El Arístocrata(G.Licomati) — James Bond, en sus películas de 007, era célebre por tomar un Vodka Martini, rodeado de gente poderosa y mujeres cautivantes, a la espera de cazar al delincuente de turno para salvar el mundo.
Su Cóctel favorito, iba mezclado, pero no agitado, lo que me recuerda los tiempos que vivimos, mezclados, esperemos no agitados…
A las puertas del cuarto trimestre de 2023, y con un año nuevo por delante, la pregunta clave entre economistas y en la mayoría de bares de España es qué pasará en 2024 y de qué manera se trasladará a la economía real, al mercado laboral, a las hipotecas y a la cesta de la compra.
Los sentimientos en el mercado son mixtos, como nunca.
Que si habrá un soft landing, hard landing, si el mercado laboral aguantará o si los tipos de interés tendrán que bajar a corto plazo para volver a animar la economía.
Vivimos una época de gran complejidad , social , económica , Politica . Es siempre más difícil interpretar la realidad con los paradigmas a los cuales estábamos acostumbrados.
Cambia la forma de vivir, de percibir los fenómenos que nos rodean, las necesidades, cambian los ecosistemas políticos, económicos, y más con una guerra abierta y con gran inestabilidad política en países cercanos del continente Africano.
Analizar los contextos socioeconómicos es tarea tan ardua como desafiante y fascinante.
Como decía Gregory Bateson, se trata de observar y vivenciar los múltiples planos contextuales que configuran nuestras vidas.
Bateson hablaba de apertura de la percepción, y en esta dirección solía decir que “dos descripciones son mejores que una”. Por todo esto, analizar el contexto actual es el arte de saber unir diversos puntos de vista, factores, tendencias, culturas e intereses. Es analizar fenómenos como la inflación, la historia, la geopolítica, la actualidad, la demografía, la sociología, la estadística y la tecnología, sumándolos y cruzándolos con decenas de datos e indicadores económicos, entre otros.
Si empezamos por la historia, las estadísticas son bastante claras, en el 75% de las épocas caracterizadas por tipos de interés en máximos, ha habido recesión.
Si analizamos las épocas de tipos de interés alto y alta inflación, la probabilidad de tener una recesión se eleva hasta el 90%.
Más allá de las estadísticas, nos encontramos en un entorno macroeconómico sin precedentes, que impulsa constantes cambios en la narrativa del mercado: desde la esperanza de evitar la recesión hasta el temor a que las buenas noticias macroeconómicas puedan ser malas para los mercados en pocos meses.
Vemos que el mercado se mueve con los datos como si estuviéramos en un ciclo económico normal, pero estamos en un nuevo régimen, en el que las perturbaciones pandémicas dan paso a cambios estructurales que se están produciendo ahora, como el envejecimiento de la población activa.
Nunca ha habido tantos vectores de cambios tan potentes como en los últimos años.
Ya no hablamos de la pandemia, sino de las tensiones geopolíticas, de procesos de desglobalización (o “friend-shoring”), el auge de la sociedad tecnocrática, la revolución de la IA, la escasez y la inflación.
Me concentraré en dos factores que afectarán mucho a la economía y a los escenarios político-económicos:
Inflación y Estanflación
y dos megatendencias a tener en cuenta de cara a 2024, que podrían ser catalizadores de crecimiento:
la Inteligencia Artificial y la Descarbonización.
Hablaré de la posibilidad de mantenernos en niveles de inflación más altos de los auspiciados por los bancos centrales a medio plazo, de cómo afectan no solo a la población, sino también a los Estados, que han incrementado su endeudamiento radicalmente a raíz de la pandemia.
La inflación, que ha aparecido durante el COVID, es un factor conocido en economías. Actualmente, los bancos centrales, que en la última década han mantenido los tipos de interés negativos para apoyar las economías, han visto cómo la inflación se dispara hasta niveles del 11% en la fase post COVID. Este fenómeno quizás no sea pasajero a corto y medio plazo. Es simple, la inflación no es solo consecuencia del calentamiento de la economía y del efecto pospandémico, la inflación actual involucra muchos factores nuevos:
Escasez de materias primas, crisis energética, la entrada en las economías de nuevas clases medias, procesos de desglobalización (“friend-shoring”), las tendencias de una sociedad cada vez más orientada al consumo, escasez de mano de obra como consecuencia del envejecimiento de la población.
El envejecimiento de la población es un factor demográfico tremendamente importante a la hora de entender el nuevo ciclo económico en el cual entramos.
Sabemos que, por ejemplo, Europa es quizás el continente más afectado por este fenómeno. El envejecimiento de la población significa:
* Mayor gasto en sanidad.
* Mayor gasto en pensiones en un sistema como el europeo (con Grecia, Italia, Portugal, España a la cabeza) que difícilmente será sostenible a medio plazo.
* Probable aumento de la edad de jubilación, frente a expectativas de vida cada vez mayores.
* Nacimiento de la economía Silver.
* Menor traslado de riqueza hacia las nuevas generaciones.
* Empobrecimiento de las nuevas generaciones, que asumirán deudas públicas a niveles nunca vistos antes
* Falta de reposición laboral en muchos sectores laborales, especializados y no
* Inflación y crecimiento de salarios.
* Si a esto le sumamos que la nueva economía impulsada por la IA requerirá de nuevos trabajos, desconocidos aún ahora, y una gran automatización de tareas repetitivas, la situación da que pensar.
El escenario en el sector laboral podría ser de escasez de trabajadores por un lado y desempleo por el otro, lo que daría paso a una enorme recalificación laboral de cara a la nueva realidad.
Si resumimos estos factores en un contexto económico, hablaríamos de estanflación.
La estanflación no es más que aquel momento del mercado donde se encuentran inflación alta y escaso crecimiento económico.
Todos estos nuevos escenarios se sumarán en la cuenta de resultados de países ya ultra endeudados y con crecimientos económicos débiles, si no consideramos el efecto rebote pospandémico.
Bajo este punto de vista, será interesante ver cuánto tiempo los bancos centrales mantendrán tipos de interés altos, conscientes de que los efectos sobre el enfriamiento de la economía empiezan ya a sentirse, y sobre todo de que las condiciones de financiación al alza afectan directamente a los ciudadanos en sus gastos, a las empresas en sus cuentas de resultados y a los gobiernos en la renegociación de sus deudas públicas.
El binomio inflación/tipos de interés, como siempre, será fundamental para determinar la contención de la inflación, pasando por deprimir la economía y volver hacia niveles de inflación y crecimiento ajustados a las expectativas de los Bancos Centrales. Este análisis se casa también con los que pueden ser escenarios y catalizadores de crecimiento importantes en 2024.
Inteligencia artificial
Este año 2023, los mercados financieros, sobre todo el de Estados Unidos, ha sido sustentado por el crecimiento de las acciones tecnológicas, sobre todo en el ámbito de la IA. Argumento infinito, en el cual los Gobiernos están intentando poner orden y debatir sobre el uso y los peligros. Conozco bien este sector y creo que el desarrollo a nivel mundial ya está muy por encima de cualquier expectativa.
Es una tecnología con un grado de disrupción tan elevado y de fácil asunción por el mercado que ya ha empezado una cuenta atrás. Todas las empresas que no aprovechen esta tecnología se verán sobrepasadas por la izquierda y por la derecha. El uso y adopción de la IA afectará también a la reposición de tareas administrativas y al crecimiento de los márgenes de beneficios empresariales. Respecto al tema laboral, creo que habrá la más grande posibilidad de transformación laboral nunca vista, espero soportadas por políticas de formación y recalificación laboral. Ya no las llamaría tendencias, porque son realidad.
La descarbonización y la transición energética.
Este tema necesitaría un artículo aparte, pero las inversiones de cara al próximo decenio suponen inversiones estructurales de trillones, junto con la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías, ya no solo energéticas, sino también de componentes y gestión de la transacción.
Aun siendo difícil dibujar escenarios reales para los años venideros, creo que los 4 puntos de los cuales se ha hablado hoy serán claves para entender hacia dónde irá la economía.
La estanflación, la inflación sostenida en el tiempo y el encarecimiento del endeudamiento a todos los niveles hacen pensar en:
– Menor crecimiento
– Más presión fiscal
– Menores márgenes empresariales.
La fortaleza del mercado laboral y la escasez de mano de obra, empujarán los salarios y de alguna manera puede que suavicen el aterrizaje de la economía hacia una estanflación más ligera.
Los catalizadores de la IA y el desarrollo tecnológico aportarán una disrupción nunca vista, que será de soporte en sectores clave cómo la medicina, la salud pública, los servicios y el consumo, entre otros.
Los procesos de descarbonización supondrán unas posibilidades enormes de transición hacia modelos más sostenibles y de cuidado del medioambiente. Somos seres que vivimos en un ecosistema natural, no hay que olvidarlo.
Finalizando, es importante recordar que los ciclos económicos existen, que las crisis son cíclicas así como las fases expansivas.
El 2024 no será el 2008, dado que hay muchísimos factores diferenciadores, como la fortaleza del mercado laboral y del sistema bancario.
No obstante, pensamos que habrá una moderación del crecimiento y necesitaremos mecanismos de contención de la inflación; aun así tendremos que pasar por lo que se suele llamar “depresión de la economía”.
Auspiciamos un soft landing de la economía, en lugar que un hard landing, y cambios estructurales importantes a niveles de geopolítica y demografía.
Selecciones Reader´s Digest(BBC) — Hay varios factores que pueden contribuir a una disminución del interés o de la libido, y aunque no siempre sea un problema importante, pues puede estar relacionada con cuestiones como el estrés profesional o personal, así como con fases específicas de la vida, como el embarazo, el parto o la lactancia.
Sin embargo, cuando se produce una pérdida inesperada y persistente de la libido, conviene investigar los motivos que pueden estar detrás de ella.
Es por eso que la BBC consultó con diversos expertos, quienes han compartido cuatro factores que perjudican la libido en hombres y mujeres.
– Cambio de rutina y fases de la vida
La reducción del libido pueden ser por razones simples que todos experimentamos como: estrés, cansancio, cambios de rutina y períodos en los que otras actividades ocupan el tiempo que normalmente se dedicaría a la actividad sexual, como, por ejemplo, cuidar a los hijos.
Esto no significa necesariamente un trastorno. También es común que con el tiempo en las relaciones monógamas haya una reducción del deseo espontáneo (independientemente del contacto sexual), aunque el deseo responsivo (excitación que surge con los estímulos) sigue presente”, dice Catarina de Moraes.
“Siempre que haya satisfacción sexual, esa reducción no es necesariamente patológica”.
– Trastornos psiquiátricos
Los trastornos psiquiátricos, como la depresión y la ansiedad, también pueden ser causa de disminución de la libido.
“Los pacientes que sufren depresión pueden experimentar una disminución del deseo debido a desequilibrios químicos en el cerebro, incluidos cambios en las hormonas relacionadas con el estado de ánimo, la serotonina y la dopamina, que intervienen en las sensaciones de recompensa y placer, explica la psiquiatra.
“Tratar la afección en estos casos puede mejorar el deseo y, en consecuencia, la función sexual”, explica.
Es importante tener en cuenta que ciertos tipos de medicación prescrita para la depresión y la ansiedad también pueden tener el efecto secundario de reducir la libido.
– Cambios hormonales
Cuando de hormonas se trata, en el caso de las mujeres, el estrógeno es el principal regulador de la libido y de la actividad sexual. Mientras, en los hombres, la testosterona es la que cumple esa función, según Caroline Castro, endocrinóloga del Hospital São Camilo.
Entonces, los cambios en estas hormonas también pueden ser un motivo de pérdida de libido. Sin embargo, el diagnóstico en estos casos puede resultar complicado, dice el endocrinólogo Diego Fonseca, quien trabaja en el Hospital de la Mujer Mariska Ribeiro, en Brasil.
“En los hombres, por ejemplo, no sólo evaluamos si el nivel de testosterona es bajo, sino que también examinamos la historia clínica para comprobar si otras condiciones subyacentes pueden estar detrás del cambio hormonal”, agrega.
– Comorbilidades
En algunos casos, la presencia de afecciones médicas adicionales o comorbilidades puede repercutir negativamente en la libido de una persona.
Enfermedades neurológicas como la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson, las lesiones medulares y la neuropatía periférica entran dentro de este grupo concreto.
También está la diabetes que, al provocar cambios hormonales, puede estar detrás de una disminución del deseo sexual. Además, la diabetes provoca fatiga y neuropatía que pueden afectar indirectamente la libido.
Los problemas cardíacos, como insuficiencia cardíaca, son otro posible motivo de libido baja. Y es que, las personas con afecciones cardíacas pueden experimentar fatiga crónica que puede disminuir el deseo sexual.
– ¿Cómo saber si tienes falta de libido?
Entre los síntomas que pueden indicar falta de libido y que sirven de señal de alerta para consultar al médico están los siguientes:
Nulo interés en el sexo
Dificultad para excitarse sexualmente
Disminución del deseo sexual o de las fantasías
Dificultad para alcanzar orgasmos
Falta de placer
Poca satisfacción sexual
Dolor durante las relaciones sexuales
Por último los expertos indicaron qué no existe una solución única ni mágica para la disminución de la libido.
Ya que cada caso es único y el tratamiento depende de un diagnóstico personalizado, considerando las causas subyacentes y las necesidades individuales de cada individuo.
Un consejo habitual que dan los expertos es, en el caso de las parejas, hablar con la pareja independientemente de la causa de la reducción de la libido.
Climax(E.Avendaño) — Es el secreto mejor guardado de la revolución. Tanto o más que las verdaderas circunstancias en las que ocurrió la muerte de Hugo Chávez. ¿Quién era la señora Teresa de Jesús Moros de Maduro? ¿Dónde nació? ¿Y por qué el Presidente Nicolás Maduro nunca la menciona?
Esta última pregunta la respondió el propio jefe de Estado el 14 de marzo de 2016, en el programa Siete Preguntas conducido por Ernesto Villegas: “Mi mamá es familia de frontera. En todo caso a mí no me gusta estarme refiriendo a ella. A mi mamá la amo mucho, demasiado… Mi mamá es sagrada, y de ella solo hablo desde mi corazón hacia adentro”.
La introspección del Presidente en lugar de aclarar, oscurece. Tal ha sido su tozudez de no mencionar su pasado que ni siquiera en su biografía oficial aparece el nombre de sus padres. “Nicolás Maduro Moros nació en Caracas el 23 de noviembre del año 1962. Tiene un hijo de nombre Nicolás y dos nietas: Paula y Sofía. Su infancia y juventud transcurrieron en la Parroquia El Valle”.
Es una historia de contradicciones. Una cosa dice el texto y otra el dirigente. De su madre ha soltado pocas perlas, pero una de ellas fue: “Yo nací y me crie en un apartamento en Los Chaguaramos, en Valle Abajo, de 50 metros cuadrados, y ahí vivimos felices. Muy felices. Gracias a mi padre y a mi madre, crecí feliz en el amor de ellos. En el buen ejemplo… Mi familia se mudó en el año 58 y mi mamá nos parió a todos allí”.
Mamá Elena, madre de Hugo Chavez
Comienzan las suspicacias e intrigas. Los Chaguaramos ofrece la primera pista, paradójicamente con la muerte de Teresa. La mujer falleció el 25 de octubre de 1994 en el Hospital Domingo Luciani a las 8:30 de la mañana. El diputado Walter Márquez consiguió el acta de defunción en su investigación documental sobre la partida de nacimiento y nacionalidad de la cabeza del Ejecutivo.
El texto revela que fue Nicolás —probablemente como el hombre de la casa— el responsable de acudir ante la primera autoridad civil del municipio Sucre a declarar la muerte de su progenitora.
El documento sobre ella aporta los siguientes datos: murió a consecuencia de un desequilibrio hidroelectrolítico, obstrucción intestinal y adenocarcinoma, según certificó el doctor Juan Manuel Vieira de Olival; la finada tenía 65 años de edad, de estado civil viuda, ama de casa y era titular de la cedula de identidad N° 2.760.028.
No dejó bienes de fortuna y estaba domiciliada en el edificio San Pedro, de Los Chaguaramos. Hasta allí todo bien. Sin embargo, Maduro atestigua que su mamá era natural de Rubio, Estado Táchira. Ahora sí, suenan las alarmas.
Teresa es cucuteña
Márquez enterró la cabeza en los registros y notarías de Caracas, Rubio, San Cristóbal y Falcón, en Venezuela. También fue a Ocaña, Cúcuta, Bogotá y Bucaramanga, en Colombia. Hallazgos hubo. El primero y más notable para saber quién fue Teresa de Jesús Moros Acevedo es su acta de bautismo.
La emite la parroquia de San Antonio de Padua de Cúcuta —Norte de Santander, Colombia. A la niña nacida el 1° de junio de 1929 la bautizaron el 19 de octubre de ese mismo año. Era hija de Pablo Antonio Moros y Adelina Acevedo; sus abuelos paternos son Rafael Moros y Natividad Rodríguez; los maternos: José María Acevedo y Simona Escalante.
Habla entonces la periodista Nitu Pérez Osuna. Ella es capaz de recitar al dedillo el árbol genealógico de la familia materna del Presidente, al menos hasta donde la fe de bautismo lo permite: “En las venas del presidente Maduro no corre una sola gota de sangre venezolana. Toda su familia materna es colombiana, y eso está debidamente probado. Su padre sería venezolano, pero de él no aparece la partida de nacimiento. Aunque sí encontramos la de su mamá —la abuela paterna de Maduro— que indica que nació en Pamplona, Colombia”.
Ni el diputado, ni la periodista vacilan. No permiten hesitaciones. El diario cucuteño La Opinión tampoco. Desde el año 2013 advierten que doña Teresa no nació en Rubio, como declaró Nicolás; sino al otro lado de la frontera. El texto, firmado por Jairo Andrés Navarro, aporta más datos: su cédula de ciudadanía colombiana es la número 20.007.077 y fue expedida el 9 de diciembre de 1956 en Bogotá. En ese entonces vivía en un apartamento en la carrera 14A número 46-91 de esa ciudad.
Habría sido allí, en Bogotá, donde Teresa se casó. El dato lo aporta el acta de bautismo en una nota marginal que reza: “Contrajo matrimonio en la parroquia Nuestra Señora de Fátima con Jesús Nicolás Maduro el 1° de septiembre de 1956”. El papel, mostrado por Márquez, tiene el sello de la Diócesis de Cúcuta y la certificación de la firma del sacerdote Germán Omar Hernández Pinto.
La trama en este punto es confusa. Cuando el diputado solicitó ante la Arquidiócesis de Bogotá el acta de casamiento de Teresa y Nicolás padre no la consiguieron. La respuesta de Ricardo Pulido, delegado arzobispal para las Causas de Partidas, fue desconcertante.
La misiva comienza por aclarar que la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Fátima no se constituyó sino hasta cuatro años después de la fecha de matrimonio señalada. Explica que se ordenó indagar en cuatro parroquias cercanas, que “certifican que buscaron cuidadosa y diligentemente la partida de matrimonio… y no se encontró”.
El misterio de las partidas
Maduro tiene falla de origen. Se han señalado cinco lugares de nacimiento del Presidente en Caracas: El Valle —según Elías Jaua—, Candelaria —de acuerdo a Tibisay Lucena—, Los Chaguaramos —farfulló el propio gobernante—, Santa Rosalía —se lee en el acta de matrimonio de Maduro con su primera esposa: Adriana Guerra— y El Palotal, en Táchira —según el gobernador José Gregorio Vielma Mora.
Los abismos y sombras vienen de familia. De su padre Nicolás Maduro García tampoco se conoce su lugar exacto de nacimiento. En cambio se sabe que estudió bachillerato en el Colegio José Eusebio Caro, ubicado en Ocaña, Colombia.
Su retrato aparece en el mosaico de egresados de esa institución, y en su ficha de inscripción se lee que nació en Cumarevo (sic), Venezuela; pero la partida de nacimiento de la hermana mayor del hoy mandatario —María Teresa Maduro Moros— suscribe que el señor era oriundo de Coro, y su propia acta de defunción ubica su nacimiento en Sabana Alta.
Las tres localidades son del estado Falcón. Cada uno de estos documentos aparecen en el libro Nicolás Maduro es colombiano, de Nitu Pérez Osuna. La investigación también concluye que la primogénita de la unión Maduro-Moros nació el 21 de diciembre de 1956, en la Clínica Santa Rosa de Bogotá.
De la partida de nacimiento del jefe de Estado no se sabe nada. Se dejó ver un vestigio de ella tan solo durante cuatro segundos en la pantalla de Globovisión. Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), mostró en cámara una copia del libro de actas de nacimiento donde estaría la de Maduro.
Durante la emisión de ‘Domingos con Maduro’, el presidente de Venezuela confiesa que fue monaguillo y que su mamá deseaba que fuese papa. Maduro agregó que tuvo una infancia «de fé, de esperanza y de amor».
Era imposible de leer. Según ese papel, el dirigente nació en un lugar que ya no existe: la Policlínica Caracas, demolida en 1965. El acontecimiento ocurrió el 23 de noviembre de 1962, a las 9:03 de la noche. No obstante no lo llevan a la Jefatura Civil de Candelaria sino hasta dos años y cuatro días después: el viernes 27 de noviembre de 1964.
“Esas partidas de nacimiento fueron sacadas en lote”, afirma el abogado y político Enrique Aristeguieta Gramcko. Explica que el proceso se hizo con la ayuda de una gestora especializada llamada Isabel de Dommar debido a que el Código Civil vigente para ese entonces ordenaba la presentación de los niños a más tardar a los 20 días de nacidos.
“La señora Dommar y los testigos son los mismos en varias de las partidas de nacimiento de ese día”, indica.
Ahora el abogado consiguió que el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio ordenara a Maduro demostrar que es venezolano de nacimiento, y pidió a la Cancillería de Colombia recabar la información pertinente al nacimiento del mandatario: el acta de nacimiento de su mamá, Teresa de Jesús Moros, así como el expediente colegial del actual jefe de Estado.
Los vaivenes de la identidad son engorrosos en esa familia. Teresa, la madre de Maduro, obtuvo su cédula venezolana en una unidad móvil de la Dirección de Identificación y Extranjería (DIEX), en Táchira.
En el libro de Pérez Osuna se dice que “la señora Teresa viajó al Táchira acompañada de su hermana Emma, quien aprovechó para sacarse también su cédula venezolana, por eso las numeraciones son consecutivas a pesar de la diferencia de edades: V-2.760.028 y V-2.760.029, respectivamente.
La señora Emma, en un arranque femenino, aprovechó para recortarse la edad, colocando en su cédula venezolana cinco años menos respecto a su cédula colombiana”. Es precisamente en la casa de Cúcuta de la tía Emma a donde el jefe de Estado habría ido a pasar varias de sus vacaciones de la infancia, temperar su entonces inocencia y en donde abundan los recuerdos de un joven larguirucho que disfrutaba de jugar fútbol.
La oveja negra
En El Valle hay vecinos que recuerdan al joven Nicolás, pero nadie nunca vio a Teresa. “De su mamá no me acuerdo. Él estudió conmigo en el Liceo Ávalos. Yo iba en segundo año y él en diversificado”, recuerda Ana Pereira, nacida, criada y quien todavía vive en esa parroquia caraqueña.
Ningún vecino duda al señalar el edificio en el que vivió con su primera esposa: Adriana Guerra.
La torre blanca y melón está en una esquina de la calle 14. Le llaman el edificio Fetratransporte.
No solo le recuerdan allí, también en el bar-restaurant Valle City, en el abasto Tintalin y en el Bar Argentina, que ahora es un taller mecánico.
Ante la lluvia de archivos que prueban las raíces del Presidente, tanto Márquez, como Aristeguieta Gramcko y Pérez Osuna se preocupan ante la inoperancia de la Asamblea Nacional (AN).
En febrero de 2016 se le encargó a la Sub Comisión de Asuntos Civiles, presidida por la diputada Denis Fernández, que investigasen la nacionalidad de Maduro.
Pese a que Márquez tiene la documentación, nunca fue invitado a comparecer, ni a consignar su informe.
La periodista dice que tampoco tuvo acceso a los resultados de la pesquisa: “Lamentablemente la AN no lo ha tomado con la seriedad del caso”.
Mientras que Aristeguieta Gramcko asegura: “La AN le solicitó al Presidente consignar su partida de nacimiento y no lo hizo.
Este es un terreno muy movedizo. Yo creo que no ha habido interés en demostrar eso. ¿Por qué? No lo sé. Pero en cambio sí se enfrascan en lo del abandono del cargo, que es más difícil de demostrar”.
La diputada Dennis Fernández fue contactada para este trabajo, pero no mostró interés en divulgar los avances de su investigación —en caso de que los haya.
Márquez dice que Teresa “era una mujer del hogar, muy abnegada y consagrada a su familia. Sin embargo, hay muchas cosas oscuras. Yo no quiero irrespetar su memoria. La referencia que tengo es que era una buena persona”.
El diputado es de la teoría de que el primer mandatario nació en Bogotá: “En la registraduría colombiana arrancaron las páginas del libro correspondientes a las letras n y m; al igual que el índice. Nicolás Maduro no nació ni con una comadrona, ni en una clínica. Nació en la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que declaró que él es venezolano por nacimiento”.
Aristeguieta Gramcko concuerda en que Teresa era “una muy buena persona, seria y muy responsable. Trabajaba en el Seguro Social y su expediente era impoluto. Una gente meritoria, pero en toda familia hay una oveja negra y ella tenía que lidiar con el hijo menor, que nunca estudió”.
Maduro dijo que su mamá quería que él fuese Papa. No le hizo caso. Sus hermanas mayores sí tienen estudios superiores: María Teresa es médico; Josefina es odontóloga y María Adelaida es administradora. Nicolás no entregó su vida a Dios, en cambio fue ungido para ser presidente de una república.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente el 11 de enero de 2018.
JotDown(A.Calamari) — Me gustan los relatos de viajes. En ellos están las huellas de los pasos humanos sobre la tierra. Si repasamos los relatos a lo largo de la historia —desde las pinturas rupestres en las cuevas hasta los posteos en las redes de una visita a Disneyland, a París o a Punta Cana— podemos ver que en cada uno está presente la memoria colectiva que se fue acumulando durante siglos y milenios. Nos desplazamos de un lugar a otro para buscar comida, aventura o conocimiento y después aprendimos a contar la experiencia a los demás.
El mundo es vasto y los confines eran cada vez más distantes hasta que fuimos capaces de recorrer todo: islas y continentes, los polos helados, las profundidades del mar y los picos más altos. Anduvimos cada vez más lejos y más rápido en un planeta inmenso pero, aun así, sin abandonar nunca la escala humana. Por eso pudimos contarlo todo.
El viaje al espacio, sin embargo, es otra cosa. Tengo la sensación de que no acertamos con la forma de narrar la experiencia porque es indecible.
El libro Regreso a la tierra es una compilación de memorias y testimonios de astronautas de distintos países que entre 1969 y 2016 fueron al espacio y volvieron. El resultado es una suma de experiencias, no un relato de viaje. Los compiladores dicen que los viajeros espaciales sienten algo similar a lo que sintió Francesco Petrarca cuando escaló una montaña, se elevó sobre el mundo y habló del hombre frente al espacio ilimitado.
Yuri Gagarin
La Edad Moderna inició, simbólicamente, cuando Petrarca ascendió al Monte Ventoso en 1336 y vio, en la tierra que se extendía sin límites frente a él, su reflejo interior. Cuando los astronautas intentan encontrar su escala al contemplar la Tierra desde la Luna se produce una tensión entre una geografía exterior y una interior.
El universo es desmesurado. La experiencia extrema de salir del mundo, de sumar millones y millones de kilómetros, de contar años luz, de unos seres insignificantes con sus órganos alterados, las funciones vitales distorsionadas y el cuerpo ingrávido, está demasiado atravesada por el andamiaje científico tecnológico como para relajarse en la narrativa. Las palabras, como estamos acostumbrados a usarlas, resultan insuficientes, inadecuadas y pobres para comunicar lo vivido.
No hay, no ha habido ningún otro viaje a lo largo de la historia que esté precedido de tanta virtualidad como el viaje espacial. Cientos y miles de astronautas viajan en simuladores durante años sin desplazarse a ningún lado hasta que uno, dos, tres, logran por fin viajar de verdad. Y entonces son presa del espacio infinito que tiene otras reglas.
¿Cómo contar desde un cuerpo y una mente en permanente estado de alteración?
En 1960 los soviéticos construyeron Zvezdny, una base de entrenamiento de cosmonautas con forma de ciudad, con torres de viviendas, escuelas, conservatorio, casa de cultura, parques, lago y plaza. Como el espacio artificial de The Truman Show, la ciudad fue creada ad hoc para que los astronautas mantuvieran la ilusión de una vida normal y cotidiana mientras sus cuerpos eran preparados para salir del mundo.
Mientras miles de turistas recorren la ciudad, los aspirantes a viajeros son sometidos a todo tipo de pruebas, desafíos y actividades que en otro contexto serían consideradas una tortura. Solo unos elegidos consiguen una plaza en Zvezdny: salud impecable, cuerpo perfecto, reacción inmediata, nervios controlados.
Después de pasear con la familia, ir al museo o practicar esquí acuático, los astronautas ingresan al centro de entrenamiento. En la centrifugadora giran hasta simular las diferentes aceleraciones de un vuelo —de cuatro a doce veces la gravedad— desde el despegue, atraviesan las distintas capas de la atmósfera y deberán aguantar varios segundos sin perder el conocimiento.
En la cama basculante, atados como en un quirófano, pasarán cuatro días con la cabeza abajo mientras siguen desarrollando otras actividades como leer, dormir o comer. Después se pondrá a prueba la resistencia de cada uno de sus órganos internos y de su mente ante las presiones. la soledad y las adversidades.
Si pasan estas pruebas siguen con la formación teórica: principios de navegación, medicina, biología, astronomía, circuitos eléctricos, mecánica de las naves. Los más aptos, los mejores, son los que podrán viajar, pero antes de hacerlo ensayarán cada movimiento en un simulador.
Despegue y desconexión, una y otra vez son repetidas las operaciones mientras, rodeados de toneladas de equipamiento, ven por las ventanillas unas imágenes similares a las estrellas que encontrarán durante el vuelo. Sumergidos en el agua experimentan la ingravidez, sobre el agua deben mantenerse a flote todo el tiempo necesario hasta ser localizados por los equipos de búsqueda.
Trabajan sobre su estado de ánimo y la moral del equipo. Son evaluados en su capacidad para solucionar desperfectos, afrontar imprevistos y recuperarse de los accidentes. El fantasma de Yuri Gagarin, estrellado en un entrenamiento, sobrevuela sobre ellos.
El viaje por el espacio, como ningún otro, desafía las leyes de la física.
Los cinco centímetros de estatura que habíamos ganado en el espacio se iban perdiendo gradualmente. Nuestros rostros se iban deshinchando y las piernas empezaban a engordar.
Sentía como si un elefante hubiera entrado en la cápsula y se hubiera sentado sobre mi pecho. Las fuerzas de gravedad en el simulador se sienten mucho menos que durante el descenso real.
Me han preguntado con frecuencia qué he aprendido de mi año en el espacio. La misión para la que me preparé fue la misión que cumplí. Los datos aún están siendo analizados y los científicos están entusiasmados.
Los que viajan al espacio viven en aislamiento extremo, ven cómo se altera su comportamiento y su personalidad, deben estar permanentemente conectados con otros, como si no pudieran sacarlos de sus cabezas, el control está siempre en otro lado, en la base y en la tierra. Si pasan demasiado tiempo allá afuera, cuando vuelven sus músculos se atrofiaron, sus huesos se descalcificaron a un ritmo feroz, disminuyó su riego sanguíneo al cerebro y deben poner sus cuerpos al servicio de la ciencia. Son parte de un experimento.
El viaje por el espacio no es un viaje más y por eso no se puede contar como los otros. Narrar es contar historias, una de las prácticas más estables que hemos tenido como humanidad, pero para hacerlo necesitamos algo más que un contenido. Nadie podría decir que un viaje entre las estrellas no es material suficiente para contar una historia, sin embargo no alcanza porque quien narra le da forma a lo que cuenta: ordena, prioriza, encadena, alude y desplaza el sentido que nunca se muestra de manera directa en lo que dice sino en la forma.
El que sale de su lugar buscando algo, encuentra lo que buscaba y también algo nuevo (lo diferente, lo extraordinario), cuando regresa lo primero que hace es contarlo. Y es el propio viaje el que brinda al narrador la estructura narrativa: partida, peripecias y regreso son también comienzo, nudo y desenlace.
Viajar y volver para contarlo están en el origen de la literatura. César Aira dice que la realidad de los viajes es la ficción que los cuenta. Para que la realidad revele lo real, debe hacerse ficción y por eso no hay testimonios puros, porque las marcas de la tradición literaria están inscriptas en todos los relatos. Hasta hace muy poco tiempo los viajes tenían la medida de los hombres y las mujeres que se desplazaban y por eso pudieron convertirse en relatos en los que, desde el inicio, se entretejieron verdad y ficción, hechos y fantasías.
Los viajes por el espacio, en cambio, por la desmesura de su escala, por su falta de tradición colectiva, por su inseparable andamiaje técnico, porque ponen entre paréntesis la mente humana para dejarla al servicio de un cuerpo intervenido, no han podido todavía generar relatos significativos a partir de la experiencia de los viajeros. Cuando llegan, hablan de todo lo que los sobrepasa. El libro Regreso a la tierra está plagado de reflexiones.
Apagué las luces de la cabina. Las estrellas se extendían sin fin. Ahí afuera había mucho más de lo que nuestras filosofías terrenales pudieran hacernos creer.
Todavía no sé qué hay allá afuera. Lo que percibí con mucha fuerza es que como especie no hemos experimentado todavía lo suficiente del universo.
Estaba experimentando una sintonía con algo mucho más grande que yo, algo incomprensiblemente enorme.
Pero la literatura no se hace de reflexiones y testimonios. Cientos, miles y millones de personas se movieron por el mundo, se desplazaron y vivieron experiencias novedosas y de todos ellos surgieron algunas historias. La odisea de Ulises fue una entre tantos viajeros errantes por el mar, los viajes de Alejandro fueron algunos entre miles de conquistadores, la caravana de Marco Polo fue una entre múltiples mercaderes.
No a todo aquel que emprende un viaje le reclamamos un relato memorable. Los viajeros por el espacio no han sido más que seiscientos en estos años y no debería asombrarnos que no haya aún una crónica a la altura de la experiencia. Lo que los astronautas tienen para contar parece no tenerlos a ellos como protagonistas, son piezas de un engranaje mayor.
La que está viajando es la ciencia. Salir al universo es algo tan reciente para la historia de la humanidad que todavía estamos intentando fraguar una forma para sus relatos. Porque las historias, como los vinos y las perlas, necesitan del tiempo.
El cine, en cambio, con sus soundtrack, la contundencia de las imágenes y el desparpajo de un lenguaje contemporáneo, ha logrado historias inmersivas, ingrávidas y emblemáticas que tienen al espacio como escenografía y a los viajeros como protagonistas.
Desde la pionera Le Voyage dans la Lune filmada en 1902 por Georges Méliès hasta Gravity, The Martian, Interestelar o Ad Astra los viajes en pantalla son capaces de envolvernos en el silencio sobrecogedor del universo desde una perspectiva humana que se escabulle en los relatos que parten de la palabra de los viajeros.
Toda la imaginación técnica de la humanidad se pone a prueba en la exploración espacial y la imaginación literaria no tiene más remedio que seguirla por detrás a menos, claro, que haya sido capaz de anticiparla. Julio Verne, leve, ingrávido y libre de semejantes ataduras y con la ciencia como ficción, escribió el relato definitivo de viaje al espacio.
Era 1865, cien años antes de la carrera espacial e imaginó una historia en la que los americanos aventajan a los europeos, diseñan un proyectil para enviar a la luna y lo hacen despegar muy cerca de Cabo Cañaveral con tres tripulantes a bordo.
DW(J.Vergin) — Un comentario ingenioso, una anécdota divertida: ambos se ríen y se rompe el hielo. El desconocido, o desconocida, en el bar o en la fiesta enseguida parece menos extraño. Reírse juntos crea un vínculo, y el encanto del sentido del humor nos hace un poco más atractivos.
De hecho, los psicólogos lo vienen constatando una y otra vez desde hace décadas: la gente encuentra especialmente atrayentes a las personas con sentido del humor. «El humor figura repetidamente entre las características más atractivas», afirma el psicólogo Kay Brauer, que se doctoró en la Universidad de Halle sobre el fenómeno de la risa.
– El humor demuestra inteligencia y creatividad
Este hecho no es casual. Algunos expertos afirman que el humor tiene una ventaja evolutiva a la hora de elegir pareja. El humor no significa memorizar chistes que se insertan en las conversaciones, a veces sin sentido de la oportunidad ni tacto. En términos evolutivos, es sobre todo un sentido del humor difícil de imitar lo que hace atractiva a una persona. Porque detrás de este humor se esconden cualidades especialmente deseables.
Las personas con sentido del humor, capaces de contar historias ingeniosas y divertidas, deben tener cierta inteligencia, creatividad y sentido de la oportunidad. Estas cualidades aumentan el atractivo, escribe la psicóloga Theresa DiDonato en un artículo. Esto es cierto en todas las culturas del mundo. Los hombres con sentido del humor son los que más se benefician: «En general, los hombres encuentran más atractivas a las mujeres que se ríen con el humor del hombre», dice Brauer.
– Eres como aquello de lo que te ríes
El humor no solo proporciona información sobre lo inteligente, espontáneo y creativo que alguien es. «El humor de una persona también nos dice algo sobre su visión de la humanidad y sus valores», dice Brauer. Estos se manifiestan en el estilo del humor de cada uno.
Las personas a las que les gusta contar historias divertidas para reírse con los demás muestran lo que se llama humor afiliativo. Los que no pierden su visión humorística de la vida ni siquiera en los días de menos humor son descritos por los psicólogos como personas que se refuerzan a sí mismas.
Sin embargo, el humor también puede ser agresivo y utilizarse para menospreciar a otras personas con bromas a su costa, o con sarcasmo. El humor agresivo, como suele utilizarse en la sátira, también puede ayudar a hacer más llevaderas situaciones y circunstancias difíciles de soportar. El humor autodestructivo, en cambio, se dirige contra la propia persona.
– El humor ayuda a la relación, la mayoría de las veces
La mayoría de las personas combinan diferentes tipos de humor, pero utilizan un estilo más a menudo que el otro. «La mayoría de las veces, la gente se encuentra según el principio de similitud», dice Kay Brauer. En consecuencia, las parejas que comparten un sentido del humor similar también comparten más a menudo un sistema de valores similar. Y eso es muy útil para el éxito de una relación amorosa.
Esto se debe principalmente a que la risa tiene realmente un efecto físicamente perceptible. La investigación sobre la risa, la llamada gelotología, ha descubierto que la risa no solo reduce el estrés y libera hormonas de la felicidad, sino que también tiene un efecto positivo sobre el sistema cardiovascular e incluso fortalece el sistema inmunológico. Así que una relación con humor no es solo algo agradable, sino saludable en el sentido más estricto de la palabra.
Sin embargo, el humor no es absolutamente necesario en todas las relaciones de pareja. «Las personas para las que el humor no es tan importante tienen más probabilidades de tener una pareja que tampoco lo sea tanto», dice Brauer. Fiel al principio de similitud, esto también puede funcionar muy bien.
granviacociditomadrileño.blogspot.com — El proceso de consolidación del «Proyecto de reforma de la prolongación de la calle Preciados y enlace de la Plaza del Callao con la calle de Alcalá» llevó un tiempo. Durante ese proceso la prensa de la época se hizo eco de las noticas y prolegómenos propios de tamaña empresa.
En nuestra intención recopilar aquí todos los artículos publicados sobre aquel proyecto que hoy forma parte de nuestra centenaria Gran Vía. La colaboración de la Hemeroteca Nacional, el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid, otras instituciones y blogs participantes, ha sido el motor principal para llevar a cabo este recorrido histórico.
Sin más, agradeciendo la atención prestada, con el férreo deseo de que este trabajo sirva como recuerdo de los adelantos que nuestro Ayuntamiento viene realizando desde antaño, y como homenaje a los que apostaron por nuestra ciudad, procedemos a listar los artículos.
Comenzamos un entrañable recorrido por el Madrid de principios del siglo XX para mostrar los acontecimientos previos a la inauguración del proyecto de «Reforma y prolongación de la calle de Preciados y enlace de la Plaza del callao con la calle Alcalá».
Así se denominaba este proyecto que, al contrario de lo que pueda parecer, era una más de las muchas reformas y ensanches que se venían practicando en Madrid desde la segunda mitad del siglo XIX.
El 4 de abril de 1910 el Rey Alfonso XIII firmará el acta de inauguración de las obras de demolición de fincas afectadas por este proyecto.
Posteriormente, con piqueta de plata en mano, será el que aseste el primer golpe sobre la casa del Párroco de San José.
El desarrollo del proyecto, las etapas de construcción, los hechos y curiosidades, la sociedad y la política de la época, todos los acontecimientos que acompañaron a la centenaria arteria de Madrid hasta 1982, año en que es bautizada por el Ayuntamiento con el nombre de la Gran Vía.
Se sucedieron distintas etapas de construcción con acontecimientos políticos, la historia urbana de Madrid, la sociedad de entonces, los eventos preparados para celebrar el centenario y la historia de los edificios que majestuosos se levantan a cada lado de nuestra querida Gran Vía.
Muchas gestiones se hicieron para adjudicar las obras, hasta que en agosto de 1909 el conde de Peñalver, gran promotor del proyecto, decidió que si no se conseguía un resultado favorable en el concurso las obras se realizarían por la Administración.
Estando ya D. José Francos Rodríguez en su cargo de Alcalde se verificó el concurso, siendo el adjudicatario D. Martin Albert Silver, quien presentó la fianza de 500.000 pesetas el día anterior del vencimiento.
El pliego de condiciones había sido presentado en el Registro Municipal por el propio conde de Peñalver. Posteriormente Albert Silver depositaría la fianza definitiva que ascendía a 1.449.613,83 pesetas. Esto daría paso a la firma de la escritura.
El gran momento
Un sábado distinto a los demás, a las cinco y media de la tarde del 19 de febrero de 1910, con absoluta solemnidad, se firmaba la escritura definitiva para la adjudicación de la Gran Vía.
Al acto asistieron como testigos dos grandes ex alcaldes, el conde de Peñalver y D. Alberto Aguilera, y en representación de la Diputación Provincial estuvieron el presidente, Sr. Pérez Calvo, y los diputados Sres. Castelain, Argente, Martínes Vargas y Ramíres Torné.
También estuvieron los concejales Sres. García Molinas, Buendía, Gurich, Rosón, Corona, Aragón, González Alberdi, Trasserra y otros. El notario D. Primo Álvarez-Cuenca y Díaz dió lectura a la escritura definitiva, que constaba de 246 folios en papel de peseta.
A continuación se procedió a la firma de la escritura, momento que quedó reflejado en esta fotografía de Goñi, donde aparecen el Sr. Bielsa – representante de la casa Silver – pluma en mano, el Alcalde Francos Rodríguez y los ex alcaldes conde de Peñalver y Alberto Aguilera, entre otros.
El emotivo acto quedó reflejado en los periódicos del día siguiente, donde se reproducen las palabras de agradecimiento de las personalidades más involucradas en este proyecto.
Así «La Correspondencia de España» del domingo 20 de febrero de 1910 cuenta en su apartado ‘Informaciones de Madrid’:
«Al concluir la lectura, y en el momento de firmarla el alcalde, Sr. Francos Rodríguez, con voz ligeramente velada por la emoción, se felicita de que la suerte le haya deparado ser la persona que a nombre del pueblo de Madrid firme esta escritura, base de un futuro engrandecimiento para nuestra capital.»
Mientras esto ocurría, el Rey Alfonso XIII andaba por Sevilla participando en el tiro de pichón.
Las personalidades
Aquí están las personalidades más relevantes que confiaron y lucharon para que el proyecto de la Gran Vía fuese una realidad. Desde aquel 19 de febrero de 1910 pasarían unos meses hasta que el 4 de abril comenzaran las obras de demolición.
– Construcción de la Gran Vía – Primera Fase
Aquello fue el comienzo de un cambio radical en la geografía urbana de Madrid y un adelanto para la ciudad que se iría viendo paulatinamente a lo largo de los años.
Primera Fase – Avenida B o Calle del Conde de Peñalver
En verdad el nombre de Gran Vía, tan mencionado por el pueblo desde finales del siglo XIX, no era tal.
El primer tramo de construcción de esta arteria se denominó Avenida B o Calle del Conde de Peñalver.
La primera fase constituía el derribo de varias manzanas desde Alcalá hasta la red de San Luis, entre las calles de Caballero de Gracia y de la Reina.
La fecha de inicio ya la conocemos, y es motivo de celebración en 2010, fue el 4 de abril de 1910, considerando su finalización entre los años 1915 y 1917.
El comienzo de la Primera Guerra Mundial tuvo mucho que ver en el retraso y falta de inversión que afectaron a la reforma.
Avenida B o Calle del Conde de Peñalver
La verdad es que según la denominación del proyecto, la Gran Vía se inauguró al revés, es decir que se comenzó por donde debía finalizarse.
Así quedó escrita la descripción del trazado de la vía general en el Art. primero del Pliego de condiciones:
«Colocados en la desembocadura de la calle de Eguiluz a la Plaza de San Marcial y midiendo 1,60 metros, a partir de la esquina correspondiente a la última casa de los números impares en la citada calle, se obtendrá un punto, que es el que se ha tomado como de partida de la nueva vía, cuya dirección forma un ángulo de 140,30 con la línea N. S.
Esta vía mide una longitud de 534,30, con un ancho de 25 metros, y termina en la nueva Plaza del Callao, la cual toma la forma de un cuadrilátero sensiblemente rectangular de 48 metros de ancho medio por 105 de longitud.
Esta plaza se une a la llamada red de San Luis por medio de un boulevard de 35 metros de latitud y 408,60 de largo, cuyo eje, prolongado hasta su encuentro con el de la vía primeramente descripta, forma un ángulo de 145,280, conservando esta dirección hasta enlazar con la calle de San Miguel.
La alineación de ésta, que tiene un ancho de 25 metros y 373,10 de longitud, es en su primer trozo ligeramente curva (Rº de 500 metros), y el resto sigue en línea recta hasta su encuentro con la calle de Alcalá, donde termina la vía general, que mide en junto 1.316,30 metros.»
Los solares expropiados comienzan a dejar de serlo y la Avenida B o de Conde de Peñalver mostrará la finalidad de aquel proyecto con la construcción de bellísimos edificios que hoy siguen engalanando esta entrañable arteria del centro de Madrid.
Así, en 1916, la primera fase de la Gran Vía gozaba ya de dos estupendos edificios proyectados por el arquitecto Sr. Reinals que estaban habitados.
Lo propio ocurría con el que hace esquina con la calle Clavel, del arquitecto Sr. Zapata, propiedad de D. Rafael Sánchez y destinado a grandes almacenes.
El edificio destinado al Centro del Ejército y la Armada estaba en plena fase de construcción… y para finales de aquel año se anunciaba el traslado de la Gran Peña a su nueva casa (proyecto de los arquitectos Gambra y Zumárraga), situada en el arranque de Gran Vía con fachadas a Marqués de Valdeiglesias y Reina.
También estaban en plena fase de construcción los siguientes edificios:
Casa Giralt Laporta, a cargo del arquitecto Sr. Monasterio. Casa del Conde de Artaza, con fachadas a Gran Vía, Caballero de Gracia y Clavel, a cargo del arquitecto D. Cesáreo Iradier.
La Casa del Sr. Murga (la más alta de Madrid), que bajo la dirección del Sr. Zapata se alza en la unión de la primera con la segunda fase del proyecto, con fachadas a la calle Hortaleza, Fuencarral y Red de San Luis.
Un poco más retrasadas en construcción, pero con varios pisos levantados, se alzan las casas del Sr. Becerril (Gran Vía esquina Victor Hugo o San Jorge) del arquitecto Sr. Pérez de los Cobos… y el inmueble que para el Sr. Allende contruye el arquitecto Sr. López Salaberry en el chaflán de la Red de San Luis y Caballero de Gracia.
De todos los solares vendidos sólo faltaba por construir el perteneciente a la Sociedad «Los previsores del porvenir», ubicado entre las casas de Giralt y Ocharan.
Mientras crecían aquellos preciosos edificios, el oratorio del Caballero de Gracia, único que quedará en pie en esta avenida, sufría modificaciones en su fachada para darle entrada por la Gran Vía.
El arquitecto encargado de la remodelación fue D. Carlos de Luque.
La Sociedad de seguros «La Estrella» adquirirá el solar disponible en la acera de los pares, entre las calles de Victor Hugo o San Jorge y Clavel.
Incluyendo el que ocupaba el Hotel Roma, en 1916 eran catorce los solares vendidos, de los cuales doce ya estaban construídos o en construcción.
Las fincas derribadas hacían un total de 76 y el coste de las expropiaciones ascendía a 14.191.164,86 pesetas.
Como se ve hoy en día, todas las fincas tenían carácter monumental y debían contribuir al ornato de la céntrica vía, destacando el Centro del Ejército y la Armada, donde el arquitecto Sánchez Eznarriaga demuestra su valía y sentido artístico en la composición de las fachadas que revelan claramente el destino para el que fue construído.
Con el producto de la venta del solar adqurido por ‘La Estrella’ y de otro adquirido por el Sr. Urquijo, podrán continuarse las expropiaciones del segundo tramo hasta la Plaza del Callao.
En febrero de 1916 sólo quedaba una finca por demoler en el primer tramo, se trataba de las oficinas de Gran Vía y las del Ayuntamiento, ubicadas en el número 5 de la calle Hortaleza. Y con esto concluimos este recorrido por alguno de los tantos edificios del primer tramo de la Gran Vía, o Avenida B o del Conde de Peñalver.
– Construcción de la Gran Vía – Segunda Fase
En 1916 ya se habían derribado unas 35 casas de un total de 254 pertenecientes al segundo tramo de la Gran Vía o Bulevard. En algunas publicaciones de la época se habla de que fueron 129 las fincas expropiadas. El coste de la expropiación de esta sección fue de 18.318.863,56 pesetas. Los arquitectos Sallaberry y Octavio, bautizaron cada tramo con un nombre, esta fase se llamaría ‘Bulevard’, pero por poco tiempo.
Denominación de calle de Pi y Margall
En la sesión del Ayuntamiento del día 5 de abril de 1918, siendo Alcalde Francos Rodríguez, se acordó denominar calle de Francisco Pi y Margall a la parte de la Gran Vía comprendida entre la Plaza del Callao y Red de San Luis.
Esta decisión, además de ser homenaje a uno de los Presidentes y principal promotor de la Primera República, tiene quizás una connotación más sentimental por haber sido Pi y Margall vecino de Madrid, con residencia en la plaza del Callao.
Fue en su primer domicilio, en la calle Postigo de San Martín, donde sufrió un atentado en 1884.
Un sacerdote, al grito de «¡Prepárese usted a morir!» le descerrajó tres tiros primero, y otro después, que no dieron en el blanco. Un quinto disparo sonó desde un balcón, donde el sacerdote se suicidó. Francisco Pi y Margall, ‘el glorioso jefe republicano’, falleció en Madrid a la edad de 77 años, el 29 de noviembre de 1901.
Las obras
Las obras comenzarán en septiembre de 1917, quedando finalizadas las del primer tramo, conde de Peñalver, que como hemos dicho, estarán comprendidas entre la Red de San Luis y la Plaza del Callao.
Así explicaban los arquitectos Sallaberry y Octavio las características de esta vía:
Esta plaza (la del Callao) se une a la llamada red de San Luis por medio de un boulevard de 35 metros de latitud y 408,60 de largo, cuyo eje, prolongado hasta su encuentro con el de la vía primeramente descripta, forma un ángulo de 145,280, conservando esta dirección hasta enlazar con la calle de San Miguel.
También desaparecen algunas calles en el nuevo trazado, como la de San Jacinto, Travesía del Desengaño y casi la totalidad de Jacometrezo, y otras sufrieron modificaciones, como es el caso de las calles Desengaño, Mesonero Romanos, Chinchilla, Abadas, Tres Cruces, Salud, Carmen, Valverde… en dos palabras, casi todas.
La Plaza del Callao también sufrió modificaciones, en este caso beneficiosas ya que fue ampliada. (105 metros de longitud por 48 de latitud)
La rasante
Aquello tuvo que ser monumental. Era necesario el derribo de fincas y desmonte de la vía general, transversales y paralelas para poder rebajar la rasante aproximadamente cuatro metros.
La calle Jacometrezo en su rasante antigua, en relación a la del segundo tramo, era de más de tres metros.
Adiós al Boulevard
Lo que en el primitivo proyecto se ve como un precioso boulevard que dará nombre a la avenida, lleno de árboles, con un paseo central y aceras laterales, se quedará en el papel.
La calle será más ancha que la del conde de Peñalver, 35 metros de ancho y una longitud de 330 metros, con aceras de 7,5 metros de ancho por 20 de calzada. El arbolado que embellecería esta arteria, que muchos admiraban y otros rechazaban, no haría otra cosa que entorpecer la circulación y por eso fue suprimido.
Es verdad que la idea del boulevard figuraba en el primitivo proyecto del arquitecto D. Carlos Velasco Peinado, que Sallaberry y Octavio rectificaron. Las nuevas tendencias europeas prescindían de los dichosos bulevares por considerar que tenían más desventajas que ventajas, convirtiéndose al fin en calles o paseos inadaptables.
Afortunadamente los arquitectos rectificaron y la avenida de Pi y Margall pasó a tener el aspecto que hoy muestra. Como en las obras del primer tramo, aquí también fue complicado construir el entramado de tuberías y alcantarillados, siendo preciso la expropiación de las fincas que quedaban pendiente.
Doce fueron las nuevas manzanas surgidas de este segundo tramo del proyecto, que se irían poblando con estupendos y monumentales edificios de gran altura.
Lamentablemente la opulenta vía no estaba en consonancia con sus calles laterales, estrechas y encajonadas.
Mientras la segunda fase de la Gran Vía llevaba su ritmo de derribos y construcciones, el concesionario de las obras, D. Martin Albert Silver, entregaba el primer tramo urbanizado, es decir la Avenida del conde de Peñalver.
Otras noticias de igual relevancia que tuvieron Madrid como escenario, no podemos olvidar que, mientras el segundo tramo iba tomando forma, una huelga general revolucionaria tomaba la Puerta del Sol (16 de agosto de 1917), se inauguraba la Hemeroteca Municipal (18 de octubre de 1918), y el rey Alfonso XIII asistía a la inauguración del primer servicio de Metro (17 de octubre de 1919).
Nace ‘Nuestra Señora de las Comunicaciones’, que fue como se llamó al imponente edificio de Correos de Cibeles, hoy del Ayuntamiento (14 de marzo de 1919), y muere Eduardo Dato Iradier, Presidente del consejo de Ministros, asesinado en la Puerta de Alcalá (8 de marzo de 1921).
Más alegre es la noticia del triunfal estreno en el Teatro Apolo de la zarzuela ‘Doña Francisquita’, de Amadeo Vives.
La noticia de la casi total paralización de las obras en 1921 debido al incumplimiento del compromiso establecido en la prórroga concedida por el Ayuntamiento a D. Martin Albert Silver.
El detonante que llevó a este cambio fue una visita sorpresa realizada por el flamante Alcalde marqués de Villabrágima a las obras del segundo tramo. Al llegar quedó pasmado al ver que allí no había ni un sólo obrero trabajando.
El espectáculo era desolador, montones de tierra hacían aquello intransitable, los solares aún no edificados estaban sin vallar y seis o siete edificios estaban a punto de finalizarse sin haber realizado las obras de alcantarillado.
– Los edificios de la Avenida Pi y Margall – Segunda fase de Gran Vía
A comienzos de 1923 la crisis de la edificación y la vivienda afectaban a toda España.La elevación creciente de los jornaleros (el peón de albañil llegó a ganar ocho pesetas por las ocho horas de trabajo mal contadas) absorvió con exceso la reducción del precio de algunos materiales.
Las obras cuestan en 1923 al menos dos veces y media más de lo que costaban en 1916. En el Madrid de 1922 no se solicitan mas licencias para edificar que unas 120, de las cuales más de la mitad corresponden a viviendas modestas del extrarradio. En años anteriores las licencias no bajaban de 300.
La imagen inferior muestra una vista de la parte izquierda del segundo tramo de la Gran Vía o Avenida de Pi y Margall.
En 1921 se abre a la circulación este segundo tramo de la Gran Vía sin terminar de urbanizarse (faltaban el alumbrado y las aceras).
En 1923 ya se silueteaban varios edificios en la flamante avenida de 35 metros. El bloque formando manzana que constituían el Teatro Olimpia (Teatro Fontalba) y las cuatro casas de vecinos que para el marqués de Cubas construía la Sociedad aragonesa de Hormigón Armado; los grandes almacenes Madrid-París, también con cuatro fachadas, bajo la dirección del arquitecto Sr. Anasagasti.
En la fotografía inferior puede apreciarse el estado de las obras de los grandes almacenes Madrid-París.
Otras seis fincas de gran ornamentación estaban en avanzado estado de construcción, obra de los arquitectos Sres. Palacios (D. Antonio), Saldaña, Anasagasti y López Otero. En 1925 son cuatro los hoteles construídos en la Avenida Pi y Margall, el Metropolitano, Alfonso XIII, Florida y Gran Vía.
Hotel Metropolitano
Este hotel ‘modernísimo’ fue inaugurado en mayo de 1922. Está ubicado entre las calles Montera y Gran Vía (Red de San Luis). En la actualidad se encuentra allí uno de los McDonald’s más frecuentado por madrileños y turistas.
El hotel Metropolitano contaba con 200 habitaciones, dotadas todas ellas de agua caliente y fría, calefacción central y baños anexos.
Hotel Florida
En febrero de 1924 se inaugura el hotel Florida, que ocupaba todo el inmueble construído en la Plaza del Callao, entre las calles del Carmen y Preciados. (Un análisis reciente demuestra que la ubicación real del hotel era la calle del Carmen, lindero con el edificio de la Compañía Adriática de Seguros)
Era obra del arquitecto Sr. Palacios, con un diseño donde dominaban las líneas verticales sobre las horizontales y empleando en la decoración de la fachada gran cantidad de mármol.
La capacidad del hotel era de 200 habitaciones, todas ellas dotadas de cuarto de baño, y los más modernos servicios que requería la época.
El precio de la habitación en 1932 era de 10 pesetas y la pensión completa desde 25 pesetas.
Edificio central de la Compañía Telefónica Nacional de España
En noviembre de 1926 se terminaba el vaciado del solar con fachadas al segundo tramo de la Gran Vía y calles de Fuencarral y Valverde. El edificio estará destinado a oficinas centrales y central automática, siendo su superficie total de 2.280,60 metros cuadrados y su altura de 88 metros, convirtiéndole así en el edificio más grande de España para aquella época.
Todo el edificio se construirá en piedra y para la estructura metálica se utilizarán 3.000 toneladas de hierro. En la imagen inferior podemos ver un grabado del proyecto de edificación.
Edificio de la Compañía Adriática de Seguros
El arquitecto D. Luis Sáinz de los Terreros estuvo a cargo de la construcción de este edificio ubicado en la Avenida Pi y Margall, 17, con fachada a la Plaza del Callao, enlace del segundo y tercer tramo de la Gran Vía.
Se inauguró en 1928 y es el primer edificio de Madrid donde se utiliza el granito Hércules pulimentado, de procedencia gallega. Fue deseo de la compañía Adriática que tanto los constructores como los materiales fuesen españoles en todo cuanto fuera posible.
Palacio de la Prensa
El 7 de abril de 1930 S. M. el Rey inauguraba este singular edificio nacido de la gran labor del arquitecto Muguruza. Es otro de los grandes legados que nos dejó el otrora alcalde de Madrid, D. José Francos Rodríguez.
Ocho millones de pesetas costó esta obra, dinero adelantado por el Sr. Echevarrieta, con avales del Banco Urquijo y el Estado. El Palcio de la Prensa estaba dotado de una sala de espectáculos con capacidad para dos mil espectadores, locales y pisos de renta.
Y así se iba decorando el segundo tramo de la Gran Vía o Avenida de Pi y Margall. Son muchos, y de variados estilos, los edificios que daban forma a una de las arterias más comerciales de la Villa y Corte.
– Tercera Fase
Las viejas casas derribadas a golpe de piqueta daban paso a los «rascanubes», léxico moderno de la época con el que se denominaba a los altos edificios de la Gran Vía.
El último tramo de la gran arteria, o Avenida A, nacerá en la creada Plaza del Callao y llegará hasta la Plaza de España, concluyendo así este proyecto visionario que comenzó su andadura en el siglo XIX, se lanzaría en la primera década del siglo XX y se prolongaría hasta los años 30.
Ya estamos en la recta final, aunque la Gran Vía no es recta, algo que la caracteríza y la diferencia de otras grandes vías europeas. Hemos conocido los pros y los contras, las noticias y las personalidades ligadas al proyecto, y también la fisonomía que ofrecían los recién estrenados edificios y el aspecto apocalíptico de las obras de reforma.
Lejos de ser este artículo el punto final de la tarea de investigación, podemos decir que aún queda mucho por contar.
La Avenida A o de Eduardo Dato
El primitivo proyecto, revisado por el arquitecto Salaberry, marcaba como punto de partida de la reforma este tramo y no el de la Avenida B o de conde de Peñalver.
Esto quiere decir, como hemos comentado en otro artículo, que las obras comenzaron por donde debían acabarse.
Las obras comenzaron en 1925, mientras en el segundo tramo se continuaba la construcción e inauguración de lujosos edificios y hoteles.
Las críticas sociales fueron muchas desde 1910, pero en este último tramo hacían eco de lo evidente, el proyecto había quedado antiguo y este tramo de la Gran Vía, cuya finalidad era ser una calle ancha, se quedaba estrecha.
En 1928 poco se había avanzado en las obras.
Quedaban muchas casas por derribar, y seguía en trámite el expediente para aumentar su anchura de 25 a 35 metros, con lo cual, como ya se había construido la primera casa por la alineación de la derecha, había que ganar los 10 metros por la izquierda.
Esta situación obligaba a expropiar varias fincas de ese lado, entre ellas la iglesia de los Padres Jesuitas (Convento de la Compañía de Jesús) en la calle de la Flor, que con el trazado del proyecto en ejecución se había logrado salvar.
Finalmente los jesuitas vendieron la propiedad a una sociedad americana.
La Avenida A tendrá una longitud de 545 metros. Estará formada por 12 manzanas, seis a cada lado, y con ellas desaparecerán las calles de Altamira, Peralta, Federico Balart, Rosal, Parada, Eguiluz, San Cipriano, Santa Margarita y Conservatorio.
Entre las casas que desaparecerán está el número 7 de la travesía de la Parada, los números 76, 78 y 80 de la calle Jacometrezo, las 14, 16, 13 y 37 de la calle de Tudescos y las 11 a 29 y 14 a 30 de la calle de Silva.
En 1925 se estaban derribando las casas número 8 al 14 y las 13, 15 y 17 de la calle San Bernardo.
En la calle de la Flor Baja serán derribadas las casas número 2 al 20 y 24 al 30.
De la calle Leganitos serán derribadas las casas número 38, 40 y 42, y de la calle de los Reyes las número 29 al 31 y de la plaza de Leganitos la número 3.
El Mercado de los Mostenses también será derribado, en este caso con acierto, ya que mantenerlo en aquel emplazamiento, más allá del punto de vista sanitario y estético, sería un absurdo. Un establecimiento de venta de pescado, aves y caza con fachada a una calle de lujo hubises sido un error mayor que el cometido con el ancho de las calles laterales.
Las fotografías inferiores muestran el estado de las obras de reforma en 1929.
En la primera podemos ver una panorámica de la ya bautizada avenida de Eduardo Dato, al fondo la Plaza de España.
Si la rasante del primer tramo de la Gran Vía con la Red de San Luis, y el segundo con la Plaza del Callao, habían traído de cabeza a los constructores, el tercer tramo no podía quedarse atrás.
Si bien la diferencia en este caso era pequeña, en su terminación, entre las calles de San Bernardo y final de la de Leganitos, se vieron obligados a elevar la rasante en 0,90 metros en la calle de los Reyes, Leganitos, plaza de España y Duque de Osuna.
Bueno es recordar aquella Gran Vía recién estrenada o darla a conocer a las nuevas generaciones de madrileños que, como yo, poco conocían de la apasionante historia de éste gran proyecto. Las fotografías y las noticias de la época son buen soporte para visualizar aquella monumental ‘calle ancha’.
Las obras se concluyen en 1931 aunque la urbanización estaba terminada en 1929, a falta de los servicios. La entrega definitiva se realizará el 22 de septiembre de 1932, sin embargo muchos de sus edificios no serán acabados hasta pasada la Guerra Civil.
El gran proyecto llegaba a su fin después de 22 complicados años.
Pero la más emblemática arteria de Madrid no sólo será una calle lujosa plagada de hermosos edificios y centro neurálgico del comercio madrileño.
Muchos acontecimientos ocurrirán con el correr de los años en esta avenida, tantas veces rebautizada, y que forman parte de la historia más reciente de España.
– La iluminación de la Gran Vía
En el ‘Pliego de condiciones facultativas y económico-administrativas’ para la realización de las obras de reforma de la prolongación de la calle de Preciados y enlace de la Plaza del Callao con la calle Alcalá, se describe el tipo de alumbrado que tendría la vía en toda su longitud.
En 1915 aún no se había provisto de alumbrado público al primer tramo de la Gran Vía. Las diferencias entre la Empresa concesionaria de las obras y las Compañías de Gas y Electricidad, razonables en cierta medida por el tiempo transcurrido desde la aprobación del proyecto, y las circunstancia de la nueva contrata del alumbrado público, ocurrida con posterioridad, crearon ciertas divergencias de interpretación.
Tal era la gravedad del hecho que, en la sesión del Ayuntamiento del día 22 de octubre de 1915, ante la urgencia y prioridad del servicio público, resolvió de forma radical y dispuso requerimiento a la Empresa concesionaria y a las Compañías de Gas y Electricidad, para proceder, en un plazo perentorio, a la instalación de esos servicios.
En definitiva, muchas farolas y muy bonitas, pero sólo para dar sombra.
Las fotografías muestran el alumbrado público de la Gran Vía en sus diferentes tramos y en épocas distintas.
1920
1927
1931
1932
1934
1950
1984
– Automóviles por la Gran Vía
Antes de centrarnos en esta primera parte de ‘Automóviles por la Gran Vía’, haremos una pequeña introducción. En general, la circulación de transportes por Madrid era copiosa y variada. Tranvías, carros, coches a caballo y los vetustos automóviles de finales del Siglo XIX atravesaban las calles madrileñas entre una maraña de peatones.
Las películas de la época muestran un verdadero caos de circulación que se masificará aún más con la llegada del Siglo XX y los nuevos y elegantes automóviles. Será el conde de Peñalver quien comience a eliminar los carros que traían la carne desde el matadero y los remplazará por enormes y pesados camiones.
En 1908 también dotará al cuerpo de bomberos de coches para el transporte de personal. Desde 1899 el automovilísmo había adquirido un extraordinario desarrollo en Europa y en especialmente en Francia. Nacen entonces las carreras de coches, motivo por el cual la industria automovilística irá innovando progresivamente hasta conseguir velocidades de vértigo, 50 km/h, por poner un ejemplo.
El automóvil era un ‘artículo de lujo’ al que tenía acceso la «crème de la crème» de la aristocracia española.
Así el duque de Alba era propietario de un Panhard de 24 caballos; el conde de Peñalver, el marqués de Santillana y el duque de Santo Mauro, Pahard de 6 caballos.
Este último también tenía un Peugueot de 8 caballos.Claro que estos son algunos de los condes, duques y marqueses, además de la alta burguesia, que disponían de estos medios de transporte.
En el tramo de la Gran Vía, que va desde la Red de San Luis hasta la Plaza del Callao, se comenzó a construir en 1917 y en 1921 ya era transitable. En este período de tiempo se irán alzando los edificios que la engalanan, y en ellos surgirán los concesionarios de automóviles y otros negocios.
La circulación de transportes en los primeros años del siglo XX mostraba un avance lento. Aún transitaban por las nuevas avenidas gran cantidad de carruajes tirados por caballos y el medio de transporte más moderno era el tranvía eléctrico.
Pocos automóviles se veían y los peatones atravesaban las calles por donde les convenía. Esto era motivo de los grandes titulares de la prensa sensacionalista, ya que con la llegada de los primeros automóviles los accidentes eran muy frecuentes. Madrid se mueve al ritmo del foxtrot, el swing, el charleston y, por supuesto, la copla. La Gran Vía es un gran salón de exposición de la extravagancia y el glamour, acompañados del seductor palpitar del neón y el trajín de los automóviles.
En la Europa de 1930 el incremento de los automóviles fue del 9,6% respecto al año 1929.
Esto representaba una preocupación mayor que la de regular la circulación.
La necesidad de un sistema de regulación del tráfico estaba en la mente del Ayuntamiento; fue así como nacieron los ‘guardias controladores’ y se implementaron los semáforos.
Como comentábamos, el uso descontrolado de las vías por parte de peatones y conductores daría paso al incremento de los accidentes de tráfico. Algo impensable si consideramos la velocidad de aquellos aparatos, pero debemos tener en cuenta que eran muy robustos y difíciles de controlar.
También debemos tener en cuenta que convivían tranvías, coches de caballo, automóviles y peatones, todos ellos a la buena de Dios, sin más control que el sentido común. En la Conferencia de la Asociación Internacional de los Clubs automovilistas, celebrada en Munich en 1928, se abordó el tema de la unificación de las señales en todo el mundo para reducir los riesgos de la circulación.
En ella se tomaron decisiones sobre el diseño de las mismas, así como de aquellas que realizaban los ‘controladores’.
De seis signos que utilizaban se reducirían a cinco, estos son:
«Primero. Levantar la mano verticalmente; la palma hacia adelante para detener la marcha de los vehículos.
Segundo. Partiendo de la anterior posición, volver la palma de la mano hacia el otro lado y agitar el antebrazo repetidas veces de adelanta a atrás para que los coches avancen.
Tercero. Brazo extendido, la palma de la mano hacia atrás, para que los coches que vienen por su espalda se detengan.
Cuarto. Partiendo de la anterior posición, mover el brazo horizontalmente hacia el pecho, para dar paso a los coches situados a sus espaldas.
Quinto. Asociar los signos primero y tercero para detener los vehículos que vienen por ambos lados.»
A principios de los años 30 los lugares de más tráfico eran las calles de Alcalá, desde Cibeles hasta la Puerta del Sol; la Carrera de San Jerónimo desde la Puerta del Sol hacia la calle de Nicolás María Rivero; la calle Mayor desde la calle de Ciudad Rodrigo hasta la Puerta del Sol; la del Arenal y la Gran Vía, en sus dos primeros tramos.
Que se cite tantas veces la Puerta del Sol era normal y lo sigue siendo. Allí llegaba la circulación de las calles Alcalá, Mayor, Preciados, Montera y Carretas. Otros focos de aglomeración de vehículos eran la Red de San Luis, la Plaza del Callao y la calle de Alcalá en su paso por las calles de Sevilla y Peligros.
En horas puntas, entre las nueve menos cuarto y las nueve y cuarto de la mañana, circulaban unos 4.500 vehículos por hora, sin contar a los tranvías. También el tráfico era intenso por la calle Barquillo, la Cibeles y Glorieta de Atocha, Rondas de Valencia y de Toledo.
El cambio de luces, así como el sonido de los timbres controladores, variaba según aumentara o disminuyera la circulación. Por ejemplo, en la Puerta del Sol el ‘disco verde’ lucía 50 segundos; el rojo 35 segundos, y 10 segundos el amarillo.
La alternancia de luces se hacía de forma automática, existiendo control lumínico en la Puerta del Sol, en la calle Peligros, Fénix (Alcalá y Gran Vía), Cibeles, Clavel, Red de San Luis y Plaza del Callao. Cuando la circulación en un sentido era muy intensa y el control lumínico podría colapsar la vía, intervenían los ‘guardias controladores’ para regular el tráfico.
Nos gustaría continuar con este tema. Todos son interesantes y, en algunos casos, curiosos; pero aún queda mucho por contar … y mucho más que se está investigando en la actualidad.
JotDown(A.Calamari) — Un buscador de tesoros profesional, para empezar, debe saber dónde buscar. El primer logro de un cazatesoros es la información: mapas, documentos, crónicas, informes, cartas. El trabajo suele empezar en bibliotecas y museos, aunque algunas veces aparecen la casualidad, lo imprevisto, el azar y solo resta el último paso: el rastrillaje en territorio.
Durante siglos, la información era lo único con lo que contaban los buscadores, después vino la ciencia en su auxilio: análisis geofísicos del terreno, microondas, sondeos geomagnéticos, radares, satélites.
Uno de los primeros instrumentos fue el cinematográfico detector de metales: una cabeza buscadora recorre el espacio y, si lo hace por sobre un objeto metálico, aún si está a varios metros de distancia, comienza a emitir un zumbido que cualquier profesional del rubro sabrá reconocer.
Hay tesoros célebres.
Hace mil seiscientos años que están buscando lo que dejó Alarico, antiguo rey de los visigodos. Después de un largo asedio, Alarico marchó sobre Roma y se hizo con el más grande tesoro de la historia de la humanidad, producto de ocho siglos de invasiones y conquistas: las riquezas de Jerusalén, el famoso candelabro de siete brazos, veinticinco toneladas de oro, ciento cincuenta toneladas de plata.
Dicen que el rey pidió ser enterrado con su caballo y sus riquezas en las profundidades de un foso que hicieron cientos de esclavos, desviando temporalmente el curso de un río y después sacrificados para que la ubicación no fuese develada. Astrólogos, historiadores y poetas hablan del prodigio enterrado, los arqueólogos lo buscan; son muchos los que se obsesionaron; incluso Adolf Hitler, que llamó «operación Alarico» a la invasión a Italia.
Hay ciudades desaparecidas que son consideradas tesoros en sí mismas, así pasó con el descubrimiento imprevisto de Pompeya y con la localización tan esperada de Troya; con la tumba de Alarico se mezclan el interés histórico y cultural con la promesa de fortuna.
Desde el fin de la guerra, la leyenda del oro nazi no ha hecho más que crecer, hasta Indiana Jones se lanzó a la búsqueda. Se cuenta que en un campo de concentración soviético un grupo de soldados alemanes hicieron un mapa que llevaba hasta un bosque con piezas enterradas por los SS.
El lago Toplitz también está cargado de historias y, supuestamente, de tesoros. Se lo conoce como «el basurero de Hitler» y la leyenda cuenta que Hermann Göring trasladó en tren y después en camiones cajas con lingotes, joyas, obras de arte que los jerarcas nazis habían saqueado y acumulado durante años y que arrojaron a las profundidades heladas del lago.
También se dice que el lugar está maldito, aunque los fanáticos siguen intentándolo. Sin embargo, Europa no es el mejor lugar para buscar tesoros. Cabe la posibilidad de que el detector de metales suene y sea una trampa mortal: bombas, lanzagranadas, minas enterradas tras años de guerras que asolaron el continente esperan, silenciosas, a ser detonadas.
Recreación de El Dorado
El Nuevo Mundo, en cambio, es un sitio ideal. También esos fragmentos de tierra que se alzan en medio del mar: la isla con un cofre escondido es algo más que un motivo literario. Es una quimera.
El Dorado es una ciudad legendaria, previsiblemente ubicada en el antiguo reino de Nueva Granada (actual Colombia) que los conquistadores se cansaron de perseguir. Estaba hecha de oro, no solo la ciudad sino todo el reino. La mayoría de los tesoros americanos, los más famosos, tienen su origen en el Imperio inca.
Una de las leyendas más antiguas se remonta a los primeros años de la conquista con el tesoro escondido de Atahualpa e involucra a un soldado español, Juan Valverde. Su suegro, un jefe indio, lo condujo por un camino improbable para recibir un regalo fabuloso.
Ante las presiones de las autoridades reales empeñadas en llevar a España todo el oro encontrado, el joven puso precio a su secreto haciendo una descripción muy detallada del camino entre las montañas. Desde entonces lo están buscando y el periplo se conoce como «el derrotero de Valverde», que debería conducir a una cueva ubicada en la región andina de Ecuador a más de tres mil metros de altura.
Nadie ha podido ni siquiera acercarse: la selva es omnipresente, durante todo el año las cumbres de las montañas están ocultas tras las nubes (las incursiones aéreas son también imposibles) y proliferan los mapas falsos, la información contradictoria.
Así comienza el derrotero:
Si quieres tener la ambición del blanco barbudo español, enemigo de nuestra raza pura, nunca des este derrotero que te voy a dejar, pues habiendo ido hasta nuestros cerros del sol los tres Llanganates, meterás las manos en la laguna encantada y sacarás el oro, ambición del barbudo blanco y corregidores de Tacunga y Ambato, que nuestras razas siempre les mandarás oprobios y maldiciones pidiendo a Dios Viracucha haga justicia para que siempre queden en poder de nuestra tierra y que nunca descubran los barbudos. Así te doy y te indico el derrotero que debes seguir sin avisar ni notificar a ninguno de los blancos que quieren vencer nuestros dominios.
Derrotero de Valverde
Se cuenta que el joven austríaco Thour de Koos visitó el Archivo de Indias de Sevilla a principios del siglo XX y allí encontró «el original derrotero de Valverde», viajó a América del Sur y se convirtió en la primera persona en llegar a la cueva que, sin embargo resultó inaccesible.
Entonces volvió a Europa para conseguir financiamiento y reclutó un grupo de submarinistas para garantizar el éxito de su empresa sin intuir siquiera que una neumonía iba a matarlo en las vísperas. Con él se fue el secreto de la ubicación exacta del oro de Atahualpa escondido por sus seguidores.
Aunque la mayoría de las expediciones terminan mal y los bolsillos de los oportunistas siguen vacíos, los rastreadores no se dan por vencidos tan fácilmente. La compulsión de buscar lo que está oculto es inescindible del espíritu humano, pero en las búsquedas de tesoros hay algo más: el vértigo de una historia.
En cada promesa oculta hay un relato y en cada mapa se esconde un viaje prescripto por esa narrativa y unos personajes que lo hacen posible.
Lo que se sabe de August Gissler es que nació millonario y murió en la indigencia. Que perdió la fortuna y la razón en la Isla del Coco, a más de quinientos kilómetros de la costa oeste de Costa Rica, un rectángulo selvático e inhabitado en medio del Pacífico. Le había llegado un mensaje tan preciso como enigmático:
Sigue el curso del río sesenta pasos hacia el interior de la isla. Cuando te vuelvas hacia el norte, reconocerás una peña. A la altura de los hombros de una persona encontrarás una grieta. Habrás de introducir por ella una palanca de hierro. Entonces se abrirá ante ti una puerta excavada en aquella roca. Detrás de ella se encuentra escondido un magnífico tesoro.
Las pistas —supuesta, seguramente— lo llevarían hasta el famoso tesoro de Lima: treinta toneladas de oro y piedras preciosas, custodias y objetos eclesiásticos, doscientas setenta y tres espadas de oro ornamentadas con diamantes y, lo más impactante, una virgen de tamaño natural completamente confeccionada en oro macizo.
La leyenda dice que la iglesia española en Perú había acumulado, desde el comienzo de la conquista, una riqueza fabulosa a la que vio peligrar con las guerras por la independencia a principios del siglo XIX. Entonces decidieron trasladar los objetos por mar y una serie de eventos hicieron que terminaran enterrados en la Isla del Coco.
La descripción que llegó a manos del alemán Gissler es una de tantas pero él no lo sabe; confía en tener con él la cartografía exacta de la auténtica isla del tesoro.
Se instaló en el terreno con su esposa y una colonia de agricultores alemanes que lo ayudarían en la búsqueda. El gobierno de Costa Rica lo nombró gobernador de la isla en 1897 y durante diez años esa búsqueda fue su obsesión. Los mapas se multiplicaban y las pistas no llevaban a ningún lado.
Ahí están todavía los túneles que cavaron Gissler y sus ayudantes. Con el tiempo todos se fueron cansando, las familias de colonos se mudaron paulatinamente hasta que por fin Gissler fue el último en abandonar la isla y lo único que había conseguido eran seis monedas de oro.
Más de quinientas expediciones han pasado por la Isla del Coco y todas partieron sin la virgen fabulosa de oro macizo. Cada expedicionario que llegó al lugar llevaba consigo un documento auténtico con las coordenadas exactas para llegar al tesoro.
Rennes le Chateau
Esconder riquezas para ponerlas a recaudo frente a una amenaza, con la promesa y la ilusión de volver a buscarlas, es tan antiguo como la humanidad. Solo es necesario encontrar el lugar perfecto, el escondrijo ideal, como un viejo roble fácilmente identificable en una encrucijada de caminos.
Desde los inicios, los templos y lugares sagrados han sido sitios privilegiados ya que el temor a los dioses los convertía en espacios relativamente seguros. Con el tiempo, saqueadores y agnósticos de diferente calaña aprovecharon la información y se llevaron las riquezas custodiadas por las deidades.
Las iglesias también han sido refugio para los bienes terrenales. Se cuenta que a finales del siglo XIX un sacerdote a cargo de la remodelación de la iglesia de Rennes le Chateau, en el sur de Francia, se topó con unos antiguos rollos de pergamino ocultos en el interior de una columna.
La leyenda más extendida dice que el sacerdote mandó a construir un palacete, se hizo traer monos de África para adornar su jardín, se dedicó a la vida mundana, tuvo amoríos escandalosos y llevó a vivir con él a una famosa cantante que el Vaticano decidió desoír. ¿Qué había pasado?
El ama de llaves y amante del religioso dijo que aquellos pergaminos encontrados tenían los planos que llevaban a un tesoro, que juntos fueron a buscarlo, comenzando por el primer punto del itinerario: una lápida misteriosa en el cementerio. ¿Cuál era la historia detrás de la repentina fortuna del sacerdote?
Algunos cuentan que las joyas, monedas, candelabros y vajillas habían sido escondidas por la reina Blanca de Castilla en 1250 frente a una revuelta de sus vasallos, otros dicen que no eran más que una parte valiosa del botín con que se alzó Alarico al saquear Roma.
Reina Blanca de Castilla
Hay tesoros que, para encontrarlos, no necesitan mapas sino la combinación perfecta entre financiamiento, tecnología y aventura. Son los que se vuelven inaccesibles, no porque fueron astutamente resguardados, sino porque están perdidos en la inmensidad del océano, cubiertos por toneladas de agua.
El siglo XVII se disputó en el mar. Bucaneros, corsarios, filibusteros, piratas, distintos nombres y variantes para una actividad rentable: buscar y saquear riquezas ajenas.
A los peligros del viaje, los motines y las tempestades, se sumaban los constantes asaltos de buques enemigos.
Los tesoros del Nuevo Mundo atravesaban el océano y muchas veces —demasiadas— terminaban sumergidos y poco se podía hacer para recuperarlos.
El siglo XX, con sus avances, trajo nuevas posibilidades para los buscadores y los aventureros solitarios dejaron paso a las grandes corporaciones.
Mel Fisher fue, durante años, uno de aquellos codiciosos inquietos que se movían por su cuenta. Tenía una tienda de buceo en California y con su esposa y sus hijos montó una pequeña empresa para encontrar tesoros hundidos.
Con el tiempo el emprendimiento se convirtió en la famosa Treasure Salvors Inc., que rastreó durante años el fondo del mar para dar con los restos de dos famosos galeones españoles desaparecidos en 1622 frente a las costas de Florida: Santa Margarita y Nuestra Señora de Atocha.
Era tan imponente la carga en sus bodegas que la corona española destinó gran cantidad de recursos en operaciones de salvamento para las que fueron muy útiles los esclavos nativos que descendían dentro de campanas de buceo, recogían algún objeto y volvían a la superficie.
Muchos morían, pero la pérdida ya estaba contemplada como gastos comerciales en los barcos de salvataje. Durante diez años recuperaron casi la mitad del cargamento del Santa Margarita, y aunque al otro lo buscaron durante décadas no pudieron encontrarlo.
Tres siglos después y tras dieciséis años de búsqueda, uno de los hijos de Mel Fisher encontró un cañón inscrito de Nuestra Señora de Atocha y en las inmediaciones aparecieron monedas, plata, oro, esmeraldas y el casco de la nave donde, supuestamente, su capitán había guardado las piezas más valiosas procedentes de México y Potosí.
Era 1973 y ese hallazgo fue el inicio de una larga batalla legal entre la compañía y el estado de Florida que terminó con un fallo a favor de la Treasure Salvors Inc.
Cuando se hizo la primera subasta con lo encontrado, Fisher recaudó trescientos millones de dólares.
El uno por mil de esa cifra lo aportó el gobierno españo,l que mandó a comprar piezas para el Museo de América: botones de oro, esmeralda y esmalte, una fuente, un salero, una azucarera, bandejas, braseros, un lingote de plata, una cadena de oro.
Quedan muchos objetivos pendientes para los cazadores de tesoros, verdaderas obsesiones. Uno de los más buscados es el Lord Clive, el navío británico de la temida Compañía de Indias Orientales, que durante la primera invasión inglesa fue hundido al fondo del Río de La Plata en 1763, a escasos metros de la ciudad uruguaya Colonia del Sacramento.
Según las investigaciones y documentos encontrados, este barco transportaba mercancías valiosas y la recaudación de impuestos que cobraba Buenos Aires, una fortuna calculada en mil millones de dólares esperando en el lecho de un río marrón que hace imposible la visibilidad.
Los buzos que siguen buscando trabajan a tientas. En esta historia, y como pasa desde hace años en las pesquisas, hay un gobierno involucrado, sin embargo todo empezó con el buzo argentino Rubén Collado Amatriain, apasionado desde niño por las historias de corsarios y piratas.
Dedicó toda su vida al rescate de naufragios y en los años noventa se topó con la información sobre el Lord Clive; investigó, se contactó con el gobierno de Uruguay, consiguió financiamiento y permisos, exploró, hasta que en 2004 logró dar con la nave hundida, esa hipotética mina de oro que están tratando de extraer desde hace casi veinte años.
Los Stevenson tenían la costumbre de escribir historias colectivas en familia. Se juntaban, uno empezaba un relato, escribía por quince minutos y se lo pasaba al siguiente. Una tarde de tantas llegó el manuscrito a las manos del hijastro, un chico de doce años que leyó sobre una isla y se le ocurrió dibujarla con detalle y llamarla Isla del Esqueleto. Cuando Stevenson vio el mapa escribió La isla del tesoro sobre él, empezó a escribir por capítulos y después los leía en voz alta para toda la familia.
Las antiguas historias de búsqueda de tesoros nos enseñaron que los mapas podían conseguirse en una taberna roñosa a cambio de una botella de ron. No había más que una gran equis señalando el sitio del deseo, todo lo demás era incierto. Después sobrevenía un viaje hacia lo improbable, pero qué más se podía hacer en un mundo de piratas.
Un tesoro escondido es una promesa y una apuesta. Es también un secreto guardado con tanto celo como esos objetos brillantes enterrados, hundidos, disimulados. Pero, antes que nada, un tesoro escondido es una fuente inagotable de relatos.
The New York Timmes(L.Finck) — No soy judía ni palestina y ninguno de mis seis trabajos habituales tienen relación con la política exterior, pero el otro día abrí Twitter (ahora conocida como X) tras un tiempo sin aparecer por ahí y me encontré con gente que no conozco que me exigía que hiciera una declaración pública sobre lo que está pasando en Medio Oriente.
Al parecer, todo el mundo en redes sociales ya se había pronunciado al respecto, incluidas varias marcas corporativas, celebridades y varios influentes de estilo de vida. El director de mercadotecnia de American Eagle publicó en LinkedIn que la empresa había cambiado su espectacular de Times Square por una imagen de la bandera de Israel.
“Orando por Israel”, publicó Justin Bieber en Instagram, con una imagen (que después eliminó) de lo que en realidad era Gaza.
Pero no todo el mundo estaba tomando partido. Mientras avanzaba por mis noticias, vi muchos ciudadanos a los que se les decía que, si no se pronunciaban, también ellos se mancharían las manos de sangre.
La gente, ya sea de derecha o de izquierda, parecía atribuir mi silencio a una indiferencia depravada ante el sufrimiento humano, aunque no parecían ponerse de acuerdo en cuanto a quién sufría. Sucede que he estado lidiando con herpes zóster (no se los recomiendo para nada) y la depresión con la que batallo de vez en cuando.
Me sentía cansada y abrumada, al igual que muchas otras personas. Pero las voces que me gritaban a mí y a otros que tampoco habían publicado algo parecían creer que no decir algo era una declaración en sí y, al parecer, una inmoral.
Existe una versión simplista de la toma de postura en las redes sociales que genera justas palmaditas en la espalda, pero reduce cuestiones complejas a un simple sí o no. Adoptar posturas simplistas también puede llevar a tergiversar las palabras. La preocupación por los palestinos se presenta como apoyo a Hamás, u odio a Israel o a personas judías en general.
La indignación por los atentados mortales de Hamás contra ciudadanos israelíes — o cualquier mención de antisemitismo— se considera que denigra la dignidad de todas las vidas palestinas. Este tipo de pensamiento es muy poco serio y alimenta aún más las hostilidades, pues deforma posiciones matizadas hasta convertirlas en extremismo y confunde expresiones de indignación tan breves como un tuit con acciones valientes ante la atrocidad.
Cuando las instituciones hicieron declaraciones en las que expresaban su pesar por la pérdida de vidas israelíes y palestinas, algunos electores y clientes exigieron una revisión que condenara explícitamente a su villano preferido. Si estas voces institucionales guardaban silencio, se consideraba noticia.
“Seis días después de los terribles atentados terroristas de Hamás contra Israel”, escribía una periodista de Women’s Wear Daily el 12 de octubre, “muchos actores importantes de la industria de la belleza —y de la moda en general— han guardado silencio en su mayoría en apoyo a las víctimas de ambos bandos del conflicto”.
¿De verdad necesitamos o queremos saber qué tienen que decir L’Oréal o LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton?
El impulso de hacer declaraciones estridentes y reductoras refleja un miedo genuino a los horrores que yacen más allá de las palabras. Las soluciones binarias simples implican soluciones simples. Y es mucho más agradable decirse a uno mismo que está del lado del bien, contra el mal, que cuestionarse si las líneas divisorias se trazaron bien.
Es difícil lidiar con la incertidumbre, en especial cuando las redes sociales nos han acostumbrado a esperar información perfecta en tiempo real durante acontecimientos traumáticos y a querer respuestas y soluciones instantáneas. La certeza moral es un ancla a la que nos aferramos cuando la certeza fáctica no es posible. Y cuanto más rápido la expresamos, más seguros parecemos. Los más rectos entre nosotros publican, y lo hacen de inmediato.
Sin embargo, lo que más me molesta no son las publicaciones reflejo en las redes sociales. Es más bien la idea de que no publicar está mal y de que todo el mundo tiene que hablar, todo el tiempo. No nos invita a callarnos y escuchar, y a dejar que las voces más importantes se oigan por encima del estruendo.
Implica que no está bien tener dudas sobre lo que está pasando o cualquier tipo de análisis moral que no se preste a ser presentado en una publicación de redes sociales. No deja tiempo ni espacio para que la gente procese los sucesos traumáticos en el santuario de su propia mente ni para reunir más información antes de emitir un juicio.
Presiona a las personas que aún no tienen una opinión o que están reflexionando sobre lo que piensan a fabricar una y presentarla ante un jurado de completos desconocidos en internet que emitirán un veredicto instantáneo sobre su idoneidad.
Yo tengo opiniones, por supuesto, pero no caben en un tuit (y se verían muy torpes en TikTok). Creo que Hamás es un grupo terrorista e Israel tiene derecho a defenderse.
Yo vivía en Manhattan el 11 de septiembre y, aun así, no puedo imaginar el dolor y el terror que sienten ahora las personas judías ante los continuos atentados y el aumento del antisemitismo en todo el mundo.
También creo que no se debe permitir que el Estado israelí confunda a Hamás con Gaza o que corte la electricidad y el acceso a alimentos y suministros médicos a los civiles que están atrapados en Gaza o que justifique esos actos alegando que los palestinos que viven allí —cerca de la mitad de los cuales son niños— pueden irse cuando quieran, porque, sencillamente, no pueden.
Si la destrucción de Gaza no es la meta, es una posibilidad muy real, y eso también debería ser inaceptable. ¿Estas opiniones son útiles? ¿Ayudan? ¿Son interesantes? Y, de ser así, ¿para quién lo son?
No pertenezco a Alcohólicos Anónimos, pero un pasaje del libro Doce pasos y doce tradiciones parece aplicar en este caso. “No hay nada que nos recompense más que la moderación en lo que decimos y escribimos”, escribe el cofundador de Alcohólicos Anónimos Bill Wilson.
“Debemos evitar las condenas irascibles y las discusiones arrebatadas e imperiosas”, que él llama “trampas emocionales, y los cebos son el orgullo y la venganza”. Debo admitir que he publicado en redes sociales desde un lugar de orgullo y venganza y, como escritora, tal vez estoy menos condicionada a practicar la moderación en lo que escribo y a evitar discusiones.
Pero mi objetivo es la crítica reflexiva, y aunque me he arrepentido de publicar pensamientos a medio formar demasiado rápido, nunca me he arrepentido de esperar a estar menos enfadada o de no publicar nada.
En un entorno en el que se hace creer a la gente que debe publicar o soltar opiniones simplistas, acaba haciéndolo por miedo a que los demás piensen que no están suficientemente informada, que no le importa lo suficiente o que su brújula moral no funciona.
Pero una publicación reaccionaria en las redes sociales no dice nada sobre lo que realmente piensan o saben, abarata el discurso y dificulta el progreso. Es una consigna disfrazada de claridad moral.
Psicología y Mente(InterVen) — En la actualidad, las aplicaciones de encuentros y citas se han convertido en una parte integral de la vida amorosa de muchas personas. Estas herramientas digitales ofrecen una forma conveniente y accesible de conocer a potenciales parejas románticas. Sin embargo, el uso de estas aplicaciones también presenta una serie de desafíos únicos en el ámbito de las relaciones amorosas.
– Los desafíos de las relaciones de pareja en la era de las apps de citas
En este artículo, exploraremos los retos que enfrentan las parejas que se conocen a través de aplicaciones de encuentros y citas, analizando su impacto en la comunicación, la confianza, la autenticidad y la duración de las relaciones.
1. El auge de las aplicaciones de encuentros y citas
El surgimiento de las aplicaciones de encuentros y citas ha revolucionado la forma en que las personas se conocen y establecen relaciones románticas. Estas plataformas ofrecen una amplia gama de perfiles para explorar y permiten a las personas conectar rápidamente con potenciales parejas. Sin embargo, este enfoque basado en la búsqueda y la selección de parejas a través de perfiles puede tener implicaciones significativas en las relaciones amorosas.
2. El desafío de la elección
Uno de los principales retos que enfrentan las parejas que se conocen a través de aplicaciones de citas es la paradoja de la elección. Con un acceso casi ilimitado a una gran cantidad de perfiles, las personas pueden experimentar una sensación constante de insatisfacción, siempre buscando algo mejor. Esta mentalidad de consumo puede llevar a una falta de compromiso y a dificultades para establecer relaciones duraderas y significativas.
3. Superficialidad y autenticidad
Otro desafío inherente al uso de aplicaciones de encuentros y citas es la tendencia a enfocarse en aspectos superficiales como la apariencia física o los intereses compartidos. La conexión inicial se basa en una breve descripción y algunas fotos, lo que puede dificultar la percepción de la personalidad completa de una persona. Además, las personas tienden a presentar una versión idealizada de sí mismas en sus perfiles, lo que puede llevar a una falta de autenticidad en las interacciones iniciales.
4. Comunicación y conexiones efímeras
El modo de comunicación predominante en las aplicaciones de citas es a través de mensajes de texto. Si bien esto puede facilitar el inicio de una conversación, también puede dar lugar a interacciones superficiales y falta de conexión emocional profunda. Las personas pueden ser más propensas a mostrar un comportamiento menos considerado o respetuoso en línea debido a la falta de consecuencias inmediatas. Además, la comunicación exclusivamente digital puede llevar a malentendidos y dificultades para interpretar el tono y las intenciones de los mensajes.
5. Confianza y seguridad
El uso de aplicaciones de encuentros y citas también plantea preocupaciones sobre la confianza y la seguridad. Dado que las personas interactúan con desconocidos, existe el riesgo de encontrarse con perfiles falsos o personas que no son quienes dicen ser. La falta de información y la ausencia de conexiones personales previas pueden generar inseguridad y desconfianza. Es esencial ejercer precaución y establecer límites claros en el momento de encontrarse en persona con alguien que se conoció a través de una aplicación.
– ¿Qué hacer?
Mantener relaciones saludables en la era de las aplicaciones de citas A pesar de los retos, es posible mantener relaciones saludables y significativas cuando se conocen a través de aplicaciones de encuentros y citas. Aquí hay algunas estrategias clave:
1. Clarificar las intenciones
Es importante comunicar claramente las expectativas y las intenciones desde el principio para evitar malentendidos y decepciones.
2. Establecer límites
Definir límites claros sobre el uso de la aplicación y mantener una comunicación abierta acerca de las expectativas y los deseos de cada uno.
3. Fomentar la comunicación honesta
Priorizar la comunicación abierta y honesta tanto en línea como fuera de línea. Esforzarse por mantener conversaciones significativas y profundas para desarrollar una conexión emocional auténtica.
4. Tomarse el tiempo necesario
Resistir la tentación de apresurarse en una relación. Dedicar tiempo para conocer a la otra persona antes de tomar decisiones importantes y asegurarse de que exista una base sólida para construir una relación duradera.
5. Mantener la seguridad
Tomar precauciones para garantizar la seguridad personal al conocer a alguien en persona. Informar a amigos o familiares sobre el encuentro y elegir lugares públicos para las citas.
Conclusiones
Las aplicaciones de encuentros y citas han transformado la forma en que las personas se conocen y establecen relaciones amorosas. Aunque presentan desafíos únicos, como la paradoja de la elección, la superficialidad y las dificultades en la comunicación, también ofrecen oportunidades para construir relaciones significativas y auténticas.
Al establecer límites claros, fomentar la comunicación honesta y tomarse el tiempo necesario para conocer a la otra persona, es posible superar los desafíos y construir relaciones saludables en la era de las aplicaciones de citas.
Anne Francis y Robby el robot en el Planeta prohibido (1956).
JotDown(C.Fabretti) — Las religiones abrahámicas definen a Dios y a los ángeles como espíritus puros; pero tanto Jehová como Alá son inequívocamente masculinos, y el Dios de los cristianos es el Padre Eterno, cuyo hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad, es un varón que, por si cupiera alguna duda, incluso fue circuncidado.
En cuanto a los ángeles, y pese al aspecto andrógino de sus representaciones habituales, se llaman Gabriel, Miguel, Rafael… En consecuencia, los demonios, ángeles caídos, también son masculinos, e incluso era frecuente representarlos con ostensibles atributos viriles.
Puede que la famosa discusión bizantina sobre el sexo de los ángeles no fuera, después de todo, tan ociosa como para convertirse en emblema de las controversias absurdas e improcedentes. Improcedente, tal vez, de ser cierto que los doctores de Constantinopla se extraviaban en ella mientras los turcos se disponían a tomar la ciudad; pero no tan absurda como podría parecer a primera vista.
Porque el verdadero quid de la cuestión, hoy como en 1453, no es el sexo de los ángeles en sí, sino nuestra delirante vocación sexualizadora. El Sol y el dinero son (poderosos) caballeros. La Luna y la muerte son damas (aunque no para todos: en alemán Mond y Tod son nombres masculinos). Y el/la mar es hermafrodita.
Y que nadie se asombre de que Rimbaud viera el color de las vocales: un famoso matemático me aseguró que conocía el género de los dígitos; según él, el 1, el 2, el 3, el 5, el 6 y el 8 eran masculinos; el 4, el 7 y el 9, femeninos; y el 0, naturalmente, era neutro.
El antropocentrismo es difícil de superar, y en una sociedad patriarcal, el androcentrismo también. Podemos discutir sobre el sexo de los astros o del mar; pero si, en última instancia, la discusión sobre el sexo de los ángeles es ociosa, es porque en el fondo «sabemos» que son masculinos, igual que Dios y el diablo. Y algo similar ocurre con los robots.
Uno de los primeros y más famosos robots del cine, el entrañable Robby de Planeta prohibido (1956), tiene voz y nombre masculinos, y por más que, cuando le preguntan si es chico o chica, diga que la pregunta carece de sentido, a nadie se le ocurriría llamarlo Roberta.
El caso es análogo al de los ángeles, que son espíritus puros y por tanto asexuados, pero para el imaginario patriarcal son claramente (oscuramente) masculinos.
Y sin embargo hay diablesas
Hay diablesas, sí, pero no hay ángelas (tan es así que ni siquiera existe el término y el corrector automático lo subraya en rojo). La demonización (nunca mejor dicho) de la sexualidad no procreativa y la misoginia de las religiones patriarcales, que ven en la mujer una incitación al pecado, explica que haya súcubos, pero no amantes angélicas.
Y, por análogas razones (o sinrazones), los primeros robots femeninos son maléficos instrumentos de perdición: súcubos mecánicos, como la muñeca danzarina Coppelia, o Doppelgängers metamórficos, como la robotriz de Metrópolis, precursora de los androides nanotecnológicos de la saga Terminator.
Metropolis, 1927.
En las antiguas mitologías había diosas y otros seres femeninos, tanto benignos como malignos: ninfas, sirenas, lamias, musas, arpías, valkirias… Pero la apoteosis patriarcal de las grandes religiones monoteístas las relegó al submundo de los cuentos y las leyendas. Todo es masculino en las religiones del libro: Dios, los ángeles y, por supuesto, los sacerdotes.
En principio, la inteligencia artificial (IA) es incorpórea; aunque tiene un soporte material —un hardware—, no requiere un cuerpo sensible en interacción física con el entorno. Pero solo en principio. HAL 9000, el superordenador de 2001: una odisea del espacio, ve, oye y actúa: la propia astronave es su cuerpo.
Y en el momento en que una IA avanzada se instale en un robot (algo que está a punto de suceder si no ha sucedido ya) e interactúe con el mundo físico de forma autónoma, se producirá un salto cualitativo de consecuencias imprevisibles.
En principio, un robot dotado de IA, como Robby, no tendría sexo. Pero se podría darle forma humana y programar en él (o ella) una simulación convincente de la sexualidad masculina o femenina (o cualquier otra). Hace mucho que los androides sexualizados nos inquietan desde los relatos y filmes de ciencia ficción, y pronto lo harán (ya están empezando a hacerlo) desde las sex shop.
Según las religiones del libro, Dios creó primero a los ángeles, espíritus puros, parte de los cuales se convirtieron en demonios, y luego creó a los humanos, cuerpos con alma, espíritus encarnados, un poco angélicos y un poco diabólicos. Siguiendo los pasos de nuestro supuesto creador, hemos generado inteligencias inmateriales y estamos a punto de darles cuerpos de metal y plástico.
Si ese cuerpo es una astronave, el robot podrá tener voz y nombre masculinos, como HAL, o femeninos, como Madre en la saga Alien. Si ese cuerpo es antropomorfo, le atribuiremos automáticamente un género, tenga o no atributos sexuales. Y si es un androide programado para la sexualidad, será él o ella quien redefina la nuestra.
Barbarella, 1968.
– Las máquinas del sexo
Desde su aparición en 1962, pero sobre todo a raíz del éxito internacional del lujoso álbum publicado por Éric Losfeld y de la adaptación cinematográfica de 1968, Barbarella se convirtió en la gran heroína de la ciencia ficción erótica, que, sobre todo en el cómic, alcanzó su máximo desarrollo en la década de los setenta del siglo pasado, coincidiendo con la impropiamente denominada «revolución sexual» y la irrupción del feminismo en la escena cultural y política.
Entre las muchas y muy variadas aventuras eróticas de la incombustible Barbarella, cabe destacar dos coprotagonizadas por sendas máquinas: su coyunda con el robot Diktor y su confrontación con la «máquina excesiva» del perverso doctor Duran Duran.
A destacar que Diktor, aunque vagamente antropomorfo, no es un androide propiamente dicho: está más cerca del Hombre de Hojalata de El mago de Oz que de los replicantes de Blade Runner.
En cuando a la «máquina excesiva», inspirada en el acumulador de orgones de Wilhelm Reich, es un «órgano sexual» en el sentido más literal de la expresión: cuando se pulsa su teclado, la víctima atrapada en el interior de la máquina recibe una sinfonía de impulsos eróticos tan intensos que acaba muriendo de una sobredosis de placer.
A no ser que la víctima sea una superheroína sexual como Barbarella, que acaba cortocircuitando el artilugio.
Las máquinas eróticas no antropomorfas no han tenido mucho éxito en la cultura de masas —aunque no se puede dejar de mencionar el orgasmotrón de Sleeper (1973), de Woody Allen—; pero los robots amorosos ocupan un lugar muy destacado y muy suyo tanto en la literatura como en el cine de ciencia ficción.
Los replicantes de la serie Nexus-6 de Blade Runner (1982) siguen siendo los androides más inquietantes del cine, y uno —una— de ellos se define de forma explícita como «modelo básico de placer»: la implacable Pris, heredera directa de Coppelia y de Hadaly (la protagonista de La Eva futura, de Villiers de L’Isle-Adam), los primeros súcubos mecánicos capaces de seducir a los incautos humanos.
Menos voluptuosa que Pris, pero aún más perturbadora e implacable, la Ava de Ex Machina (2015) utiliza su poderosa inteligencia artificial para burlar a su creador y enamorar al joven programador encargado de determinar, mediante una versión actualizada del test de Turing, si la ginoide tiene conciencia, en un claustrofóbico juego especular en el que al final no se sabe quién —o qué— está evaluando a quién.
Ex Machina (2015)
En cuanto a los «sexbots» masculinos, su presencia es por ahora escasa y poco relevante, tanto en la ficción como en el mundo real. Para la lógica patriarcal, la tentación es femenina y los objetos sexuales son las mujeres, en la misma medida en que los hombres son los sujetos.
Por eso las primeras ginoides eróticas se remontan al siglo XIX y principios del XX (Coppelia, Hadaly), mientras que hay que esperar hasta los años sesenta para que la «liberada» Barbarella se beneficie al eficiente Diktor, un precursor con escasos continuadores, entre los que cabe destacar al Gigoló Joe de Inteligencia Artificial (2001).
Mención aparte merece Andrew, el robot positrónico de la serie NDR que protagoniza «El hombre bicentenario», de Isaac Asimov. En este relato de 1976 (posteriormente convertido en novela con el título El hombre positrónico y llevado al cine en 1999), Asimov plantea la posible (probable, según él) convergencia evolutiva de los robots antropomorfos con los seres humanos.
Al igual que Pinocho, Andrew aspira a convertirse en un hombre de hecho y de derecho, y acaba consiguiéndolo. Y aunque la sexualidad no aparece de forma muy explícita ni en la novela ni en la película, Andrew acaba manteniendo una duradera relación amorosa con una descendiente del que fue su propietario.
Andrew no es una máquina sexual, sino sexuada, lo que supone un nuevo y definitivo —definitorio— salto cualitativo. Homo ex machina.
Machina ex homine
En 2017, la empresa californiana RealDoll presentó su modelo Harmony (RealDoll X), «un robot sexual con inteligencia artificial», según los promotores. Por el momento (y hasta donde sabemos), la IA incorporada a los robots sexuales es rudimentaria; pero el proceso ya ha empezado, y es imparable.
Puede que, algún día, las descendientes de Harmony lleguen del sexo a la consciencia y la empatía recorriendo a la inversa el camino de Andrew, que de la consciencia y la empatía llega al sexo. Mientras tanto, son sus usuarios los que van camino de convertirse en máquinas sexuales sin sentimientos.
La humanización de la máquina tiene su reverso oscuro —o acaso su complemento necesario— en la maquinización del humano, cuyo símbolo recurrente es el cíborg, desde la aparición, a principios del siglo XX, del Nictálope de Jean de la Hire, sin olvidar al John A. B. C. Smith de Edgar Allan Poe (a quien Stanislaw Lem rinde un irónico homenaje en su relato «¿Existe verdaderamente Mr. Smith?»).
En La nave que cantaba (1961), Anne McCaffrey nos presenta un caso extremo de ciborigización: un cerebro de mujer cuyo cráneo es una cápsula de titanio y cuyo cuerpo es una astronave. Helva que así se llama la mujer-nave, se enamora de su joven tripulante, y cuando este muere entona un conmovedor canto elegíaco en su funeral.
Y, más recientemente, Alita, heroína del manga, del anime y luego del cine con personajes reales, en un gesto sublime en el que se superponen lo metafórico y lo literal, le ofrece su valiosísimo corazón artificial a su amado. Dos cíborgs femeninos, Helva y Alita, que de alguna manera nos obligan a revisar el viejo y controvertido concepto de amor platónico. O la sexualidad misma.
El hombre bicentenario (1999).
– El sexo con las máquinas
Mundo, demonio y silicio
Como todos los seres vivos, los humanos tendemos a evitar el dolor y a buscar el placer. Tan es así que toda la conducta animal —incluida la nuestra— podría describirse en función del binomio dolor-placer.
Un binomio elemental y que genera conductas muy predecibles en el caso de los organismos más primitivos, pero que puede alcanzar enormes grados de complejidad con la irrupción de la consciencia, y, sobre todo, con la emergencia de esa anomalía evolutiva que es la metaconsciencia, o sea, la consciencia de la propia consciencia y del propio albedrío.
En el caso de los humanos, la búsqueda del placer individual (valga el pleonasmo, puesto que el placer y el dolor, aunque puedan compartirse, son experiencias subjetivas) se enfrenta a dos problemas básicos: la elección entre placeres mutuamente excluyentes y los intereses de los demás individuos, que también buscan su propio placer, y esta doble economía del bienestar —la individual y la colectiva— se gestiona mediante la religión, la ley, la ética y el control social, que ponen límites a la satisfacción plena e inmediata a la que en principio tendemos.
Estos mecanismos de regulación se concretan en una serie de mandatos y prohibiciones, cuyo incumplimiento se puede denominar —según que el marco de referencia sea religioso, legal, ético o sociocultural— pecado, delito, inmoralidad o indecencia.
Puesto que nuestras pulsiones básicas, como las de los demás animales, son el hambre, la libido y el miedo, la economía del placer y sus mecanismos de regulación se centran muy especialmente en lo relativo a la comida, el sexo y la seguridad.
Y por ello las principales religiones y sistemas filosóficos advierten contra el apetito desordenado de bienes materiales (seguridad) y placeres físicos (sexo, comida); de ahí que la avaricia, la lujuria y la gula sean «pecados capitales» que generan un amplio rechazo moral incluso entre los no creyentes. Epicuro —y con él los estoicos, los cínicos y otras escuelas filosóficas— propugna la moderación como forma de alcanzar la ataraxia o sosiego del cuerpo y el espíritu.
Y el Evangelio cristiano insiste en este mismo punto, elogiando la continencia y advirtiendo de los peligros de un mundo que nos deslumbra con sus efímeras riquezas, una carne débil que busca el placer sensual inmoderado y un taimado demonio que nos tienta con sus falsas promesas de felicidad.
Una científica revisa la primera robot sexual con inteligencia artificial.
Pero ¿Qué ocurre en los casos en que desaparecen los otros como variables de la ecuación del placer y, por tanto, la economía del bienestar individual ya no ha de tener en cuenta los intereses ajenos?
Incluso desde un punto de vista religioso, es difícil mantener el concepto de pecado si no se hace daño a nadie (el propio Jesús dijo: «Un solo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado»). Y es aún más difícil, desde el punto de vista legal, hablar de delito cuando no hay víctimas.
Este largo preámbulo, que no parece tener mucho que ver con el sexo de las máquinas, pretende servir de introducción a la siguiente cuestión: ¿qué tipo de consideraciones éticas y/o legales serían aplicables a las posibles relaciones de humanos con robots sexuales?
Es tentador adherirse automáticamente al principio de que no hay crimen sin víctima y afirmar que ninguna consideración ética o legar es aplicable, en principio, a tales relaciones (siempre que hablemos de robots no conscientes, por supuesto). Pero la cuestión es bastante más compleja de lo que podría parecer a primera vista, y está dejando de ser puramente teórica.
Ya se están fabricando —y comercializando— robots sexuales infantiles, y algunos alegan que tales «sucedáneos» pueden disminuir el riesgo de que los pederastas abusen de niños y niñas de carne y hueso; pero este falaz argumento parte de una visión extremadamente simplista de la sexualidad, que ignora sus fundamentales motivaciones psicológicas.
Un abusador es, por definición, alguien que disfruta abusando de los débiles y sometiendo a sus víctimas, por lo que un muñeco de silicona o un sexbot infantil es una incitación a la pederastia, más que un sustituto desactivador.
Y lo mismo cabe decir de los dibujos animados pornográficos con personajes infantiles (o de fácil acceso para niñas y niños): su realización no causa víctimas directas, como la grabación de abusos reales, pero sí indirectas, en la medida en que estimula a los pervertidos y confunde a los ingenuos.
El mundo-mercando con su incesante producción de artículos superfluos, el omnipresente demonio de la seducción publicitaria y el proteico silicio, en su doble vertiente de silicona que imita la carne y chips que imitan la mente, constituyen la nueva e inquietante versión del viejo trinomio evangélico mundo-demonio-carne, y tanto los creyentes como los no creyentes tendremos que enfrentarnos a problemas psicológicos, éticos y legales que hace apenas unas décadas no podíamos ni imaginar, y cuyas consecuencias a medio y largo plazo no son fáciles de prever.
The Conversation(S.L.Ortíz) — Pocas personas, tanto adolescentes como adultas, se mantienen ajenas al crecimiento de TikTok. Presente en más de 150 países, en 2021 superó mil millones de usuarios activos al mes y, a día de hoy, la red social china parece imparable.
Pero ¿en qué consiste TikTok y qué tiene de especial?
– TikTok: nacimiento, evolución y polémicas internacionales
TikTok es diferente del resto de redes sociales. El origen de esta red comienza en 2012 cuando Zhang Yiming, ingeniero de software, funda ByteDance. Justo después la empresa lanza Toutiao, un buscador de noticias y contenidos muy conocido en China.
En septiembre de 2016, aparece Douyin, la génesis de lo que hoy conocemos como TikTok. Douyin se crea como una nueva red social para compartir vídeos en formato muy corto, de solo 15 segundos de duración y rápida viralización.
En pocos meses, conquista el mercado asiático logrando 100 millones de usuarios activos y miles de descargas.
El crecimiento de Douyin resulta exponencial. A su vez, en 2017, ByteDance adquiere Musical.ly, una red social estadounidense muy popular entre los adolescentes que permite compartir fragmentos de vídeos con música, bailes y actuaciones como si de profesionales se tratase.
En 2018, Musical.ly se fusiona con Douyin. La unión de ambas empresas da como resultado TikTok. Desde septiembre de 2019 y hasta el momento, TikTok es la aplicación social con mayor volumen de descargas, superando a otras ya consolidadas como Facebook, Spotify e Instagram. De hecho, en la actualidad podemos afirmar que TikTok es la red social más demandada.
No obstante, la historia reciente de la empresa no está exenta de polémica.
En 2020, la administración de Donald Trump pidió a todos los funcionarios militares del Pentágono que eliminasen de los dispositivos móviles la aplicación TikTok, debido al riesgo de amenaza a la seguridad nacional.
Sin embargo, la prohibición nunca llegó a implementarse por razones legales. Aunque la administración de Joe Biden ha intentado reactivarla, esto no ha sido posible. En mayo, el estado de Montana prohibió –en una ley que entraría en vigor el 1 de enero de 2024– la descarga de TikTok en todos los móviles de sus ciudadanos.
Próximamente, la empresa china y el estado se encontrarán en los tribunales a propósito de esta prohibición.
Otros organismos internacionales, como la Comisión Europea y el Consejo de la Unión Europea, también han prohibido que los empleados públicos instalen TikTok tanto en los teléfonos móviles de carácter oficial como en aquellos de uso personal que estén conectados a redes oficiales de las instituciones.
Según Sonya Gospodinova, portavoz de la Comisión, esta decisión queda respaldada tras un análisis pormenorizado que vincula la ciberseguridad y la protección de los europeos frente al uso de datos de naturaleza personal por parte de TikTok.
El Parlamento Europeo incluso ha recomendado a los estados miembros que establezcan la misma prohibición en sus organismos de gobierno nacionales.
A su vez, en Reino Unido, la Oficina del Comisionado de la Información (ICO) investiga el uso incorrecto por parte de TikTok de datos e información personal procedente de niños y adolescentes. El gigante chino hace frente a una multa de unos 14,5 millones de euros debido a la escasa protección de los derechos de los menores.
– Personalización de contenidos y algoritmos de búsqueda utilizados
Al igual que el resto de las redes sociales, la personalización de los contenidos en función del comportamiento del usuario (número de “me gustas”, seguidores, contenido compartido…) es uno de los elementos más importantes en TikTok. En relación con lo expuesto, TikTok utiliza un algoritmo diferenciador que promueve la interacción activa y dinámica entre los usuarios registrados.
Para muestra un ejemplo: si un internauta visualiza muchas veces diversos vídeos, con temáticas similares pero creados por distintos perfiles, estos contenidos aparecerán en la sección personalizada “Para ti”.
De igual modo, el indicador de selección de un vídeo en TikTok vendrá determinado por dos factores. Por un lado, si el usuario ha realizado una visualización completa del contenido; es decir, si el internauta ve un vídeo en su totalidad, el algoritmo procesa y clasifica ese contenido con un criterio de máxima prioridad.
Por otro lado, el algoritmo utilizará la información descriptiva del propio vídeo, incluyendo hashtags, sonidos, filtros y ajustes.
Mención especial requieren las preferencias de los usuarios en cuanto a la ubicación, idioma y dispositivo de acceso a TikTok. La suma de todos los factores descritos deriva en que dos usuarios geolocalizados en la misma ciudad y conectados mediante dispositivos móviles a TikTok contemplen vídeos, imágenes y contenidos específicos y completamente diferentes entre ellos.
– TikTok y la inteligencia artificial
A diferencia de otras aplicaciones sociales como Facebook o WhatsApp, el algoritmo de TikTok resulta imbatible. Acierta a la hora de recomendar contenido y es increíblemente preciso al hacerlo, lo que incrementa el tiempo que los usuarios pasan en la aplicación.
Su secreto, que la empresa no ha revelado, es la clave del éxito de la red, que supera incluso a Instagram tanto en el diseño de la interfaz como en la utilización de la inteligencia artificial.
Al hilo de lo expresado, desde febrero de 2023 TikTok incluye un nuevo filtro, nunca usado hasta entonces, enriquecido por inteligencia artificial.
Se trata de “Bold Glamour”. Esta funcionalidad no solo permite cambiar las facciones del usuario haciéndolas más estéticas, sino que también marca un precedente en lo que tiene que ver con la inclusión de la inteligencia artificial en las aplicaciones sociales.
Lejos de resultar anecdótico, la polémica rodea de nuevo a TikTok. Diferentes expertos en medicina estética, psicología y neurociencia advierten que el uso no regulado de este filtro podría generar graves consecuencias psicológicas, problemas de autoestima y distorsiones en la percepción de la imagen entre la comunidad de usuarios de la red social, en particular, entre los menores de edad.
No obstante, la apuesta de TikTok por la inteligencia artificial parece firme.
Desde hace meses la compañía china trabaja en un nuevo chatbot, denominado “Tako”, capaz de responder preguntas ante las peticiones formuladas por los usuarios, además de generar conversaciones virtuales de manera directa y a tiempo real.
Todo ello gracias a la utilización eficiente de la inteligencia artificial.
Aunque la herramienta está en fase de pruebas, siendo accesible solo para un grupo de trabajadores de la compañía tecnológica, a medio y largo plazo será necesario analizar los impactos y consecuencias que ésta y otras funcionalidades integradas en TikTok generarán a nivel global.
En conclusión, el fenómeno TikTok seguirá creciendo con la misma velocidad y ritmo que la gran potencia China.
Psicología y Mente(Z.León) — ¿Qué define la traición? ¿Por qué a día de hoy, con el divorcio tan normalizado, la gente sigue engañando a sus parejas en lugar de ser honestos y terminar de forma cordial? ¿Sobre quién recae el peso ante semejante golpe para la autoestima? ¿Por qué aparece incluso en matrimonios felices? ¿Por qué en parejas abiertas, donde es consensuado por ambos miembros, siguen descubriéndose secretos que involucran relaciones con otros?
En este artículo abordaré la infidelidad y el porqué de su alta prevalencia apoyándome en los estudios sobre esta temática de una reconocida psicoterapeuta belga (Esther Perel) que ha dedicado su carrera profesional a investigar este tema a través de diferentes culturas.
La dura realidad de las infidelidades
Si hay un único comportamiento capaz de destrozar la confianza e identidad de una pareja en un instante, es la infidelidad. Y entendemos ésta como la ruptura del acuerdo de confianza entre personas. Cada pareja es libre de definir los términos de dicho acuerdo. Las hay que ponen la barrera en implicarse emocionalmente con alguien ajeno; para otros puede ser llevar una vida paralela a través de redes sociales aunque nunca haya acercamiento erótico-sexual; para otros puede ser enterarse de que su pareja acude a clubs de citas, masturbarse, coquetear con compañe@s de oficina…etc. El elemento común y siempre presente suele ser el secreto que envuelve dicha actividad.
Para continuar sería conveniente entender cómo ha cambiado el concepto de monogamia con el pasar de los años. Lo que en sus orígenes era un acuerdo basado en tener una pareja que durase toda la vida para tener la certeza sobre a quién pertenecían los hijos por cuestiones de herencia, a día de hoy se interpreta como una pareja en exclusividad durante el tiempo que dure el lazo matrimonial.
Hemos pasado socialmente de monogamia entendida como “una pareja para toda mi vida” a una visión menos limitante de “una pareja a la vez”, teniendo la mayoría de personas varias relaciones o más en el transcurso de sus vidas. Y es que así como ha cambiado el concepto de monogamia, también ha ido cambiando la visión y expectativa que tenemos sobre el amor.
Hace unas décadas no había un componente de amor tan amplio y profundo ni con tanto peso en las relaciones, en su mayoría eran sobretodo acuerdos concertados y prematrimoniales entre familias por intereses socioeconómicos. La visión del matrimonio como institución económica a dado paso a una visión más amplia e integradora del concepto de amar y su repercusión sobre el vínculo.
El amor ahora lleva implícita la carga emocional asociada a la identidad, al acto de compartir intereses, al sentido de pertenencia, al apoyo y sensibilidad de las necesidades del otro, la admiración hacia la pareja, la estabilidad, la intimidad, el erotismo… No nos vinculamos a modo de trámite o mera conveniencia social, si no como un acto de voluntad.
¿Por qué hay infidelidades en parejas felices?
Cuando el matrimonio no era más que un acuerdo concertado, la infidelidad podía causar estragos a nivel económico. Hoy día, que la pareja es cuidadosamente elegida como parte de nuestro proyecto futuro a nivel de identidad, amor, pertenencia, compromiso y complicidad; la infidelidad amenaza nuestra integridad pudiendo herir fuertemente nuestra autoestima, estabilidad emocional y confianza no solo hacia otros sino en uno mismo.
Cuando elegimos a alguien como compañero de vida, queremos que sea el mejor padre o madre, buen confidente, buen amante, divertido, con principios y valores que coinciden conmigo y admiro…, en definitiva, elegimos a la persona que encaja emocional, espiritual e intelectualmente.
Cuando esa persona responde de forma recíproca, yo me convierto a su vez en el/la elegid@. Se proyecta sobre mí todo cuanto he idealizado sobre mi pareja. Soy especial, al menos, tanto como él/ella. De esta forma la infidelidad destruye al amor, y con ello, el ideal que este proyectaba sobre mi identidad.
“Yo pensaba que estábamos bien, creía que te conocía, que me conocía. Que sabía quiénes éramos como pareja. Estaba equivocado, ¿Puedo creer de nuevo en ti? ¿Me puedo volver a fiar de otr@? ¿Cómo puedo confiar de nuevo? Si no entiendo ni como ha pasado ¿Qué estaba mal? Me he equivocado, ¿entonces cómo puedo confiar tan siquiera en mí?”
Esto, como vemos puede desembocar en una pérdida del concepto que se tiene sobre sí mismo, una crisis existencial. La premisa de la que parte el razonamiento general es: “Si mi pareja me ha sido infiel, algo fallaba en la relación y/o algo fallaba en mí. Si tiene todo lo que necesita conmigo, ¿por qué me ha traicionado y engañado después de tanto tiempo?”
La realidad, es que millones de personas son infieles a lo largo de todo el mundo. Teniendo la posibilidad de poner fin a una relación a tiempo y divorciarse, las personas siguen cometiendo traiciones y trasgresiones contra quienes han elegido para compartir su vida. Si personas satisfechas con sus relaciones de pareja transgreden contra la confianza construida, si aunque se acuerde de forma mutua el establecimiento de una relación abierta la gente sigue engañando a sus parejas… ¿Dónde está la explicación? A riesgo de perder sus familias, de actuar en contra de sus propios valores, hay personas que no evitan cometer adulterio.
En el transcurso de una aventura, estas personas encuentran conexión, novedad, libertad, vitalidad, adrenalina, euforia, algo que les devuelve la sensación de estar vivos. El estremecimiento de imaginar un beso clandestino es tal, que hay personas que quedan secretamente atrapadas en el juego de la seducción a expensas de arriesgarse a perder su pertenencia al núcleo familiar que llevan construyendo años.
Cuando la existencia de alguien está carente de propósito, cuando alguien lleva años viviendo por inercia desconectado de sí mismo, perdiendo dinamismo, actuando de forma complaciente sin atender a sus propios deseos, perdiendo su sentido de la autonomía, de ejercer la libertad de decidir cómo vivir cada día de forma que su vida adquiera sentido; se enfrentan que no quieren mirar de frente.
¿Es esto todo lo que me quedaba por vivir? ¿Voy a vivir así cada día hasta que deje de existir? ¿Voy a pasarme 30 años más trabajando, comiendo y descansando sin más? ¿No voy a volver a sentir de nuevo lo que alguna vez sentí? No es tanto la búsqueda de otro, lo que atrae a esas personas es la búsqueda y el anhelo de otro “yo”. Estas personas refieren que en medio de una aventura “sienten que han vuelto a la vida”.
Es posible que las aventuras se escondan tras esa necesidad se sentirse vivo más que tras un mero instinto de tener sexo. Desean volver a sentirse vistos, especiales, elegidos, escuchados, atendidos…la adrenalina que despierta el deseo de lo prohibido y la necesidad de descubrir y exploración del ser humano atenúan la desidia con la que llevan viviendo años. Se sienten atrapados en una vida insulsa, la viven como una camisa de fuerza y en alguna que otra ocasión sienten una fuerte pulsión por escapar.
Conclusiones
Ahora bien, la infidelidad puede ser el punto final de una relación que ya estaba muerta, lo cual, puede dar la posibilidad de una nueva vida a la persona afectada una vez que sane sus heridas. Estas pueden sanar, y si la ruptura se ha vivido como traumática, aconsejo ponerse en manos de un profesional con alta carga ética en su trabajo para llevar a cabo este proceso de reconstrucción.
La infidelidad también puede ser una invitación o llamada de atención para cambiar la vida de una pareja y crecer en este proceso. No deseamos una crisis, pero una vez que nos encontramos sumidos en una, convertirla en una oportunidad para salir fortalecidos y no conformarse con la mera supervivencia, puede ser lo más inteligente.
Una vez la infidelidad ha sido expuesta, tomar acción y cambiar la situación es lo único que nos pondrá en movimiento para una vida mejor. Entender no significa en absoluto justificar, pero es necesario para movilizarse y dejar atrás las dudas y los sentimientos de culpa. Es necesario para poner esa energía en sanar.
Reaviva tu deseo por la vida, recupera tu erotismo, drena tus heridas y genera el aprendizaje y coraje para el desarrollo de un “yo” renovado. La culpa, la obsesión, el dolor, las noches en vela, la curiosidad por los detalles morbosos de la aventura, el remordimiento, la desconfianza…no son lugares en los que quedarse a vivir. Estás en tu derecho a elegir el legado que una infidelidad dejará en ti.
JotDown(A.García)/aceprensa(H.F.Vallejo) — Pocas aplicaciones debe haber más populares que Tinder, referencia indiscutible en el ámbito de las relaciones por internet, por lo que resulta tediosa cualquier introducción de más de un par de líneas.
Pocas también tan polémicas o que susciten tantas posturas encontradas entre usuarios y opinión pública en general; a los prejuicios tradicionales sobre usar una aplicación para citas — aún hay quien siente vergüenza al decir que conoció a su pareja en Tinder— se le han añadido otros debates sobre los desconocidos algoritmos de la aplicación, acusados de promover el sexismo o de clasificar los perfiles según su deseabilidad, la fama de aplicación de sexo casual que ha adquirido y, lo que es quizá la queja más corriente, la frustración, el cansancio y la sensación de desesperanza que generan entre muchos usuarios.
A pesar de ello, Tinder sigue batiendo récords incluso durante la pandemia, cuando experimentó un notable aumento de actividad debido al confinamiento.
¿Es una aplicación demoníaca que solo sirve para perder el tiempo y estafarnos o realmente funciona? Para responder esta cuestión, la mayoría de artículos en la red se centran en la app y su funcionamiento, y bastante menos en el uso que le damos los humanos, un campo donde la psicología tiene mucho que decir.
La máquina de jugar
La principal característica de Tinder es su enorme facilidad de uso; en pocos minutos después del registro estamos ya moviendo el dedo a izquierda y derecha, seleccionando quién nos gusta y quién no.
Es una aplicación perfectamente gamificada, que se basa en mecanismos de gratificación inmediata; la activación continuada del sistema de recompensa, unida a una respuesta variable —no siempre haremos match, pero sabemos que hay esa posibilidad—, nos puede llegar a enganchar sin remedio.
Sí, es el mismo principio que rige en las adicciones y el Candy Crush, el sistema de recompensa variable.
La experiencia de usuario entre conseguir un match o cazar un Pokémon no es muy diferente, pero en el primer caso tiene implicaciones más profundas: muchas personas llegan a convencerse de que ya han encontrado a alguien, cuando lo que tienen no es más que un contacto.
No le gustas tú, le gusta tu perfil; lo demás necesita aún confirmación, dedicación y habilidades sociales. Esta distinción básica, que ahorraría cientos de fotopollas, puede pasar desapercibida en el océano inabarcable de opciones que nos ofrece Tinder. Tantas, que un uso poco selectivo podría llevarnos a la situación de tener que manejar decenas de matches.
Y ya sabemos lo que pasa cuando manejamos demasiados bloques de información: que nos saturamos. Cuando se empieza a coleccionar contactos, pocos piensan en que después les va a tocar mantener conversaciones. Con el bombardeo de estímulos, es fácil olvidar la vieja regla de no morder más de lo que se puede tragar.
En el otro extremo del espectro se encuentran quienes a duras penas consiguen un par de contactos cada varios meses; en este caso lo más probable es que tanto el perfil como la estrategia sea bastante mejorable.
El ataque de los clones
Hacerse un perfil de Tinder parece algo muy sencillo, pero requiere cierta reflexión previa que no siempre se realiza. Independientemente de la motivación —ya sea pura curiosidad, sexo casual o una relación seria—, la manera en la que nos presentamos al mundo tiene gran importancia.
En entornos online esta auto presentación muestra ciertas particularidades, porque el medio permite un mayor control de la información que damos —si se quiere decir así, nos hace más fácil manipularla—; seguimos un «modelo hiper personal» que va más allá y es más deseable socialmente que el viejo cara a cara. En otras palabras, nuestra imagen online tiende a estar deliberadamente mejorada con respecto a la realidad.
Existen dos estrategias principales de autopresentación entre humanos que también aplican a la hora de fabricarse un perfil: la primera opta por el sesgo de deseabilidad social, exagerando aquello que creemos que va a resultar más atractivo a nuestra audiencia.
Esta vía tiene sus riesgos, ya que pasarse en el embellecimiento nos acerca peligrosamente a la deshonestidad. Lo que nos coloca de lleno en el segundo criterio de presentación, el de la consistencia y la fiabilidad. Por otra parte, excederse en autenticidad nos puede restar atractivo si ofrecemos información fuera de contexto, desagradable o innecesaria.
Escoger el grado de compromiso entre dar una imagen positiva y resultar auténtico no es una elección sencilla, aunque es crucial en la fabricación de un perfil. Los estudios no se ponen de acuerdo en cuál de estas políticas es más efectiva, aunque algunos apunten hacia la honestidad.
El papel de la audiencia es esencial, puesto que el grado de manipulación de la autopresentación aumenta cuanto más importante nos parezca o menos idea tengamos de lo que esperan. Justo lo que nos encontramos en Tinder, una espesa niebla al otro lado.
No tenemos ni idea de quién ni cuántas personas nos ven, así que a todos los efectos es un público imaginario; si optamos por intentar agradar al mayor número de personas posible, es muy probable que nos quede un perfil genérico sin demasiada sustancia, patrones tipo «escalador», «yoga en la playa» o «amiga de sus amigos», de esos a los que «les gusta salir y pasárselo bien» y «odian la mentira».
Sobre todo, si además hemos optado por ser demasiado prudentes a la hora de hablar de nosotros mismos. Aunque todavía no están suficientemente estudiados, este tipo de perfiles clónicos suelen estar muy bien identificados en la cultura popular.
Todos mienten
Uno de los memes más habituales sobre Tinder y demás apps es la idea de que todo el mundo miente, posiblemente derivada del hecho de que la mayoría tiende a elegir la estrategia de la deseabilidad. Algunos estudios llegan a cifrar en el 80 % el porcentaje de perfiles que engañan en algunas características.
La falsificación deliberada, el troleo, la misoginia o el abuso verbal son algunos de los comportamientos antisociales más estudiados en Tinder.
Aunque no estamos exentos de encontrarnos individuos de la llamada «tétrada oscura» —narcisistas, sádicos, psicópatas o maquiavélicos—, a quienes los costes de ser etiquetados de mentirosos les preocupan más bien poco, lo más común es pasarse de frenada a la hora de adornar nuestra imagen.
No siempre a propósito; de lo que me haya autoconvencido también te voy a hablar en mi perfil, nadie está libre de disonancias. Aceptando que es una práctica común y recomendable tratar de mostrar mi mejor versión ante personas desconocidas —aunque no salgamos a ninguna parte, en Tinder también nos «arreglamos para salir»—, la idea sería que el grado de discrepancia entre mi «yo aumentado» y lo que llevaré a la cita real sea aceptable.
Ponerse bonito
La premisa del «perfil como promesa» parte de la base de que lo que muestro es una versión mejorada factible de mí mismo, contrapesada por la fiabilidad. Puede que me falten tres meses para acabar el máster o que ya no lleve barba, pero eso son diferencias salvables de importancia relativa. Tener quince años o kilos más de los declarados ya es harina de otro costal.
Es básico tener en cuenta a quién nos queremos dirigir. Parece evidente que la estrategia de la cantidad nos empuja hacia clichés generales, que pueden funcionar si mi atractivo superficial es grande, pero esto implica darle poca relevancia a quien esté al otro lado y a la calidad del contacto.
En este sentido, no hay que perder de vista que los criterios principales para seleccionar un perfil son la similaridad y la autenticidad. Pensar en qué nos gusta realmente y transmitirlo con sinceridad nos puede ayudar a llamar la atención de personas que tengan inquietudes parecidas, a la vez que resultamos confiables.
Mostrar rasgos personales que nos alejen de un cliché y nos personalicen es una vía a considerar; mucho mejor un texto divertido que escribir «tengo sentido del humor». Una opción interesante a la que se recurre poco es pedir ayuda a aquellos que nos conozcan bien y puedan ayudarnos a plasmar nuestras mejores cualidades, o al menos asesorarnos en el proceso.
Hombres y mujeres y viceversa
No es una sorpresa que en Tinder haya grandes diferencias de comportamiento y experiencia de uso entre usuarios masculinos y femeninos.
Los datos publicados recientemente en redes sobre el uso por género arrojan algo de luz a fenómenos que muchos usuarios no tienen en cuenta a la hora de explicarse su trayectoria en la aplicación; la mayoría de los usuarios gratuitos de Tinder son hombres, y son mucho menos selectivos que las mujeres a la hora de dar likes.
Esta baja discriminación conlleva una tasa de «conversiones» en match muy pobre. En líneas generales, una mujer puede —y necesita— ser muy selectiva para no verse abrumada con cientos de chats —o aprender a practicar el borrado o el ghosting masivo antes de caer sepultada en un mar de conversaciones—, mientras que el masculino practica la «tirada de caña industrial» al tiempo que cosecha muy pobres resultados.
Todo ello a pesar de que el mecanismo de like mutuo se introdujo precisamente para favorecer contactos de mejor calidad con respecto a herramientas anteriores.
En cuanto a las tendencias, hay evidencia de que los hombres mienten más que las mujeres y se fijan más en el aspecto físico, mientras que ellas tienden a valorar más el estatus social y la información más detallada. Como consecuencia, ellos tienden a mentir más sobre su estatus y ellas sobre su físico.
¿Y qué ocurre con otros géneros u orientaciones sexuales? ¿Influye en mis pautas mi sexo y mi género, o más bien lo que me atrae?
En realidad, es una pregunta que no se puede responder con garantías, ya que los estudios disponibles solo concluyen que entre las minorías sexuales el uso de apps de citas es mayor, siendo Tinder la favorita del público heterosexual.
La mayoría de estudios disponibles no heterosexuales se han realizado sobre hombres que buscan hombres, pero en la plataforma específica Grindr, por lo que faltan estudios comparativos por género y orientación. Sigue habiendo toda una zona gris alrededor de esta cuestión.
De algoritmos, gallinas y huevos
Las implicaciones de estas diferencias de género plantean preguntas interesantes para feroces debates entre psicólogos de todo pelaje. ¿Son un reflejo de patrones genéticos, de conductas adaptativas, de tradiciones culturales o es resultado de una manipulación por parte del misterioso algoritmo de inteligencia artificial de Tinder?
Son muchas las voces que se han alzado para señalar que el criterio de presentación de los perfiles que Tinder realiza está basado en una inaccesible puntuación ELO, calculada en función de parámetros desconocidos.
Algunos investigadores han intentado obtener más datos sobre esta cuestión: en El algoritmo del amor, Judith Duportail acaba accediendo a su índice de deseabilidad al tiempo que se encuentra un muro de desmentidos y silencios por parte de la compañía.
Al parecer, el algoritmo clasificaba en función de atractivo percibido —medido en likes recibidos—, pero además también incluía información deducida del perfil sobre estatus social, formación e intereses.
La patente del algoritmo descubierto tendía a presentar mujeres más jóvenes y con mejor formación a los hombres etiquetados como más deseables, mientras que al revés no ocurría lo mismo, con lo que contribuía a sostener desigualdades de género y estereotipos sexistas.
Las inteligencias artificiales no dejan de ser sistemas de aprendizaje automático que deciden en función de unos criterios e identifican tendencias, por lo que cualquier sesgo en su diseño puede provocar que apuntalen estos supuestos de partida, por discutibles o artificiales que sean, y esto sea confundido con una «realidad» preexistente, a la que muchas personas podrían dar carta de naturaleza.
Una IA diseñada por un racista puede ser entrenada para comportarse de forma racista y favorecer patrones racistas. ¿Significa que los humanos somos racistas? Un debate apasionante más sobre la gallina y el huevo, genética o ambiente.
Tinder reaccionó rápidamente en 2019 descartando el algoritmo original y anunciando nuevos criterios de puntuación basados en la actividad, la localización y el comportamiento del usuario.
Así que como usuarios de la aplicación lo único que podemos hacer es un uso responsable y educado de Tinder; tener un perfil con fotos bonitas, texto y datos adicionales, dar like solamente a quienes nos gusten de verdad —revisar nuestros criterios es importante—, hablar con los matches que hagamos.
Cuanto más tiempo pases en Tinder, la app te lo recompensará. Lo cual tiene su reverso tenebroso, claro está.
Working in a coal mine
Un uso desproporcionado de Tinder comporta efectos colaterales más allá de tenernos la mar de entretenidos, puesto que lo que estoy poniendo en juego es, además de mi tiempo —que ya es mucho—, todo lo que involucra relaciones personales de tipo romántico: mi cuerpo, mis sentimientos y mis ilusiones, además de las de otras personas.
La implicación excesiva o el consumo compulsivo de citas suelen llevar a un carrusel de dolorosos ciclos de expectativa-decepción-rechazo que administrados muy seguido nos van a generar ansiedad, tristeza, baja autoestima o desesperanza. Ya existen estudios que demuestran mayores niveles de malestar emocional en usuarios de apps basadas en deslizamiento de perfiles.
En el caso de que tengamos relativo éxito, explorar todas las opciones posibles hace necesario un departamento de recursos humanos entero para gestionar nuestra agenda; pretender hablar o quedar con todo el mundo nos conducirá al agotamiento y la saturación.
Es necesario estar preparado para poder hacer renuncias rápidas sin culpa —los «por si acaso» y demás cabos sueltos consumen tiempo y distraen la atención— y manejarse bien con la frustración cuando no se pueden encajar las piezas como se desearía.
Y es que un aspecto poco reseñado de Tinder y similares es, a pesar de su sencillez intuitiva, la amplia y repetitiva dedicación que requiere este formato: cada contacto potencialmente valioso arrastra detrás un historial de seleccionar perfiles, dar likes y esperar matches que es solamente el punto de partida.
Suponiendo que pasemos el filtro de la comunicación online, después toca pasar a la vida real —un plazo que conviene no alargar mucho para evitar el riesgo de idealización— y a partir de ahí, ver si prospera.
Ahora multipliquemos este proceso por cinco o diez. Si no disponemos de mucho tiempo libre, quizá lo mejor sea dosificar nuestras excursiones por la herramienta para evitar que nuestro día a día se vea muy distorsionado.
Eppur si muove
Y, sin embargo, Tinder funciona. Los datos de Rosenfeld para Estados Unidos (2019) indican que un 40 % de las parejas heterosexuales se conocen por internet en 2017. Para minorías sexuales el porcentaje es bastante mayor, ya que el entorno online les permite protegerse parcialmente de los peligros de la discriminación.
Algunos estudios apuntan al uso de Tinder como factor predictor de una mayor tasa de éxito a la hora de formar relaciones románticas.
Encontrar una pareja en Tinder es factible a pesar de las dificultades, especialmente si no disponemos de acceso a entornos donde conocer personas nuevas, aunque nos cueste —cada vez menos— reconocer en público que nos conocimos en un lugar «tan poco romántico».
Afortunadamente, el prejuicio se bate en retirada; lo importante en una relación no es, ni de lejos, las circunstancias en las que sus miembros se conocen, salvo en las películas; que te presente un amigo u os conozcáis en el trabajo tampoco es muy glamuroso y hasta ahora nos hemos apañado con ello.
La paradoja de Tinder
Con 530 millones de descargas hasta la fecha a nivel mundial, Tinder se ha convertido en un fiel ayudante para encontrar el amor. O, al menos, una cita. Sin embargo, hay una paradoja que se hace cada vez más visible: aun con tanta descarga, la generación que más la utiliza está cada vez más sola y, además, no la usa para quedar.
Ellos tardan 7,2 minutos en entrar y salir de la aplicación; ellas, 8,5 minutos. Un comportamiento que se repite once veces al día: log in, swipe, log out. En total, los habituales de Tinder dedican una media de noventa minutos al día a navegar por una aplicación que incita a “swipear a la derecha” y probar suerte.
Su funcionamiento es bastante sencillo; consiste en evaluar perfiles a través de una foto y una breve descripción, y pasarlos mediante un deslizamiento: hacia la derecha, en caso de interés; hacia la izquierda, en caso de rechazo. Si coincide que dos personas se han deslizado mutuamente hacia la derecha, ¡es un match!
Diseñado como un juego en el que vas intercambiando cromos y en el que luchas por la victoria, que se materializa en un match –cuantos más, mejor–, hay usuarios que incluso han llegado a pasarse Tinder: han hecho tantos swipes a izquierda y derecha, que han alcanzado ese lugar donde “ya no quedan más solteros en tu zona”. Según datos de Tinder, el récord de swipes en un día se sitúa en 3.000 millones, precisamente, el 28 de marzo de 2020.
Además, no solo va en aumento la cantidad de usuarios activos en Tinder. Según datos de la empresa, en 2021 la media fue de 75 millones de usuarios mensuales, pero también el número de personas que pagan una suscripción premium –Tinder+, Tinder Gold y Tinder Platinum– para tener mejores posibilidades en el universo del match ha visto un considerable aumento.
Desde que Tinder abrió esta senda y presentó la primera modalidad de suscripción en 2015, las cifras avalan su demanda: 2015 cerró con 300.000 suscriptores; 2021, con 9,6 millones.
¿Pero no quedamos?
Desde su lanzamiento en 2012, Tinder ha sido percibido –y, en gran medida, usado– como una plataforma facilitadora de encuentros sexuales casuales. La “novedad” que introdujo con su aparición fue que, mediante su función de geolocalización, estos encuentros se podían dar con gente desconocida, pero que estuviese cerca. Sin embargo…
Sin embargo, puede que esta ya no sea su función. En 2021, la edad de más del 50% de los usuarios de Tinder en EE.UU. oscilaba entre los 18 y 25 años —los llamados GenZ—, los que nacieron con un iPhone en una mano y una tableta en la otra, los que crecieron jugando a Sims y a Super Mario Galaxy. Paradójicamente, esta es también la generación que, según algunas encuestas y artículos alarmados, menos sexo tiene y más sola está.
Una encuesta realizada por LendEDU a casi diez mil estudiantes planteaba la siguiente pregunta: ¿por qué usas Tinder? El 44% respondió que era un pasatiempo que elevaba la autoestima; un 22% contestó que era para encontrar algo de una noche y tan solo el 4% confesó que estaba buscando una relación. Es decir, la mayoría no usa esta aplicación para buscar sexo…
La soledad en un mundo de apps
Noreena Hertz, economista británica y autora de The lonely century, plantea que la disminución de la actividad sexual se puede entender como síntoma de una epidemia de soledad mucho más amplia.
Un informe publicado a finales de 2021 que investigaba sobre el estado de soledad de los australianos halló que uno de cada dos centennials (54%) y millennials (51%) se sentían solos habitualmente, una cifra mucho más elevada que la de otras generaciones.
En un estudio de la empresa estadounidense Cigna, que investigaba la soledad en los trabajadores, se manejan unas cifras aún más elevadas: entre los trabajadores de 18 y 22 años, el 73% informó que a veces o siempre se sentían solos, frente al 69% del año anterior.
Con estas tasas de soledad no resulta extraño que los jóvenes busquen vías alternativas para conectar con otras personas, para sentirse menos solos y, por qué no, quedar y conocerse en persona. Por ejemplo, a través de Tinder. Sin embargo…
Sin embargo, los encuentros offline a través de Tinder no son tan habituales como cabría suponer.
Un estudio publicado por Evolutionary Psycological Science, sobre los jóvenes noruegos usuarios de Tinder, llegó a esta conclusión: hace falta un elevado número de matches para conseguir una pequeña cantidad de encuentros, lo que reduce aún más la posibilidad de un encuentro sexual o posible pareja sentimental.
Además, según la encuesta previamente mencionada de Lend EDU, el 71% de los usuarios encuestados respondió que nunca habían quedado con alguien a quien hubiesen conocido a través de la aplicación.
Igualmente, los usuarios pasan de media noventa minutos en la aplicación swipeando, pero también escribiendo, chateando, teniendo esa –hasta cierto punto, pretendida– intimidad con un desconocido. Una intimidad que en la mayoría de los casos no lleva a un encuentro, sino que se queda en simples palabras escritas en una pantalla.
Tal vez, porque esta pretendida confianza ya pone un pequeño parche sobre la soledad sentida. O, tal vez, ¿Por qué es más seguro?
Con una pantalla de por medio, mejor
Un mundo completamente digitalizado, libremente planificable a nuestro gusto y antojo por diferentes apps, sin roces, sin imprevistos ni malentendidos ni conflictos, es un mundo que refleja –que hace sentir– una artificiosa seguridad.
Cabe la posibilidad de que, como en otros aspectos de la vida (comida, trayectos, compras, deporte) se pretenda que una aplicación solucione sin ningún tipo de problema la demanda que se tiene. Una relación, un flirteo, sexo casual. Todo, desde la autoprotección que proporciona la seguridad de la pantalla, una seguridad sin fricciones.
Pero es aquí precisamente donde tenemos la paradoja de Tinder. Al parecer, ahora estar solo es más “seguro”, porque la incertidumbre paraliza y un paso en falso puede salir caro. Según un estudio de 2020 del Pew Research Center, el movimiento #MeToo afectó a la forma de comportarse de los hombres.
O, dicho de otra forma, causó cierta confusión en el sexo masculino, porque según el informe, un 65% de los encuestados ya no sabían cómo interactuar con la persona con la que estaban en una cita. Y también para las mujeres, debido a los nuevos comportamientos agresivos extendidos por la pornografía, estar solas resulta más seguro.
Tinder maneja y amplifica perfectamente estos dos mundos opuestos: miedo a la soledad –por eso, Tinder– y miedo a la falta de seguridad –por eso, Tinder–.
Es el tablero perfecto sobre el que “jugar” porque facilita unas condiciones idóneas para los tiempos que corren: el consentimiento es más que claro, porque la conversación es bidireccional; en gran medida se queda solo en un flirteo que borra temporalmente la soledad y sube la autoestima; y, en su mayoría, no se llega al encuentro físico, lo que evita malas experiencias y, ante todo, preserva la integridad física –sobre todo, de las mujeres–.
Podría decirse que Tinder se ha convertido en una especie de WhatsApp que permite tener contacto con completos desconocidos, pero donde el anonimato y la distancia protegen al usuario de ser vulnerable al otro: la intimidad es parcial. Es decir, la seguridad es total. Todo está claro. Sin embargo…
Sin embargo, ¿Qué tipo de relación humana se desarrolla así? ¿En qué momento se pueden manejar y predeterminar y controlar las condiciones bajo las que se desarrollan las interacciones entre dos personas? ¿Dónde queda en toda esta situación que afecta más a los jóvenes –menos sexo, más soledad, un mundo digitalizado, necesidad de seguridad– la corporeidad que se requiere para entablar una relación humana?
IGLUU(L.F.Melero/The Conversation) — Tenemos la impresión de que todos percibimos el mundo de igual manera. Y cuando hablo de percibir no lo hago en sentido metafórico: me refiero a la manera que tiene nuestro cerebro de interpretar aquello que nos rodea.
No obstante, algunas personas tienen experiencias perceptivas fuera de lo común, extraordinarias. Por ejemplo, un individuo que escucha una melodía y le “sabe” a crema de champiñón, o que al oír una nota musical la “ve” en color púrpura, o que incluso “siente” como si le pellizcaran en la mejilla cuando ve que a otra persona realmente le pellizcan la mejilla.
Es lo que llamamos sinestesia, una palabra que tiene su raíz en el griego: sin significa unión y estesia significa sensación. Es decir, unión de sensaciones. Estos ejemplos indican que existen numerosas formas de sinestesia
– Cuando los sentidos se cruzan
Esas uniones entre sentidos también ocurren dentro de una misma modalidad sensorial. Por ejemplo, letras, números y palabras pueden verse en colores. Hay quien ve los meses del año formando un círculo y cada mes en un color distinto. Cuando se le pregunta a la persona dónde detecta el color, su respuesta suele ser del tipo “en ningún sitio, es como si mi mente tuviese un ojo”.
Cuando el color no está ubicado en un sitio concreto de la imagen percibida, hablamos de sinestesia asociativa. Otras personas, por el contrario, ven la letra o la palabra como si la hubiesen pintado de un determinado color: a este tipo de sinestesia se le denomina proyectiva.
En el pasado, estas personas eran consideradas bichos raros, mentirosas o, peor aún, drogadictas o enfermas mentales. Conocer que este tipo de percepción no constituye ninguna enfermedad supuso una gran liberación para muchas de ellas.
– Ni manías absurdas ni patologías mentales
Cuando le expliqué a un profesor que su “absurda manía” con los colores, como le reprendía su madre, le ocurre a muchas otras personas y no es ninguna alteración, se quitó un gran peso de encima. Eso mismo le ocurrió a una chica muy preocupada cuando le expliqué que las visiones que tenía en el momento del orgasmo eran experiencias sinestésicas, y que no tenían que ver con ninguna alteración cerebral.
En muchos casos, los sinestetas descubren por casualidad que no todos tenemos ese tipo de experiencias perceptivas. Se sorprenden y, de repente, preguntan cosas como: ¿pero a ti esa melodía no te sabe a carne a la brasa?
Aunque la sinestesia no es muy frecuente, hay muchos sinestetas en el mundo del arte. Por ejemplo, para Kandinsky el sonido de la tuba era de color bermellón, el compositor Franz Liszt veía distintos tonos musicales en diferentes colores y Vicent Van Gogh veía colores cuando tocaba el piano, algo que el pintor interpretó como una manifestación de su locura. Actualmente, cantantes como Lady Gaga, Ed Sheeran o Miguel Bosé también dicen ser sinestetas.
– La sinestesia no es una asociación aprendida
A veces relacionamos palabras con diversos colores, pero eso no es sinestesia. La palabra navidad nos sugiere el color blanco en alusión a la nieve que cae en esa época del año, y la palabra realeza el color azul, por aquello de tener sangre azul. Tampoco tiene nada que ver con la sinestesia que usemos frases metafóricas como “pasé un día amargo”.
La ciencia nos dice que la sinestesia es el resultado de conexiones entre neuronas que ocurren de forma automática, está presente desde la infancia y es estable a través del tiempo. También nos dice que puede heredarse, aunque nuestras experiencias en la tierna infancia pueden influir en el tipo de sinestesia.
Es curioso que, cuando estas palabras aparecen en un anuncio publicitario o una revista en un color distinto a como el sinesteta las ve normalmente, les produce una sensación desagradable, como si les molestara a la vista.
Pero la sinestesia también puede ser de gran ayuda. Una estudiante universitaria me comentaba que sus percepciones sinestésicas le ayudaban a recordar mejor a la hora de realizar los exámenes. Algunos estudios sugieren que los sinestetas suelen tener una mejor memoria que los no sinestetas.
– Explicaciones de las experiencias sinestésicas
Cuando se estudia el cerebro de personas sinestésicas, se observa que algunas partes que responden al color también se activan cuando el color no está presente. Esto puede explicar por qué en este tipo de sinestesia ocurre esa visión de color.
Para algunos investigadores todos nacemos sinestetas, es decir, con conexiones neuronales atípicas entre distintas partes del cerebro. Con el tiempo, sabemos que se produce una poda en el cerebro que hace que muchas conexiones neuronales desaparezcan. Es posible que en algunas personas esa poda no sea completa, de modo que algunas de esas conexiones se mantienen intactas, dando lugar a las experiencias sinestésicas.
Para otros investigadores, dichas conexiones están presentes en todas las personas pero inhibidas, excepto para los sinestetas quienes, por algún motivo que desconocemos, las mantienen activas. Si las conexiones están en todas las personas, cabe preguntarse si alguien que no es sinesteta puede experimentar percepciones sinestésicas.
– ¿Se puede generar sinestesia temporal con hipnosis?
Hace algunos años tratamos de responder a esa pregunta utilizando la hipnosis. Personas muy sugestionables fueron hipnotizadas. Durante la hipnosis se establecieron asociaciones entre algunos números y algunos colores, lo que suponíamos que produciría percepciones sinestésicas tras despertar de la hipnosis.
Esto fue precisamente lo que ocurrió. Eso nos condujo a la siguiente conclusión: si las percepciones sinestésicas pueden crearse y luego desaparecer durante el tiempo que dura un experimento, está claro que las conexiones neuronales que las producen deben estar presentes. A través de la hipnosis simplemente conseguimos desinhibirlas.
Estos estudios científicos nos ayudan a entender mejor en qué consiste la sinestesia, y demuestran que se trata de una experiencia perceptiva fascinante que enriquece a aquellos que, de forma natural, la experimentan.
La Mente es maravillosa(E.Sanz) — ¿Alguna vez has escuchado esa idea de que todo llega y todo pasa? Pues bien, existe un modelo teórico que explica esto con mayor detalle. La teoría del proceso oponente sostiene que, cuando un evento o estímulo despierta en nosotros una emoción, esta, con el paso del tiempo, da lugar a otra emoción contraria o antagónica.
Es una situación que se produce debido a que nuestro organismo está diseñado para regularse y crear un equilibrio emocional. Por tanto, puede conducir a que los momentos de felicidad tengan un límite o a que aquellos instantes que nos entristecen se vean disipados por emociones positivas. Continúa con esta lectura para que conozcas más detalles.
– Teoría del proceso oponente
Esta propuesta fue elaborada por los psicólogos Richard Solomon y John D. Corbit, en 1978. Para formularla, tomaron como base el modelo del fisiólogo Ewald Hering sobre la percepción visual humana. La conexión radica en la idea de que el cerebro procesa información sensorial en términos de dimensiones opuestas.
De seguro, en alguna ocasión comprobaste que, tras ver por largo tiempo una imagen de un color, cuando desvías tu mirada a un fondo blanco, percibes de inmediato el color opuesto al primero. Esta es la base de la teoría de los colores oponentes de Hering y es la que Solomon y Corbit adaptaron al campo de la motivación y las emociones.
Aunque el nombre de la teoría resulte abstracto, la propuesta es sencilla: a cada emoción que experimentamos le sigue otra de signo opuesto. Es decir, si un evento nos produce placer o felicidad, pronto se activará en el organismo una respuesta compensatoria de displacer. Y viceversa.
Por ejemplo, si experimentamos una emoción de valencia negativa, como la tristeza o el miedo, nuestro cerebro activará un proceso oponente que trabajará para contrarrestar esos sentimientos negativos y restablecer un estado de equilibrio emocional.
Dado que las personas son propensas a experimentar sensaciones positivas y placenteras y tratan de evitar aquellas negativas o desagradables, el organismo plantea un proceso que lo que busca es el equilibrio. Por lo mismo, si en un momento algo nos genera una emoción de determinada polaridad, se desencadenará una reacción contraria que nos devuelva la homeostasis.
. ¿Cómo funciona?
Hay varios principios que se cumplen para dar lugar a esta teoría, los cuales enlistamos en seguida:
La respuesta a los estímulos sigue un patrón bifásico. Es decir, en una primera fase surge una emoción determinada (A), que nos saca de la neutralidad y va cogiendo intensidad. En cambio, en una segunda fase, aparece la emoción de polaridad contraria (B).
La primera emoción que se desencadena va perdiendo fuerza de modo progresivo, a medida que estamos expuestos a ese estímulo.
La emoción contraria aumenta al mismo ritmo que la primera decrece, logrando contrarrestarla y devolviéndonos el equilibrio.
Una vez que se retira el estímulo que despertó la respuesta, la emoción primera cesa. No obstante, la segunda (derivada del proceso oponente) permanece un tiempo antes de alcanzar de nuevo la neutralidad. Esto se conoce como postreacción afectiva.
Como ves, las emociones negativas y positivas se regulan entre sí, lo cual es de bastante utilidad. Tengamos en cuenta que una emoción, en su vertiente adaptativa, es una breve señal que nos indica que algo relevante sucede, pero no debe permanecer activa por mucho tiempo una vez ha entregado su mensaje.
Por ejemplo, pensemos en el estrés intenso y sostenido en el tiempo. Si se presenta en un momento puntual, por decir, ante un peligro que nos ayuda a afrontar, es algo beneficioso. Por otro lado, cuando se vuelve crónico, destruye nuestra salud física y mental.
Para ayudar a regular la activación que nos producen las emociones es que actúa el proceso oponente, contrarrestando y permitiéndonos recuperar el centro.
. ¿En qué contextos aplica?
Esta teoría puede verse en funcionamiento en multitud de situaciones cotidianas. Por ejemplo, cuando disfrutamos viendo películas de terror o montando en una montaña rusa, lo hacemos por las emociones positivas que el proceso oponente desencadena en respuesta al miedo inicial.
De igual manera, tras una noche de tragos en la que nos sentimos eufóricos y desinhibidos, solemos experimentar mañanas de resaca, apatía y sentimientos depresivos. O cuando volvemos de unas vacaciones (en las que nos sentimos en especial relajados y felices), experimentamos una depresión postvacacional.
Incluso, hay quienes sienten una tristeza inexplicable después del sexo, pues la intensidad del placer da paso a una fuerte emoción contrapuesta. Ahora bien, hay ciertos eventos y situaciones en los que se ha estudiado con mayor profundidad el funcionamiento del proceso oponente, de los cuales te exponemos algunos.
. Adicciones
Las adicciones son campos en los que la teoría del proceso oponente cobra más relevancia. De hecho, en un artículo de la Revista Electrónica de Psicología Iztacala se plantea que dicha teoría permite explicar fenómenos como la tolerancia y la abstinencia.
Tengamos en cuenta que consumir una sustancia produce en un primer momento una emoción placentera, seguida después por otra desagradable. Para volver a experimentar placer, vuelve a consumirse la sustancia. Y cuanto más se repite esta acción, más se fortalece el proceso oponente. De este modo, el efecto positivo es cada vez menor y el negativo cada vez más intenso y duradero.
Al respecto, cabe añadir que en un artículo de la revista Current Directions in Psychological Science se encontró que, en las adicciones, el proceso oponente se activa en asociación al ambiente en el que la persona por lo general consume la sustancia. De este modo, incluso cuando se administra un placebo, la reacción opuesta a la generada por la droga aparece.
Por el contrario, si se cambia de entorno, esa respuesta surge en mucha menor intensidad, tal y como si fuese un primer consumo. Con esto en mente, aplicar técnicas de extinción que anulen la asociación entre el ambiente de consumo y dichas reacciones puede ayudar a prevenir y tratar las adicciones.
. Deportes de riesgo
Muchas personas disfrutan al practicar deportes de riesgo que, en su base, producen miedo (una emoción que en teoría desearíamos evitar). Esto se da debido a que estas personas adoran el placer que se siente al finalizar y que es orquestado por el proceso oponente.
Además, como mencionábamos con antelación, la presencia de la emoción A decrece a medida que aumenta la emoción B, de forma que, con cada práctica, la actividad se disfruta más. Por ejemplo, los paracaidistas expertos experimentan menos miedo y ansiedad antes de saltar y más placer al aterrizar que los principiantes.
. Procesos de duelo
Por último, esta teoría también puede ayudarnos a comprender el duelo que le sigue a la pérdida de un ser querido. Esa persona amada despierta en nosotros emociones positivas y agradables, pero su marcha nos genera un estado opuesto. Cuanto más profunda y duradera haya sido la relación con la persona, más intensa será la emoción negativa secundaria y más tiempo durará.
– La teoría del proceso oponente nos retorna al equilibrio
Conocer la teoría del proceso oponente nos ayuda a comprender por qué en ocasiones nos gusta sentir miedo, por qué nos deprimimos al volver de unas vacaciones o por qué duele tanto esa ruptura de pareja. Además, también tiene efectos prácticos y psicoterapéuticos.
En cualquier caso, recordemos que el organismo siempre tiende al equilibrio. Y que, si hay algo que ahora mismo te aparta de la neutralidad emocional, esto no durará para siempre.
¿A qué se debe el color azul de la Tierra que sólo se ve desde el espacio?
esedeciencia.com(D.J.C.Coss)/ACyV — Nuestro planeta Tierra es una obra maestra perfecta, capaz de albergar distintas especies vivas y de ofrecer una belleza inigualable que es posible observarse desde el espacio. No sólo tiene sorpresas dentro de su maternal atmósfera, también nos regala misterios desde el exterior. Por ejemplo, hay un fenómeno interesante que rodea a la Tierra: ese precioso color azul que está presente en el contorno de nuestro planeta, pero que es posible de ver solamente desde el espacio.
Satélites y astronautas que han salido a la órbita de la Tierra han sido testigos de este bello fenómeno, donde aparece un halo de luz de color azul intenso rodeándola. Esto sólo es un rasgo particular de la Tierra, pero, contrario a lo que se pensaba, esta hermosa tonalidad no se debe a la atmósfera terrestre, sino a la luz que interactúa con ella desde el espacio.
Otra característica de la Tierra es que tiene océanos oscuros en el hemisferio sur y en el hemisferio norte posee una superficie terrestre sumamente brillante, lo que vuelve aún más intrigante que el color azul que la rodea tenga la misma tonalidad azul en ambos hemisferios, lo que científicamente se conoce como “albedo”.
El Instituto Weizmann de Ciencias de Israel ha intentado brindar una explicación a este fenómeno mediante un estudio basado en datos recopilados durante varias décadas a través de satélites de la NASA, con tal de obtener información meteorológica más precisa de nuestro planeta.
¿Sabes cómo se dispersa la luz? Es un fenómeno que se produce cuando un rayo de luz blanca atraviesa un medio transparente (por ejemplo, el aire) y se refracta, mostrando a la salida de este los colores que la constituyen. En este caso, la luz que atraviesa la atmósfera de la Tierra es la luz solar (medio transparente). La atmósfera está compuesta principalmente de moléculas de oxígeno y nitrógeno, las responsables de dispersar la luz en todas las direcciones. A este evento se le conoce como difusión de Rayleigh.
Dicha difusión afecta a las longitudes de onda de luz. Las más cortas (azul y violeta) se dispersan más que las ondas más largas, como el rojo o el amarillo. Es por ello que el halo de color azul se refleja en la Tierra, por la dispersión de la luz azul en todas direcciones. Y un factor que acentúa este color es el agua que existe en la superficie, que refracta la luz solar. Y el halo se debe a la interacción de la luz solar con la atmósfera terrestre y el agua presente en nuestro planeta, por lo que un método para entender de mejor manera este fenómeno es mediante la comprensión de la ciencia de la dispersión de la luz y las longitudes de onda.
Este tipo de eventos son una muestra de la complejidad y lo bien estructurada que se encuentra nuestra madre Tierra, por lo que la ciencia siempre se encuentra investigando e intentando comprender los misterios que nos extiende el planeta que con tanta dulzura nos mantiene con vida. Admiremos las bellezas que nuestro hogar nos ofrece día con día y agradezcamos por tener la oportunidad de verlas con nuestros propios ojos.
¿Por qué el color azul es tan raro en la naturaleza?
Krishna era del color del cielo, los ropajes de la Virgen María se asocian con ese color y desde el Greco a Picasso, pasando por Gauguin o Van Gogh, muchos pintores eligieron el azul para representar su particular visión del mundo. No es raro, pues vivimos en el planeta azul y forma parte de la naturaleza constantemente, tanto es así que nos damos cuenta de su importancia cuando observamos el océano fundirse con el cielo en una línea eterna.
¿No es verdad? Pues no. En realidad el color azul no es nada común, y probablemente te darás cuenta observando los matices que se encuentran en las rocas, las plantas, las flores o los animales. Es sorprendentemente escaso, y la respuesta a esto, según explica ‘Live Science’, proviene de la química, la física, de cómo se producen los colores y de cómo los vemos.
– Por qué vemos el azul
Cada uno de nuestros ojos contiene entre seis y siete millones de células sensibles a la luz llamadas conos. Hay tres tipos diferentes de conos en el ojo de una persona con visión de color normal, y cada tipo es más sensible a una longitud de onda de luz particular: rojo, verde o azul. La información de millones de conos llega a nuestro cerebro como señales eléctricas que comunican todos los tipos de luz reflejada por lo que vemos, que luego se interpreta como diferentes tonalidades de color.
Cuando miramos un objeto colorido, como un zafiro brillante o una flor de hortensia, el objeto está absorbiendo parte de la luz blanca que cae sobre él; debido a que está absorbiendo parte de la luz, el resto de la luz que se refleja tiene un color. Cuando ves una flor azul como puede ser el aciano, en realidad la observas así porque está absorbiendo la parte roja del espectro. Según el escritor alemán Kai Kupferschmidt, la flor parece azul porque ese color es la parte del espectro que la propia flor rechazó.
Generar tales moléculas, que son grandes y complejas, es difícil para las plantas, razón por la cual las flores azules son producidas por menos del 10% de las casi 300.000 especies de plantas con flores del mundo. Un posible impulsor de la evolución de las flores azules es que este color es muy visible para los polinizadores (como las abejas), y la producción de flores azules puede beneficiar a las plantas en ecosistemas donde la competencia por los polinizadores es alta.
Los colores de los animales azules no provienen de pigmentos químicos. Las mariposas de alas azules del género Morpho tienen intrincadas nanoestructuras en capas en las escamas de sus alas que manipulan las capas de luz para que algunos colores se cancelen entre sí y solo se refleje el azul. Los tonos azules en los mamíferos son aún más raros que en las aves, los peces, los reptiles y los insectos. Algunas ballenas y delfines tienen la piel azulada y los mandriles tienen caras y traseros azules. Pero el pelaje, un rasgo compartido por la mayoría de los mamíferos terrestres, nunca es naturalmente azul brillante (al menos, no en luz visible).
Debido a la escasez del azul en la naturaleza, la palabra azul llegó relativamente tarde a los idiomas de todo el mundo, y apareció después de las palabras negro, blanco, rojo y amarillo. El uso más temprano del tinte azul data de hace unos 6.000 años en Perú, y los antiguos egipcios combinaron sílice, óxido de calcio y de cobre para crear un pigmento azul de larga duración conocido como irtyu para decorar estatuas. El ultramar, (un pigmento azul vivo proveniente del lapislázuli), era tan preciado como el oro en la Europa medieval y estaba reservado principalmente para ilustrar manuscritos.
La relativa escasez del azul en pigmentos naturales es la que ha alimentado nuestra fascinación durante años, desde Krishna a Van Gogh. Es tan preciado que incluso los ingleses lo utilizan en su vocabulario para expresar la tristeza, aunque para todas las culturas del mundo, que mañana el cielo luzca azul significa algo bueno. La escasez de azul en la naturaleza puede haber ayudado a dar forma a nuestra percepción del color, ese que conforma para nosotros el color del mar, el agua y, por tanto, la vida.
La mente es maravillosa(S.G.Juarez) — Aunque esta emoción es algo que hemos sentimos o sufrido de otros, no siempre es fácil identificar a un amigo envidioso. Las muestras directas de envidia se quedan en el jardín de infancia y se vuelven sutiles a medida que crecemos.
Por otro lado, muchas veces se pasan por alto estas señales o se elige interpretarlas con buenos pensamientos. No obstante, ocurre un daño en la relación, así que vamos a ver esas red flags que indican que un amigo tiene envidia de nosotros.
– ¿Qué es la envidia?
Primero definamos de manera clara esta emoción. La envidia es el sentimiento que aparece cuando otros tienen algo que se desea. Suele ser una mezcla de tristeza y enojo que se dirige hacia el otro individuo, el que posee aquello que se anhela.
El objeto de la envidia puede ser material o no: a veces se envidia un buen trabajo o estar feliz en pareja, por ejemplo.
Como todas las emociones, la envidia es normal y cualquiera la ha experimentado alguna vez. Tiene una función social clara: fomentar la motivación, escalar en la competencia entre individuos; en las jerarquías, por decirlo así. No es una emoción útil cuando hay abundancia y no es necesario luchar por los recursos.
Más allá de su raíz biológica, la envidia es un sentimiento a gestionar cuando se trata de relacionarse con los demás. Tiende a hablarse de alcanzar esa famosa «envidia sana», en la que la persona se alegra de forma sincera por el logro del otro, motivándose a conseguirlo en lugar de competir.
En este sentido, la envida es muy útil para impulsar a la acción y la mejora personal, así lo sugiere una publicación en Personality and Social Psychology Bulletin.
– ¿Cómo identificar a un amigo envidioso?
Las señales de que un amigo siente envidia de nosotros no siempre son claras.
A veces confunden, pues no se considera tener una suerte envidiable, y otras se esconden por miedo a que se identifiquen.
A continuación, tienes algunos ejemplos que no debes dejar pasar.
1. No se alegra por ti
Esta es la evidencia más clara de que alguien te puede tener envidia. Una persona que se considera tu amiga compartirá tu alegría contigo, incluso, cuando sus logros estén por detrás. Si corres a contarle algo saltando de alegría y responde de manera opuesta, es que tu logro le sienta mal.
2. Trata de ocultar la envidia, pero hay señales que indican lo contrario
También es posible que trate de ocultar la envidia y enmascare estos malos gestos. Si su lenguaje no verbal y sus palabras parecen forzadas, presta atención.
Sonrisas forzadas, frases estereotípicas, gestos de disgusto cuando cree que no le ves: estos son algunos ejemplos que delatan envidia encubierta.
3. Resta valor a tus logros y alegrías
Esta es otra de las formas más sencillas de identificar a un amigo envidioso. Es muy simple que del cariño nazcan frases como «enhorabuena», «te lo mereces» o «lo has hecho bien». Si existe una necesidad de desvalorizar esos esfuerzos, por pequeños que sean, es porque la envidia empuja a hacer sentir al otro menos importante.
4. Te critica en público o a tus espaldas
Tratar de humillarte en público o criticar a tus espaldas son dos faltas de respeto en sí mismas que no debes tolerar. Un amigo expone los problemas de forma directa, sin tratar de hacer daño y buscando una solución. Si esa persona hace lo contrario, es lícito que sospeches que está movida por la envidia.
5. Desaparece cuando te va bien
Es común ver que los amigos envidiosos se resisten a pasar tiempo contigo cuando te va bien. Si sienten envidia, tendrán el impulso de alejarse, pues compartir tu alegría les produce malestar.
6. Si te ayuda en algo, luego te lo echa en cara
Una persona que cela de tu éxito no siempre se presta a ayudarte en los momentos difíciles. Sin embargo, una pista más sutil para identificar a un amigo envidioso es evaluar su conducta después de prestarte apoyo. Si sales adelante, se encargará de atribuirse el mérito y de recordártelo.
7. Te imita
Aunque esto no es necesariamente algo dañino, sumado al resto de señales sí indica que existe envidia en tu relación de amistad. Como desean algo que tú tienes, los envidiosos tienden a imitar tus métodos, tu aspecto, tu forma de hablar, etcétera. Así tienen la impresión de que van a conseguir lo mismo que tú.
8. Compite contigo
Otra de las señales que ayudan a identificar a un amigo envidioso es que compite contigo. Y no de una forma sana. Es posible que encuentres esta conducta en entornos colaborativos o contextos en los que podría competirse, pero no es necesario (por ejemplo, en sacar mejor nota en un examen). Es una manera de compensar el sentimiento de desventaja que les acucia.
9. Muestra envidia hacia otras personas
Las personas que envidian a los demás no suelen quedarse con un único objetivo. Es posible que este sentimiento forme parte de su emocionalidad en lugar de ser algo puntual y, en ese caso, verás cómo lo muestran con otros. Lo más común es que ese amigo envidioso critique a terceros cuando está contigo.
10. Manifiesta mucho interés en tus problemas
Si pone más atención a los fragmentos de conversación donde hablas de tus dramas personales, es posible que se esté refugiando en esa información para compensar su sentimiento de inferioridad. Ojo, es importante diferenciar este interés malicioso de un intento genuino en ser tu apoyo.
Presta atención a su reacción ante tu tristeza. ¿Se pone de buen humor tras la conversación? ¿No ofrece ayuda ni soluciones? ¿Te pregunta por ese tema que te hace daño y no por todo lo demás? Analiza en profundidad estas cuestiones.
11. La prueba más clara para identificar a un amigo envidioso: el boicot
Dar un mal consejo es un acto que nace de la envidia. También lo es interponerse en tu camino o robar tus méritos. Aunque estos actos tienen que ver más con la maldad que con la envidia, son el último paso del progreso de la misma. Si este problema en la amistad llegó hasta este punto, es necesario tomar cartas en el asunto y pararlo.
– Qué hacer si un amigo es envidioso y está intoxicando la relación
La envidia es un sentimiento que arruina amistades, ya sea porque aparecen conflictos o porque uno de los dos se aleja del otro. No obstante, no siempre hay maldad detrás de ello. Como indican estudios como el publicado en International Journal of Social Psychology, la autoeficacia, la autoestima y el control percibido influyen en la generación de esta emoción.
Al verse siempre en desventaja, es normal que algunas personas caigan en comportamientos tóxicos. El mejor consejo que puedes seguir en estas situaciones es enfrentar el asunto de forma directa. Recuerda abordarlo desde la empatía y con claridad en tus necesidades. Ofrécete siempre a escucharle y a ayudarle a alcanzar sus propios éxitos.
Pero es posible que tus intentos por reconducir su conducta fallen. En esos escenarios, identificar a un amigo envidioso quizás es el principio del fin de la amistad. Plantéate si te merece la pena tener a alguien a tu lado que absorbe tu alegría y devalúa todo lo que consigues en lugar de resolver sus problemas. A veces, los caminos se separan y eso está bien.
Business Insider(E.Neira) — Hace 100 años, Walt y Roy O. Disney fundaban el estudio de animación germen de la actual The Walt Disney Company, uno de los mayores conglomerados de medios y entretenimiento del mundo.
A lo largo de ese siglo de existencia la marca Disney ha quedado indisolublemente asociada al concepto de entretenimiento familiar, con propiedades intelectuales capaces de apelar a distintas generaciones y de generar miles de millones de beneficios, gracias a una hábil combinación de vías de explotación que incluye sectores tan diversos como hoteles, cruceros, parques temáticos, televisión tradicional o la producción cinematográfica, entre otros.
Los últimos 20 años de Disney ilustran a la perfección cómo la eclosión de Internet trasformó de manera profunda un modelo de negocio que ahora las compañías tradicionales tratan de recomponer. Disney, en particular, ha vivido en la última década una crisis profunda tras años de dominio indiscutible.
La compañía quemó muchas de sus naves para competir en las guerras del streaming y ahora, con un mercado que presiona por tener beneficios en un entorno de competencia feroz, intenta recuperar algo de esa flota que le llevó a reinar en un mar de prosperidad. El capitán designado es Bob Iger, que regresó a la compañía a finales del año pasado a petición del Consejo de Administración, con la esperanza de que pueda obrar algo de la magia que le caracteriza.
– Crónica de una crisis anunciada
La situación en la que Disney se encuentra en la actualidad es el resultado de su respuesta a los cambios estructurales que comenzaron a evidenciarse en el sector de los medios y del entretenimiento a partir de la segunda década de 2000.
Netflix, con un modelo de negocio que muchos cuestionaban, no paraba de ganar cuota de mercado. A esta aparente prosperidad del negocio digital, del que compañías como Disney había decido mantenerse al margen, se unió el fenómeno del cordcutting, que estaba apalancando el negocio de la televisión por cable.
Disney decidió probar suerte con una infraestructura propia directa al consumidor con la firme creencia de que sería la respuesta de todos sus males. La jugada no terminó de salir bien. La compra de BAMTech (la solución tecnológica sobre la que se sustenta Disney+) resultó ser más cara y menos eficiente de lo que se esperaba. Además, el lanzamiento de Disney+ se hizo apostando por la exclusividad, lo que supuso renunciar al dinero que obtenían licenciando contenidos a terceros.
Las operaciones directas al consumidor también contribuyeron a la erosión de algunas de sus propiedades intelectuales más valiosas, en gran medida por la sobreexplotación que se ha hecho de ellas para abastecer a Disney+.
– La primera era de Iger
Bob Iger tomó las riendas de la compañía en 2005, inaugurando una de sus etapas más prósperas. Fue uno de los artífices de la Disney actual, gracias en gran medida a adquisiciones estratégicas como Marvel, Lucasfilm o Pixar. La clave de su plan maestro fue apostar por propiedades intelectuales con suficiente potencia para plantar una semilla que germinase a través de una explotación diversificada. Y dentro de ese esquema, los eventos cinematográficos eran la pieza clave.
El éxito de esa primera ventana era el punto más alto de una cascada de explotación que continuaba con venta de licencias, explotación en parques temáticos, venta de merchandising, secuelas, precuelas y un largo etcétera.
El último legado de Iger, antes de dejar la compañía, fue el lanzamiento de Disney+. La cuota de mercado que estaba consiguiendo Netflix, que contrastaba de forma significativa con su escaso desarrollo digital, le animó a dar luz verde al desarrollo de una infraestructura que les ofrecía algo muy valioso: un nuevo punto para conocer y explotar la propiedad intelectual, mediante el establecimiento de relación digital directa y propia con sus clientes.
Pero la decisión implicaba renunciar al dinero que, de forma pasiva, ganaban vendiendo licencias. A la postre, ni los datos de consumo que ha proporcionado el negocio digital ni su meteórico crecimiento en clientes (consiguió superar la barrera de los 100 millones de suscriptores en poco más de un año) fueron suficientes para cubrir las fuentes de ingresos a los que había dicho que no.
Iger puso fin a su etapa en Disney en 2020. Eligió a Bob Chapek como sucesor, el responsable de Parques, Experiencias y Productos de Disney. Lo cierto es que Chapek nunca terminó de convencer como CEO de la compañía. Su excesivo pragmatismo, su desconexión con el aspecto más creativo de la marca y, sobre todo, su pobre gestión de la crisis pandémica acabó con su salida a finales de 2022. El consejo de administración no tardó en llamar a Iger, que aceptó regresar para enderezar el rumbo de la compañía.
– La segunda era de Iger
Todas las miradas han estado puestas sobre el ejecutivo tras su regreso a la compañía a finales del año pasado. Tiene dos misiones fundamentales: designar a un nuevo sucesor y dirigir a la compañía al terreno de rentabilidad de antaño. Para lograrlo parece que será necesario perfilar una nueva Disney, aligerada del peso que la está lastrando. Si en la primera fase de su reinado todas las divisiones parecían un puzle en el que todas las piezas eran necesarias y encajaban en perfecta armonía, ahora algunas se consideran prescindibles.
El cambio más significativo podría venir de la mano del negocio televisivo y cómo se configura dentro de su oferta. Lo que en tiempos fue una de sus principales vías de ingresos se percibe ahora, en palabras de Iger, como algo «no nuclear para la compañía». El ejecutivo ha declarado estar está abierto a una posible venta de activos (que podría afectar a cadenas como ABC, FX, National Greographic o Freeform). También a dar entrada a un partner estratégico para la gestión de ESPN, una de las joyas de la corona de Disney.
Del lado de los contenidos, la estrategia pasa por restaurar el sistema anterior, basado en el producto premium y el estreno evento. Disney aspira a corregir los efectos que la sobreexplotación de propiedad actual ha provocado en algunas de sus propiedades estrella: productos mediocres cuyo pobre rendimiento es sintomático de cierta pérdida de atractivo entre la audiencia.
Producir menos y mejor será la máxima a partir de ahora. Disney también ha dicho adiós a la exclusividad. Con la reactivación de la venta de licencias buscan no solo obtener ingresos directos sino también ir al encuentro de su público objetivo allá donde esté.
Una de las unidades de negocio que podría salir mejor parada de esta reorganización será la división de parques temáticos y cruceros, que solo este año ha generado un beneficio de 10.000 millones de dólares. La fe de Disney en ella es evidente. Ya ha anunciado que destinará 60.000 millones los próximos 10 años para expandir sus parques nacionales e internacionales y ampliar su línea de cruceros, Disney Cruise Line.
Iger sabe mejor que nadie que solo con una base financiera sólida es posible tomar decisiones estratégicas para crecer en el entorno actual. Los parques temáticos y cruceros están perfectamente posicionados para convertirse, a futuro, en el principal sustento de la compañía, desbancando a la división de Media&Entertainment Distribution (que aloja las operaciones de televisión lineal, streaming y venta de licencias).
Tras la vuelta de Iger el rumor de que la compañía podría ser vendida ha vuelto a cobrar fuerza. Todos parecen asumir que Apple sería el comprador más lógico. Ambas marcas están alineadas en prestigio, su cultura empresarial es parecida y sus caminos ya se han cruzado en varias ocasiones.
Iger, no obstante, ha negado el rumor en infinidad de ocasiones y sigue centrado en su plan de reorganización de activos, de momento, con pocos resultados. Tampoco cabía esperar milagros. Se ha encontrado con una compañía en una situación muy delicada, que atraviesa dificultades en casi todas sus divisiones.
La caída de suscripciones, la contracción del mercado publicitario y el aumento del coste de la programación deportiva han erosionado su negocio de televisión por cable. La taquilla de Indiana Jones, su gran apuesta para este año, ha sido decepcionante y Disney+ no para de perder dinero (4.000 millones en 2022), lo que aleja cada vez más su objetivo de entrar en beneficios con la plataforma en 2024.
Hace unos días, Bloomberg publicaba que Iger está abrumado y exhausto hasta el punto de cuestionarse si ha merecido la pena volver. Pero desde fuera todo el mundo tiene claro que si hay una persona capaz de devolverle a la compañía su antiguo esplendor es él.
La mente es maravillosa — Los antidepresivos aparecieron por primera vez en la década de 1950, hasta hoy han recorrido un largo camino en el mundo médico. A pesar de su relevancia en el tratamiento de diversos trastornos mentales, son muchas las personas que sufren las consecuencias de tomar antidepresivos por varios años.
Estos medicamentos se recetan, a menudo, desde la medicina de familia y sin proporcionar un apoyo de psicoterapia adjunto. Estos procesos se alargan en el tiempo en muchas ocasiones, ya que su retirada puede producir síndrome de abstinencia.
Por ello, es necesario conocer qué efectos a largo plazo tienen sobre el cuerpo. Aquí encontrarás información de utilidad, así que no dejes de leer.
– Efectos del consumo de antidepresivos
Según datos de RTVE, el consumo de antidepresivos en España ha aumentado un 40% en la última década. La abstinencia no es el único problema que reporta la extensión en el tiempo de un tratamiento con antidepresivos. Dependiendo de cuál de ellos se esté tomando, el médico debe estar atento a una serie de peligros, como los siguientes:
Cambios de comportamiento y el ánimo: irritabilidad, hostilidad, excitación nerviosa, ataques de pánico e incluso agresividad.
Hepatotoxicidad: el hígado puede verse dañado con un tratamiento de antidepresivos a largo plazo. Ocurre, sobre todo, con tricíclicos e ISRS.
Otro estudio clásico como el de Maurizio Fava y Lesley Graves, y uno más reciente publicado por Patient Preference and Adherence destacan los efectos cognitivos y fisiológicos de estos tratamientos a largo plazo. Algunos de los encontrados fueron los siguientes.
1. Olvidos
Los antidepresivos pueden estar relacionados con los olvidos. No obstante, es necesario aclarar que este efecto puede variar de una persona a otra, y no todos los pacientes lo experimentan. Aunque algunos estudios, como los citados previamente, resaltan una posible afectación de la memoria, sin embargo, la evidencia no es concluyente aún. Se necesita más investigaciones al respecto.
2. Somnolencia
Otro potencial efecto de los antidepresivos es el exceso de sueño. Esto sucede porque los medicamentos para la depresión afectan los neurotransmisores del cerebro, algunos de los cuales pueden estar involucrados en la regulación del sueño y la vigilia. Vale la pena mencionar que no todos producen somnolencia, algunos generan insomnio.
3. Ideación suicida
Las tendencias suicidas fue otro de los efectos adversos que logró identificar el estudio publicado en Patient Preference and Adherence. La relación entre consumo de antidepresivos y la ideación suicida aún no es muy clara, pero se cree que podría estar mediada por la aparición de otros efectos secundarios y por los cambios bioquímicos que ocurren en el cerebro.
4. Falta de atención
Como se ha mencionado, los antidepresivos actúan sobre diferentes neurotransmisores que están involucrados en el estado de ánimo. Muchos de ellos, como la noradrenalina, también participan en la atención y la concentración. Por eso, el consumo a largo plazo de estos medicamentos podría afectar este proceso cognitivo.
5. Aumento de peso
El consumo de antidepresivos durante años puede estar vinculado con el incremento de peso en algunos sujetos. Los cambios metabólicos y del apetito que ocasionan, suelen alterar el peso de quienes los consumen. No obstante, como aseguran los expertos de Mayo Clinic, estos medicamentos no siempre son una causa directa de la ganancia de peso. Existen otros factores que pueden afectar esta variable.
6. Disfunción sexual
Los fármacos para la depresión que afectan los niveles de serotonina son los que más se han relacionado con la disfunción sexual. Estos remedios pueden perturbar la sexualidad en distintos ámbitos: deseo sexual, excitación y orgasmo, tal como lo manifiesta un estudio de revisión publicado en la revista Psiquis.
7. Fatiga mental y física
A corto y largo plazo, el tratamiento con antidepresivos puede fomentar la fatiga mental y física.
Debido a que algunos tienen propiedades sedantes.
La persona se sienten cansada y somnolienta durante el día.
Además, algunos antidepresivos pueden inducir insomnio, lo que lleva a una sensación de agotamiento, como consecuencia de la falta de un descanso nocturno adecuado.
8. Sensación de abstinencia
Los síntomas o efectos de abstinencia fueron una de las principales consecuencias adversas que reportaron los participantes del estudio de Claire Cartwright y Kerry Gibson (2016). Esto puede ocurrir cuando el antidepresivo se deja de tomar de manera repentina o si la dosis se reduce demasiado rápido.
9. Entumecimiento emocional
El embotamiento o entumecimiento emocional disminuye la capacidad de las personas para experimentar emociones positivas o negativas. De acuerdo con un artículo de la Universidad de Cambridge, entre el 40 % y el 60 % de los pacientes experimentan este efecto.
10. Problemas gastrointestinales
Otra consecuencia del consumo de antidepresivos es el malestar gastrointestinal. Las náuseas y el malestar estomacal son efectos secundarios muy comunes. Además, el estreñimiento también puede presentarse durante el tratamiento antidepresivo.
11. Menos preocupación por los demás
Este fue otro de los efectos adversos que reportaron los participantes del estudio publicado en Patient Preference and Adherence (2016). La falta de preocupación por los demás está relacionada con la empatía, la cual puede verse afectada de manera negativa por el consumo de antidepresivos, así lo indica un estudio de 2019 realizado por Markus Rütgen y su equipo de trabajo.
12. Pensamiento enlentecido
A este fenómeno se le conoce también como bradipsiquia. Se manifiesta como una dificultad para pensar con rapidez y claridad, procesar o responder de manera oportuna a los estímulos. La lentitud del pensamiento es uno de los efectos cognitivos que se han asociado con los antidepresivos.
13. Agitación
El consumo a largo y corto plazo de antidepresivos puede generar agitación en algunas personas. Este estado puede manifestarse como una sensación de inquietud, nerviosismo, ansiedad o irritabilidad.
14. Disforia
Un estudio publicado en Journal of Psychotherapy and Psychosomatics advierte que una mala administración de estos medicamentos, a largo plazo, produciría vulnerabilidad a la depresión o disforia tardía.
15. Problemas cardiovasculares
Una investigación divulgada en BJPsych Open estableció una relación entre el consumo prolongado de antidepresivos y afectaciones cardiovasculares. Se encontró un aumento en los riesgos de padecer enfermedad coronaria, así como una elevada mortalidad por afecciones de este tipo.
– ¿Funciona tomar antidepresivos por varios años?
Según el informe publicado en 2020 por el Ministerio de Sanidad español, «el 34,3 % de las mujeres y el 17,8 % de los hombres de más de 40 años ha retirado al menos un envase de antidepresivo, ansiolítico o hipnótico/sedante durante el año de estudio, 2017». La industria del antidepresivo es grande y lucrativa, pero ¿suponen estos tratamientos una mejora real?
Los estudios de revisión como el publicado en Journal Clinical Neuroscience no lo tienen tan claro. Citándolo, «entre el 60 % y el 70 % de los pacientes no experimentan remisión, mientras que entre el 30 % y el 40 % no muestran una respuesta significativa», hablando de los síntomas depresivos.
Por otro lado, está el asunto de las recaídas. En un estudio publicado por Clinical Psychology Review se informa que el 50 % de las personas que remontan tras una depresión quedan vulnerablesa tener una segunda, y un 80 % de quienes recaen dos veces, serán más propensos a una tercera. Por eso, los tratamientos con antidepresivos suelen ser intermitentes, no continuos.
Aun con todo, esta información no supone una negativa rotunda a tomar antidepresivos. Su efectividad todavía es investigada y se han dado casos en los que un tratamiento crónico es la única manera de ayudar. Por eso, consulta siempre con tu psiquiatra e infórmate a fondo sobre tu diagnóstico. Si lo crees necesario, pide la valoración de un experto.
– La importancia de un tratamiento multidisciplinar en los trastornos mentales
Tomar antidepresivos por años es un patrón repetitivo en la sociedad, en especial en mujeres, las personas mayores y los residentes de poblaciones pequeñas, según el informe antes citado del Ministerio de Sanidad de España. Cuando se trata de salud mental, el debate se abre por varios frentes: los expertos señalan que no curan la dolencia, y que solo sirve de apoyo en casos graves. Pero se recetan sin la posibilidad de dar un tratamiento integral.
Como cualquier otra enfermedad, la depresión y otros trastornos mentales merecen un diagnóstico completo y un tratamiento que no solo esté basado en medicamentos. La psicoterapia es el abordaje más eficaz en combinación con los fármacos antidepresivos, pero esta no se ofrece en grado y calidad suficientes para toda la población.
Por eso, antes de tomar esos psicofármacos, asegúrate de tener toda la información sobre su forma de operar en tu organismo y sus efectos secundarios. Y, sobre todo, de exigir una atención a la salud mental digna y accesible.
Psicología y Mente(R.Camacho) — Las relaciones de pareja son una de las experiencias más importantes e intensas de nuestra vida. Nos reportan bienestar, experimentar un vínculo íntimo, pero también nos lleva hacia las mayores dificultades: miedos, inseguridades, culpas o discusiones frecuentes. ¿Cómo establecer límites en las relaciones de pareja? ¿Por qué son tan importantes?
En los últimos años (recuerda que vivimos en la era de la sobre-información a través de redes sociales, lo cual nos suele confundir más que ayudar) nos hablan constantemente de la importancia de poner límites. Sin embargo, no reflexionamos sobre lo que esto implica y cómo establecerlos.
Poner límites no es coaccionar al otro o que una relación se base en acuerdos rígidos. Los límites son una consecuencia natural de nuestra toma de decisiones, lo cual hace que vivamos nuestras relaciones (tanto de pareja como amistosas) con mayor bienestar, de forma más constructiva, y pudiendo resolver los conflictos emocionales que surgen.
– Comprendiendo los límites en las relaciones de pareja
En este artículo vamos a profundizar en los límites en las relaciones de pareja para resolver varios aspectos que nos condicionan:
Qué son los límites en las relaciones y por qué son tan importantes
Cuáles son las principales claves psicológicas y emocionales
Cómo establecer límites de forma positiva para que la relación mejore.
Todo lo que voy a contarte está basado en mi experiencia directa como psicólogo y coach acompañando a personas en sus procesos de cambio y terapia desde hace más de 11 años. En Empoderamiento Humano puedes leer testimonios de esas personas. Vamos a por ello.
– Por qué los límites son tan importantes en nuestras relaciones
Vas a poder entender esto a través de las respuestas que des a estas preguntas: ¿qué te ha ocurrido en tus relaciones (personales o de pareja) cuando has cedido demasiado ante lo que querían los otros? ¿A qué te lleva no expresar tus intereses, decisiones o lo que no quieres hacer? En tus relaciones de pareja, ¿te enfocas tanto en la relación que te olvidas de ti, de tus otros vínculos o de objetivos propios?
En todos los casos, el resultado es vivir con angustia, inseguridad, lo cual nos lleva a no disfrutar de las relaciones o incluso a vivir con discusiones frecuentes repletas de exigencias o inseguridades.
¿Por qué en las relaciones de pareja se dan tantas complicaciones? Una relación de pareja, ante todo, es un vínculo íntimo donde experimentamos bienestar pero no depende solo de uno, sino que es compartido con otra persona diferente. Los seres humanos somos subjetivos y distintos, de ahí que en una relación nos disolvemos y nos resulta difícil mantener nuestra identidad a la vez que compartimos la experiencia con la otra persona.
Por esta razón los límites son tan importantes. Poner límites no es obligar o no permitir, sino expresar lo que quieres, lo que no quieres, lo que puedes o no, de tal forma que conservas tu identidad y autoestima y la relación se desarrolla de forma saludable.
Los límites, en definitiva, son el resultado natural de tomar decisiones y vivir y relacionarte con aceptación y confianza. ¿Por qué a veces resulta tan difícil ponerlos y aún más en las relaciones de pareja?
– Claves psicológicas y emocionales que nos dificulta poner límites
Poner límites en las relaciones de pareja o comunicarnos de forma asertiva en realidad no es una técnica extraña, sino la comunicación natural del ser humano. Toda persona nace sabiendo establecer límites al comunicar lo que quiere y lo que no, lo que puede o no, a la vez que respetando la decisión del otro (la asertividad también es aceptar las decisiones del otro).
¿Qué es lo que nos impide comunicarnos de forma asertiva con el tiempo? Estas son las principales claves.
1. Problemas para gestionar el miedo y la inseguridad
Cuando no establecemos límites claros es porque tenemos miedo a las posibles consecuencias. Tememos que el otro reaccione mal, crea que no le importamos o surja una discusión. Por este motivo, preferimos adaptarnos y vamos perdiendo la habilidad para poner límites claros y expresar lo que necesitamos.
2. Autoestima dependiente u orientada al otro
Si tu bienestar depende demasiado de factores externos que no podemos controlar, terminamos por sentir angustia e inseguridad, y con el tiempo, ansiedad. Si tu autoestima está orientada al otro terminarás por ceder demasiado y perder parte de tu identidad. Esto ocurre especialmente al inicio de una relación de pareja cuando la autoestima no es funcional.
3. Estado ansioso
La ansiedad es un estado de alerta que nos hace sentir miedo intenso y tensión. Ante un estado ansioso solemos no poner límites por un miedo muy intenso a las consecuencias, a la vez que vivimos con pensamientos intrusivos más o menos constantes donde nos preguntamos sobre qué pensarán o sentirán los demás (lo cual nos impide poner límites claros y saludables).
– Los límites que necesitamos
En el momento en que aprendemos a entender y a gestionar estas emociones y a construir una autoestima que funciona (donde tu bienestar depende principalmente de ti) resulta mucho más fácil establecer límites que nos lleven a sentirnos mejorar y así vivir relaciones más honestas. Ahora bien, ¿cuáles son esos límites?
Poner límites no es impedir al otro tomar sus propias decisiones. Tampoco es exigir o coaccionar. Los límites, como hablamos, son una consecuencia natural de tomar decisiones propias. En una relación de pareja vivimos un vínculo íntimo pero no tenemos por qué compartir todo según los mismos criterios. Por este motivo, para conservar nuestra identidad y disfrutar más de la relación necesitamos saber qué es propio de la relación y no.
Los límites son como la orilla del mar: siempre se mueve. Se trata de decidir qué nos gusta compartir en pareja y qué no, qué espacio personal necesitamos, qué es lo que necesitamos y qué tipo de experiencias no nos agradan o queremos vivir. Para esto, lo más importante es conocerte. La calidad de tu relación de pareja depende de dos personas, pero solo puedes gestionar uno: tu propia persona y bienestar.
– Un cambio profundo en ti para mejorar tus relaciones
Las relaciones de pareja son uno de los motivos más habituales para necesitar vivir un proceso de cambio o terapia.
Sin embargo, es importante entender que las relaciones son un sistema que dependen de dos, y trabajar este aspecto solo es útil desde el área individual (que es el único que podemos controlar).
Cuando centras tu proceso de aprendizaje y terapia en ti te enfocas en conocerte, descubrir cómo construyes relaciones, cómo funciona tu autoestima, y aplicar los cambios necesarios para mejorar tu bienestar de forma estable.
Para conseguirlo es importante disponer de compañía constante (no solo con sesiones esporádicas), además de poder trabajar con todas las partes de tu personalidad (autoestima, gestión de emociones, comunicación, sistema de creencias, etc.) y contar con un plan de acción concreto que te lleven al cambio que necesitas.
Poner límites en tus relaciones de pareja es un aprendizaje imprescindible para estar bien y disfrutar de relaciones sanas, pero es una experiencia que ocurre cuando trabajamos todos los aspectos psicológicos y emocionales involucrados. Si es lo que quieres conseguir, no dudes en contactarme a través de mi perfil personal y podemos agendar una primera sesión para conocernos, ver qué ocurre y cómo podemos solucionarlo.
Una herramienta de sospecha hecha caricatura por sus propias fórmulas
JotDown(A.Bravo) — Ni siquiera internet las puso de moda; es muy probable que ya existiese alguna teoría conspirativa sobre la red antes de que ésta se implementara.
Se puede definir de un modo sencillo a las teorías conspirativas como explicaciones —muy al estilo de las leyendas urbanas, aunque existen algunas muy sofisticadas— de acontecimientos pasados, presentes o futuros que surgen del escepticismo hacia las estructuras de poder y sus medios de comunicación, vamos, el folclore de nuestros días.
Este folclore, como nos cuenta Miguel Ibáñez en su libro Pop Control, está relacionado estrechamente con el surgimiento de la MEDIASFERA — el ecosistema de los medios de comunicación—como entorno de la vida diaria de la mayoría de la población.
Es en este terreno donde se dan las condiciones ideales para el rumor, esta tierra de nadie en que se funde la realidad y la ficción, las generalizaciones, las estigmatizaciones, en fin, nuestras tan mitificadas teorías conspirativas de la modernidad.
¿Es necesario conocer teorías conspirativas?¿Una teoría conspirativa te llevará a algún tipo de conocimiento/verdad?
Uno de los problemas de las teorías de la conspiración es que tienden a pecar de lo mismo que critican: una fe ciega en la información, pero que en este caso es alternativa a la institucional u oficial.
Esta fe en cualquier información que se adjudique como fuera del sistema, esta credulidad basada fundamentalmente en que los grandes poderes (políticos, empresariales, etc.) tienen muy buenas razones para querer controlarnos como sea y ocultarnos sus verdaderas estrategias y mecanismos de manipulación masiva, nada que como concepto general suene rebuscado: todos sabemos de sobra que esto de la transparencia no es nuestra principal característica, y menos cuando nos traemos algo entre manos.
Tenemos derecho a sospechar. Y el conspiranoico (conspiración + paranoia) siente que es la única herramienta que posee para defenderse del mundo
Otro problema de las teorías de la conspiración es que tienden a ordenar los acontecimientos de un modo simplista, la idea del bien y del mal. Los buenos son muy buenos y los malos son muy malos. A partir de definir moralmente a los protagonistas se argumenta para reafirmar esta definición, este orden casi perfecto en que se suceden las cosas.
Todo está planeado, definido: causas y efectos. No existen los accidentes, las inoperancias, los errores, las ineptitudes, los cálculos mal sacados, los desbordes, las causes múltiples sin conexión.
Su fácil asimilación las hace accesibles para cualquiera
Explicaciones de cuál es el verdadero enemigo o los verdaderos enemigos de la sociedad, por dónde van los tiros de las futuras organizaciones multinacionales, los planes para los países más pobres, las razones de por qué se ponen de moda ciertos problemas del medio ambiente, confabulaciones de empresas que combaten enfermedades que ellas mismas crean, cómo aquellos que “dominan el mundo” solucionarán el desabastecimiento de ciertas energías combustibles, las estrategias para justificar algunas guerras e invasiones, asesinatos de líderes relevantes, ocultación de información sobre objetos voladores no identificados, conspiradores que crean conspiraciones para estigmatizar a una raza, y así hasta el infinito.
Es nuestra versión no autorizada de los sucesos mediáticos, y es sencillo entender por qué: debido a la parcialización de la información, que condiciona la percepción de los hechos, tanto la propaganda, la publicidad, los noticieros, estudios académicos, por nombrar algunos, suelen deliberadamente proteger intereses (comerciales, por ejemplo).
Y aunque idealmente el periodismo debiese ser un contrapoder, se ha vuelto un tipo de poder sin contrapesos. ¿Qué le queda al resto? revelarse ante esto con sus propias versiones de la realidad.
Las conspiraciones han existido siempre según nos cuenta la historia tradicional
Desde izquierdistas extremos a derechistas pro-nazis, recibimos aportes teóricos/conspiratorios y no está de más resaltar que algunas teorías de la conspiración están indiscutiblemente ligadas a creencias religiosas que destacan el fin de los tiempos.
Generalmente religiones que no creen en la estructura de poder actual y en todo este sistema de (des)organización mundial. Es así como contrastan las políticas reinantes con sus propias utopías post-apocalípticas.
Las teorías conspirativas vienen tomando fuerza como parte de nuestra cultura pop desde la primera mitad del siglo XX
Las teorías de la conspiración deberían venir etiquetadas con la siguiente advertencia: pueden provocar extraños sentimientos de alivio, como le contaba Jonathan Vankin en una entrevista a R. U. Sirus, editor de Mondo 2000: “la visión conspiratoria del mundo es, para cierta gente, confortadora”.
Al no aceptar que la realidad muchas veces puede ser un cúmulo de mediocridades que se producen a través de inoperancias y equívocos, que posteriormente son utilizados por algunos oportunamente para sus beneficios, como opina Julio Patán, autor del libro Conspiraciones:
“es preferible creer que existe una fuerza más allá de nosotros mismos que lo ordena todo, así sea oscura y maligna, a aceptar que no hay un plan, que el mundo es caótico y que estamos solos en él . Es menos angustiante creer que existe Dios y un destino establecido.”
¿Eso significa que deberían desaparecer las teorías de conspiración? NO. Porque:
1.- Algunas teorías de la conspiración han demostrado ser ciertas o, al menos, no estar mal encaminadas. Por poner un ejemplo, el proyecto MK-ultra (un programa de investigación secreto de la CIA que trataba de descubrir métodos para controlar a la mente).
2.- Algunas teorías de la conspiración resaltan puntos ciegos en las interpretaciones comunes u oficiales de los eventos.
3.- Algunas teorías de la conspiración invitan al debate donde para contrarrestarlas se deben entregar o subrayar argumentos más contundentes que los que se informaron en una primera instancia. Como la famosa teoría de que el hombre no llegó a la luna.
4.- Algunas teorías de la conspiración son más divertidas que algunas novelas. Son un género narrativo en sí mismas.
5.-Podríamos decir que es un montón de información-basura no clasificada que podemos reciclar para cuestionar los paradigmas establecidos institucionalmente.
Para los iniciados que quieran algunas pautas simples para poder discriminar mejor entre tantas teorías las que podrían resultar más atractivas de profundizar, les recomiendo que busquen los consejos que da al respecto Michael Shermer de la revista Skeptic; entre ellos sugiere internalizar el siguiente concepto: “ la correlación no es causa”.
En el blog de Psicópatas Corp aparece el siguiente párrafo en el artículo La conspiración de los conspiranoicos: “Obviamente no creo que existan las conspiraciones perfectas pero eso no hace menos auténticas o factibles las conspiraciones reales.
Nadie puede engañar a todo el mundo todo el tiempo
Las teorías de la conspiración, en cierto modo, realizan un análisis opuesto al institucional.
Les invito a usar la imaginación, necesaria y poderosa, sin olvidar el sentido crítico y una ausencia de fe en la información que llega a nosotros.
Como proponía Miguel Ibáñez: “más que dar respuestas la invitación es a formularse preguntas”.
«Una teoría conspirativa otorga al mundo un patrón, un significado y un propósito que pueden explicarlo. Por eso la teoría conspirativa se ha convertido en nuestra forma de entender la realidad, casi la única posible. Porque instala certidumbres donde ya no las hay.” Dr. Zito
BBC News Mundo(F.Báez) — Corríamos por las calles del barrio gritando que lo habían prendido.
No era necesario explicar qué habían prendido, pues todo mundo esperaba el instante en el que el Faro a Colón sería encendido y su luz se proyectaría al cielo, en forma de cruz.
Eran los noventa y en el país no se hablaba de otra cosa.
Por un lado, estaban los detractores, como mi padre, que criticaban el gasto en esa construcción sin fin práctico.
Les parecía humillante que un país sumido en una crisis energética sin precedentes derrochara luz; consideraban una abominación que se levantara un muro en los barrios aledaños —se bautizó como el muro de la vergüenza— para que los pobres no accedieran al monumento.
Del otro lado estaban aquellos que elogiaban la obra y que consideraban a aquel prodigio de luz como una bendición para el país.
Viajaban con sus familias desde otras ciudades solo para verlo iluminado y se creían todas las falacias: que esa luz, en forma de cruz, se alcanzaría a ver hasta en la Florida o que, al igual de lo que se creía que ocurría con la Muralla China, la estructura del Faro se podría apreciar desde el espacio.
Entre los unos y los otros estábamos nosotros, quienes queríamos comparar aquella luz proyectada sobre el cielo con la famosa batiseñal (aquella que sirve para llamar a Batman cuando hay un problema en Ciudad Gótica). Sin embargo, la noche en que fue encendida, la luz no mostró forma de cruz.
Lo que se veía era un intenso resplandor, que bastó para impresionarnos, aunque probablemente la razón estuviera solo en el contraste, ya que, allá arriba, había luz, mientras que, aquí, como de costumbre, estábamos sumidos en un apagón.
A medida que pasaban las semanas, cada vez que mirábamos el haz de luz vertical, nos cuestionábamos si formaba o no una cruz. En la televisión, un ingeniero explicó que era, como en el cine, que se necesitaba un manto de nubes para que se proyectara.
Mis amigos, que no tenían idea de nada, lo rebatían y argumentaban que las nubes impedían que se viera y que lo que se requería en realidad era una noche despejada. Pero con nubes o cielos claros, el resplandor informe seguía ahí. Con los años, el resplandor perdió interés.
Nadie en el barrio volvió a dedicarle demasiada atención. Hasta que una noche se apagó para siempre.
Vista aérea del Faro a Colón ubicado en Santo Domingo.
Que no alcanzásemos a distinguir la cruz tenía que ver con que nuestro barrio quedaba lejos del Faro.
Construido en la parte oriental de Santo Domingo, la capital de República Dominicana, en los alrededores del Parque Nacional del Este, el Faro a Colón es un mausoleo de cemento gris, de más de 700 metros de largo y 24 metros de alto, en su parte más elevada.
De una sobriedad y frialdad sin parangón, contrasta con el barroquismo, la vivacidad y el colorido dominicano.
Su diseño original fue concebido, a principios del siglo pasado, por el escocés Joseph Gleave, quien era entonces un arquitecto veinteañero. En su momento, fue considerado futurista, pero en la actualidad, el Faro a Colón luce como una construcción atemporal.
Como algo impuesto, llegado de otra realidad. Es como una nave extraterrestre, caída del espacio, encallada y envejeciendo ahí, sin que nadie se digne a moverla.
—Es feo —me dice mi mujer, quien tiene cierta relación familiar con el Faro, pues su madre, que fue arquitecta, trabajó en la construcción.
El arquitecto José Antigua se muestra diplomático y dice que no necesariamente tendría que ser hermoso, puesto que es un monumento funerario.
—A mí me parece un sarcófago —insiste mi mujer.
A otros, su forma escalonada y alargada les recuerda La Gran Esfinge de Guiza. Y a casi todos les cuesta reconocer la cruz alargada que imaginó Gleave. «El Faro no es simplemente un monumento para glorificar a Colón como hombre —escribió en la descripción del concepto de la obra—.
Un monumento de esta importancia sólo puede glorificar un ideal, el impulso que llama Progreso hacia el fin desconocido con que el mundo cristiano representa a Dios y que se simboliza por medio de la cruz».
Con la perspectiva suficiente, se puede apreciar que es cruciforme, aunque más que una cruz plantada verticalmente, como hacía Colón, está a ras del suelo, horizontal.
Ahora bien, donde esta obra alcanza su belleza e interés es al proyectarse el haz de luz sobre el cielo nocturno.
Para que esta orgía de luz —diría un epígono de Balaguer— se llevase a cabo, fueron adquiridos, en California, unos reflectores capaces de producir haces como los de la luz solar.
Además, —señala el arquitecto Leopoldo Ortiz—, «se instaló un reflector de giro lento y en 360 grados, de proyección observable a una distancia superior de las 80 millas náuticas».Pero el tiempo estropeó sus ciento treinta reflectores Zenon, lo que condenó al Faro a eso que mi mujer insiste en catalogar como una fealdad eterna.
En cuanto se prendía, dejaba de ser un sarcófago, una mera mole de hormigón, para convertirse en un monumento de cierta hermosura.
Pero ya no prende. O, para decirlo mejor, es cuando se enciende que se convierte en faro, pues apagado no es más que una tumba.
Además de su estructura y de la luz que irradia, el Faro alberga los restos de Cristóbal Colón.
La oración anterior puede resultar confusa para mucha gente, sobre todo para los españoles, quienes aprendieron que los restos del genovés están en la Catedral de Sevilla, al interior del féretro que cargan cuatro caballeros y en donde está la urna dorada en la que se lee: “aquí yacen los huesos de Cristóbal Colón, primer almirante y descubridor del Nuevo Mundo R.I.P.A”.
¿Cómo es posible que los restos de Colón estén en Santo Domingo y en Sevilla al mismo tiempo?
Para responder a esta pregunta, es necesario realizar un repaso histórico de esos restos que, por ironías del destino, resultaron tan viajeros como lo fuera Colón en vida.
El Almirante de la Mar Océana muere en 1506 y es sepultado en el Convento de San Francisco de Valladolid. Tres años después, en 1509, sus restos son trasladados a la capilla de Santa Ana del Monasterio de la Cartuja de Sevilla.
El 9 de septiembre de 1544, la virreina María de Toledo exhuma sus restos y los trae a La Española, donde son sepultados en la Catedral de Santo Domingo.
En 1795, el Tratado de Basilea cede a Francia la posesión de Santo Domingo, por lo que se trasladan a La Habana, ante el temor de que estos fueran convertidos en botín.
Un siglo después, en 1898, tras la guerra de independencia cubana, los restos de Colón son llevados de vuelta a España, donde son transportados hasta la Catedral de Sevilla.
Diez años antes, sin embargo, en septiembre de 1877, durante las excavaciones en la Catedral de Santo Domingo, se descubre una urna de plomo, en cuya tapa se leía esta inscripción: «Ilustre y Esdo Varon Dn Cristóbal Colón».
En el interior de esa urna se descubren huesos humanos deteriorados, livianos y frágiles. Y a partir de este descubrimiento se deduce que, en 1795, por intención o por error, los huesos que se llevaron fueron los de un familiar de Colón, mientras que los del Almirante se quedaron en la Catedral de Santo Domingo.
«Aquí yacen los restos de Cristóbal Colón».
Por eso, en 1898, en nuestra Catedral, se inaugura un oneroso monumento de mármol y bronce que acoge la urna de plomo recién encontrada.
***
Casi treinta años después, en 1923, se celebra la Quinta Conferencia Internacional Americana y se acuerda construir un faro monumental en la costa de Santo Domingo, para acoger ahí los restos del Almirante y honrar así su memoria.
Pero no es hasta 1926 que se promueve un concurso internacional y se reciben alrededor de quinientos diseños, procedentes de 45 países.
Dicho concurso lo gana, en 1931, el escocés Gleave, quien no vería finalizada la obra, pues muere en los sesenta y ésta no se retoma hasta 1986, cuando Joaquín Balaguer alcanza de nuevo el poder.
La prioridad de Balaguer era inaugurar el Faro, cuya construcción inicia bajo la dirección del arquitecto dominicano Teófilo Carbonell, durante el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, a pesar de que el país, ya se dijo, estaba sumido en una de sus peores crisis.
Por eso la prensa, la oposición y la intelectualidad comparan su construcción con la de las pirámides egipcias y a Balaguer con un despiadado faraón.
Al final, en 1990, el monumento con los restos de Colón se traslada de la Catedral al Faro.
Y el 6 octubre de 1992, la obra se inaugura, con la presencia del Papa Juan Pablo II, el secretario de la OEA y diversos mandatarios internacionales.
Las autoridades españolas, sin embargo, insisten en que ellos poseen los restos y ponen en duda el hallazgo de la Catedral de Santo Domingo, exigiendo que se realicen estudios a ambos restos.
Así, en el 2006, la Universidad de Granada lleva a cabo una investigación de ADN mitocondrial y contrasta los restos del Colón de Sevilla con los de su hermano mayor, Diego.
Resultan ser auténticos. Cuando los mismos especialistas quieren replicar el estudio a los restos del Faro a Colón, las autoridades dominicanas se desentienden.
¿Acaso temen que la urna esté vacía o que, en vez de Colón, se trate de un contemporáneo suyo, olvidado por la historia?
En lo absoluto. El temor no tiene que ver con la decepción o con hacer un ridículo histórico, tiene que ver con que si abren la urna hay grandes posibilidades de que se desate un fukú. Así como lo leen: un fukú.
***
El término «fukú» no aparece en el Diccionario de la RAE, pero sí el término puertorriqueño fufú, que significa hechizo, brujería o maldición.
El escritor hispano dominicano Carlos Esteban Deive relaciona ambos en su forma y significado.
En el extranjero, muchos recuerdan la palabra porque el poeta Evgueni Evtushenko la usó para titular uno de sus libros, y en la célebre La breve y Maravillosa vida de Óscar Wao, Junot Díaz la refiere como una especie de maldición que persigue a la familia de León Cabral.
Colón es la figura con la que más asociamos el fukú. Tal vez porque al “descubrir América” rompió el balance del cosmos y, como nos ha enseñado Hollywood, esa osadía tiene un costo.
O tal vez porque sus restos poseen una historia que remite a la de la maldición de Tutankamón. Se sabe de personas que, tras manipular los restos del Almirante, fallecieron de modo misterioso o vivieron infortunios.
El dominicano promedio trata de no mencionar el nombre de Colón y, cuando lo hace, toca madera y dice zafa, especie de conjuro para librarse del fukú.
Desde el principio, la construcción del Faro estuvo signada por la sombra del fukú.
En 1937 despegó, de Ciudad Trujillo —el dictador Rafael Leónidas Trujillo recién había cambiado el nombre a Santo Domingo—, una escuadrilla de cuatro aviones —bautizados como Santa María, La Pinta, La Niña y Colón— que debía promocionarla por Latinoamérica: de los cuatro, sin embargo, se estrellarían tres.
Nueve años después, en un evento que parecía menos riesgoso —un concurso de belleza—, justo antes de que se coronara a la reina, la tierra tembló.
Trujillo, al ver a las señoritas corriendo, con sus tacones en las manos, aceptó la maldición. Aún así, en 1948, participó en el cordonazo de la obra, rodeado de embajadores y funcionarios.
Tras ordenar la detonación de 30 cartuchos de dinamita, a 300 metros del público —la intención era despejar el área para el vaciado de la zapata—, en una escena que pareciera sacada de una película de Buster Keaton, se elevó una enorme roca que aplastó el vehículo del vicepresidente Jesús María Troncoso.
Trujillo, entonces, decide engavetar el proyecto.
Por todo esto, cuando Balaguer lo retoma, muchos funcionarios y allegados temen involucrarse, pues temen la maldición.
La propia hermana de Balaguer, muere de un ataque cardíaco tras visitar el monumento, en los días previos a su apertura.
Entonces, con el pretexto de guardar estricto luto, Balaguer se abstiene de participar en la inauguración, actitud que el pueblo relaciona con el temor al fukú.
***
Durante los últimos años, el Faro ha sido relegado al olvido.
Esto tal vez tiene que ver con el rechazo que en la actualidad genera la figura de Colón, así como con la disminución de la hispanofilia promovida por Balaguer y sus secuaces, en tanto método para borrar las raíces africanas de la población y diferenciarnos de nuestros vecinos haitianos.
Mapa de La Española, como se bautizó la isla a la llegada de Cristóbal Colón.
Durante las marchas de descolonización, que se llevaron a cabo hace unos años en todo el continente, en las que las estatuas de Colón fueron vandalizadas y derribadas, pensé que, por efecto dominó, esas protestas alcanzarían Santo Domingo.
Sin embargo, no tuvimos ninguna protesta de grandes proporciones.
Me viene a la mente, eso sí, una acción de 2021, titulada Encubrimiento, en que la artista Joiry Minaya tapó con una tela —diseñada con imágenes de plantas medicinales, rituales y venenosas utilizadas por los taínos y esclavos africanos contra los conquistadores— la estatua del Parque Colón.
En este sentido, sorprende que se haya criticado tan poco al Faro, que podría catalogarse como el tótem del colonialismo.
La verdad, sin embargo, es que muchos jóvenes ni saben que el monumento existe y los mayores lo han olvidado. Pese a sus dimensiones, el Faro ha ido desapareciendo ante nuestros ojos. No solo no prende su luz, sino que su estructura ha comenzado a deteriorarse.
En un artículo de 2017 del Diario Libre se denunciaba que sus jardines, sin podar, oscuros y abandonados, eran aprovechados por atracadores y redes de prostitución.
También se decía que su techo estaba lleno de filtraciones y que algunas de sus salas se encontraban clausuradas y llenas de moho. Se hablaba incluso de un hongo maligno que podía ser peligroso para empleados y visitantes. ¿Se habría adueñado del Faro, finalmente, el fukú?
A mediados de la década pasada fui a visitarlo con unos amigos. A pesar de que arribamos en el horario de apertura, estaba cerrado.
Como queríamos ver el monumento de mármol y bronce donde yace Colón, nos asomamos a la verja y alcanzamos a ver a un guardia vestido de blanco, dormitando en una silla de plástico al lado del cofre con los restos del almirante.
Desde entonces no había vuelto a poner un pie en el faro. Por eso hace unas semanas le pregunté a mi mujer si me acompañaría. Y ella me contestó que fuéramos a la mañana siguiente.
A mitad de la noche le volví a preguntar por qué lo encontraba feo. —Porque lo es. Hizo una larga pausa, hasta que se incorporó en la cama y dijo: —Es el resultado de algo que empezó mal, un malentendido, una confusión. Colón pensaba que había llegado a la India.
Tumba de Colón
Los huesos no se sabe si están en Sevilla o aquí. O si están en los dos sitios. Y luego ese faro que no prende. Que además no se sabe lo que es. ¿Es una tumba, un museo o un faro?
—Es como el minotauro, le dije. —Exacto. El faro es el minotauro, perdido en su laberinto. Y además es feo.
***
Salimos temprano. Al cruzar el Puente de las Bicicletas y apreciar la mole, bajo el sol caribeño, empezamos a animarnos.
Dejamos el carro en el parqueo y nos fuimos a pie hasta la entrada principal, ubicada en la fachada oeste.
Mientras mi mujer se entretenía leyendo las inscripciones yo anduve hasta el principio del parque, para tener mayor perspectiva.
Los jardines estaban más cuidados que la vez anterior y, como los alrededores carecen de árboles frondosos, el sol golpeaba por doquier.
Más allá de la avenida llena de estatuas descascaradas, vi el mar y una panorámica de la costa de Santo Domingo. Retrocedí al monumento y noté, en los muros laterales, el leiv motiv del Faro, aquellas citas de Bartolomé de las Casas y de Cristóbal Colón relacionadas con levantar cruces en los caminos.
Al subir los escalones, vi un busto en miniatura de Balaguer, que se colocó diez años atrás y, en la explanada principal, me fijé en una especie de podio en forma de proa, que fue desde donde el Papá Juan Pablo II ofreció una misa el 10 de octubre de 1992.
Me concentré entonces en la fachada, tan similar a una pirámide maya coronada por una especie de estructura en forma de moña de regalo.
La fachada tiene catorce lápidas de mármol con inscripciones de citas bíblicas y filósofos clásicos, que acentúan el parecido del monumento con un sarcófago.
Al joven de lentes de la boletería le pareció sospechosa la presencia de dos dominicanos a esa hora de un martes y estuvo a punto de preguntarnos si no trabajábamos.
Vista del interior del Faro.
—¿Quiénes visitan el faro? —le pregunté al echar un vistazo al interior y notar que estaba vacío. —Turistas y estudiantes de escuela —me contestó. Luego me explicó que, anualmente, vienen unos treinta mil visitantes.
Los turistas realizan un recorrido que incluye el faro, pero también los Tres Ojos y la Zona Colonial, aunque esa mañana no había llegado ningún contingente.
Me fijé en el interior del mausoleo, revestido de mármol blanco de gran reflectancia y en su techo de hormigón. Caí en cuenta de que, mientras en el exterior el monumento lucía austero, gris y frío, por dentro regresaba el barroquismo, el anacronismo y el delirio caribeño.
Una guía joven y simpática, Cristal —nombre apropiado para trabajar ahí—, nos llevó por las salas laberínticas.
Tras contemplar los 21 cuadros de vírgenes latinoamericanas que pintó Ada Balcácer, cruzamos al ala sur, donde están la capilla de Santa María de la Rabida y la Sala del Descubrimiento, además de la colección de retratos del Almirante.
La guía nos explicó que el primer cuadro de Colón se hizo cien años después de su muerte y que la profusión de retratos solo puede darnos una idea de cómo era. Lo más impresionante de esa sala es el ancla de la nao Santa María, que fue encontrada en Haití, cerca del lugar donde naufragó.
De acuerdo con la propuesta de Gleave, la exhibición de los pabellones internacionales solo debía incluir a los países del Nuevo Mundo. A medida que avanzamos, nos percatamos de que incluye países europeos y asiáticos.
La presencia de Japón tiene lógica, ya que Colón pensó que llegaba a Asia y a algunas islas del Caribe las identificó como Cipango. Además, los japoneses han cedido piezas importantes.
Por ejemplo, se exhibe un arcabuz del siglo XVI, que fue robado del Faro en el 2011 y posteriormente recuperado. También la presencia de la India tendría sentido, pues Colón pensó haber llegado a esas tierras, pero en vez de resaltar esto, el pabellón muestra un póster del Taj Mahal que cubre toda una pared.
Cruzamos al ala norte, donde están los países del nuevo mundo y que termina en una sala dedicada al Papa Juan Pablo II, donde se exhibe la casulla que vistió durante la misa, algunos cuadros alegóricos y recortes de prensa de las tres veces que visitó la República Dominicana.
Claro, esta sala no agota la presencia del pontífice: en la fachada norte hay catorce lápidas de mármol, donde está grabado su mensaje a propósito del Quinto Centenario, y unos metros más adelante, encerrado en una estructura de cristal, está el papamóvil que utilizó en su última visita a Santo Domingo.
Ornamentos usados por el Papa Juan Pablo II en su visita a Santo Domingo
Lo más atractivo del interior del Faro es el monumento de mármol y bronce donde se encuentran los restos de Colón, que fue realizado por dos catalanes: el escultor Pedro Carbonell y el arquitecto Fernando Romeu.
En su parte delantera, detrás de dos leones negros que custodian los restos, se lee, en inscripciones de oro: «E assi mismo especialmente encargó que su cuerpo fuese sepultado en esta ysla».
Estas palabras se refieren al almirante y fueron tomadas del testamento de su hijo Diego, realizado en Santo Domingo el 8 de septiembre de 1523.
Los restos se encuentran en un cofre negro que está en el centro del monumento y donde, en otra chapa de oro, se lee la fecha de 1492 y, en una más, está el escudo de Colón.
Arriba del monumento, más allá del techo, está la estructura en forma de moña. Tal vez Gleave alcanzó a soñar con una luz que surgía del cofre y se alzaba, proyectando al cielo un holograma de la calavera del almirante, que guiaría a los viajeros a su última aventura.
La estructura en forma de moña hace pensar estas cosas. Pero la guía me explicó que dicha estructura no despide luz y solo tiene función decorativa.
Al preguntarle cuánto tiempo lleva el faro apagado, me contestó que está en proceso de remodelación y que de hecho hace unos meses, el alcalde de Santo Domingo Este, anunció que volverá a encenderse.
—Alemania va a donar las luces —me dijo. —¿Lo has visto prendido alguna vez? —le preguntó mi mujer.
Su reserva al responder me llevó a pensar que tal vez su generación nunca ha visto el Faro prendido.
Al notar nuestro interés nos contó que cada 12 de octubre se realiza una ceremonia que consiste en abrir el cofre para ver la urna con los restos.
—¿Y la abren? —le pregunté con un hilo de voz. —Si la abrieran, la brisa deshiciera los huesitos, me respondió
Mi mujer y yo quisimos decirle que eso podría desatar un fukú, pero nos mordimos la lengua: no era el lugar para mencionar esa palabra.
Así que al avistar el primer contingente de turistas nos escabullimos, pensando que por nada del mundo apareceríamos por ahí un doce de octubre.
La mente es maravillosa(L.B.Sosa) — Demostrar afecto puede ser natural para algunos, pero quizás no para ti. Es normal que la personalidad o la propia timidez impidan que lo hagas. Aun así, la falta de afecto imposibilita que conectes con otras personas, a pesar de que las quieras. Por eso, si buscas ser una persona más cariñosa, te invitamos a que leas este artículo.
A continuación, te daremos algunas claves para implementar en tu vida diaria. No importa si te cuesta llevarlas a cabo al comienzo, lo esencial es que lo intentes y, día tras día, las pongas en práctica para progresar en tus relaciones. ¡Vamos allá!
– ¿Qué significa ser cariñoso?
Ser cariñoso implica, a grandes rasgos, comunicar afecto a los demás.
A pesar de que está ligado al amor, ambos sentimientos tienen sus diferencias.
Por ejemplo, el cariño suele estar más relacionado con su demostración, mientras que el amor implica un vínculo más trascendente.
El cariño se desarrolla desde la niñez y está asociado con la forma de crianza.
En este sentido, la manera en la que los padres o cuidadores establecen el vínculo con sus bebés desarrolla un tipo de apego, seguro o inseguro, que influirá en las relaciones cercanas por el resto de la vida, de acuerdo con la revista Anales.
Así, podrás comunicar mayor o menor cariño a los demás según cómo fue el desarrollo del apego durante tu infancia. Sin embargo, también es importante destacar que no todo afecto que transmitas te convertirá en una persona más cariñosa. Es decir, es posible expresar cariño sin sentirlo en realidad o solo porque buscas algo a cambio.
Algunas de las formas de expresión del cariño incluyen demostrarlo mediante el lenguaje verbal o no verbal, con el uso de expresiones faciales, del tacto y la proximidad del cuerpo. De igual modo, es posible comunicar cariño a través de la escucha activa y la empatía.
Communication Monographs menciona en un artículo que la comunicación afectiva mediante cualquiera de estas formas comprende la expresión de los sentimientos de cercanía, afecto y cariño por otros. Es importante que experimentes esa emoción al brindarla a los demás. De esta forma podrás obtener algunos de los grandes beneficios que posee el cariño, tal como te indicaremos enseguida.
– Beneficios de ser una persona más cariñosa
Esta comunicación de afecto en todas sus maneras no solo ayuda a mejorar las relaciones, sino que favorece tu salud. Aunque resulte extraño, ser más afectuoso puede aumentar tu felicidad y autoestima, como señala el Oxford Research Encyclopedia of Communication.
A la vez, quienes demuestran afecto tienen menos probabilidades de reaccionar de forma exagerada frente a eventos que provocan estrés. Y, en relación con ello, son capaces de recuperarse más pronto y relajarse al brindar o recibir cariño.
Por todo esto, es posible que ser una persona más cariñosa y demostrarlo mediante una comunicación afectiva adecuada otorgue mayor bienestar, tanto para ti como para los demás. En conclusión, menos estrés, depresión, ansiedad, problemas sociales, apego inseguro, dificultades para dormir y hasta problemas físicos, como dolores.
– ¿Cómo ser más cariñoso?
Puede que tu timidez o tu forma de ser, debido al estilo de apego, te impida ser una persona más cariñosa. Si consideras que estas son las posibles causas, sugerimos trabajarlo en terapia. Así, podrás detectar qué te detiene al momento de expresar tus sentimientos. Además, brindar afecto tiene las ventajas que mencionamos. Por eso, vale la pena intentarlo.
Sumado a ello, muchas veces pequeños actos son suficientes para manifestar lo que sientes por los demás y que ellos lo crean también. Por todas estas razones, te invitamos a leer los siguientes consejos para que los pongas en práctica con quienes están a tu alrededor: pareja, amigos, familiares o conocidos.
1. Brindar contacto físico
El contacto físico es, tal vez, la forma más habitual de expresar cariño.
Existen distintos tipos de contacto; en este sentido, solo es afectivo si está destinado a comunicar amor o afecto a los demás.
Esta forma de demostrar cariño tiene beneficios para la salud de quienes están involucrados en él.
Como argumenta un estudio del Personality and Social Psychology Bulletin, el contacto afectuoso es muy importante para fortalecer los vínculos sociales.
Quien lo recibe puede sentir mayor satisfacción en las relaciones, seguridad de apego y regulación de las emociones.
Dar un abrazo, tomarse de la mano, acariciar a un ser querido o besarlo son maneras de demostrar ese afecto y apoyo. Intenta practicarlas con frecuencia, no solo en momentos de intimidad y felicidad, sino también en situaciones tensas o peleas. De hecho, en estas últimas ocasiones, el contacto tiende a reducir los niveles de estrés.
A pesar de todo esto, también debes ser capaz de reconocer la incomodidad. Existen determinadas situaciones en las que los demás no desean que los toques o no comparten la confianza necesaria para ello. Pueden tener sus razones. Por eso, procura destinar el contacto físico cuando estás seguro de que no molesta.
2. Practicar una escucha activa
La comunicación es una de las necesidades básicas de toda relación. Para ello, hace falta una persona que sepa escuchar y otra que se sienta escuchada. No solo basta con oír a los demás. También es necesario comprender sus mensajes, ser más empático e involucrarse.
La escucha activa o empática es una de las cualidades que puedes practicar para ser una persona más cariñosa. Si un ser querido tiene un problema y busca tu ayuda, la manera en la que sentirá tu afecto será si le prestas atención. Prueba con los siguientes consejos al momento de conversar:
No interrumpir o cambiar de tema.
Preguntar cómo ha estado, cómo le ha ido, etc.
Hablar con un tono de voz cálido, con amabilidad y respeto.
Procurar una postura corporal que esté dirigida a quien habla.
Reformular aquello que te dicen o hacer preguntas pertinentes.
Mantener el contacto visual con la otra persona mientras hablan.
No dar simples agradecimientos o consejos. De hecho, un estudio del International Journal of Listening resalta que quienes reciben respuestas de este tipo se sienten menos comprendidos que con respuestas de escucha activa.
3. Expresar afecto mediante las palabras
Como referimos antes, puedes utilizar la comunicación verbal para demostrar tus sentimientos hacia los demás. Por ejemplo, al decir «te amo», «te quiero» o «eres muy especial para mí». También, expresándoles que los echas de menos. A veces, un «te extraño» es igual de poderoso que una frase de amor.
Al principio, es posible que te cueste decirlo en persona, por lo que puedes optar por enviar mensajes a través de las redes sociales. Tanto el uso del lenguaje oral como el del lenguaje escrito logra que la otra persona se sienta más querida y cercana a ti.
4. Estar atento a los detalles
No prestar atención a otros es una de las peores cosas que puedes hacer si quieres ser más cariñoso. ¿Cuántas veces te ha pasado que no te das cuenta de algo por estar abstraído en tus pensamientos? Es muy probable que, en esas circunstancias, los demás te digan: «Nunca me prestas atención».
Esfuérzate por recordar aquellos datos que te comunican, por más pequeños que sean. Por ejemplo, las fechas de cumpleaños, los aniversarios, actividades o eventos que los demás tengan o cualquier aspecto que sabes que les importa.
Si sufres de mala memoria, tan solo tienes que recurrir a una agenda o al propio teléfono celular. No existe acto más afectuoso que interesarse por aquellas cosas que les importan a otros. Verás que, una vez que comiences a implementarlo, mejorarán tus relaciones.
5. Dar pequeños actos de amor
Los detalles son muy importantes. Con esto no nos referimos solo a estar atentos a pequeños aspectos que son relevantes para los demás, como mencionamos antes. Hablamos de gestos que hagan feliz a la otra persona.
Ya sea regalar algo que le guste, cocinarle su comida favorita o compartir un pasatiempo en común, evidencia al otro que te importa. Además, considera que cualquiera de estos actos fortalece la conexión con los demás o reaviva la chispa de la pareja.
– Ser una persona más cariñosa requiere voluntad
Todos podemos sentir cariño por otras personas. Sin embargo, ser una persona más cariñosa implica expresarlo de diferentes maneras. Hay quienes prefieren el contacto físico, mediante abrazos o besos, mientras que otros lo manifiestan a través de palabras o gestos. Cualquiera sea el caso, dar cariño es importante para mantener las relaciones con vitalidad.
Si bien puede parecer muy complejo en un comienzo, el afecto tiene sus beneficios, tanto para quien lo recibe como para quien lo brinda. Quizás esto te ayude a tomar la iniciativa y empezar a practicar los consejos anteriores. Nunca es tarde para demostrarle a aquellos que quieres que son importantes para ti o para buscar ayuda profesional que te motive a hacerlo.
Tenemos un problema. Un problema de los grandes. De los que nos deberían dejar sin sueño a la hora de la siesta. De los que no se le pueden endilgar ni a Siri, ni a Alexa, ni a Cortana, ni siquiera a un coach. Un problema de verdad. O, mejor dicho, de realidad.
El problema es justamente ese: la realidad. Porque no sabemos definir su contraria: la ficción. Y sí, ya sabemos que no es del todo correcto intentar definir las cosas por sus contrarios, pero ayuda, sobre todo en este caso concreto, donde parece irrevocable la complementariedad cada vez que nos referimos a la una o a la otra.
¿Cuántas veces no han escuchado, o incluso utilizado, la expresión «la realidad siempre supera a la ficción»? Y se dice esto como si se estuviera revelando algún secreto, algo no obvio antes de recalcar la dicotomía jerárquica, lo que es una muestra clara de lo necesario que sigue siendo repensar ambos conceptos.
Lo primero que habría que preguntarse es qué va implícito en la frase recién referida. Es decir, ¿en qué supera la realidad a la ficción? Según el contexto en el que se suele proferir, deducimos que la supera en el grado de inverosimilitud de lo acontecido, en la capacidad para sorprender a los espectadores del mundo; a veces, en el inesperado salto de transgresión de los límites imaginables del bien y del mal, y otras para enfatizar la belleza de lo natural frente a las recreaciones virtuales.
En cualquiera de estos casos hay varios errores de fondo que apuntan directamente a la no comprensión de lo que es ficción ni tampoco lo que es realidad, y tendemos a mezclar los atributos que le corresponderían a la primera con los de la segunda, y viceversa.
No se alarmen ni se sientan atacados: que esto suceda es normal. Porque nuestra idea construida popularmente de ficción es indesligable de los paradigmas de imitación (mimesis) y espejo (speculum) que han condicionado la representación de la ficción desde la literatura.
Es más: nuestra idea actual de ficción bebe directamente de ese paso de la mimesis al speculum dentro de la literatura, pero de ello trataremos en la segunda parte. A lo que íbamos: decir que la realidad supera a la ficción es igual a no decir nada.
Claro que la forma en la que se manifiesta la realidad es imprevisible, sorprendente, en ocasiones con apariencia azarosa (y quizá más que en apariencia), enrevesada, inexplicable, ya sea por lo que el compañero Álvaro González comentaba en uno de sus tweets recientes, que la realidad no necesita ser justificada; ya sea porque no tenemos a quien pedirle que rinda cuentas en términos últimos y absolutos, independientemente de que uno sea ateo o creyente, que Dios no está para estas cosas mundanas.
La realidad es lo que nos pasa y nos sobrepasa, mientras que la ficción es el instrumento con el que intentamos sobreponernos a la limitación mostrada desde la realidad de nuestras capacidades racionales, o como planteara Tom Clancy: «La diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción debe tener sentido».
Y, por tanto, la realidad no.
La realidad es inapresable, siempre se nos escapa en el momento en el que intentamos abalanzarnos sobre ella para definirla.
¿Qué por qué? Porque la única herramienta con la que contamos, el lenguaje —y en este caso nos da igual que sea cotidiano o traducción de proposiciones a la lógica formal—, es, como ya pueden prever, ficción.
No nos referimos, por supuesto, a la capacidad humana para articular un discurso y una conciencia temporal lineal a través del relato, sino al contenido representado por los grupos simbólicos a los que llamamos letras que dan como resultado las palabras, siendo ellas las responsables del modo en que nos representamos el mundo.
Intenten pensar sin palabras, en formas puras, en imágenes sin nombre, en el vacío, en lo infinito. Inténtenlo ahora, si es que no llegamos tarde y usted ya había sido consciente del ruido que constantemente emite su mente en forma de palabras saltarinas al intentar meditar y poner la mente en blanco. Si lo consiguieron, nuestros respetos. Si son de los que lo han intentado sin éxito, respire tranquilo, no vamos a juzgarle, principalmente porque la que aquí firma tampoco lo ha conseguido, e incluso le parecería lícita la pregunta acerca de la utilidad de dejarse sugestionar hasta el punto de estar en el mundo como si estuviéramos muertos.
El problema no está en el lenguaje y en su innegable utilidad para el desarrollo de la vida particular y de la cultura, sino en la confusión que establecen esas representaciones con lo representado; en querer darle realidad de suyo a lo nombrado, otra vez, como si fueran las cosas mismas (y ese como si es la expresión radical del juego y de la imaginación). Si cogen su ejemplar de Niebla de Miguel de Unamuno y lo abren por el apartado «Oración fúnebre a modo de epílogo» entenderán mejor a qué nos referimos.
Dice el perro Orfeo reflexionando sobre su compañero muerto lo siguiente: habla [el hombre], y eso le ha servido para inventar lo que no hay y no fijarse en lo que hay. En cuanto le ha puesto un nombre a algo, ya no ve este algo, no hace sino oír el nombre que le puso, o verle escrito. La lengua le sirve para mentir, para inventar lo que no hay y confundirse. Y todo es en él pretextos para hablar con los demás o consigo mismo. (…) El lenguaje le ha hecho hipócrita.
[Spoiler: hay que entender que el perro está de bajón porque se le ha muerto su amigo humano y él presiente, certeramente, que está a puntito de morir también, así que inferimos que hay un poco de rabia en su predicado y que la generalización proviene de esa ira ante la imagen de la muerte. Tampoco es cuestión de darle credibilidad a pies juntillas todo lo que se dice en esos momentos tan delicados, ni juzgar a todos los perros como unos malajes por lo que diga este perro de ficción. Fin del spoiler].
Hablando fingimos poseer dentro de la palabra la realidad en sí y adquirimos la ilusión de poder modificarla o modelarla al antojo de nuestros deseos, de nuestra imaginación, y como respuesta a nuestros miedos, como analizase Giambattista Vico en su Ciencia Nueva. Como es un fingimiento que hacemos de manera automática, termina por parecernos que es la realidad misma y, (no tan) obviamente, no lo es, por más que intentemos sobrepasar los límites de lo inapresable ayudados por la tecnología o por los juegos de palabras que crean la ilusión de estar más allá de donde podemos llegar.
Un buen ejemplo de ello podemos encontrarlo en ese oxímoron llamado «realidad virtual». Párense a pensarlo detenidamente por un momento: realidad, lo que es, podríamos decir para resumir lo expuesto; virtual, según la primera acepción del DRAE, «que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real», según la tercera, referente a la física, «que tiene existencia aparente y no real».
Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de realidad virtual? Claramente, otra vez, de una ficción, entendida como fingimiento de la realidad a través de los escenarios que nos presenta lo virtual. Un recurso literario, en el fondo, para hacer más atrayente lo no efectivo, para simular que no se trata de un mero juego de ilusiones preconfiguradas, que enuncia a la realidad como partícula primera para sugestionar a nuestros sentidos a dar validez absoluta a lo allí percibido.
Pero no nos lo llegamos a creer del todo, quizás por la necesidad de tener un objeto que intermedie entre nuestra vista y las apariciones presentadas, sean unas gafas opacas del tamaño y el peso de un zapato, un guante similar a la mano de RoboCop, o un teléfono móvil con buena conexión a internet. Y por eso hay una carrera comercial encarnizada entre los grandes de la tecnología —y algún que otro intruso ricachón— por ver quién consigue primero hacer desaparecer tal obstáculo.
Habrán oído ustedes el revuelo que tiene montado Mark Zuckerberg con su nuevo proyecto Meta, que parecía estar guardado en un cajón esperando el momento perfecto para tapar el último escándalo de Facebook. Si fuésemos conspiranoicos pensaríamos que empezó a gestarse a raíz de otro escándalo, el de las elecciones de Estados Unidos de 2016 y el posterior documental de Netflix La red social.
Pero si fuésemos o estuviésemos conspiranoicos también tendríamos que creer que Zuckerberg es un reptiliano o un robot, y el artículo tendría que tirar por otros derroteros que no son los que anunciábamos al comienzo, y eso sería clickbait y no es propio de un medio serio como en el que nos encontramos. Mantenemos que estamos aquí para intentar dilucidar qué es la ficción, aunque el camino para llegar a alguna conclusión sea largo y sinuoso. Así que, por ahora, y hasta que se demuestre lo contrario, vamos a quedarnos con los hechos.
Meta es un intento por materializar en la realidad el contenido de no pocos argumentos presentes en la ciencia ficción: crear una existencia paralela en un universo virtual que, por supuesto, está enfocado al consumo (y de ahí al argumento de la serie Upload hay solo un paso). La estrategia de marketing es impecable, porque la experiencia de compra se esconde bajo el velo de lo que más se desea a nivel personal: la felicidad, la libertad y la riqueza en términos de relaciones sociales ilimitadas.
Respecto a lo último, no vamos a negar que es tentadora la idea de poder sortear la barrera espacial que nos impide tocar a nuestros seres queridos, que después de una pandemia y varios confinamientos todos nos hemos dado cuenta de la importancia que tenía el sentido del tacto para nuestro bienestar emocional.
Pero mucho tiene que mejorar la tecnología para que tal contacto en la red se infiltre en nuestras terminaciones nerviosas hasta el punto de producir el mismo gustito que da abrazar. Para muestra de intento fallido, el artefacto para el móvil lanzado a finales de 2016 llamado Kissenger (ojo, no confundir con Kissinger, aunque el gadget funcione a las mil maravillas como método de control de la natalidad).
Sobre la libertad, podemos decir que pareciera que el dueño y señor del caralibro se ha estudiado el Consuelo de la filosofía de Boecio para luego darle la vuelta como a un calcetín: que la libertad, y la consecuente felicidad que esta promete, dependen exclusivamente de las condiciones materiales, del control de los juicios ajenos y de la de la posibilidad de expandir por un universo (que no el universo) el nombre con el que queremos ser nombrados.
Claro que, siendo una vida de ficción, es decir, fingida, falsa (fictum), no está del todo asegurado que la libertad promulgada pueda ser real.
Por un lado, porque la aparentemente libre autodeterminación se verá determinada por algoritmos fijados y por los recursos monetarios de los que uno goce en la vida fáctica, impidiendo de esa forma una emancipación para elegir los medios para alcanzar sus fines particulares, si es que queda espacio para ellos en un universo prediseñado para satisfacer ciertos fines comunes de acumulación y para promover el enriquecimiento de los que hacen funcionar la máquina; por otro, por lo que recientemente apuntaba la filósofa Ana Carrasco Conde en una entrevista con motivo de su nuevo libro Decir el mal: porque es una ficción individualizante, que busca atomizar al sujeto y arrancarlo de su cotidianeidad social
Ese universo indeterminado como un universo sería, finalmente, una superposición de universos particulares, donde podríamos eludir los problemas de tener que guardarles respeto a los intereses de los otros y el de la convivencia dentro de un mismo espacio, a sabiendas, además, de que sería como los principios para Groucho Marx: si no le gusta en lo que se ha convertido su universo, pueden cambiarlo por otro. Eso sí, pagando.
Algo así como el plan de colonización de Marte planteado por Elon Musk, pero a nivel popular. Será la alternativa a nuestro alcance más instantánea en lo que concierne a entrar y salir del mundo ficticio —porque ni siquiera debería llamarse entrada y salida, sino conexión-desconexión—, pero también menos permanente, porque para vivir (¿vivir?) en Meta habrá que partirse el lomo en el más acá. ¿No les suena esto a la realización virtual del antiguo cielo cristiano?
Ganarse el pan con el sudor de la frente, unirse a un grupo de gente que crea en las mismas cosas que usted, y luego recibir como recompensa un espacio infinito de esparcimiento, llevándose su cuerpo (porque recordemos que fue la tradición cristiana la que introdujo la idea de la resurrección del cuerpo y no solo del alma con el modelo de Jesucristo) pero sin los males connaturales a este, esto es, con su cuerpo ideal o idealizado.
En este sentido, Meta propone dos mejoras considerables: la primera, y la más importante, es que no hace falta morirse para llegar a ese sitio, cosa que se agradece. Solo hay que hacerse el muerto en la vida fáctica, pero ya hemos dicho que es reversible así que lo damos por bueno; la segunda, es que ahora usted tendrá el control sobre cómo será visto su cuerpo en el más allá sin necesidad de pasar por el quirófano plástico. Posiblemente le cueste el mismo dinero pero se ahorra el sufrimiento físico y el período de convalecencia.
Existe una tercera diferencia, que hemos decidido mencionar aparte porque todavía no está claro si sus efectos pasarán a considerarse como mejoras o inconvenientes. Nos referimos al hecho de que se espera que esa realidad virtual forme parte de la realidad real por medio de la realidad aumentada.
Parece un trabalenguas, lo sabemos, pero no hemos sido nosotros los que les hemos dado los nombres. Son los creadores de estos universos paralelos los que están obsesionados con la palabra «realidad», y sabrán ustedes que cuando una cosa se repite muchas veces termina por parecernos que no significa nada. Y todo por evitar decir que son ficción. ¿Saben lo más gracioso de esto? Que al no darle su nombre real, negándole su carácter ficticio, dificultan, justamente, la metaficción.
Don Quijote, por Gustave Doré.
La ficción, aunque cada vez parezca más complicada de definir y de distinguirla de su complementaria, la realidad; aunque no quiera ser nombrada por aquellos que la practican, como si fuera en detrimento del interés que pudiera suscitar por restarle verosimilitud al objeto al que apunta, la ficción, decíamos, no tiene nada de malo.
Aún más, la capacidad humana para crear ficciones ha sido el motor de nuestras sociedades, el germen de las religiones y de la cultura entendida como lo hacía Nietzsche: como el momento en el que lo humano se separa de la naturaleza, definitiva y definitoriamente.
Y hay aquí dos movimientos enfrentados en la actualidad que desembocan en lo mismo: por una parte, el deseo por volver a la raíz natural por medio de una mirada microscópica de los efectos que deja nuestra estancia en el mundo; por otra, el anhelo de salir por completo de la naturaleza, no ya ayudados por la tecnología sino siendo nosotros mismos tecnología.
¿El resultado? Un ansia desbocada por olvidar la historia, por desaparecer del lugar que ocupamos para ubicarnos en otro que alivie nuestra insoportable levedad de(l) ser.
A propósito de la historia, y retomando a Miguel de Unamuno, decía este que la historia, la que consideramos como historia irrevisable por estar apoyada en documentos y archivos, la historia canónica, es ficción. Y que, por el contrario, son las ficciones literarias y las transmitidas por la tradición oral las que componen la auténtica historia.
Tiene mucho de verdad y mucho de razón, ya que, como también se encarga de señalar él mismo, los referentes generales (o generacionales, si se quiere) no son producto de un genio que crea desde su individualidad. Al contrario, lo hace al haber mirado atentamente a su alrededor y haber podido captar la esencia colectiva dentro de una representación, en la que pueda verse reflejada la tradición y los valores propios de la mayoría.
Es lo que sucedió en su momento con El Quijote, y lo que sigue aconteciendo cada vez que se quiere ofrecer una nueva lectura del libro para hacerlo encajar en el molde de una época que no es la suya propia. De facto, don Quijote podría servirnos a las mil maravillas como ejemplo de lo que, desde una visión pesimista, podría ser nuestro futuro.
Pero antes, y aunque sabemos que algún lector será partidario de este deseo por enterrar el pasado a tres metros bajo tierra, permítannos una breve mirada retrospectiva, al tiempo en que Cervantes cambia para siempre el contenido y la intención de la ficción.
Lo que hoy conocemos como ficción literaria no ha existido siempre. De hecho, aunque anacrónicamente llamemos novela a todo relato narrativo conservado, la novela tampoco ha estado siempre ahí. La novela es tal a condición del nacimiento de dicha ficción, puesto que, de un modo singular, la ficción literaria tal y como la hemos entendido en estos últimos siglos surge a rebufo de la imprenta, de la popularización de la lectura y, con ella, del paso a la lectura íntima, silenciosa y no vociferada.
Y vamos a concederle a Cervantes el puesto del primer ficcionador y el primer novelista en lengua española por respetar su autoproclamación en el prólogo de las Novelas ejemplares. Dice Cervantes en su excurso novedoso: A esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinación, y más, que me doy a entender, y es así, que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas extranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa.
Antes de él, más valía la pluma que el ingenio, porque por muy ficticias que hoy nos puedan parecer las obras de caballería, las pastoriles o las picarescas, para los lectores de aquel tiempo estaba claro que eran reproducción mimética embellecida.
No siempre de lo que había en la realidad (aunque había caballeros y pastores y pícaros) sino de lo que podía llegar a parecer deseable para el público tan selecto que tenía acceso a las letras: una imitación de la naturaleza en forma de paraíso perdido, encontrado en la imaginación; lugar recreado para la burguesía que les permitía el lujo de huir de sus quehaceres de burgueses, soñando que abandonaban las frías paredes de piedra que les servían de frontera con el mundo jerárquicamente inferior para ser lanzados directamente a la vida bucólica, heroica o aventurera que se desarrollaba en la naturaleza ideal.
Y ahora imaginamos que se estarán preguntando en qué se diferencia lo anterior con lo siguiente, esto es, con la ficción literaria y la novela, de las que hemos puesto a la cabeza a Cervantes por tener un punto de referencia sobre el que pivotar. La respuesta es simple: en que no había espacio para la crítica en la recreación, solamente para el goce y el disfrute, en cierto sentido anonadante.
El cambio de paradigma que se materializa (como mínimo) a partir de Cervantes radica justamente en la crítica intrínseca al paisaje des/dibujado desde sus ficciones que, como él advertía, no deviene de la imitación, ni tampoco de la idealización, sino de una mirada a la realidad tal cual es —y no como debería ser o como se querría que fuese—, para posteriormente poner enfrente un espejo deformado.
El reflejo es lo que llamaríamos, propiamente, ficción literaria, que lleva de suyo un cariz político y un ejercicio ejemplar de ironía para sortear las limitaciones de la censura. Y en ese reflejo, además de las situaciones concretas, entran también los sujetos, de ficción o de realidad.
El acceso popular a la alfabetización y, por ende, a la lectura, permitió el intercambio entre el conocimiento que los personajes divulgaban desde el otro lado del espejo, con el pago efectuado por los lectores mediante un pase de acceso directo a la realidad, si no en cuerpo (como en los casos del propio Quijote, o de Hamlet o de Ignatius J. Reilly, a quienes nos los representamos con una apariencia sólida, para todos la misma), sí, al menos, en un segmento modificado de nosotros mismos.
Por supuesto, para que ello se produzca, el reflejo ha de estar en contacto directo con el objeto a reflectar (la realidad), puesto que de lo contrario lo que tendríamos sería un vacío, una nada, y ya sabemos de sobra que «de la nada nada sale».
Como bien indica Bénédicte Vauthier, muchos críticos han subrayado que en la obra de Cervantes la inclusión de elementos inverosímiles corre pareja a la de los datos históricos. Está claro, esa insólita mezcla es mucho menos inocente de lo que resulta a primera vista. La alianza tiene a menudo la ventaja de hacer más verosímil lo uno, más ficticio lo otro.
El recurso de la metaficción es el responsable de establecer, de forma inequívoca, puentes entre los distintos niveles del contenido real y ficcional dentro de la propia obra de ficción. El caso más citado, por ser también el ejemplo más evidente y conocido, lo encontramos otra vez en El Quijote, cuando Alonso Quijano lee, dentro de la acción narrativa, sus libros de caballería, que son los mismos que cualquier persona real podría leer. De esta forma, el personaje ficticio comparte espacio con sus lectores fuera del horizonte paisajístico pero dentro del marco cultural.
Resumiendo —por no jugar con la paciencia de los lectores que se hayan visto forzados a mirar a la historia de la ficción—, para que haya un sentido crítico en el reflejo tiene que estar clara cuál es la partícula de realidad que se quiere criticar. Pero ¿qué pasaría si se confundieran todos los niveles? Preguntadle a D. Quijote. O a Sancho. O a cualquiera que nazca después de que Meta se haya materializado y sea considerado nativo de los metaversos.
Si les parece demasiado lejano, pueden probar a preguntarles a los nativos digitales, que igualmente tienen algunas lagunas a la hora de realizar esta distinción. Por favor, no les increpen, no es su culpa. Es que son nativos, a la par, del auge de una mentalidad que parece novedosísima, pero que es más antigua que los balcones de palo: la esperanza en que van a poder ser testigos del mejor de los mundos posibles.
A diferencia de la motivación que llevó a Leibniz a predicar tan optimista concepción de nuestra esfera terráquea como justificación del mal y exculpación de Dios, hoy se vende esta idea como un pack de experiencias más.
Como si al entrar en la realidad virtual se le diera a uno el certificado de sumo arquitecto, prometiéndole que mientras más inmerso esté en ella, mayor será la perfectibilidad a la que podrá aspirar su mundo, y hasta él mismo. Isabel F. Peñuelas lo explica así en su artículo «¿Qué diría Platón del Metaverso?»: «Hoy la capacidad prospectiva, que rara vez predice lo que predice, sobre todo cuando enfrenta la complejidad, se sustituye por análisis de escenarios alternativos de lo que puede suceder para, a partir de ahí, elegir el mejor de ellos y trazar un camino que nos lleve».
Quizá en la realidad no pueda desembolsar lo que cuesta una camiseta de una firma de lujo con su sueldo precario pero tranquilo/a, terminará por darle igual que sus condiciones laborales rocen la explotación porque su avatar sí podrá vestir dicha camiseta (como sucede ya, por cierto, en Animal Crossing o en Fortnite). La meta es la adquisición y la acumulación de bienes que parecen brindar la libertad y la felicidad. El camino más corto, la realidad no real.
La secuela, un aburrimiento mortal por no haber escuchado a Aristóteles cuando hablaba de la virtud como término medio. Ni a Andrea Köhler, que desde su obra El tiempo regalado pone de manifiesto las bondades y las maldades (ambas necesarias) del tiempo de la espera, y en la que avisó de que «podría decirse que la sociedad del entretenimiento es una forma tardía de los cuentos de Las mil y una noches […] pero si la televisión fuese en efecto nuestra Sherezade, no habría manera de librarse de los mil peligros de muerte que nos acechan».
Pero, ay, amigos, es que la televisión, como los cuentos, como los videojuegos al uso, están dispuestos para que tengan un principio y un final, y en ese final podemos pararnos a recomponernos y pasar a otra tarea. Sin embargo, en las nuevas propuestas de entretenimiento no. Hay un principio que se quiere alargado hasta el infinito siguiendo la mecánica del mercado, y el tiempo de espera es tiempo (de objetos) perdido(s), y el entretenimiento se vuelve trabajo.
Desde esta perspectiva se resuelve como lógico que las grandes compañías que invierten en la realidad virtual o aumentada para proponerla como el futuro que ya está aquí no usen la palabra ficción. Todavía más, casi que podríamos agradecérselo por no añadir otro grado de confusión a lo que ya acumula.
Pero no se dejen engañar: sigue siendo ficción, solo que se ha olvidado a golpe de bitcoin, de NFT, de recompensas de juego y de satisfacción-retribución inmediata, que tenía un espacio en el que previamente había de reflejarse; que tenía una crítica de fondo que le daba significado a lo reflejado; que era un recurso para sobreponerse a lo que nos pasa y no lo que nos pasa en sí.
Es ficción despojada del rastro cultural ganado en la literatura escrita para ser leída íntimamente, reflejo del ser humano desgajado no ya entre ficción y realidad, sino entre la ficción del medio, la ficción de sí mismo y la ficción de los otros, todos ellos tan encerrados en sus abismos llenos de significados virtuales que se vuelven incomunicables entre sí.
Otro ejemplo de lo que hemos olvidado: lo que Vargas Llosa advertía en su discurso al recibir el Nobel de literatura en 2010, sobre lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real.
Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
Respóndanse ustedes mismos a la pregunta de qué parte es la que no se ha cumplido del párrafo citado, y quiénes son en la actualidad los fabuladores. Nosotros nos encargaremos de intentar dar réplica a la siguiente cuestión que este panorama nos deja: ¿se puede ser en la ficción radical?
En principio, no.
Porque lo que vuelve tan suculenta a la propuesta de los metaversos es, precisamente, la posibilidad de poder ser otro distinto al que se es, poder romper con la línea continua de nuestra vida escapándonos de ella y de quienes nos rodean, de nosotros mismos, de nuestras circunstancias en la realidad, que ya no serán más circunstancias ineludibles sino sorteables.
Algo similar a lo que era la lectura como distracción, pero con menor esfuerzo requerido para abstraerse y también con menor adquisición de conciencia del mundo real una vez se ha salido del tiempo de la distracción porque, recuerden, en la ficción absoluta de la realidad virtual y la realidad aumentada no hay nada a este lado del espejo, únicamente el espejismo que se cuela por los poros de lo imprevisible para hacerlo controlable a nuestros designios.
Y de nuevo el aburrimiento supino llamando a nuestra puerta, con un maletín lleno de tedio y de anonadamiento al mejor precio, casi como nuevo.
Si realmente los metaversos llegasen a propagarse de la manera en la que han sido presentados, si nos dejamos llevar por las dádivas de la supuesta autodeterminación individualista, mercantilizada y cosificante; si llegásemos a poner todo lo que queremos llegar a ser al servicio de los servidores, también nosotros seríamos ficción y, como prevenían las películas clásicas, «cualquier parecido con la realidad es [será] pura coincidencia».
Quizá hayan podido darse cuenta de que la noticia de Meta ha coincidido con la alarma social que nos bombardea desde los medios —como si fuera una previsión de futuro y no una mera profecía al estilo de los versos de Nostradamus— del apagón mundial.
Y habrán podido observar cómo se presenta este apagón como el apocalipsis sin tener que nombrar tan siquiera la palabra: basta con remitir a unos cuantos lugares comunes para que todos nos situemos allí, rodeados de fuego y caos con kits de supervivencia, teniendo que saludar a nuestros vecinos al bajar por la escalera, obligados a sobrevivir sin Netflix. Lo que les decíamos: el apocalipsis seguido del purgatorio-infierno que todos merecemos.
¿Lo más horrible del apagón? Que parece que con él nos perderíamos a nosotros mismos, que nos habíamos entregado por completo a la virtualidad; que se nos escape entre los dedos la promesa abrahámica de la tierra prometida, del futuro en nuestras manos.
Porque, al contrario del paradigma nostálgico de los que nacimos antes de que internet estuviera instalado en todas las casas y existiera el Wi-Fi, de los que crecimos con la idea de que cualquier tiempo pasado parece mejor, ahora se resucita constantemente a Sinatra para que nos cante al oído que «the best is yet to come», aunque la mayoría de los que comulgan con este cambio de paradigma no sepan tan siquiera quién fue Sinatra.
Pero no corran, no huyan, no se turben, no se espanten. No hay motivos para temer al apocalipsis ni para dejarnos llevar por la histeria colectiva. La realidad, como la filosofía, como la literatura, siempre encuentra la forma de crecerse ante la adversidad, de salvarse y de salvarnos cada vez que se ha dictado su sentencia de muerte.