esta witchploitation en la prensa supuso una reescritura general, y chabacana, del concepto «bruja». Las amigas de tontear con lo arcano habían pasado de ser villanas legendarias a convertirse en meros pósteres de chavalas con las lolas al aire para forrar las paredes de los talleres de coches.
Portadas de los libros How to become a sensuous witch y What witches do.
En todo este proceso, la brujería en papelería se convirtió en un género propio, se publicaron guías sobre cómo iniciarse en la disciplina (Mastering Witchcraft: A Practical Guide for Witches, Warlocks and Covens de Paul Hudson, How to Become a Sensuous Witch de Abragail y Valaria), revistas sobre disciplinas sexuales aplicadas a lo oculto (Bitchcraft, Witchcraft Today), y libros disciplinados como el What Witches do de Janet y Stewart Farrar.
Este último era un texto que pretendía dotar de seriedad al asunto explicando los entresijos de la Wicca alejandrina, pero que incluso así sus editores decidieron publicar con una chica en pelotas en portada para atraer a los compradores. El fin de la década supuso también el ocaso de la witchploitation y, en consecuencia, el declive de todas estas publicaciones.
Ocurría que la brujería también había estado dando bastante guerra en otros terrenos del entretenimiento recién consquistados: el cine y la industria musical.
La bruja (1882) de Luis Ricardo Falero, pintada sobre una pandereta.
– Celuloide conjurado
En el séptimo arte, la bruja ya era una vieja conocida desde mucho antes de aquellos maravillosos sesenta donde a la sociedad le estalló en la cara el fenómeno de la witchploitation. Porque cuatro décadas antes, en 1922, un danés llamado Benjamim Christensen había perpetrado Häxan. La brujería a través de los tiempos. Un documental teatralizado que, utilizando como base un manual alemán para inquisidores del siglo XV, le daba un repaso bien guapo a la historia de la brujería y el satanismo.
En la pantalla, Häxan era un conjuro fascinante: una escenografía onírica forrada de ocurrencias visuales fabulosas y efectos especiales simpáticos, con caretas chulas e incluso una escena protagonizada por un bichejo animado en stop-motion.
También albergaba secuencias de un Sabbath en el que las brujas hacían cola para besarle el culo al demonio, ritos con muñecas de juguete, e incluso utilizaba la treta del desnudo gratuito, pero poco explícito, con una jovenzuela que salía de casa en bolas para pisar hierba y ayuntar con monstruo.
En general, Häxan era una encantadora pieza kitsch-ocultista de los años veinte. Una que fue semilla prematura de la fiebre por las brujas que brotaría cuarenta años después.
Fotogramas de Häxan.
Ya entrados en la década de los sesenta, las brujas comenzaron a ser utilizadas en el cine como subterfugio para las ficciones baratas y el erotismo light. Y eso es exactamente lo que ocurría en The naked witch (1961), una producción tejana rodada con cuatro perras. Y mucho más recatada de lo esperado al optar por una puesta en escena que parecía un gag de Austin Powers: ciertas secuencias tapaban con elementos del decorado, o con unas injustificables líneas negras, las vergüenzas de la mujer.
En el metraje se veía busto de refilón, sí, pero el título que lucía su póster evocando a la naked witch era un vulgar clickbait, y el destape estaba aún alejado del nudismo que traería la brujamanía inminente. Mientras tanto, en otra película con demonios de la época llamada The Devil’s Hand (1961) la mujer maciza era la culpable de arrastrar al hombre desprevenido a ser víctima de una secta satánica.
Lo de la izquierda es la portada de The naked witch, nótese que ahí ya hay rama tapando culete .Lo de la derecha es una escena con la bruja correteando por la campiña tal y como se ve en la película, censurada por una sombra extraña. Dicha franja negra bien podría ser el pito del cámara.
Parte de culpa del auge de la witchploitation la tuvo una serie de pseudo documentales dedicados a los aquelarres paganos. El pistoletazo de salida lo provocaron cosas como el (abre comillas) reportaje (cierra comillas) italiano Angeli bianchi… angeli negri (1969) de Luigi Scattini.
Un film que llegó a las salas estadounidenses muy tuneado: rebautizado con el molón nombre de Witchcraft ’70, remontado con nuevas escenas rodadas por Less Frost y prometiendo dejar en estado de shock a la audiencia del mismo modo en el que lo hacían las películas que lucían la denominación «Mondo» durante aquellos años.
Pero a la hora de la verdad, Witchcraft ‘70 era una coña, muy guionizada, delirante: rituales protagonizados por un desfile de chicas en topless cubriéndose los genitales porque el toto tiene un límite, banda sonora flower power y psicodélica como acompañamiento de la misas negras, sacerdotes oscuros degollando pollos y cabras sobre muchachas, algo de criogénesis porque en los setenta aquello sonaba a brujería, y un narrador que escupía sinsentidos y frasecillas tan pochas como «el aire de la noche transporta el hedor de las llamas, el sexo y un sudor acre antinatural», o «una balada de los sesenta rezaba «Dejé mi corazón en San Francisco» y ahora, en los setenta, uno puede dejar también su alma allí».
Los fundadores de la Iglesia de Satán, Diane LaVey y Anton LaVey, el calvo con perilla satánico por excelencia, aparecían a modo de estrellas invitadas en Witchcraft ’70, oficiando un bodorrio. Pero aquello tampoco le daba más valor al producto, porque los LaVey eran unas attention whores que hubiera aceptado salir en cualquier cosa con tal de que alguien les hiciera un poco de casito.
La promo de Witchcraft ‘70 era en realidad más emocionante que el documental en sí.
Witchcraft ’70 se presentó en el Reino Unido bajo el título The Satanists, avivando el interés de unos británicos que estaban empezando a obsesionarse demasiado con la brujería de destape. Y tras ella, llegaron más. The legend of the witches (1970) se vanagloriaba de ser un documental serio sobre las amigas del hechizo y los demonios, pero todas sus promos recordaban con orgullo la letra X con la que el film había sido calificado como película pornográfica.
Tras su estreno, la publicación Films in London describió The Legend of the Witches como aquella cinta en la que había «más carne y genitales a la vista por metro cuadrado que en el cine porno». No le faltaba razón, aunque, al igual que ocurría con otro documental de culto llamado Secret Rites (1971), el metraje tenía mucho pompis al aire pero andaba muy falto de acción o emoción, y estaba narrado por gente que daba la impresión de bordear el coma cerebral.
Eso sí, por ambas películas asomaba el melón de Alex Sanders, quien también respondía al nombre artístico de Verbius y al apodo popular de El rey de las brujas, aquel inglés que fundó junto a su esposa, Maxine Sanders, la tradición de la Wicca alejandrina.
The Legend of the Witches.
Hay que apuntar que tanto estos documentales como las futuras ficciones funcionaban como un caótico cajón de sastre temático.
Sus realizadores mezclaban alegremente satanismo con actividades wiccanas, espiritismo, vudú, brujería, ocultismo, religiones africanas como la Macumba o el Candomblé, y cualquier cosa que sonase pagana aunque fuera de rebote. Porque el objetivo principal de estos productos no era ofrecer un retrato veraz de las prácticas ocultistas, sino lograr que el público se abanicase acalorado diciendo «Oy, oy, oy, oy, oy».
Entretanto, el cine de serie B invocó a las brujas para convertirlas en protagonistas y reclamo de una ristra de películas donde ejercer la magia negra no tenía tanta importancia como airear las carnes.
Eran producciones menores, ultrabaratas en muchas ocasiones, que habitualmente no llegaban al nivel de descaro y desmadre mostrado en magacines como aquella Bitchcraft mentada en la primera parte del este artículo, pero que aprovecharon el tirón de la contracultura para hacerse un huequito entre las carteleras de aquellas salas de cine que olían raro.
La mítica productora Hammer films se arrancó con una Las brujas (1968), que aprovechaba el auge de la magia negra para elaborar un cuento de maleficios en África e Inglaterra, pero el film era bastante conservador y no ofrecía el descaro general de otras producciones del momento.
Virgin witch.
La verdadera witchploitation se presentaría en películas como Virgin Witch (1972), cuya trama mostraba a las hermanas Christine (Ann Michelle) y Betty (Vicki Michelle) visitando el lugar más sospechoso posible donde realizar una sesión de fotos para una agencia de modelos: el remoto castillo regentado por una Sybil Waite (Patricia Haines) amiga de los roces sáficos y los ritos sacrílegos.
Para sorpresa de nadie que hubiese leído el título antes de entrar a la sala, aquel relato degeneraba en aquelarres de brujas y mucho celuloide con féminas de buen ver en pelotas. Magia negra (1973) de Corrado Farina tiraba de lesbianismo, se atrevía con algo de sadomasoquismo suave y tenía un título original mucho más chulo: Baba Yaga.
Las hijas de Satán (1972), también ofrecía mucha teta al viento y tenía como protagonista a un Tom Selleck adquiriendo un cuadro de una parrillada de brujas al descubrir que una de las mujeres de la pintura era idéntica a su esposa Chris (Barra Grant).
Simon, rey de los brujos (1971) eliminaba en su título castellano a las brujas por vete a saber qué razón (el original era Simon, King of the Witches), tenía como guionista a un practicante de magia real (Robert Phippeniy), ofrecía topless gratuitos e incluía en su reparto a la famosa Ultra Violet, el nombre artístico de Isabelle Collin Dufresne, coleguita de Andy Warhol y Salvador Dalí.
Magia negra.
La orgía sangrienta de las mujeres demonio (1973) poseía uno de los títulos más prometedores de la historia y, al mismo tiempo, supuso una de las mayores decepciones posibles para quienes se dispusieron a verla con la bragueta bajada. Porque lo más atrevido que mostraba en pantalla aquella cinta eran chicas en minifalda.
Escuela satánica para señoritas (1973) tampoco contenía desnudos oportunistas, pero merece la pena recordarla porque compartía unos cuantos puntos en común con Suspiria de Dario Argento. Algo curioso teniendo en cuenta que Escuela satánica había sido rodada cuatro años antes.
La posesión del diablo (1972) era tremendamente recatada pese a lidiar con cultos locos y no se atrevía a mostrar nada más allá de una espalda de muchacha. La endemoniada (Demon with Child, 1975), el relato de una mujer liándola en su pueblo tras ser poseída por una bruja, hacía muchas insinuaciones sexuales, pero lo más cercano a los frotamientos carnales que mostraba era un abrazo.
Curiosamente, en su versión castellana compartía título con otra película mexicana que, unos años antes, también se apuntó al cine oscuro de saldo: La endemoniada (1968). Una película donde Libertad Leblanc, actriz argentina versada en eso del destape, interpretaba el papel de una bruja reencarnada y ennoviada con un vampiro.
Cartelería de La orgía sangrienta de las mujeres demonio, Simon rey de los brujos, La perversa caricia de Satán.
Hasta en Filipinas se apuntaron a las brujerías dándole un girito curioso al componente mágico: en Night of the Cobra Woman (1972) una mujer adquiría el poder de metamorfosearse en serpiente y no envejecer nunca tras ser mordida por una cobra. Pero dicha actualización del sistema operativo la obligaba a cazar varones fornidos y sanotes. El relato no brillaba en el guion, como la mayoría de sus contemporáneas, pero de desnudos y crueldad animal iba servida.
En España, La perversa caricia de Satán (1976) de Jordi Gigo tenía a Silvia Solar tirando de libro mágico para resucitar muertos en el calor de su castillo gótico. Pero los elementos ocultistas de aquella película no parecían tan importantes para el objetivo de la cámara como el hecho de que las señoritas del film tuvieran la manía de quitarse a menudo las bragas.
Desgraciadamente, las brujas no gozaron de mucha presencia en el cine español de la época porque los censores prohibían ese tipo de ficciones al menor indicio de maldad en territorio patrio.
Algo que por aquí sucedía con frecuencia con los monstruos de ficción: el personaje del mítico licántropo interpretado por Paul Naschy en La marca del hombre lobo (1968) originalmente era un caballero llamado José Huidobro y natural de Asturias, pero la censura obligó a cambiar el nombre y la nacionalidad del hombre lobo, porque ese tipo de cosas chungas no podían nacer aquí.
Nuestro absurdamente prolífico Jesús Franco era un director acostumbrado a salir al patio a jugar con Drácula, pandillas de señoritas ninfómanas y el monstruo del doctor Frankenstein, pero también tuvo tiempo para tontear ocasionalmente con la brujería.
Lo hizo con obras como El proceso de las brujas (1970), una producción protagonizada por Christopher Lee y con algo tan inusual en la carrera del realizador como un presupuesto holgado; Los demonios (1973), una historia con monjas poseídas y muy salidas; o con una Sexorcismes (1975) que en realidad de brujería tenía poco más que alguna sinopsis confusa, pero que vamos a comentar aquí porque más que película suponía una desfachatez inmensa.
Porque aquella Sexorcismes filmada por ese director obsesionado con el marqués de Sade y con el monstruo de Frankenstein era en sí misma un moderno prometeo fílmico, construido a base de pedazos y perversiones.
Pósters de El proceso de las brujas, Los demonios y el remake del 79 de El sádico de Notre-Dame.
Ocurría que Franco había rodado, un año antes y junto a Linda Romay, una cinta llamada Exorcism, conocida también como El sádico de Notre-Dame. Un film donde el propio director interpretaba a un ex sacerdote, y escritor de literatura pornográfica, al que se le iba tanto la pinza tras presenciar una misa negra ficticia, en un espectáculo erótico parisino, como para asesinar al público y los actores con la excusa de exorcizar sus demonios.
El caso es que los distribuidores franceses le comentaron a Franco que aquella obra no era lo suficientemente extrema. Y le arrojaron dineros para costear el rodaje de nuevas escenas de porno explícito, con el fin de añadirlas al metraje original y estrenar el resultado en el circuito galo de salas X.
Lo llamativo es que en lugar de contratar a dobles de los actores para las nuevas secuencias hardcore, Franco utilizó al reparto original, del que también él formaba parte, para filmar los insertos de sexo explícito. Reparto que, por otro lado, tampoco parecían tener mucha pega con eso de follar por amor al arte.
Y así nació Sexorcismes, la versión XXX de Exorcism. Una broma de dudoso gusto donde lo más chocante no era solo ver al bueno de Jess en acción, sino descubrir que la banda sonora de la original y ciertos efectos de sonido iban destiempo por culpa del material añadido, porque al montador, Pierre Quérut, se la sudaba todo muchísimo.
Toda esta chapuza tampoco conformó el único remiendo de Exorcism. Un lustro más tarde, el cineasta ejecutaría un remake de la versión light de su propia película mediante otra triquiñuela rastrera: reutilizar cuarenta minutos de la original y empastarles otros cuarenta de nuevas imágenes para ensamblar El sádico de Notre-Dame (1979).
La existencia de las dos versiones primigenias de Exorcism, la suave y la porno, tampoco era una jugarreta nueva. El propio Franco explicaba, en los extras del DVD de 99 mujeres, que cierta productora francesa se especializó en rodar a posteriori secuencias guarras explícitas, con dobles de los actores principales, para añadirlas a algunas películas, sin pedir mucho permiso, y así contentar al mercado de Amigos De La Zambomba.
Probablemente, eso es lo que habría sucedido con Nuda per Satana (1974) de Luigi Batzella. Un film italiano sobre orgías en castillos y cultos satánicos que de entrada ya estaba repleto de destape: arrancaba con un par de escenas de mujeres en bolas y al menos un cuarto de su metraje estaba compuesto por muchas más muchachas alérgicas a la ropa.
Pero aún así, existió una versión de Nuda per Satana, distribuida únicamente en Holanda, que apostó por ir bastante más allá al incluir actos pornográficos explícitos, con dobles de los intérpretes, y un plano donde alguien se divertía introduciendo una vela en un lugar que, definitivamente, no era un candelabro.
Alegre fiesta en Nuda per Satana y portada del film.
– Vinilo sacrílego
El terreno musical probablemente sea la rama del entretenimiento más curiosa salpicada por los pucheros de las brujas. Los artistas habían tomado nota del énfasis que la contracultura demostraba con las amigas de lo arcano y lo reflejaban en sus lanzamientos. Y así se presentaron Jethro Tull con su álbum The Witch’s Promise, Donovan con Season of the Witch, Mark Fry con The Witch o Carolanne Pegg con A Witch’s Guide to the Underground.
La movida ocultista y demoníaca también demostraba tener adeptos entre los músicos: Jimmy Page de Led Zeppelin era muy fan de Aleister Crowley, incluso antes de militar en la banda, y se dedicó a coleccionar cualquier trasto relacionado con el ocultista. Llegando en 1970 a comprar la mansión Boleskine ubicada cerca del lago Ness, una casita que fuera residencia del famosete ocultista.
The Beatles colocaron la jeta de Crowley entre la muchedumbre que posaba en la portada de su Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967). Y a Mick Jagger y su tropa de The Rolling Stones les gustaba lo suyo todo aquello de ser conocidos como «sus Satánicas Majestades».
Aunque cuando lanzaron el elepé Their Satanic Majestics Request, que era algo así como una respuesta al Sgt. Peppers de los Beatles, se vieron obligados a cambiarle el título original por un mucho más insulso The Stones are Rolling en el mercado sudafricano y filipino. Porque por aquellas regiones tenían algún problema moral con una palabra que no era «majestics» ni «request».
Al margen de esas influencias en el pop, la industria de la música descubrió que la brujería podía ser utilizada para crear un producto novedoso: los vinilos de documentales, conjuros, rituales y hechizos. En 1968, el célebre ocultista Anton LaVey lanzó, bajo su propio sello, el elepé The Satanic Mass.
Un disco que en su cara A recogía la grabación de la ceremonia de bautismo de la hija del propio Lavey, Zeena, en la Iglesia de Satán. Y cuya cara B contenía al bueno de Anton recitando diversos pasajes de la biblia satánica, acompañado de música de Ludwig van Beethoven, John Philip Sousa y Richard Wagner.
Portada de la primera edición del vinilo The Satanic Mass y detalle con el jeto de LaVey muy intensito incluído en el disco.
En Inglaterra, este idilio de la magia oscura con los tocadiscos se inició de manera similar a la irrupción de las brujas en el medio cinematográfico: tirando de documentales (sonoros). Discos editados, eso sí, por empresas potentes del sector. En 1969, Capitol records publicó Witchcraft – Magic: an Adventure in Demonology.
Un vinilo donde el mismísimo Vincent Price narraba las correrías de las brujas a lo largo de la historia. Desventuras que iban desde la quema de practicantes de la magia durante la Inquisición, hasta la creación de un Cono del poder bien gordo en tiempos de la Segunda guerra mundial para impedir que Adolf Hitler pisase suelo inglés. Witchcraft – Magic también incluía pistas con tutoriales para dummies sobre cómo invocar y charlar con espíritus, demonios y otras «fuerzas invisibles».
E incluso un librito con las instrucciones precisas para fabricar una Mano de gloria. Un objeto mágico con el poder de congelar a la gente que, para el que no lo sepa, consiste en, a grandes rasgos, la mano seccionada, seca y escabechada de un ahorcado. Algo que si uno no tiene a (je) mano es porque no quiere.
Portadas de los vinilos Witchcraft – Magic: an adventure in demonology y A witch is born.
En 1970, Alex y Maxine Sander lanzaron, bajo el amparo de A&M Records, el disco A Witch is Born. Un álbum de tres cortes, anunciado en la revista Rolling Stone, en cuyos surcos se había registrado «por primera vez la grabación completa de una solemne ceremonia de iniciación en el antiguo culto».
Una homilía pagana acompañada, de nuevo, con música de Wagner, quien por lo visto era el hilo musical favorito de los amigos de hacer cosas mágicas en la sombra. A pesar del renombre de Sanders, el LP no vendió una mierda y acabó apilado en las cestas de Oportunidades y acumulando polvo en los almacenes de la compañía discográfica.
En Norteamérica los discos de brujería apostaron más por la utilidad práctica que por la vertiente documental al presentar rituales en vinilo para uso personal que, casualmente, solían ser grabados por brujas de muy buen ver. Y eso era lo que ocurría con un The Art of Witchcraft (1974) firmado por Babetta, conocida popularmente como «la bruja sexy».
Un álbum que incluía instrucciones sobre cómo realizar los calentamientos previos antes de enredarse con la magia, junto a conjuros de amor, protecciones contra maldiciones y hechizos para invocar fantasmas. Louise Huebner, la única mujer reconocida oficialmente como bruja en el mundo, un nombramiento recibido por el supervisor del tercer distrito de Los Ángeles, también publicó su propio vinilo de brujería, Seduction Through Witchcraft (1969), con la multinacional Warner Bros.
Un compendio de encantamientos sobre amoríos en donde, acompañados de música electrónica, se incluía cosas como «El conjuro de la judía turca para el amor tierno», «Sortilegio terremoto para los amantes indeseados» u «Orgías: una herramienta para la brujería».
Portadas de The art of witchcraft y Seduction through witchcraft.
En 1971, Gundella, la «bruja verde» de Detroit y una descendiente de magas escocesas, lanzó The Hour of the Witch, un álbum educativo, con música de sintetizadores a cargo de su propio hijo, relleno de encantamientos para encandilar a hombres y mujeres. Tres años más tarde Ian Richardson y Barbara Holdridge ensamblaron el disco Malleus Maleficarum.
Una obra en cuyo tracklist figuraban cortes de títulos tan maravillosos como «¿Es lícito eliminar la brujería mediante más brujería o mediante cualquier otro medio prohibido?», «Cómo en los tiempos modernos las brujas realizan el acto carnal con los demonios íncubos y cómo se multiplican por estos medios» o «Cómo, por así decirlo, las brujas privan al hombre de su miembro viril».
– El fin del hechizo
La witchploitation comenzó a apagar su llama según avanzaba la década de los setenta, de manera paralela al declive de la contracultura como movimiento popular y gamberro. Las revistas que se escudaban en ritos ocultistas para vender erotismo y fetichismo a los onanistas se esfumaron cuando el porno comenzó a ser un entretenimiento mucho más accesible gracias a películas como Garganta profunda (1972) o Debbie Does Dallas (1978).
Las brujas cinematográficas dejaron de llamar la atención en el circuito de sesiones de medianoche, donde cohabitaban junto a otras modas como la blaxploitation o el cine de artes marciales, para ceder el puesto a las obsesiones de la serie B videoclubera de los ochenta. Y los vinilos sobre hechizos y trajines impíos desaparecieron porque el número de veces que alguien puede escuchar cómo felarle el pito a un íncubo es bastante reducido.
Parte de la culpa del desinfle de la moda ocultista la tuvo también la repentina demonización de, ehm, los propios demonios. Los medios comenzaron a promocionar el satanismo como una nueva alarma social a la que había que temer y la plebe asumió que jugar con la magia negra no tenía mucho de guateque erótico-festivo.
Y en cuestión de unos pocos años ya habría gente etiquetando a Dungeons & Dragons de satánico, o buscando significados ocultos en cualquier tontería que les sonase demasiado moderna, así estaba el percal. En el fondo, eso es algo que a día de hoy aún ocurre: todavía hay personas en este planeta que creen sinceramente que el «Aserejé» de Las Ketchup sirve para invocar al Maligno.
Es muy probable que el factor más determinante para todo lo anterior, el que verdaderamente marcó el fin de la witchploitation, fuera la depuración de la audiencia. La brujería en la cultura pop había sido hasta entonces un mero disfraz para entretener varones, pero cuando estos pasaron a tocarse con otras cosas, el público potencial de los ritos arcanos pasó a ser femenino, y a demostrar un interés sincero por asuntos como las enseñanzas wiccanas.
Las brujas, que nacieron como leyenda, fueron ejecutadas en hogueras, convertidas en villanas de cuento y reinventadas como material masturbatorio, acabaron muy quemadas, calcinándose de nuevo. Y quienes se encargaron de recoger sus cenizas fueron las mujeres, porque ya iba siendo hora.
Detalle de Bruja yendo al aquelarre (1880) de Luis Ricardo Falero.