ACyV(M.Nuñez/A.N.)BBC(D.Robson) — A principios del siglo XX varios investigadores establecieron las bases para medir el intelecto del ser humano y poder compararlo.
Pocos asuntos más complejos que tratar de establecer baremos para medir el nivel de inteligencia del ser humano. Aunque el estudio de nuestro propio intelecto es consustancial al ser humano y hay multitud de referencias a lo largo de la historia, es a finales del siglo XIX cuando el asunto se pone interesante y los investigadores se empiezan a aproximar a la idea de poder medir el de cada individuo.
Tal y como explican Carmen Molero, Enrique Sanz y Cristina Esteban, profesores de la Universidad de Valencia, en una interesante revisión histórica sobre este campo, el psicólogo inglés Francis Galton fue probablemente pionero más destacado, dedicándose durante las últimas décadas del siglo XIX al estudio sistemático de las diferencias individuales en la capacidad mental, demostrando que esas disparidades existían incluso en los procesos más básicos.
Galton sirvió de base y referencia al psicólogo Alfred Binet y al psiquiatra Thèodore Simon, que recibieron el encargo del gobierno francés de crear un test sencillo que pudiera utilizarse en las escuelas para localizar a aquellos alumnos que no podían seguir el ritmo de su curso.
En 1905, como respuesta a la petición estatal, publican ‘La escala métrica de la inteligencia’, en el que presentan por primera vez una serie de test de dificultad progresiva adaptados a la capacidad de respuesta correspondiente a cada edad.
Los autores propusieron un método para medir la inteligencia por el cual esta se calculaba en base a resolver tareas que exigían un dominio progresivo del vocabulario y un nivel determinado de comprensión y capacidad aritmética.
Esta primera fórmula (conocida a partir de entonces como la escala de Binet-Simon) consistía a nivel práctico en atribuir a cada individuo una ‘edad mental’ al margen de su edad cronológica, que son sus años de vida. La edad mental no hacía referencia, por tanto, a los años que tenía la persona, sino a las pruebas que el individuo era capaz de resolver en relación a lo que lograba la media del resto de la población de las diferentes edades cronológicas.
Como se puede ver en la imagen anterior, esas pruebas estaban divididas por edades. Si un alumno conseguía completar las pruebas correspondientes a su edad, esta se consideraba como su «edad mental base», y, si seguía completando las siguientes, se debía ir añadiendo una fracción del año. Cuando fracasaba en todas las pruebas de una determinada edad el test concluía. Binet continuó perfeccionando su test, publicando en los años posteriores revisiones que incluían cambios en las pruebas por edades.
La llegada del cociente intelectual
La escala Binet-Simon aportaba una edad mental de cada alumno examinado, pero no permitía tener un cociente como resultado del test que permitiese estandarizar la prueba y comparar datos entre diferentes poblaciones. Varios expertos entran en escena para lograrlo:
El primero fue Henry Hebert Goddard, que, aunque no aportó ningún cambio definitivo al análisis del resultado numérico de las pruebas, sí fue esencial para difundir el trabajo de Binet y Simon en EEUU. Tras un viaje por Europa para descubrir la metodología de otros investigadores, este polémico psicólogo publicó en diciembre de 1908 ‘Las pruebas de capacidad intelectual de Binet y Simon’ con su versión de la escala.
La promoción del autor hizo que el uso de la prueba se extendiese rápidamente: según la American Psychological Association logró convencer a los médicos estadounidenses para que usaran la prueba y en 1911 ya se usaba en las escuelas públicas. Tres años más tarde, en 1914, se convirtió en el primer psicólogo en presentar los test de Binet antes un tribunal de justicia.
Su éxito académico quedó empañado por sus tesis ideológicas: Goddard argumentaba que la sociedad debería evitar que las personas débiles mentales tuviesen descendencia mediante el aislamiento institucional o la esterilización sexual, lo que le convirtió en uno de los autores favoritos de los defensores de la eugenesia (la autodirección de la evolución humana para la mejora de la especie).
El segundo protagonista es William Stern. Este psicólogo y filósofo alemán, pionero del personalismo crítico, es considerado el inventor del famoso cociente intelectual(C.I.) tras proponer que los resultados de los test como los de Binet y Simon no fuesen una simple diferencia entre su edad mental y su edad cronológica sino una división de la primera por la segunda para obtener una proporción única.
En 1916 el psicólogo estadounidense Lewis Terman publica su revisión de las escalas y del test de Binet-Simon, elaborando las llamadas escalas de inteligencia Stanford-Binet, que siguen siendo una referencia importante para las pruebas de hoy en día. Terman, que llegó a ser presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología, fue el que sugirió que, además de dividir la edad mental entre la edad cronológica, ese cociente se multiplicase por 100 y así obtener el número sin decimales que nos sirve a día de hoy de referencia cuando hablamos de resultados en los test.
Lewis Terman
Frentes abiertos
Con la aportación final de Terman se resuelve simplemente la duda de por qué a día de hoy cuando hablamos de datos sobre lo listo o no que es alguien los justificamos en cifras de test que van desde los 60 u 80 hasta poder superar los 180, pero quedan muchísimas cuestiones abiertas en este campo. Diferentes ramas de las ciencias sociales han debatido durante décadas cuestiones relativas al estudio del intelecto que siguen sin una respuesta definitiva. El departamento de Psicología de la Salud de la Universidad de Alicante resume algunas de las preguntas que los investigadores siguen analizando:
¿La inteligencia es una capacidad general o una suma de capacidades específicas? Es un debate que sigue vivo hoy en día. Investigadores como Charles Spearman defendieron la «existencia de una inteligencia general (‘factor g’) que subyacía a los factores específicos». Howard Gardner, tras el estudio de personas con lesiones cerebrales, postuló por contra que los seres humanos tenemos diferentes inteligencias y que todas son relativamente independientes del resto. El psicólogo y profesor de la Universidad de Yale Robert Sternberg, coincide con Gardner, sin embargo, solo distingue tres tipos: la analítica, la creativa y la práctica.
Otro de los grandes debates gira en torno a las influencias. ¿Nuestra inteligencia es innata y/o adquirida? Genetistas y ambientalistas tienen estudios a su favor que sustentan sus planteamientos. Por un lado, los estudios a nivel genético han demostrado una inteligencia similar en gemelos, incluso si han sido educados en ambientes diferentes. Se han identificado genes que influyen directamente en el nivel de inteligencia y se ha observado una materia gris similar en zonas del cerebro asociado a ella en esos gemelos que tienen una inteligencia similar. Por otro lado, los efectos del nivel de recursos y de la escolarización temprana han demostrado cambios significativos en el rendimiento en los test de inteligencia.
El último de los muchos que se podrían destacar hace referencia al tema de este artículo: los propios test de inteligencia, que han seguido en constante evolución desde las primeras décadas del siglo XX hasta ahora. A partir de las bases que los primeros investigadores plantearon se ha seguido estudiando la mejor forma de establecer una estandarización de los mismos, de darles fiabilidad y validez y de enfocarlos correctamente en función de si se intenta analizar lo que un sujeto ha aprendido o la capacidad que tiene de hacerlo.
En definitiva, un campo de estudio inmenso y en constante evolución lleno de argumentos interesantes con los que poder rebatir que alguien te llame tonto.
Las puntuaciones de CI cada vez son más altas
El CI es moldeable durante toda la vida. Eso significa que las personas de edad avanzada todavía pueden mejorarlo, gracias a una mejor salud en general (que está vinculada a la inteligencia) y a carreras de más duración y más exigentes intelectualmente, que mantienen activo su cerebro durante más tiempo, frenando su declive.
El análisis de Flynn muestra que incluso unos pocos puntos de CI pueden determinar tu camino en la vida.
Para un muchacho bastante talentoso, entrar en la universidad en Estados Unidos, por ejemplo, viviendo en un hogar un poco más académico podría impulsar su puntuación en los exámenes lo suficiente como para permitirle obtener una plaza en una universidad de prestigio.
Flynn no es un derrotista: no importa nuestro entorno familiar, todos tenemos el poder para tomar nuestro desarrollo intelectual en nuestras propias manos.
Después de todo, los estudios demuestran que nuestras circunstancias actuales dan forma a nuestro actual CI más que nuestra historia pasada.
Otras formas de «mejorar el cerebro»
Le pregunto de qué otra manera podía esperar recibir una mejora en mi cerebro.
«Te puedes casar con una persona, no porque luzca como una estrella, sino porque has hallado un desafío intelectual», me aconseja. «Ella te introducirá en un mundo de las ideas y sus compañeros harán tu vida mucho más interesante».
Puede que nos entendamos con la tecnología, pero eso no nos hace más sabios…
Lo que nos lleva de vuelta al motivo de su preocupación acerca de la Generación del Milenio.
A pesar de los aumentos en el IQ, le preocupa que no estamos comprometiendo nuestra mente de manera efectiva en los temas que importan.
«No estoy siendo sombrío, pero en realidad la principal cosa intelectual que me molesta es que los jóvenesestán leyendo menos historia y menos novelas serias de lo acostumbrado», dice, alegando que deberíamos tener conocimientos de las crisis que han delineado la historia del mundo antes de formarnos opiniones sobre la política actual.
George Orwell, dice, trazó una realidad distópica donde el gobierno reescribe la historia para controlar y manipular a la población.
«Pero todo lo que necesita son personas sin conocimiento de la historia que luego viven en la burbuja del presente, y configurando esa burbuja el gobierno y los medios de comunicación pueden hacer lo que quieran con ellos», añade Flynn.
En otras palabras, nuestros IQ pueden haber aumentado, pero esto no nos ha hecho más sabios.
«La lectura de la literatura y la historia es lo único que va a sacar provecho del incremento del índice de inteligencia del siglo XX y hacerlo políticamente relevantes», dice Flynn.
La Razón(I.Crespo) — Nunca se había diseñado un instrumento astronómico tan caro.
Hablamos de 10.000 millones de dólares, una cantidad que decuplica los primeros presupuestos de apenas 1.000 millones, calculados hace ya tres décadas.
Porque, efectivamente, toda esta historia comienza a finales de los años 80 bajo otro nombre (Telescopio Espacial de Nueva Generación), pero los contratiempos han superado cualquier estimaciónposible, y la fecha de lanzamiento ha ido reptando a medida que nos acercábamos a ella.
La idea era lanzarlo entre 2007 y 2011 pero entre problemas presupuestarios, inquietantes fallos de diseño y la pandemia en la que seguimos inmersos, siempre ha habido un motivo para retrasar el lanzamiento.
Ahora, tras tantos años, la promesa del lanzamiento parece más firme que nunca y el 24 de diciembre a las 13:20 (hora española), en apenas unos días, el ya legendario telescopio espacial James Webb debería empezar su viaje Tierra afuera.
La pregunta está clara: ¿habrá merecido la pena tanto dinero y tanto tiempo invertido en un telescopio?
La respuesta corta es que sí, pero la larga nos aporta muchísimo más.
El telescopio espacial James Webb promete mostrarnos un universo que, hasta ahora, solo hemos intuido. Con él podremos escrutar en el espacio profundo, observando planetas extrasolares, estrellas en formación, galaxias e incluso esas descomunales bestias de energía que conocemos como quásares.
Las ventajas claras son dos, por un lado (por comparación) nos ayudará a comprender nuestra propia historia como planeta y sistema solar, entendiendo mejor lo que el futuro nos depara.
Por otro lado, la inversión en tecnología espacial se ha probado especialmente rentable gracias a la transferencia tecnológica, por la que los nuevos inventos acaban teniendo usos cotidianos, ya sea en los hospitales, los hogares o la industria. Y este segundo punto tiene truco.
Telescopio James Webb levantado por una grúa en el Goddard Space Flight Center
No es lo que parece
La transferencia tecnológica es un argumento peliagudo, porque bien podríamos invertir directamente en esas necesidades tecnológicas en lugar de hacer un detour explorando el cosmos.
Sin embargo, lo que realmente significa es que los presupuestos para exploración espacial no están aislados de los presupuestos para otras formas de investigación y desarrollo.
Podríamos compararlo con la compra para una cena navideña, posiblemente tenga un coste muy elevado, pero sabemos que las sobras se alargarán durante semanas. Sería injusto decir que la cena de navidad costó X cuando con sus sobras están reduciendo el gasto en alimentación de los días siguientes.
Dicho con claridad: no es lo mismo invertir 10.000 millones en un proyecto del que se derivan tecnologías que recuperarán buena parte del dinero invertido que si se destinan a un proyecto del que no se espera retorno económico alguno. Otro dato relevante es que no lo costea un solo país porque, si bien el 80% ha sido aportado por la NASA (Estados Unidos), un 20% proviene de la ESA (Europa) y un 5% de la CSA (Canadá).
Y, para contextualizar esto dentro de la escala pecuniaria que manejan las grandes potencias: el presupuesto militar de EEUU para 2021 ha superado los 600.000 millones mientras que los 10.000 del telescopio espacial James Webb no solo darán beneficios económicos, sino que hay que repartirlos entre varios países y más de 30 años de desarrollo (eso son 266 millones anuales de EEUU).
No se trata de invertir en exploración espacial o en el sistema sanitario, por ejemplo, no hay dicotomía, sino un problema de gestión mucho más amplio y complejo.
Capas del escudo solar del Telescopio James Webb
Miedo y expectación
La expectación se ha ido acumulando durante los últimos años, con cada lanzamiento retrasado y cada imagen vertida a los medios. Sin embargo, ahora que el lanzamiento se acerca, todo esto se mezcla con el miedo.
El peligro más evidente era que los piratas robaran el telescopio en su camino por mar hasta Guayana, el lugar de lanzamiento. Precisamente por eso se han mantenido los detalles y fechas de este viaje en absoluto secreto. Por lo demás, es cierto que cualquier lanzamiento tiene sus peligros, puede fallar algo y echar a perder la carga, pero en este caso hay una vuelta de tuerca, porque el telescopio espacial James Webb es especial.
Supera los 8 metros de altura y su escudo solar tiene la superficie de una cancha de tenis. Para lanzarlo en la cofia de un cohete Ariane 5 ECA ha hecho falta un verdadero trabajo de papiroflexia y desplegar todas sus partes llevará 13 días. Durante ese tiempo, cualquier pequeño fallo puede poner en riesgo a todos los demás, como si fuera un efecto dominó, dejando al telescopio dañado o incluso inservible.
Pero la preocupación no termina aquí, porque todavía quedarán 16 días durante los cuales el telescopio deberá propulsarse hasta alcanzar el punto 2 de Lagrange del sistema Tierra-Sol. Dicho de forma simplificada, si trazamos una línea recta que pase por el Sol y la Tierra, el punto 2 de Lagrange se situaría sobre ella, al lado no soleado de nuestro planeta, y su interés radica en que se la fuerza graviratoria de ambos cuerpos se equilibraría, pudiendo confinar en él un objeto cualquiera.
Para ser precisos, dará vueltas en torno a este punto siguiendo una órbita de halo. Y el problema de todo esto no es solo la peligrosidad del viaje, sino que el destino se encuentra a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Cuando fue lanzado el Hubble en 1990, los científicos descubrieron que su espejo estaba ligeramente mal pulido, lo suficiente como para dejarlo inutilizable.
Hubo que diseñar una misión para repararlo que solucionó el problema en 1993. La diferencia es que el Hubble orbita a casi un tercio de la distancia a la que orbitará el James Webb, haciendo infinitamente más compleja (sino prácticamente imposible) cualquier misión de reparación.
Tiene que salir perfecto al primer intento.
Telescopio James Webb plegado
¿Y la recompensa?
A pesar de todo, si el lanzamiento sigue el plan previsto, contaremos con un telescopio de una resolución inaudita. En primer lugar, por encontrarse en el espacio, como el Hubble o el Spitz, evitando por completo las distorsiones de la atmósfera.
En segundo lugar, porque está preparado para observar un tipo de luz llamado infrarrojo medio que es, precisamente, la frecuencia en que nos llega el brillo del universo más lejano y, por lo tanto, más antiguo.
Finalmente, por el gran tamaño del espejo, de 6 metros y medio de diámetro, compuesto por 18 hexágonos de berilio recubiertos por una pátina de oro de solo 700 átomos de espesor. Frente a él, el Hubble es un juguete con un espejo de 2,5 metros.
Será un mes duro, cargado de esperanzas y preocupación, pero si todo sale como debe salir, marcará un antes y un después en la exploración espacial. Estamos a punto de ver el espacio profundo como ni siquiera podemos imaginar.
A pesar de la emoción que sienten muchos científicos, otros han levantado la voz para resaltar una escala de grises que, por lo general, pasamos por alto. Los retrasos del telescopio espacial James Webb no solo han repercutido en su coste, sino en que no toda su tecnología es tan novedosa como podía haberlo sido.
No se está cuestionando la importancia del lanzamiento o los descubrimientos que pueda hacer, sino que pone en la palestra una cuestión más fina.
En cualquier caso, la realidad es que supera con creces los telescopios espaciales que ya están en órbita, su función es muy diferente a la del telescopio espacial Nancy Grace Romany que podría ser lanzado durante esta década y, aunque ya se intuyen sus sucesores, todavía tardarán mucho tiempo en estar listos.
Incluso siendo un instrumento subóptimo, el telescopio espacial James Webb es, a fecha de hoy, una de las mejores apuestas que podemos hacer por la exploración espacial.
Magnet(A.Sanchis) — La Tierra, con su abundancia de agua líquida y su capacidad para albergar y sustentar la vida, es única entre los planetas conocidos. Su capa más interna, el núcleo, representa el 15% del volumen del planeta, mientras que el manto ocupa el 84%. Representando el 1% restante está la corteza, una capa delgada que varía en profundidad, desde los 5 a los 70 kilómetros.
Esta capa rígida contiene tanto los océanos como las masas terrestres. La mayoría de los elementos se encuentran sólo en pequeñas cantidades dentro de la corteza, pero varios son abundantes. En total, hay 92 elementos naturales y la corteza terrestre contiene casi todos y proporcionan todos los componentes básicos para la humanidad.
Pero a pesar de que sea la fuente de todo lo que encontramos, en realidad solo está raspando la superficie de nuestro planeta. Este gráfico, publicado por Visual Capitalist con datos de WorldAtlas, analiza qué elementos componen este 1%. La corteza comprende aproximadamente un 95% de rocas ígneas y metamórficas, un 4% de pizarra, un 0,75% de arenisca y un 0,25% de piedra caliza. El oxígeno, el silicio, el aluminio y el hierro representan el 88,1% de su masa, mientras que otros 90 elementos constituyen sólo el 11,9% restante.
Más concretamente, el oxígeno representa el 46,1% de la corteza, el silicio un 28,2%, el aluminio un 8,2%, el hierro un 5,6%, el calcio un 4,1%, el sodio un 2,3%, el magnesio un 2,3%, el potasio un 2%, el titanio un 0,5% y el hidrógeno un 0,1% Si bien el oro, la plata, el cobre y otros metales básicos y preciosos se encuentran entre los más buscados, juntos constituyen menos del 0,03% de la corteza terrestre en masa.
El oxígeno es, con mucho, el elemento más abundante en la corteza terrestre y representa poco menos de la mitad del total. Se trata de un elemento altamente reactivo que se combina con otros elementos formando óxidos. Algunos ejemplos de óxidos comunes son minerales como granito y cuarzo (óxidos de silicio), herrumbre (óxidos de hierro) y piedra caliza (óxido de calcio y carbono).
Más del 90% de la corteza terrestre está compuesta de minerales de silicato, lo que convierte al silicio en el segundo elemento más abundante en la corteza terrestre. Este se une al oxígeno para formar los minerales más comunes en la Tierra. Por ejemplo, en la mayoría de los lugares, la arena se compone principalmente de sílice (dióxido de silicio), generalmente en forma de cuarzo. Y el silicio es un semiconductor esencial que se utiliza en la fabricación de chips de ordenador y electrónica.
El aluminio es el tercer elemento más común en la corteza terrestre. Debido a su fuerte afinidad por el oxígeno, rara vez se encuentra en su estado elemental. El óxido de aluminio (Al2O3), el hidróxido de aluminio (Al (OH) 3) y el sulfato de potasio y aluminio (KAl (SO4) 2) son compuestos de aluminio comunes y tienen una variedad de usos, desde papel de cocina hasta la fabricación de cohetes.
El cuarto elemento más común en la corteza terrestre es el hierro. Se obtiene principalmente de los minerales hematita y magnetita. De todos los metales que extraemos, más del 90% es hierro, principalmente para fabricar acero, una aleación de carbono y hierro. Además, es un nutriente esencial en el cuerpo humano.
El calcio constituye aproximadamente el 4,2% de la corteza del planeta en peso. En su estado elemental puro, es un metal alcalinotérreo suave de color blanco plateado. Nunca se encuentra en su estado aislado en la naturaleza, sino que existe en compuestos que se pueden encontrar en una variedad de minerales, que incluyen piedra caliza (carbonato de calcio), yeso (sulfato de calcio) y fluorita (fluoruro de calcio).
Los compuestos de calcio se utilizan ampliamente en las industrias alimentaria y farmacéutica. También se utilizan como blanqueadores en la industria del papel, como componentes en cemento y aislantes eléctricos, y en la fabricación de jabones.
Adentrándonos en el interior de la tierra
Más allá de todo eso está el manto de la Tierra. Es la capa más gruesa de nuestro planeta (mayoritariamente sólida) que se encuentra entre la corteza y el núcleo. Se puede encontrar a unos 2.890 kilómetros de profundidad y está compuesta principalmente de rocas de silicato ricas en oxígeno, magnesio, aluminio y silicio.
El intenso calor del núcleo de la Tierra hace que la roca del manto se mueva lentamente, subiendo y luego enfriándose y hundiéndose nuevamente en un proceso cíclico continuo. Su capa superior, conocida como astenosfera, está debajo de la litosfera (una región que incluye la corteza y el manto superior).
La astenosfera es donde tanto la presión como el calor son lo suficientemente extremos como para que la roca fluya como un líquido con una consistencia viscosa parecida al caramelo. Debajo de esta capa se encuentra el manto inferior, también conocido como mesosfera, que constituye aproximadamente el 56% del volumen total de la Tierra.
Las distintas capas del interior de la Tierra.
Y luego está el núcleo. Nadie ha viajado nunca al centro de la Tierra. De hecho, el agujero más profundo jamás excavado por la humanidad alcanza aproximadamente sólo 12 kilómetros por debajo de la superficie. Esta increíble profundidad tardó unos 20 años en alcanzarse. El núcleo se compone de dos partes y está compuesto casi en su totalidad por metales como el hierro y níquel. Los elementos que se disuelven en hierro, conocidos como «siderófilos» y a menudo etiquetados como «metales preciosos», también se pueden encontrar allí.
Su sección más profunda es el núcleo interno, que es una bola caliente, sólida y densa de hierro. Tiene un radio de alrededor de 1.220 kilómetros y está a unos 5.200 grados con una presión de alrededor de 3,6 millones de atmósferas (atm). Si bien estas temperaturas están muy por encima del punto de fusión del hierro, esta intensa presión lo mantiene sólido.
El núcleo interno está rodeado por la segunda parte de esta capa: un núcleo externo líquido que tiene aproximadamente 2180 kilómetros de espesor. Esta región está compuesta principalmente de una aleación de níquel-hierro y su material líquido gira más rápido que la superficie de la Tierra (pero en la misma dirección).
Se cree que el aumento de la velocidad del núcleo interno, que hace que gire un tiempo extra cada 1.000 años, aproximadamente, provoca el campo magnético de la Tierra. El magnetismo en el núcleo externo es aproximadamente 50 veces más poderoso que en la superficie de la Tierra. Aunque la humanidad está constantemente haciendo nuevos descubrimientos, e incluso viajando al espacio, todavía hay mucho por explorar en el lugar donde nos encontramos.
Peter McIndoe, el creador de 23 años del movimiento viral Birds Aren’t Real, con su camioneta en Fayetteville, Arkansas.
The New York Times(T.Lorenz/E.Cantú) — Recientemente aparecieron enormes vallas publicitarias en Pittsburgh, Memphis y Los Ángeles que declaran: “Los pájaros no son reales”.
En Instagram y TikTok, las cuentas de Birds Aren’t Real (Los pájaros no son reales) han acumulado cientos de miles de seguidores, y los videos de YouTube al respecto se han vuelto virales.
Los pájaros, en realidad, no existen. Son drones que el gobierno de Estados Unidos emplea para vigilar a las personas.
Este disparate es la premisa de una broma que circula en internet —y también en el mundo real, en gigantes anuncios publicitarios y protestas callejeras— como una parodia que es, al mismo tiempo, un movimiento social impulsado por la generación Z. Como escribe Taylor Lorenz, nuestra colega experta en tendencias de internet, que ha entrevistado al fundador del grupo “Birds Aren’t Real” (Los pájaros no son reales)
El mes pasado, los seguidores de Birds Aren’t Real incluso protestaron frente a la sede de Twitter en San Francisco para exigir que la empresa cambiara su logotipo, en el que aparece un pájaro.
Todos estos acontecimientos están relacionados con una teoría de la conspiración impulsada por la generación Z, que sostiene que los pájaros no existen y que en realidad son réplicas de drones instaladas por el gobierno de Estados Unidos para espiar a los estadounidenses. Cientos de miles de jóvenes se han unido al movimiento, llevan camisetas de Birds Aren’t Real, acuden a concentraciones y difunden el eslogan.
Puede que huela a QAnon, la teoría de la conspiración según la cual el mundo está controlado por una élite de demócratas traficantes de niños. Excepto que el creador de Birds Aren’t Real y los seguidores del movimiento son cómplices de una broma: saben que los pájaros son, de hecho, reales y que su teoría es inventada.
Lo que realmente es Birds Aren’t Real, dicen, es un movimiento social paródico con un propósito. En el mundo de la posverdad, dominado por teorías de la conspiración en línea, los jóvenes se han unido en torno a este esfuerzo para criticar, combatir y burlarse de la desinformación. Es el intento de la generación Z de desbaratar la madriguera del conejo con el absurdo.
“Es una forma de combatir los problemas del mundo que no se pueden combatir de otra manera”, dijo Claire Chronis, de 22 años, organizadora de Birds Aren’t Real en Pittsburgh. “Mi forma favorita de describir la organización es combatir la locura con locura”.
Y aunque parezca risible, el experimento ha demostrado que hay quienes llegan a creer que, en efecto, las aves no son reales.
Los bulos y las teorías de conspiración existen desde mucho antes que la vida digital, pero en internet se han propagado con particular virulencia y se valen de cualquier recurso para ganar credibilidad.
Como, por decir algo, los gatitos tiernos. Decía una nota reciente: “A veces, seguir publicaciones de animales lindos en Facebook hace que los usuarios se suscriban, sin saberlo, a informaciones engañosas del mismo editor”.
En el centro del movimiento está Peter McIndoe, de 23 años, un muchacho de pelo lacio que abandonó la universidad en Memphis y creó Birds Aren’t Real por capricho en 2017. Durante años, se mantuvo en el personaje como el principal creyente de la teoría de la conspiración y ordenaba a los acólitos a montar en cólera contra aquellos que desafiaban su dogma. Pero ahora, dijo McIndoe en una entrevista, está dispuesto a revelar la parodia para que la gente no piense que los pájaros son realmente drones.
“Al lidiar con el mundo de la desinformación durante los últimos años, hemos sido muy conscientes de la línea que pisamos”, dijo. “La idea pretende ser muy absurda, pero nos aseguramos de que nada de lo que decimos sea demasiado realista. Eso es algo que hay que tener en cuenta al salir del personaje”.
La mayoría de los miembros de Birds Aren’t Real, muchos de los cuales forman parte de una red de activismo en el terreno llamada Brigada de los Pájaros, crecieron en un mundo invadido por la desinformación. Algunos tienen familiares que han sido víctimas de las teorías de la conspiración. Por eso, para los miembros de la generación Z, el movimiento se ha convertido en una forma de enfrentarse colectivamente a esas experiencias. Al disfrazarse de teóricos de la conspiración, han encontrado una comunidad y una afinidad, dijo McIndoe.
“Birds Aren’t Real no es una sátira superficial de las conspiraciones desde fuera. Es una sátira desde lo más profundo”, dijo. “Mucha gente de nuestra generación siente la locura en todo esto, y Birds Aren’t Real ha sido una forma de que la gente lo procese”.
Cameron Kasky, de 21 años, una activista de Parkland, Florida, que ayudó a organizar la protesta estudiantil March for Our Lives contra la violencia armada en 2018 y participa en Birds Aren’t Real, dijo que la parodia “te hace parar un segundo y reír. En un momento singularmente sombrío para alcanzar la mayoría de edad, no está de más tener algo de lo que reírse juntos”.
También McIndoe ha estado empapado en conspiraciones. Durante sus primeros 18 años, creció con siete hermanos en una comunidad profundamente conservadora y religiosa en las afueras de Cincinnati, y después en la zona rural de Arkansas. Fue educado en casa y le enseñaron que “la evolución era un plan de lavado de cerebro masivo de los demócratas y que Obama era el Anticristo”, dijo.
Leyó libros como Remote Control, sobre, según argumenta el libro, mensajes ocultos anticristianos de Hollywood. En la secundaria, las redes sociales le ofrecieron una puerta de entrada a la cultura convencional. McIndoe empezó a ver a Philip DeFranco y a otros youtuberos populares que hablaban de la actualidad y la cultura pop, y entró en Reddit para encontrar nuevos puntos de vista.
Una valla publicitaria de Birds Aren’t Real en Memphis, en julio
“Fui criado por internet, porque ahí es donde acabé encontrando gran parte de mi educación real, a través de documentales y de YouTube”, dijo McIndoe. “Toda mi comprensión del mundo se formó gracias a internet”.
Cuando McIndoe dejó su casa para ir a la Universidad de Arkansas en 2016, dijo, se dio cuenta de que no era el único joven obligado a vivir a caballo entre múltiples realidades.
Entonces, en enero de 2017, McIndoe viajó a Memphis para visitar a unos amigos. Donald Trump acababa de jurar como presidente y había una marcha de mujeres en el centro de la ciudad. También había contramanifestantes pro-Trump. Cuando McIndoe los vio, dijo, arrancó un afiche de una pared, le dio la vuelta y escribió unas palabras al azar: “Los pájaros no son reales”.
“Fue una broma espontánea, pero era un reflejo del absurdo que todos sentían”, dijo.
Entonces McIndoe empezó a caminar y, mientras tanto, improvisó la base de la conspiración Birds Aren’t Real. Dijo que formaba parte de un movimiento mayor que creía que los pájaros habían sido sustituidos por drones de vigilancia y que el encubrimiento comenzó en la década de 1970. Sin saberlo, fue filmado y el video se publicó en Facebook. Se hizo viral, especialmente entre los adolescentes del sur de Estados Unidos.
En Memphis no tardaron en aparecer grafitis de “Birds Aren’t Real”. Aparecieron fotos de la frase garabateada en pizarras y paredes de secundarias locales. La gente hizo calcomanías de Birds Aren’t Real.
McIndoe quemó una bandera del equipo de béisbol los Cardenales en St. Louis durante una protesta satírica en julio por el logotipo “pro-pájaro” de la escuadra.
McIndoe decidió abrazar Birds Aren’t Real. “Empecé a encarnar al personaje y a construir el mundo al que pertenecía”, dijo. Él y Connor Gaydos, un amigo, escribieron una historia falsa del movimiento, inventaron elaboradas teorías y produjeron documentos y pruebas falsas para apoyar sus afirmaciones descabelladas.
“Se convirtió básicamente en un experimento de desinformación”, dijo McIndoe. “Fuimos capaces de construir un mundo totalmente ficticio que los medios de comunicación locales informaron como un hecho y que el público cuestionó”.
Gaydos añadió: “Si alguien cree que los pájaros no son reales, somos la última de sus preocupaciones, porque entonces probablemente no haya ninguna conspiración en la que no crean”.
En 2018, McIndoe dejó la universidad y se mudó a Memphis. Para llevar a Birds Aren’t Real más allá, creó un folleto que muy rápidamente llegó a la cima de Reddit. Contrató a un actor para representar a un exagente de la CIA que confesó haber trabajado en la vigilancia con drones de aves; el video tiene más de 20 millones de visitas en TikTok. También contrató a actores para que representasen a adultos conspiranóicos sobre las aves en videos que se difundieron por todo Instagram.
Ese mismo año, McIndoe comenzó a vender mercancía de Birds Aren’t Real. El dinero, que suma varios miles de dólares al mes, ayuda a McIndoe y a Gaydos a cubrir sus gastos cotidianos.
“Todo el dinero de nuestra línea de mercadería se destina a asegurar que Connor y yo podamos hacer esto a tiempo completo”, dijo McIndoe. “También destinamos el dinero a las vallas publicitarias y a pagar los boletos de avión de los miembros de la Brigada del Pájaro a las concentraciones. Nada de lo recaudado se destina a nada perjudicial”.
A los adultos preocupados por las tácticas de McIndoe, los investigadores les dicen que lo más probable es que los daños sean mínimos.
“Hay que sopesar los posibles efectos negativos con cualquiera de estas cosas, pero en este caso es extremadamente pequeño”, dijo Joshua Citarella, un investigador independiente que estudia la cultura de internet y la radicalización en línea en los jóvenes. “Permitir que la gente participe en la construcción de un mundo colaborativo es terapéutico porque les permite desarmar el conspiracionismo y participar de una manera segura”.
McIndoe dijo que tenía en mente estas preocupaciones. “Todo lo que hemos hecho con Birds Aren’t Real está pensado para asegurarnos de que no se dirija hacia un lado que podría tener un resultado final negativo en el mundo”, dijo. “Es un espacio seguro para que la gente se reúna y procese cómo el conspiracionismo toma a Estados Unidos. Es una forma de reírse de la locura en lugar de dejarse vencer por ella”.
El esfuerzo ha sido catártico para los jóvenes, como Heitho Shipp, de 22 años, quien vive en Pittsburgh.
“La mayoría de las teorías de la conspiración están alimentadas por el odio o la desconfianza hacia un líder poderoso, pero esto consiste en encontrar una salida a nuestro malestar”, dijo. Añadió que el movimiento era “más sobre la alfabetización mediática”.
Los miembros de Birds Aren’t Real también se han convertido en una fuerza política. Muchos se unen a menudo a los contramanifestantes y a los verdaderos teóricos de la conspiración para disminuir las tensiones y deslegitimar a las personas con las que marchan con cánticos irreverentes.
En septiembre, poco después de que entrara en vigor una nueva y restrictiva ley del aborto en Texas, los miembros de Birds Aren’t Real se presentaron en una protesta organizada por activistas antiaborto en la Universidad de Cincinnati. Los partidarios de la nueva ley “tenían carteles con imágenes muy gráficas y fueron muy agresivos al condenar a la gente”, dijo McIndoe. “Eso dio lugar a discusiones”.
Pero la Brigada del Pájaro empezó a corear: “Los pájaros no son reales”. Sus gritos pronto superaron a los activistas antiabortistas, que se fueron de ahí.
McIndoe tiene ahora grandes planes para 2022. Salirse del personaje es necesario para ayudar a Birds Aren’t Real a pasar al siguiente nivel y retractarse de los verdaderos teóricos de la conspiración, dijo. Añadió que esperaba colaborar con creadores de contenidos importantes y con medios independientes como Channel 5 News, cuyo objetivo es ayudar a la gente a entender la situación actual de Estados Unidos e internet.
“Siento mucha emoción por lo que podría ser el futuro de esto como una verdadera fuerza para el bien”, dijo. “Sí, hemos estado difundiendo intencionadamente desinformación durante los últimos cuatro años, pero es con un propósito. Se trata de ponerle un espejo al frente a Estados Unidos en la era de internet”.
Por supuesto que, en tiempos de pandemia, la gran pregunta es ¿por qué hay tantas personas dispuestas a creer en la información falaz? Un análisis que publicamos este año, y cuyas ideas siguen muy vigentes, explica que la necesidad de sentirse parte de un grupo es mucho más fuerte que los hechos y que cualquier escepticismo intelectual.
Entender el fenómeno y encontrar formas de divulgar información científica es urgente cuando puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, por ejemplo, en el tema de las vacunas. Ya en 2019, la Organización Mundial de la Salud alertaba que la renuencia a vacunarse era una de las diez principales amenazas para la salud global.
“No podemos seguir creyendo que el problema puede resolverse tan solo con inundar a las comunidades escépticas de anuncios públicos o animar a la gente a ‘creer en la ciencia’”, observaban Anita Sreedhar y Anand Gopal en un ensayo reciente de Opinión. Para ellas, la experiencia previa con un Estado ineficiente o muy privatizado ayuda a explicar esa actitud. Y añaden: “La gente está condicionada a creer que está sola y que solo es responsable de sí misma”.
Más que un análisis sobre la desinformación, o el escepticismo a las vacunas, el ensayo de Sreedhar y Gopal es una reflexión sobre lo que entendemos por el bien común y el modo en que lo procuramos. A estas alturas de la era pandémica, es peligroso dejar el bienestar colectivo en manos de los algoritmos o de las campañas de desinformación pero, sobre todo, vulnerable a la indiferencia y el egoísmo: “Nuestro bienestar individual”, como bien dicen las autoras, “está ligado al bienestar colectivo”.
Wall Street International Magazine(R.A.Torres) — El calendario gregoriano, es el que actualmente nos rige y es utilizado de manera oficial en casi todo el mundo. También es, por demás, un calendario imperfecto: tanto astronómica como cronológicamente.
Fue instaurado el 4 de octubre de 1582 por el Papa Gregorio XIII (en latín: Gregorius XIII; de nombre secular Ugo Buoncompagni), Papa N.º 226 de la Iglesia Católica de 1572 a 1585, quien promulgó su uso mundial por medio de la bula papal Inter Gravissimas dictada el 24 de febrero de 1582.
Este era un documento oficial de la Iglesia Católica y, por ende, documento oficial de la autoridad política, económica y militar que aún ejercía la Iglesia Católica durante el siglo XVI.
Gregorio XIII reformó el calendario anterior, el calendario juliano; que era el calendario utilizado en toda Europa desde que Julio César lo instauró en el año 46 a. C., para sentar las bases de su propio calendario.
Esto lo hizo, a través de la Monarquía Hispánica o Monarquía Católica; es decir, a través del rey Felipe II de España y sus virreinatos en América: quienes fueron los primeros en adoptar el nuevo calendario (calendario gregoriano).
Esto es una gran ironía; ya que, el calendario juliano era, un calendario solar; un calendario cuyos días indicaban con precisión la posición de la Tierra en su movimiento de traslación en torno al Sol. En términos astronómicos el año juliano (símbolo: a), también conocido como año terrestre y año sideral, se refiere al tiempo orbital del planeta Tierra.
Es decir, el tiempo que tarda nuestro planeta en dar una vuelta completa alrededor del Sol. De ahí lo de año terrestre. Pero el término también se refiere al periodo orbital de cualquier planeta; por lo que se puede aplicar a cualquier ciclo orbital planetario.
Bartolomeo Passarotti, Retrato del Papa Gregorio XIII
De ahí lo de año sideral. En otras palabras, el año juliano es también la unidad de medida de tiempo utilizada en astronomía que define exactamente un año como: 365.25 días de 86,400 segundos cada uno (Sistema Internacional de Unidades), totalizando 31,557,600 segundos (1 año).
Pero no solo eso, el año juliano también es la base astronómica que define el año-luz como una unidad astronómica de medida de distancia.
Pero, ¿a qué se debe la ironía?, se preguntará usted. A que, el calendario juliano se atrasa con respecto a lo que, en astronomía se conoce como año tropical o año trópico: tiempo preciso que se requiere para aumentar la longitud media del Sol (orbita solar) en 360 grados sobre la eclíptica (una órbita) en aproximadamente un día cada 128 años (exactamente 11 minutos y 14 segundos por año).
Eso por cuanto la duración de un año trópico es de 365.242189 días y para el calendario gregoriano, esa cifra es de un día cada 3,324 años. Eso significa que, la diferencia entre la longitud media del año juliano de 365,25 días y la del año gregoriano de 365,2425 días, es de apenas 0.002%.
Parece poco, pero en términos humanos significa que, desde su creación, el calendario juliano ha acumulado un retraso de 13 días con respecto al paso de las estaciones; en consecuencia, la fecha juliana permaneció 13 días retrasada (desde el 14 de marzo de 1900 gregoriano/1 de marzo juliano; y hasta el 28 de febrero de 2100 gregoriano/15 de febrero juliano) de la fecha indicada en el calendario gregoriano.
Así, al jueves juliano 4 de octubre de 1582 le sucedió el viernes gregoriano 15 de octubre de 1582. En lo que, históricamente se conoció como los 10 días perdidos que «desaparecieron» porque se habían contado de más en el calendario juliano.
Busto de César Augusto
El calendario juliano tenía tres días bisiestos adicionales cada 400 años.
Eso ocasionó que, en la Era Cristiana, la Pascua; cuyo cálculo depende del equinoccio de marzo y de las fases de la Luna; pudiera caer en abril o incluso en mayo.
Para arreglar ese desfase el calendario gregoriano ajusta la regla general del año bisiesto cada cuatro años: y hace que se exceptúen los años múltiplos de 100; excepción que a su vez tenía otra excepción, la de los años múltiplos de 400, que sí eran bisiestos.
Y a eso debemos agregar el día de más cada 3.324 años producto de la diferencia entre el año gregoriano y el año tropical.
Pero sin duda alguna, el mayor error; o más bien, los mayores errores que presenta el calendario gregoriano son los relativos a los meses del año y su supuesta correspondencia con los meses del calendario juliano.
El año juliano empezaba a principios de marzo en Martius, el mes de Marte (dios de la guerra) y finalizaba en Februarius, el mes de las hogueras purificatorias (februa).
Distribución de los meses y días en el calendario juliano (153 a. C.)
Martius (31 días): mes de Marte, dios de la guerra, padre de Rómulo y Remo.
Aprilis (30 días): mes de apertura de flores (por la primavera, en el hemisferio norte).
Maius (31 días): mes de Maia, diosa de la abundancia.
Junius (30 días): mes de Juno, diosa del hogar y la familia.
Quintilis (30 días): mes quinto.
Sextilis (30 días): mes sexto.
September (31 días): mes séptimo.
October (30 días): mes octavo.
November (31 días): mes noveno.
December (30 días): mes décimo.
Ianuarius (31 días): mes de Jano, dios de los portales.
Februarius (30 días; 31 días en los años bisiestos): mes de las hogueras purificatorias (februa).
Distribución de los meses y días en el calendario gregoriano (1582 d.C.)
Busto de Tiberio
Enero (31 días).
Febrero (28; 29 en los años bisiestos).
Marzo (31).
Abril (30).
Mayo (31).
Junio (30).
Julio (31).
Agosto (31).
Septiembre (30).
Octubre (31).
Noviembre (30).
Diciembre (31).
Pero además el calendario juliano tenía otras curiosidades: desde 44 a. C. se acordó que todos los años serían de 365 días y que cada cuatro años se añadiría 1 día.
Ese año se llamaría «año bisiesto», expresión que deriva del latín bis sextus dies ante calendas martii; traducido al español «repetido el sexto día antes del primer día del mes de marzo»; de manera que, el 24 de febrero repetido se llamaría «bis sextum»; de ahí, bisiesto.
Ese mismo año (44 a. C.) Marco Antonio, quiso honrar la memoria de Julio César, renombrando el mes de Quintilis como Julius (denominación de la que deriva Julio); lo extraño es que, en la distribución de los meses, julio corresponde al séptimo mes, no al quinto.
Igualmente, en el año 23 a. C. el senado romano quiso honrar al primer emperador romano Octavio Augusto, renombrando el mes de Sextilis como Augustus (agosto); de nuevo, incurriendo en la contradicción de que agosto corresponde al octavo mes, no al sexto.
Busto de Julio César
Y para empeorar la cosa, para crear agosto se agregó un día adicional; día que fue sustraído de febrero que, entre comillas, pasó de tener 29 días a 28; recalco entre comillas porque Februarius tenía 30 días (31en los años bisiestos) y era el último mes del año, no el segundo.
Afortunadamente, para cuando a Tiberio, el segundo emperador romano se planteó la misma idea, dando su propio nombre Tiberius a septiembre; este desistió, al mostrar sus dudas sobre lo que ocurriría cuando ya se hubiesen renombrado todos los meses del año.
BBC News(V.Tavares) — «Buenos días. ¡Todo es maravilloso cuando tenemos gente especial alrededor!», dice el mensaje escrito sobre un fondo rosa, rodeado de flores.
Detrás de esta imagen sin pretensiones, tan común en cualquier grupo familiar de WhatsApp, se encuentra una industria de empresas y profesionales de la comunicación que compiten por cada clic.
Es un fenómeno que no conoce fronteras ni idiomas. Que se repite cada día en los países hispanohablantes, al igual que en los de habla portuguesa.
Ricardo Oliveira, un empresario brasileño que dirige una red de sitios de imágenes que llegan a miles de personas diariamente, ni siquiera sabe un número exacto de su alcance.
La producción, sin embargo, es intensa.
Junto a Oliveira, su pequeño equipo participa en la concepción, producción y publicación de imágenes de «buenos días», «buenas noches», mensajes de optimismo y hasta mensajes religiosos.
Sus páginas web son las que aparecen cuando alguien en Google busca «mensajes de buenos días».
Cada día, publican decenas de imágenes y frases que los usuarios de internet pueden copiar o compartir directamente a una cuenta de WhatsApp en unos cuantos clics.
Lo que su empresa obtiene es un número de visitantes -varios millones al mes- en cada uno de sus cinco sitios de internet.
Y precisamente este volumen de visitas es el que genera ganancias, pues los anuncios colocados en los espacios publicitarios de las páginas son la fuente de ingresos de la empresa.
«Al estar en el entorno digital, es más probable que estemos distraídos.
Y las empresas que se anuncian, con publicidad en internet, aprovechan esta distracción para vendernos cosas«, explica Maria Augusta Ribeiro, una especialista en netnografía (el estudio de comportamiento en redes sociales).
Cuando arrancó la empresa de Oliveira hace 13 años, también ganaba dinero con los anuncios, pero su contenido era producido para blogs.
Hace 8 años cambió el enfoque y comenzó a producir mensajes que se podían compartir principalmente en Facebook. Pero en la actualidad, WhatsApp es la plataforma estrella.
«Mi vida ha mejorado mucho gracias a internet y los negocios que pude crear», dice el empresario, que prefiere no detallar el monto de sus ingresos.
Diversión de un jubilado
Una vez en los grupos de WhatsApp, es imposible conocer el alcance de una colorida imagen con un mensaje positivo.
Facebook y WhatsApp son las plataformas en las que más se comparten este tipo de mensajes.
Pero los creadores de contenido dicen que no es raro que un contacto les haga llegar, sin saberlo, la imagen que idearon.
«En las vacaciones, sucede más a menudo, cuando una tía mía envía un mensaje diciendo buenos días. Yo bromeo preguntando si saben que me están enviando algo que yo hice», dice Oliveira.
El negocio, sin embargo, no es tan exclusivo.
Eliete de Araujo, el fundador de un sitio llamado Megafrases, entró al negocio por simple pasatiempo.
Siendo un jubilado, le pidió ayuda su hijo para «llevar alegría» a sus amigos del condominio en el que vive.
«Siempre me gustó este tipo de mensajes, pero había algunos sitios en los que no me gustaban las imágenes que usaban», explica Eliete, que financia su página con la publicidad.
«Estoy impresionado por el poder de internet. Hoy me siento satisfecho sintiéndome útil después de mi jubilación», señala.
El alcance de los mensajes positivos
Si existe la percepción de que las mujeres mayores comparten más este tipo de contenidos, en el caso de los sitios de Oliveira sus principales visitantes son un poco más jóvenes: de 25 a 35 años.
«Son quienes buscan, los que saben llegar al contenido. Pero una vez en WhatsApp, a los mayores les gusta compartir más», señala el empresario.
Las mujeres mayores son las que comparten más estas imágenes, pero quienes las descargan de internet son más jóvenes.
Una proyección interna dice que por cada 20 personas que visitan el sitio,1 descarga o comparte una imagen. Y esa imagen se reenvía, en promedio, a 10 personas en WhatsApp.
Es decir, en un sitio que tuviera unos 5 millones de visitantes al mes, su contenido llegaría a unos 250.000 usuarios de esa plataforma.
Maria Augusta Ribeiro, que desarrolla trabajos para marcas sobre comportamiento digital, destaca que durante la pandemia los mensajes de optimismo se han vuelto aún más virales, con temas que van desde la salud mental hasta el amor.
«Si te sonrío en persona, inmediatamente me devuelves la sonrisa. Y ese es el disparador más simple para entender lo digital«, explica.
«El medio se aprovecha de esto, de estas conexiones de amor, para involucrarnos».
Washington, (EFE) — Una sonda espacial de la estadounidense NASA «tocó» el Sol por primera vez en la historia al volar a través de la atmósfera superior de este astro (la corona) y tomar muestras de partículas y campos magnéticos en ese lugar, ha informado este martes la agencia aeroespacial.
Se trata de la primera ocasión en que una nave se adentra en las fronteras exteriores del Sol, donde la sonda Parker Solar Probe permaneció durante cinco horas.
«Que la sonda haya tocado el Sol supone un momento culmen para la ciencia solar y una proeza extraordinaria», indica en un comunicado el administrador asociado de la junta de misión científica de la NASA, Thomas Zurbuchen.
Para el científico, este logro permitirá a los investigadores conocer mejor la evolución del astro rey y sus impactos en el sistema solar, además de poder extrapolar todos los nuevos conocimientos que se obtengan a las estrellas del resto del universo.
A mediados de julio, los datos recabados por Parker Solar Probe permitieron a los científicos establecer las primeras mediciones definitivas del campo eléctrico de nuestra estrella.
Un estudio publicado entonces ofreció detalles de su interacción con el viento solar, que es un flujo continúo de partículas energéticas emitidas por la corona solar y que puede afectar a las actividades en la Tierra, desde los satélites hasta las telecomunicaciones.
Parker Solar Probe fue lanzada en 2018 en dirección al Sol y cada vez se fue acercando más
El campo eléctrico del Sol surge de la interacción que se genera entre protones y electrones cuando los átomos de hidrógeno se desprenden debido al intenso calor por la fusión en las profundidades del astro.
En este entorno, los electrones, con una masa 1.800 veces menor que la de los protones, salen disparados hacia el exterior, al estar menos limitados por la gravedad que los protones, pero estos, con su carga positiva, logran frenar a algunos electrones.
Entrar a una iglesia ya puede significar un acto atemorizante para muchos. Es común que nos extrañemos y sintamos diminutos frente a la grandiosidad de muchos santuarios católicos alrededor del mundo. Las iglesias de estilo gótico, de proporciones monumentales y de estilo sublime, fueron especialmente concebidas y construidas para atemorizar y mostrar la supremacía de Dios frente a los seres humanos.
Sin embargo, los santuarios que veremos en esta publicación no recurren al tamaño para propagar el miedo. Estos de aquí van mucho más allá y se adentran en ámbitos sobrenaturales. Es verdad que son de un alto interés turístico, pero por más siniestros que parezcan, sus historias nos revelan su lado oculto.
Iglesia de Todos los Santos en Praga, Republica Checa.
¿Puedes imaginar un enorme candelabro hecho con todos los huesos de un cuerpo humano? Es algo difícil de concebir, pero este objeto tan macabro existe en realidad y se encuentra al interior del Osario de Sedlec bajo la iglesia del Cementerio de Todos los Santos, en la ciudad de Praga.
Todo empezó cuando un monje del santuario viajó a Jerusalén y trajo consigo una pila de tierra del Calvario – la colina donde supuestamente Jesús fue crucificado – y la depositó en la iglesia. Debido a esto, muchas personas empezaron a solicitar que los enterraran en este suelo bendito. Aproximadamente un siglo después, la peste negra devastó al continente europeo y contribuyó a abarrotar, aún más, el cementerio del lugar.
Al poco tiempo construyeron este osario con la intención de conservar los huesos de las tumbas que habían sido exhumadas para dar lugar a los “muertos nuevos”. Sin embargo, el candelabro fue instalado hasta el siglo XIX, cuando decidieron organizar y apilar los restos mortales que allí existen. Se estima que este osario alberga más de 40 mil esqueletos.
Iglesia de San Francisco en Évora, Portugal.
“Nosotros huesos que aquí estamos, por los tuyos esperamos”, así de siniestra es la frase que reza sobre la puerta de entrada en la Capilla de los Huesoslas paredes y columnas de este recinto exhiben cráneos de monjes que fueron arrancados de sus sitios de descanso eterno, pues la ciudad de Évora enfrentaba un problema de superpoblación en sus cementerios monásticos. ¿Una solución bastante inesperada, no?
Sin embargo, lo más interesante es saber cómo la Iglesia Católica, en pleno siglo XVII – cuando se construyó el recinto, permitió algo de esta clase. Eso sería considerado un verdadero sacrilegio. Sucede que los monjes que construyeron la capilla se vieron influenciados por la contrarreforma y pretendían, de una forma que pudiera considerarse artística, representar la fugacidad y fragilidad de la vida de los hombres.
Iglesia de San Jorge en Lukova, República Checa.
¿Tendrías el valor de asistir a una misa con seres del más allá? En la iglesia de San Jorge, que se ha ganado la fama de ser la más aterradora de todo el mundo, esto en realidad ocurre. Sentados sobre las bancas del santuario, los fantasmas parecen escuchar misa como cualquier otro fiel.
Pero tranquilos, todo no es más que una “puesta en escena”. Las apariciones en realidad son estatuas hechas por el artista Jakub Hadrava, después que el techo de la iglesia colapsara, en la década de 1960, y los fieles empezaran a creer que la capilla estaba maldita.
La propuesta del artista fue algo bastante singular. Su intención era representar las almas de los alemanes que vivieron en la ciudad y frecuentaban la capilla antes de la Segunda Guerra Mundial. Aunque la idea funcionó, atrayendo turistas e interés al lugar, estas estatuas se parecen más a los dementores de Harry Potter que a unos fantasmas, seguramente resultaría inquietante sentarse allí en el medio de la noche.
Catacumbas de los Capuchinos, macabro museo de la muerte en Palermo
En la ciudad de Palermo, en Italia, es posible encontrar uno de los museos más macabros del mundo, cuya temática central son los muertos. Para empezar, en una exposición permanente se encuentran más de 8 mil cadáveres completamente accesibles al público.
Creado en 1599, estas catacumbas se construyeron con la intención de que fuera un lugar que permitiera la visita al cuerpo del famoso monje Silvestro da Gubbio. Sin embargo, con el paso del tiempo el número de monjes muertos fue creciendo y el cementerio local se vio superado, por lo que terminaron aumentando las dimensiones del complejo y absorbiendo a los muertos para “enterrarlos” aquí.
Silvestro de Gubbio
A medida que el tiempo pasaba, esta forma de sepultura se convertía en una tradición local y la burguesía empezó a adherirse a la idea. En vida los más ricos donaban dinero al monasterio a cambio de que, cuando murieran, fueron sepultados en este lugar.
En 1882, el lugar fue oficialmente cerrado a nuevas sepulturas, pero recibió algunos cuerpos más como una solicitud especial. Uno de estos cuerpos era el de Rosalia Lombardo, que hace algunos años se convirtió en el más famoso del lugar debido al perfecto estado de conservación del cadáver y a que «abrió los ojos«. La niña, que tenía 2 años de edad cuando falleció, se mantiene tan bien conservada que simplemente aparenta estar dormida.
Durante mucho tiempo la conservación de este cuerpo fue un misterio, pero hace poco una investigación llevada a cabo por la revista National Geographic concluyó que el médico que embalsamó a la pequeña empleó una técnica nueva, que tenía como “ingrediente secreto” la aspirina, de esta forma logró que el cadáver se mantuviera en mejor estado que los demás.
Un dato interesante sobre este sitio es que la atmósfera y el suelo ayudan a la preservación de los cuerpos, lo que hace que la experiencia de visitar este museo sea algo único en el mundo.
Échale un vistazo a algunas imágenes de este lugar increíblemente macabro.
La batalla de Gibeah, grabado de M. de Brunoff (1904)
Muy Interesante(G.Carvajal) — Ser zurdo no es fácil, ni en la Antigüedad ni hoy en día. En todas las épocas y en todas las civilizaciones se dió un sesgo de parcialidad en favor de los diestros. De hecho la derecha se asociaba con lo bueno, ceremonias, comida, los dioses, la curación…mientras que la izquierda quedaba para todas las cosas malas, como maldiciones, injurias, daños, etc.
Incluso alguien tan racional como Platón frecuentemente asocia la derecha con el bien y la izquierda con el mal, y antes que él Pitágoras elaboraba una lista de diez principios básicos como pares de opuestos: en la derecha estaban la masculinidad, la luz, la bondad…y en la izquierda la feminidad, la oscuridad, la maldad, entre otros.
Menciones de guerreros zurdos se encuentran en múltiples textos antiguos. Como por ejemplo en la Iliada (XXI, 164-168), donde tenemos el ejemplo de Asteropeo, quien le arroja a Aquiles dos lanzas al mismo tiempo, una con cada mano.
Asteropeo era un héroe peonio ambidiestro descendiente del dios-río Axio, al que finalmente Aquiles consigue matar.
Asesinato del rey Ehud por un benjamita zurdo
Sin embargo ser zurdo tenía una gran ventaja en el combate cuerpo a cuerpo. Los enemigos diestros generalmente esperaban enfrentarse a un oponente igualmente diestro, con lo cual los zurdos contaban en primer lugar con el elemento sorpresa.
En segundo lugar, los zurdos solían entrenarse para combatir contra diestros, mientras que estos debían adaptarse sobre la marcha a la situación.
Ejemplo de esto llevado al límite es, por ejemplo, la modificación a propósito de elementos arquitectónicos, para favorecer a los zurdos. Quizá uno de los más conocidos sean las escaleras espirales de la Catedral de Lincoln en el Reino Unido, dispuestas en sentido contrario al habitual.
Así, atacantes diestros se encontrarían con la imposibilidad de blandir sus espadas de manera efectiva durante el ascenso, mientras que defensores zurdos contarían con mayor libertad de movimientos.
No en vano, la defensa de la catedral se hallaba encomendada a un clan escocés formado exclusivamente por hombres zurdos.
Las doce tribus de Israel
Volviendo a la Antigüedad, precisamente en la Biblia se menciona a personas zurdas en tres ocasiones, y curiosamente en todos los casos asociadas a la tribu de Benjamín. La primera es el asesinato del rey moabita Eglon por un zurdo (Jueces 3:12-30), Ehud, el segundo juez de Israel.
La segunda habla de 700 benjamitas que usaban la honda con la mano izquierda, haciendo hincapié en su mortal exactitud (Jueces 20:16). Y la tecera menciona a dos docenas de guerreros benjamitas ambidiestros que acudieron a apoyar a David en Hebrón (Crónicas 12:2).
En 2013 los investigadores Boyd Seevers y Joanna Klein estudiaron si esta característica de los benjamitas, ser zurdos o ambidiestros, era natural o aprendida. Llegaron a la conclusión de que debía haber un poco de ambas cosas.
Los benjamitas debieron ser propensos genéticamente a tal característica, pero además dentro de su tribu debía incentivarse mediante el entrenamiento, con el fin de proveerles de una ventaja estratégica en el combate.
Según Seevers y Klein, el hecho de que los cronistas bíblicos dejasen constancia de tal singularidad de los benjamitas pudo deberse a lo curioso e insólito que debió parecerles que toda una tribu de zurdos se denominase a si misma Benjamin, que significa literalmente hijos de diestros.
Los benjamitas tomando nuevas esposas, ilustración de la Biblia Morgan
Aun con esa ventaja en el combate, la tribu de Benjamín fue prácticamente aniquilada por las otras tribus israelitas, niños y mujeres incluidos, en la batalla de Gibeah (en algún momento entre el año 1200 y el 1000 a.C.). Solo sobrevivieron unos 600 hombres, que permanecieron ocultos en una cueva durante cuatro meses.
Al cabo de ese tiempo las tribus, temiendo que la de Benjamín desapareciera para siempre, les permitieron tomar nuevas esposas entre sus mujeres. Como ninguna quería casarse con un benjamita tomaron una decisión controvertida.
Eliminaron a unos 400 hombres de la tribu de Machir, que no habían mostrado pesar por el destino de los benjamitas, y les entregaron sus viudas.
De ese modo la tribu de Benjamín pudo continuar existiendo, aunque desde entonces se convirtió en la más pequeña de todas (de ahí la asociación moderna del término con lo pequeño).
Con el tiempo, y tras la disolución del Reino de Israel en 930 a.C., la tribu de Benjamín se unió a la de Judá para formar un nuevo reino. Sobrevivieron a la destrucción de Israel por los asirios y fueron deportados a Babilonia.
Una vez terminado el cautiverio, la distinción entre las tribus de Benjamín y Judá se perdió en favor de una nueva identidad: Israel.
The New York Times(T.May) — La imagen, que se extiende a lo largo de 18 metros en una ladera en Perú, muestra una criatura con orejas puntiagudas, ojos redondos y una larga cola rayada. Parece ser un gato en posición de descanso, como suelen hacer los gatos.
Los arqueólogos dieron con el grabado descolorido cuando remodelaban una sección de un sitio patrimonial de la UNESCO conocido como las Líneas de Nasca, anunció el Ministerio de Cultura de Perú la semana pasada.
El geoglifo en forma de gato —que según los expertos data del 200 a.C. al 100 a.C.—, es el más reciente descubrimiento entre las enormes tallas de animales y plantas encontradas anteriormente entre las ciudades de Nasca y Palpa, en una llanura desértica a unos 250 kilómetros al sureste de la capital, Lima.
“Con este descubrimiento se pone en evidencia, una vez más, el rico y variado legado cultural que alberga la zona”, dijo el ministerio en un comunicado.
Las Líneas de Nasca fueron descubiertas por primera vez por un arequeólogo peruano en 1927. Imágenes de un colibrí, un mono y una orca fueron desenterradas en el sitio. La UNESCO ha designado las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa como Patrimonio de la Humanidad desde 1994.
Se cree que el grabado del gato es más antiguo que cualquiera de los geoglifos prehistóricos desenterrados anteriormente en Nasca.
“Llama la atención que todavía se puedan identificar figuras nuevas, pero sabemos que hay otras que se pueden encontrar”, dijo Johny Isla, el arqueólogo jefe de Perú para las Líneas de Nasca, a Efe, una agencia de noticias española.
Se cree que los diseños fueron creados cuando los antiguos peruanos rasparon una capa oscura y rocosa de tierra, que contrasta con la arena de color más claro que hay debajo. Los investigadores creen que las figuras sirvieron como marcadores de viaje.
La fotografía de drones ha llevado a varios descubrimientos en los últimos años, dijo Isla. En 2019, investigadores de Japón, con la ayuda de fotografías satelitales e imágenes tridimensionales, desenterraron más de 140 nuevos geoglifos en el sitio.
Figura que aparentemente representa a una rata (Universidad de Yamagata), también encontrado en Nazcca
La labor de investigación y conservación ha continuado en el sitio incluso durante la pandemia de coronavirus, cuando la mayoría de los sitios turísticos han sido cerrados. Los arqueólogos y los empleados estaban trabajando en el Mirador Natural, un mirador en el sitio protegido, cuando comenzaron a desenterrar algo intrigante. Al limpiar el montículo, surgieron líneas claras que mostraban el cuerpo sinuoso de un gato.
“La figura apenas era visible y estaba a punto de desaparecer debido a que se localiza en una ladera de pendiente bastante pronunciada y a los efectos de la erosión natural”, dijo el Ministerio de Cultura en un comunicado.
Las autoridades dijeron que incluso una huella perdida podría estropear los frágiles terrenos, y han impuesto estrictas normas contra la entrada en el sitio. Antes de que la pandemia cerrara las visitas, se permitía a los visitantes ver las líneas y figuras sólo desde aviones y miradores.
Otra figura: Una serpiente con dos cabezas comiendo humanos (Universidad de Yamagata)
Pero se han producido disturbios en las líneas de Nasca, lo que ha provocado rechazo generalizado.
En 2014, los activistas de Greenpeace dejaron marcas de zapatos cerca de un gran diseño de colibrí cuando colocaron un cartel que promovía la energía renovable, dijeron las autoridades peruanas.
“Si caminas hacia allí, la huella va a durar cientos o miles de años”, dijo Luis Jaime Castillo, un funcionario peruano y arqueólogo, a The Guardian en ese momento. “Y la línea que han destruido es la más visible y la más reconocida de todas”.
Otra figura descubierta en Nazca: Una persona con dos animales (Universidad de Yamagata)
En 2018, un camionero fue arrestado después de conducir intencionalmente su tractor-remolque a través de tres líneas de geoglifos.
Incluso cuando Perú trabaja para preservar sus sitios antiguos, los funcionarios reabrieron Machu Picchu este mes para un afortunado turista que quedó varado durante la pandemia y esperó siete meses para ver la ciudadela inca del siglo XVI.
lavozdigital.es(M.P.Villatoro) — Cuarenta siglos. Ese es el tiempo que la tierra de los faraones, cuna de la civilización y región protagonista de cientos de mitos, se ha mantenido en pie desde que su nacimiento. Durante ese período, sus arenas han sido recorridas por grandes personajes como Julio César o el mítico emperador Napoleón Bonaparte.
Sin embargo, de entre los sucesos más reseñables que se han sucedido a la sombra de las inmensas pirámides, hay una decena cuya existencia ha puesto en tela de juicio la ciencia: las diez plagas que asolaron Egipto cuando -según la Biblia- Jehová quiso obligar a los egipcios a que dejasen marchar al pueblo judío.
La teoría bíblica
Para hallar el relato que nos habla de las plagas es necesario acudir a la Biblia y, más concretamente, al Éxodo (ubicado en el Antiguo Testamento).
En él, se narra la esclavitud a la que estaban sometidos los israelitas por parte de los egipcios y su posterior salida de la región para encontrar la tierra prometida. A partir del capítulo 7, las páginas recogen los sucesivos castigos divinos que Jehová envió sobre la zona para «ablandar el corazón del faraón» y lograr que el pueblo elegido pudiera escapar de aquella tortura. Todo ello, con la ayuda de Moisés.
Así lo narra el texto: «Entonces Jehová dijo a Moisés: «El corazón del Faraón se ha endurecido, y rehúsa dejar ir al pueblo. Ve por la mañana […] y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte que dejes ir a su pueblo para que le sirva en el desierto?»».
Ante la negativa de los egipcios, Jehová hizo -siempre según los textos- que el Nilo se trasformara en sangre matando a todo animal que habitaba en su interior e impidiendo que la población pudiera beber de él.
Ese sólo fue el inicio, pues después de aquello envió varias plagas de ranas, piojos y úlceras para que asolaran a los seguidores del faraón.
Ante la tozudez del egipcio, Dios acabó entonces con el ganado de sus siervos. «Si rehúsas dejarnos ir, he aquí [que] la mano de Jehová traerá una terrible peste sobre tu ganado que está en el campo: caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas.
Pero Jehová hará distinción entre el ganado de Israel y el de Egipto, de modo que no muera nada de todo lo que pertenece a los hijos de Israel», explica el Éxodo.
A pesar de todo, el faraón siguió sin dejar marchar al pueblo de Israel, por lo que, en palabras del texto religioso, Jehová envió tres plagas más. Concretamente, hizo llover del cielo granizo y fuego; mandó una nube gigantesca de langostas que acabó con los pastos de los egipcios y sumió a la región entera en las tinieblas. La última catástrofe para lograr su objetivo fue la peor.
«Entonces dijo Moisés: «Así lo ha dicho Jehová. Como a la medianoche yo pasaré por en medio de Egipto. Y todo primogénito en la tierra de Egipto morirá, desde el primogénito del faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está detrás de su molin»o», añade el texto bíblico. La amenaza se cumplió y, al ver la catástrofe, el mandatario dejó marchar a los israelitas.
En busca de la verdad
¿Qué hay de verdad y qué de mentira en este mito? Para empezar, es necesario ubicar el Éxodo en la Historia. Muchos son los expertos que afirman que no existen pruebas para poder establecer su existencia. No obstante, algunos investigadores consideran que este episodio bíblico podría corresponderse con la expulsión de una de las civilizaciones ubicadas al este de la cuenca del Nilo en el siglo XVI a.C.
«El Éxodo, como creen muchos expertos, pudo reflejar la expulsión de los hicsos por el faraón Ahmosis en el 1550 a.C. Esa sería la primera teoría del Éxodo y la que dio por cierta Flavio Josefo, así como otros historiadores antiguos», explica el investigador David Fernández García en su dossier « Éxodo: ¿Realidad o leyenda?», publicado en «Alcaibe: revista Centro Asociado a la UNED Ciudad de la Cerámica».
Por entonces, los faraones reinaban al sur de la cuenca del Nilo y tenían como capital Tebas (actual Luxor). Sin embargo, en el siglo XVI a.C. se inició una guerra entre ambos que acabó con la expulsión de la zona -a costa de ríos de sangre y cientos de muertes- de los hicsos.
Éstos se vieron obligados a renunciar a su ciudad de mayor importancia, Avaris, cerca de la cual Ramsés II fundó Pi-Ramses (una población que tuvo que ser abandonada hace 3.000 años por causas desconocidas). A día de hoy, se baraja la posibilidad de que las plagas pudieran ser la razón de que la población se marchase.
Sin embargo, que el Éxodo se desarrolle en este periodo de la historia no deja de ser una elucubración. «La verdad es que no podemos dar una fecha exacta para el Éxodo ni afirmar bajo qué faraón tuvo lugar, solo especular que fue bajo el reinado de Amosis (1552-1527) fundador de la Dinastía XVIII, considerando la identidad entre hicsos e Israelitas» explica Carlos Ruz Saldivar en su libro «Esbozo de la historia de Israel».
Agua y sangre
Los científicos han explicado de varias formas el primer castigo divino sobre Egipto. Según Ruz, la plaga inicial se podría haber sucedido debido al polvo del vecino Sáhara. Y es que, esta sustancia roja pudo ser transportada por el aire, unirse al agua que se hallaba en las nubes y caer finalmente en forma de lluvia.
De hecho, y tal y como explica el investigador en su libro, este es un fenómeno natural que ya sucedió en Europa. «Si el polvo desértico pudo viajar cientos de kilómetros hasta Italia, con mayor razón podría llegar a Egipto», completa el experto.
No obstante, es solo una de las teorías, pues el profesor George Kling de la Universidad de Michigan (citado por James Cameron en el documental «El Éxodo descodificado») cree que el suceso pudo producirse debido a que el fondo del Nilo es rico en hierro, una sustancia de tono cobrizo.
Al emerger esporádicamente, habría provocado que las aguas se tiñeran de rojo y habría generado la muerte de decenas de seres vivos en el Nilo
«Cuando el agua del fondo sube a la superficie, el óxido de hierro consume el oxígeno disuelto normalmente presente en aguas superficiales, lo que ocasiona la falta de este vital elemento para los peces y otros organismos del lago, que mueren por falta de oxígeno», determina Ruz.
Una hipótesis similar es compartida por el profesor Roger Wotton -del departamento de genética y evolución de la «School of Life and Medical Sciences»- en su artículo « The ten plagues of Egypt».
«Algunos ríos transportan grandes cargas de sedimento de color rojo, el agua puede tener el mismo color como resultado. De hecho, hay varios «Ríos Rojas» en el mundo que han sido llamados así por esta razón».
El anglosajón afirma que cerca del Nilo existen muchas tierras con sedimentos de colores rojos y, si se hubiera sucedido una gran crecida de las aguas en algún momento, éstas los habrían arrastrado provocando que el río se tiñera.
Una quinta hipótesis asevera que las aguas se pudieron haber teñido debido a la muerte de algún microorganismo, algo que -a día de hoy- sucede habitualmente en el norte de España y en algunas partes de China.
«Otra idea que explica el color rojo del Nilo la constituye la introducción de un alga roja tapizante en el agua, esta alga no solo podría darle al Nilo un color rojizo, sino además, agotar el oxígeno y matar a los peces», determina, en este caso, Ruz. Esta primera plaga es, sin duda, una de las que más explicaciones científicas tiene.
El volcán del desastre
Con todo, una de las hipótesis más apoyadas en la actualidad es la que afirma que las aguas se volvieron rojizas debido a la ceniza volcánica producida por la erupción del volcán Thera, ubicado en la isla de Santorini (Creta).
«Aunque la sismología no tiene la fecha exacta y lo sitúa entre 1600 y 1500 a.C. la Arqueología […] confirma que aproximadamente en 1550 a.C. tuvo lugar una terrible explosión volcánica que arrasó la cultura minoica y provocó grandes catástrofes en los territorios del mar Mediterráneo. […] En la isla de Santorini (o Tera, en Grecia) […] florecía la cultura minoica hasta que el volcán que formaba parte de la isla comenzó a echar humo», explica, en este caso, García.
Aquel año, el volcán hizo erupción de una forma que no se volvería a ver hasta el estallido del Krakatoa en 1883. La explosión, en palabras de García, generó una columna de humo y ceniza de más de 40 kilómetros de altura y 200 de diámetro que afectó a regiones ubicadas a cientos de kilómetros.
Egipto (situada a apenas 700) no fue una excepción. «En los restos de Avaris se ha encontrado piedra pómez. El profesor del Smithsonian Institute Jean Daniel Stanley ha demostrado que esta piedra vino con una nube de cenizas y no como una marea, por tanto las vicisitudes que vivió Egipto en esos días [debido al volcán] debieron de ser catastróficas», completa el español.
Ranas, piojos, mosacs y muerte de ganado
Usando como base la intoxicación de las aguas (ya fuera debido a las cenizas, a las algas o los materiales ferrosos) se produjo la aparición de las siguientes plagas que señala el Éxodo. Concretamente, la toxicidad del líquido elemento llevó a los renacuajos y a las ranas a salir del Nilo, dando lugar a la invasión de anfibios que tanto pavor creó en el faraón.
La tercera -la llegada ingente de piojos- pudo ser provocada por la falta de higiene de la población al no poder lavarse en el río.
Lo mismo sucede con la cuarta plaga -la invasión de una ingente cantidad de moscas e insectos-. Para investigadores como Ruz, su aparición se correspondería con una respuesta lógica en una región en la que habrían muerto multitud de animales debido a la toxicidad de las aguas: «Las aves, al no tomar agua -o al hacerlo- morían, lo que aumentaba los piojos.
La muerte de los peces, ranas y aves traería como consecuencia una abundancia de moscas». Lo mismo sucedería con cualquier ser vivo que falleciera al ingerir líquido del Nilo.
La quinta plaga -la muerte del ganado de los egipcios– estaría relacionada íntimamente con las anteriores. Y es que, la llegada de todo tipo de insectos portadores de enfermedades habría provocado la muerte tanto de humanos como de animales de granja de forma masiva.
«Las moscas diseminaron bacterias contaminando alimentos y originando una severa epidemia» destaca el experto en su libro.
Por su parte, Woot también relaciona este «castigo divino» con la aparición de mosquitos: «Cuando las nubes de moscas son particularmente densas, se pone a cubierto al ganado para evitar la inhalación excesiva de insectos y su posterior asfixia».
Si los habitantes de la región no lo hicieron, podría haber sido otra de las causas.
Pústulas y úlceras
«Y Jehová dijo á Moisés y á Aarón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y espárzala Moisés hacia el cielo delante del Faraón: Y vendrá á ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, el cual originará sarpullido que cause tumores apostemados en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto».
Así es como explica la Biblia la aparición de la sexta plaga que asoló Egipto, una «maldición» que los científicos no tienen ninguna dificultad en explicar si se parte de la base de que las aguas del Nilo se tiñeron de rojo debido a la aparición de una nube de ceniza provocada por la erupción del Thora.
¿La razón? Existen estudios que determinan que el contacto con la ceniza volcánica puede provocar severos daños en la piel.
De esta forma, todo aquel que se hubiera bañado en el Nilo o hubiera estado expuesto a la nube de polvo volcánico que llegó desde Santorini habría padecido a medio plazo úlceras en el cuerpo y habría visto dañados sus ojos.
«Puesto que la ceniza volcánica está constituida principalmente por dióxido de azufre, este compuesto puede producir irritación local y desarrollar silicosis. […]
A nivel de la conjuntiva, la ceniza actúa como un cuerpo extraño, siendo los cristales de dióxido de azufre los que afectan directamente a la conjuntiva y a la córnea, produciendo abrasiones, además del efecto irritante.
También el efecto de la ceniza a nivel de la piel es principalmente irritante.
Por su parte, los microelementos como el bromo volcánico pueden formar parte del agua de vertientes y durante la potabilización generar trihalometanos, que son compuestos cancerígenos.
Si las emanaciones de cenizas volcánicas son frecuentes se favorece la alteración de los ecosistemas, además de causar problemas en la salud a medio y largo plazos», explican A. Rivera-Tapia, A. Yañez-Santos y L. Cedillo-Ramirez en su dossier « Emisión de ceniza volcánica y sus efectos».
Granizo y fuego
Las causas de séptima plaga han generado grandes controversias entre los expertos, ya que es dificultoso que, a la vez, caiga del cielo granizo y fuego.
En el documental «El secreto de las diez plagas» -de National Geographic- Nadine von Blohm, del Instituto de Física Atmosférica de Alemania, afirma que el granizo necesita partículas sólidas alrededor de las que crearse.
Éstas podrían haber sido las moléculas de polvo que llegaron con la nube de ceniza tras la erupción del Thera.
Así pues, se habría creado una precipitación de hielo y lava (la cual, según los datos, apareció en Egipto debido a que la explosión de Santorini fue varias veces superior a la de una bomba atómica).
No es de la misma opinión Ruz, quién determina que lo que cayó en Egipto no era hielo, sino cristales volcánicos producidos tras la erupción. «Es ampliamente conocido que las erupciones volcánicas van acompañadas de cristales.
Gerald Friedman nos confirma que fragmentos de cristal que pueden ser rastreados como pertenecientes al Thera se han encontrado en sedimentos del delta del Nilo […] por lo que si bien sería difícil explicar la caída de granizo, podemos pensar que una confusión permitiría creer que los cristales en la roca eran granizo», completa el experto.
Fuera como fuese, en lo que coincide la ciencia es que la nube de ceniza y deshechos provocada por el Thera pudo fácilmente provocar la oscuridad en la región (dando lugar, así, a la novena plaga, la de las tinieblas).
Plaga de langostas
El octavo castigo se corresponde con la de la llegada de una plaga de langostas hasta las tierras del faraón. Curiosamente, este es uno de las más sencillas de explicar pues, aunque este tipo de insectos suele actuar de forma individual, hay épocas en su vida (por ejemplo, las de apareamiento) en las que tienden a unirse en gigantescos grupos.
Según explica el National Geographic en su dossier «La langosta», un enjambre de estos animales puede llegar a tener un tamaño de unos 1.200 kilómetros cuadrados (llegando a caber en menos de uno de ellos entre 40 u 80 millones de estos herbívoros). A día de hoy, de hecho, ya han sembrado el terror en las cosechas de decenas de países como Madagascar, donde hace pocos meses «atacaron» la zona.
Estos enjambres, a su vez, suelen viajar a lugares en los que se produzcan muchas lluvias y fuertes vientos. «El impacto que ocasionó la erupción repercutió en el clima de toda la región y facilitó que se diera una fuerte tormenta con, muy probablemente, la caída de granizo y lluvia.
Esto es interesante porque, según [los escritos] la plaga de langostas llegó justo después de la tormentas de granizo», completa Ruz. En este sentido, García añade que los cambios bruscos de temperatura provocaron que los insectos se despertaran y se dirigieran hacia un lugar con las condiciones adecuadas para vivir.
Muerte de los primogénitos
Finalmente, una de las teorías que se barajan para explicar la décima y definitiva plaga es que -en aquellos años- un peligroso hongo envenenó las cosechas de grano. Como los primogénitos tenían el privilegio de comer los primeros (y, por lo tanto, una mayor cantidad) es posible que se vieran intoxicados por él en mayor medida, muriendo en masa.
García maneja otra hipótesis: «Se sabe que los primogénitos en Egipto dormían en las salas más lujosas que se situaban en las zonas más bajas de las viviendas, mientras que los demás lo hacían en desvanes y azoteas.
El dióxido de carbono liberado [por diferentes causas desde el suelo] emergía a la superficie asfixiando a los que se encontraban en las cotas más bajas, pues según ascendía se evaporaba. Por ello, los primogénitos fallecían mientras que los demás no».
El emperador Dale Parker Anderson y la bandera del arcoíris en el momento de fundación del Reino como reacción a la discriminación y falta de reconocimiento del gobierno australiano
Infobae(M.Bauso) — Cada vez que hay un gran evento deportivo –un Mundial, un Juego Olímpico- además de lo que se dirime en las competencias se establece otro virtual certamen. Al tener la posibilidad de escucharlos con cierta frecuencia y todos juntos, el público se pregunta qué país tiene el mejor himno nacional.
Están el Oíd Mortales y todas las canciones nacionales sudamericanas que se regodean en lo pomposo; Star Spangled Banner y God Save The Queen por el lado anglosajón; y también la preferida de muchos por méritos propios y por aquella escena de Casablanca (y también, claro, la de Escape a la Victoria): la Marsellesa. Pero no vale más la pena discutir cuál es el mejor himno.
Esa discusión terminó. El Reino Gay y Lésbico de las Islas de Coral Sea (Gay and Lesbian Kingdom of the Coral Sea Islands) es el indiscutible ganador. Y si alguien lo escucha no sólo lo puede tararear de inmediato, sino que también cantará su letra tanto en inglés como en español. I Am What I Am. Soy lo soy no tengo que dar excusas por eso.
La versión que se convirtió en la oficial del Reino es la más conocida de todas. La de Gloria Gaynor (la canción original formaba parte de la obra La Jaula de las Locas). El único país en tener como himno un tema disco. Jerry Herman, autor de la canción, cedió su utilización con mucho placer y orgullo. En recompensa obtuvo un título nobiliario de este reino.
Los símbolos nacionales se completaron con otra elección obvia: la bandera del arcoíris fue elegida como enseña patria.
El Reino Gay y Lésbico de las Islas de Coral Sea, que queda en el Pacífico, al noroeste de Australia, fue una micronación de vida fugaz. Se declaró su independencia en 2004. Y se disolvió 13 años después. En 2004, el Parlamento Australiano convalidó una ley que negaba derechos a los matrimonios homosexuales. El estado no reconocía las uniones de personas del mismo sexo.
Eso, además de lo simbólico y del mensaje discriminatorio, tenía consecuencias prácticas complejas y perjudiciales para los que integraban esas parejas: carecían de derechos sucesorios, en caso de emergencias médicas no podían decidir sobre la vida de su pareja- sin importar los años de convivencia-, tampoco accedían a cobertura médica familiar y no podían adoptar hijos.
Pocos días después de esta ley, ocurrió la secesión. Un grupo de activistas homosexuales tomó el arrecife Cato, una de las islas del Mar Coral. Y declaró el nacimiento de este particular Reino. La declaración de independencia, entre otras cosas, decía: “Australia mantiene leyes espantosas contra los homosexuales. Vivimos en un régimen similar al Apartheid que no se basa en el color de la piel sino en el color de nuestra sexualidad. La homofobia es racismo sexual.
La homosexualidad no es un comportamiento que deba ser regulado. Es una identidad que debe ser respetada. Nosotros somos personas antes que nada. Trabajamos, vivimos nuestras vidas, amamos y tenemos relaciones. Tenemos familias”.
Las banderas del arcoíris y la isla. Un símbolo de esta micronación que tuvo 13 años de existencia
Esta iniciativa no sólo se produjo por esta ley. El estado australiano había demostrado en las últimas décadas una vocación por ignorar a los homosexuales y por negarle acceso a posibilidades e instituciones. El primer ministro lo había explicitado cuando se debatió una nueva ley de adopción: “Los homosexuales no pueden tener los mismos derechos que las parejas heterosexuales. Sus elecciones de vida hacen que dejen de lado algunas posibilidades, como la de criar hijos”
Esta declaración y la historia particular de este caso surgen del Atlas de Micronaciones de Graziano Graziani, recientemente editado por Ediciones Godot y traducido por el escritor Guillermo Piro. El libro reúne decenas de casos de estos pequeños sitios formados por un personaje o por un grupo chico de gente con pretensiones de ser reconocidos soberanamente.
Algunos de estos fundadores sufren de delirios de grandeza, otros buscan un beneficio propio, están los que sólo son sofisticados estafadores y hasta los que lo hacen con aspiraciones artísticas. Una característica que comparten las micronaciones es que la historia de cada una de ellas parece obra de la ficción, inventada por una mente con mucha imaginación, pero todas son estrictamente reales como las de la Isla de Sark o la de Sealand.
La placa en Heaven, el lugar central de la Isla de Cato, que rememora el momento de la fundación del reino, el momento en que se izó la bandera por primera vez en 2004
Este Reino que nos ocupa surgió no de la picardía o de las ansias de buscar ventaja o evitar impuestos, sino de la necesidad de que los derechos de las minorías fueran reconocidos.
La elección de estas islas no fue casual. Su particular status jurídico permitía la acción y posibilitaba que tuviera, además, la visibilidad que ellos necesitaban. Y que no se tratara nada más de una rareza.
Las islas eran consideradas como Territorios de Ultramar; pertenecían al Commonwealth pero no integraban estrictamente Australia. Eso evitaba que sus fundadores fueran señalados y juzgados como traidores a la patria.
Si bien el archipiélago es bastante extenso, el Reino Gay y Lésbico de las Islas de Coral Sea se instaló en Cato, a la que nombró ciudad capital. Una isla diminuta de tres kilómetros cuadrados de superficie. Una de los pocos lugares a los que se podía acceder de esos atolones y acantilados. Al sector principal se lo bautizó Heaven (Cielo), que además de la acepción celestial era el nombre de un muy reconocido boliche gay de Londres.
Sus residentes sólo podían habitar el territorio en las temporadas más benignas climáticamente del año. Sus actividades no eran demasiadas dada la hostilidad del territorio.
Tenían, como toda nación que se precie, además de sus símbolos, su propia moneda: era el dólar rosa. La principal actividad económica, por llamarla de alguna manera, era el turismo. El avistaje de aves, el buceo (se promocionaba que el pez payaso, el de Buscando a Nemo, era un pez transexual que cambiaba de sexo luego de la muerte de la hembra) y el disfrute de su playa, que se convirtió en un balneario con población exclusivamente homosexual. Otra manera de recaudar que tenían era la filatelia.
El Reino tenía sus propias estampillas. Siempre coloridas, con distintas formas y diseños de la bandera del Arcoíris, alguna imagen de la isla y no mucho más. Por extrañas y escasas se convirtieron en las preferidas de muchas filatelistas y su cotización aumentó con el correr de los años.
La creación de este nuevo estado se basó en un principio de la legislación anglosajona. El del Enriquecimiento Injusto (Unjust Enrichment) que sostiene que si algo es tomado (o sacado) de manera injusta, se puede obtener por los propios medios una compensación. Y, también, que las poblaciones oprimidas pueden autogobernarse.
El diseño jurídico del reino buscó inspiración en modelos bien conocidos. La declaración de la independencia repetía párrafos enteros de la de Estados Unidos. La ciudadanía se obtenía, como en los inicios del estado israelí, automáticamente, sólo por pertenencia y expresando su deseo de ser ciudadano del Reino.
Eso sí, para justificar su status jurídico hubo que alcanzar algún absurdo como que el Reino Gay y Lésbico de las Islas de Coral Sea le declarase la guerra a Australia, única manera de justificar su separación.
Sus autoridades enviaron la declaración de guerra varias veces y en distintos formatos a los gobernantes australianos. Pero la respuesta oficial de Australia nunca llegó. Ignoró de todas las maneras posibles los requerimientos de la nueva micronación.
Un auténtico ghosteo estatal. Sin embargo, las autoridades del Reino consideraron que la falta de respuesta, el silencio, lo que hacía era reconocer su existencia como estado, una aceptación tácita. Esta declaración de guerra tuvo un solo reconocimiento oficial australiano.
En el parlamento, unos años atrás se izó la bandera del arcoíris y un legislador conservador exigió que fuera quitada porque era la bandera de un estado beligerante.
Dale Parker Anderson fue nombrado emperador del reino. Se adujo un dudoso parentesco con un rey inglés del siglo XIII del que se supone que era homosexual
Y como sus fundadores no se conformaban con poco, la máxima autoridad del Reino era el Emperador. Como tal fue nombrado Dale Parker Anderson, un activista que junto a otros viajó a la isla para hacer su simbólico acto de posesión en un barco que bautizaron el Gayflower, en referencia al histórico Mayflower.
Su primer acto de gobierno, el 14 de junio de 2004, fue sacarse una foto en la que se percibe la aridez de la Isla de Cato y sus vientos algo hostiles, mientras sostiene con esfuerzo la bandera colorida que va a izar.
Una placa en el lugar recuerda el momento: “El 14 de junio de 2004, en el punto más alto de Coral Sea, el emperador Dale Parker Anderson izó la bandera del arcoíris y declaró que las Islas de Coral Sea son el hogar de todos los gays y lesbianas de todo el mundo. Dios salve a nuestro rey”.
Para entronizar a Parker Anderson se esgrimió, además de su militancia de años, un lejanísimo y muy dudoso parentesco con Eduardo II de Inglaterra, monarca del Siglo XIII que se supone era homosexual.
Esta micronación se disolvió en noviembre de 2017, cuando sus fundadores, consideraron que su misión se había cumplido. Ese mes el estado australiano, después de años de postergaciones, aprobó y legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Ambientum(J.M.Nieves/abc) — Un equipo internacional de físicos de varias universidades, entre ellas las de Bristol, Viena, e Islas Baleares, ha conseguido demostrar que los sistemas cuánticos pueden evolucionar simultáneamente a lo largo de dos flechas de tiempo opuestas, hacia el futuro y hacia el pasado.
El estudio, que aparece publicado en el último número de ‘Nature Communications Physics‘, obliga a reconsiderar la forma en que se entiende y representa el flujo del tiempo en contextos donde las leyes cuánticas juegan un papel fundamental. Durante siglos, filósofos y físicos han reflexionado sobre la naturaleza del tiempo. Sin embargo, en el mundo que nos rodea, nuestra propia experiencia indica que el tiempo fluye en una única dirección, desde el presente hacia al futuro, y nunca al contrario.
De hecho, en la naturaleza, todos los procesos tienden a evolucionar espontáneamente hacia estados más desordenados, y esa propensión puede usarse para identificar una flecha del tiempo concreta, que es la que todos experimentamos. En física, esto se describe en términos de ‘entropía’, que define la cantidad de desorden presente en un sistema.
«Si un fenómeno produce una gran cantidad de entropía -explica Giulia Rubino, de la Universidad de Bristol y primera firmante del estudio-, observar su inversión temporal es tan improbable que se vuelve esencialmente imposible. Sin embargo, cuando la entropía producida es lo suficientemente pequeña, existe una probabilidad no despreciable de que la inversión temporal de un fenómeno se produzca de forma natural».
Sistemas cuánticos
Según la investigadora, «podemos tomar como ejemplo la secuencia de cosas que hacemos en nuestra rutina matinal. Si nos mostraran nuestra pasta de dientes moviéndose desde el cepillo hacia su tubo, no tendríamos ninguna duda de que estamos viendo una grabación rebobinada de nuestro día. Sin embargo, si apretamos el tubo suavemente de modo que solo salga una pequeña parte de la pasta de dientes, no sería tan improbable que la observemos volver a entrar en el tubo, succionada por la descompresión del propio tubo».
Bajo la dirección de Caslav Brukner, de la Universidad de Viena, los autores del estudio aplicaron esta idea al reino cuántico, una de cuyas peculiaridades es el principio de superposición cuántica, según el cual si dos estados de un sistema cuántico son posibles, entonces ese sistema podrá estar en ambos estados al mismo tiempo. Al extender este principio a las flechas del tiempo, resulta que los sistemas cuánticos que evolucionan en una u otra dirección temporal (la pasta de dientes que sale o vuelve al tubo), también pueden estar evolucionando simultáneamente a lo largo de la dirección temporal opuesta.
Base de las leyes del universo
«Aunque esta idea parece bastante absurda cuando se aplica a nuestra experiencia diaria -prosigue Rubino-, en su nivel más fundamental, las leyes del universo se basan en principios de la mecánica cuántica. Y eso nos hace preguntarnos por qué nunca encontramos estas superposiciones de flujos de tiempo en la naturaleza».
En palabras de Gonzalo Manzano, de la Universidad de las Islas Baleares y coautor de la investigación, «en nuestro trabajo, cuantificamos la entropía producida por un sistema que evoluciona en superposición cuántica de procesos con flechas de tiempo opuestas. Descubrimos que esto a menudo resulta en proyectar el sistema en una dirección de tiempo bien definida, correspondiente al proceso más probable de los dos. Y, sin embargo, cuando están involucradas pequeñas cantidades de entropía (por ejemplo, cuando se derrama tan poca pasta de dientes que se puede ver que se reabsorbe en el tubo), entonces se pueden observar físicamente las consecuencias de que el sistema haya evolucionado hacia adelante y hacia atrás, en ambas direcciones temporales y de forma simultánea».
Aparte de la característica fundamental de que el tiempo en sí podría no estar bien definido, el trabajo también tiene implicaciones prácticas en la termodinámica cuántica. Colocar un sistema cuántico en una superposición de flechas de tiempo alternativo podría ofrecer, por ejemplo, ventajas en el rendimiento de las máquinas térmicas y los refrigeradores.
«Aunque el tiempo a menudo se trata como un parámetro que aumenta continuamente -concluye Rubino- nuestro estudio muestra que las leyes que rigen su flujo en contextos de mecánica cuántica son mucho más complejas. Esto puede sugerir que necesitamos repensar la forma en que representamos esta cantidad en todos aquellos contextos donde las leyes cuánticas juegan un papel crucial».
Los investigadores colaboraron con el Instituto Ocean Voyages para recolectar los residuos del océano.
BBC News(V.Gil) — Un grupo de científicos ha descubierto animales marinos que viven entre desechos plásticos en un área del océano abierto denominada «la gran mancha de basura del Pacífico».
Muchas de las criaturas son especies costeras, que viven a kilómetros de sus hábitats habituales, en un parche a medio camino entre la costa de California y Hawái.
Los científicos encontraron plantas y animales, incluidas anémonas, pequeños insectos marinos, moluscos y cangrejos, en el 90% de los desechos.
Lo que les preocupa es que el plástico pueda ayudar a transportar especies invasoras.
El estudio examinó artículos de plástico de más de 5 cm (2 pulgadas) de diámetro recolectados de un «giro», un área donde las corrientes circulantes provocan la acumulación de escombros flotantes, en el Pacífico.
«Los plásticos son más permanentes que muchos de los desechos naturales que se han visto anteriormente en el océano abierto. Están creando un hábitat más permanente en esta área», dice Linsey Haram, del Centro de Investigación Ambiental del Smithsonian, quien encabeza el estudio.
Haram trabajó con el Ocean Voyages Institute, una ONG lleva a cabo expediciones para recolectar contaminación plástica, y con oceanógrafos de la Universidad de Hawái en Manoa.
Más de la mitad de los artículos que examinaron los investigadores contenían especies que generalmente se encuentran en la costa.
El mundo tiene al menos cinco giros oceánicos infestados de plástico. Se cree que este contiene la mayor cantidad de plástico flotante: un estimado de 79.000 toneladas en una región de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados.
«Todo tipo de cosas terminan ahí», dijo la doctora Haram. «No es una isla de plástico, pero definitivamente hay una gran cantidad de plástico allí».
Gran parte es microplástico, muy difícil de identificar a simple vista.
Pero también hay artículos más grandes, incluidas redes de pesca abandonadas, boyas e incluso embarcaciones que han estado flotando en el giro desde el tsunami que azotó Japón en 2011.
Los investigadores, que publicaron sus hallazgos en la revista Nature Communications, se embarcaron inicialmente en la investigación tras ese devastador tsunami.
El desastre provocó la expulsión de toneladas de escombros al océano Pacífico y se encontraron vivas cientos de especies marinas costeras de Japón en artículos que aterrizaron en las costas del Pacífico de América del Norte y las islas hawaianas.
«Queremos entender cómo los plásticos pueden ser un medio de transporte para las especies invasoras hasta las costas», dijo Haram a la BBC.
La investigación comenzó tras el devastador tsunami de 2011 en Japón, que envió toneladas de escombros al océano Pacífico.
Algunos de los organismos que los investigadores encontraron en los artículos de plástico que examinaron eran especies de mar abierto, organismos que sobreviven «haciendo rafting» en escombros flotantes. Pero el hallazgo más revelador, dijo Haram, fue la diversidad de especies costeras en el plástico.
«Más de la mitad de los artículos tenían especies costeras», dijo. «Eso genera muchas preguntas sobre lo que significa ser una especie costera».
Una masa de artes de pesca abandonados, compuestos de redes de plástico, cuerdas y boyas, en el giro subtropical del Pacífico Norte.
Los científicos dijeron que el descubrimiento destacó otra «consecuencia involuntaria» de la contaminación plástica, un problema que se espera que crezca.
Un estudio anterior estimó que para 2050 se generarían un total de 25.000 millones de toneladas de residuos plásticos.
Josef Greiner, el hombre que intentó chantajear a Hitler
En 1938 el nazismo estaba en el apogeo de su poder, se anexionaba Austria y poco después los Sudetes mientras el primer ministro británico neville Chamberlain intentaba aplacar a la fiera con buenas palabras. En otoño se expulsó del país a los judíos polacos y el 9 de noviembre hubo un paso adelante contra el resto en la llamada Noche de los Cristales Rotos. En ese contexto parecía inimaginable que alguien intentase extorsionar a Hitler pero eso fue precisamente lo que pasó y el responsable resultó ser un escritor de poca monta que alardeaba de haberle conocido años atrás.
Cuatro años antes, apenas fallecido Hindenburg, Hitler había asumido las funciones de presidente fusionándolas con su cargo de canciller y convocando un plebiscito que, por supuesto, ganó por abrumadora mayoría. Con ello daba inicio a lo sería el Tercer Reich, aquel que habría de durar mil años y en el que la lealtad, siguiendo los principios ideológicos del partido, era hacia el Führer. Durante los años siguientes se procedió a reindustrializar Alemania mediante una política económica que se centraba en reorganizar las extintas fuerzas armadas (de las que Hitler se autonombró comandante supremo) y se coordinaba con una agresiva política exterior, de manera que el país pasó a ser una potencia mundial aunque, de facto, dada la naturaleza fundamentalmente armamentísca de su producción, cabalgaba hacia el abismo.
Esos días de gloria contrastaban con los inicios nada fáciles que había pasado. Natural de la localidad austríaca de Linz, Hitler fue el tercer hijo de un oficial de aduanas (casado con su propia prima) que solía levantarle la mano a menudo, lo que desembocó en su fracaso escolar. Ya adulto, mientras buscaba trabajo, intentó dedicarse a su auténtica vocación, la pintura, mientras iba empapándose de pangermanismo y antisemitismo.
En aquella primera década del siglo XX intentó varias veces ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena pero sin éxito y, entretanto, pasaba verdaderas estrecheces económicas que le obligaron a alojarse en un hostal miserable y recurrir a comedores benéficos. Ejerciendo todo tipo de oficios sin cualificar logró ir tirando. En 1913 mejoró su situación económica gracias a la herencia familiar y al año siguiente ingresaba en el ejército pese a que inicialmente había sido declarado no apto.
El bebé Adolfo
Hagamos aquí un alto en la biografía hitleriana para atender la de Josef Greiner, un individuo nacido en Estiria (Austria) tres años antes que Adolf. Si éste se había trasladado a Viena en 1906, Greiner lo hizo en 1908 y, como él, desempeñó diversos trabajos. En la que era la gran metrópoli centroeuropea de la época, se vio obligado a hospedarse en un dormitorio público para hombres llamado Meldemannstraße 27; allí permaneció desde enero hasta abril de 1910.
Meldemannstraße 27, que continuó en activo hasta la década de los noventa en que fue cerrado al inaugurarse un albergue más moderno (aunque se volvió a abrir en 2009 rehabilitado como residencia de ancianos bajo el nombre Seniorenschlössl Brigittenau), tiene cierta fama porque también fue donde recaló Hitler, en su caso más tiempo: de 1910 hasta 1913. Él llegó en febrero, lo que significa que coincidió con Greiner un par de meses al menos. Ambos se conocerían, entablando amistad al ser contratados a la vez para uno de esos empleos, consistente en rellenar latas viejas con pintura para luego ir vendiéndolas a domicilio.
El Meldemannstraße 27 hoy en día
El caso es que, con el tiempo, ambos siguieron sus respectivos caminos. El de Hitler ya lo sabemos; tras la Primera Guerra Mundial, en la que resultó herido dos veces y sólo llegó a cabo (pese a lo cual fue condecorado con la Cruz de Hierro), reaccionó igual que muchos veteranos humillados por la derrota y el trato posterior: acercándose a ideologías extremistas, de fuerte contenido nacionalista, anticomunista y antisemita que fueron tomando forma en torno al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, a cuyo liderazgo logró encaramarse en 1921.
Hitler en la I Guerra Mundial
Por su parte, Greiner desarrolló una oscura carrera literaria de la que lo interesante para este artículo es el curioso libro que en 1938 envió a la Cancillería del Reich. Recién publicado, su título era Schrift Sein Kampf und Sieg. Eine Erinnerung an Adolf Hitler (Su lucha y victoria. Una memoria de Adolf Hitler) y en él contaba cómo había conocido al Führer décadas atrás, cuando los dos compartían dormitorio en el citado Meldemannstraße 27 de viena y buscaban la forma de salir de la pobreza.
Greiner envió ejemplares también a Mussolini, Göring y Goebbels, indicándole a este último que el texto podía utilizarse para reforzar la propaganda exaltando los duros comienzos de Hitler. Lamentablemente, el aludido no lo vio así. De hecho, Hitler interpretó aquella propuesta como un sutil intento de chantaje, algo que parecía reforzar el hecho de que Greiner solicitara a cambio dirigir el Ministerio de Economía (ya que se presentaba como hombre de negocios, más que como literato), por lo que el libro fue prohibido y todos los ejemplares secuestrados.
No hay forma de saber las verdaderas intenciones del autor, aunque está claro que se trataba de un oportunista, según se deduce de sus actuaciones posteriores. Porque si bien Schrift Sein Kampf und Sieg. Eine Erinnerung an Adolf Hitler contiene loas desmesuradas al Führer, entre ellas la consideración de genio o mesías, al acabar la Segunda Guerra Mundial Greiner publicó una nueva obra completamente opuesta.
La tituló Das Ende des Hitler-Mythos (El fin del mito de Hitler) y en ella el retrato que hace del personaje es muy diferente, narrando agresiones a judíos, la violación de una modelo y el contagio de sífilis tras mantener relaciones con una prostituta del Leopoldstadt (un barrio vienés donde se concentraba la comunidad judía). La cantidad de inexactitudes detectadas inducen a pensar que o le fallaba la memoria (como el hecho de situar a Hitler en Viena en 1908 cuando en realidad llegó dos años después) o tiraba bastante de imaginación (que se sepa, Hitler nunca pintó modelos en Viena, pues lo que le atraía era la arquitectura sobre todo).
La Ópera de Viena pintada por Hitler
El hecho de que afirmase que en 1945 el canciller germano no muriera en su búnker de Berlín sino que logró huir en un avión o que se presentase a sí mismo como un opositor al nazismo por no pertenecer al partido (cuando parece ser que intentó afiliarse repetidas veces y fue rechazado), asegurando haber colaborado con la resistencia austríaca, tampoco ayudan en eso de la credibilidad. Quizá por ello en los ficheros de los archivos gubernamentales figura como mero extorsionador y hoy es opinión general que nunca conoció a Hitler.
Reinhonld Hanisch retratado por Adolf Hitler
La fuente principal para iniciarse en todo esto es un ensayo que publicó en 1939 la revista neoyorquina The New Republic con testimonios de Reinhold Hanisch. Son de primera mano porque, al contrario que Greiner, sí está comprobado que Hanisch fue compañero del futuro canciller en Viena. Emigrante austríaco de familia noble pero arruinada, convivió con él en el Meldemannstraße 27 y ambos se asociaron laboralmente, compartiendo las exiguas ganancias de las acuarelas que Hitler pintaba y Hanisch vendía.
Pero Hanisch no era trigo limpio y, de hecho, ya había sido encarcelado alguna vez por robo. Hitler le acusó de quedarse íntegramente el importe de una pintura y se separaron. Hitler se buscó otro vendedor que luego denunció a Hanisch para evitar su competencia, ya que se había puesto a pintar también; le condenaron a una semana de cárcel y desde entonces Hanisch se dedicó a vilipendiar a su antiguo compañero, asegurando que era indolente, que nunca había trabajado de obrero (algo de lo que Hitler presumía) y que tenía amigos judíos.
En los años veinte y treinta Hanisch se dedicó al arte y, fiel a su hábito de infringir la ley, vendía acuarelas propias con la firma de Hitler, lo que le hizo pasar varios meses más a la sombra. En 1936 reincidió y fue detenido nuevamente; al registrar su habitación se encontraron, además de falsificaciones, varios manuscritos sobre el Führer. Hanisch murió en prisión en 1937 mientras Himmler se dedicaba a buscar todas sus obras -pictóricas y escritas- para destruirlas. Algunas sobrevivieron y, como decíamos antes, se publicaron en la revista estadounidense, aunque es difícil saber cuánto tienen de autenticidad.
Volviendo a Josef Greiner, en cualquier caso era inasequible al desaliento y en 1947 también le envió un ejemplar de Das Ende des Hitler-Mythos al mismísimo Stalin, ofreciéndole de paso sus servicios como mediador en las relaciones comerciales entre la Unión Soviética y Alemania (el país aún no se había escindido en dos). De nuevo el hombre de negocios, pues, aunque ya no le quedaba margen de acción porque la muerte le sorprendió ese mismo año en Brasil; curiosamente, en la región amazónica hay una tumba de un Josef Greiner fallecido en 1936 durante la Operación Guyana (una expedición nazi enviada para valorar una posible colonización del lugar).
2. Las insólitas barcazas de hormigón que reposan en el Támesis y se usaron en el Desembarco de Normandía
Una de las muchas leyendas que cuentan la llegada del apóstol Santiago a la Península Ibérica dice que arribó a la costa de Gallaecia atravesando en barco las Columnas de Hércules y subiendo luego por el Atlántico; otra versión cuenta que en realidad eran siete discípulos trasladando su cuerpo. En cualquier caso, lo más fantástico del relato es que el viaje se habría hecho en una barca de piedra. Sorprende incluso dentro de su tono mítico porque nada parece más absurdo que navegar en una embarcación de ese material. Ahora bien ¿y si les digo que hay una técnica de construcción naval que hace barcos de hormigón?
Si uno visita Londres y se acerca siguiendo el Támesis hasta la llamada Sección 24 del London LOOP, entre los pueblos de Rainham y Purfleet (en la parte este de la capital), se encontrará un rincón de lo más insólito: en la orilla del río, agrupadas en cierto desorden sobre la arena húmeda y grisácea, hay dieciséis lanchas de gran tamaño que parecen dormir en el olvido, cubiertas de lodo y óxido. Acercándose a ellas se descubrirá con sorpresa que esa pequeña flotilla tiene una característica muy especial.
El grupo de barcazas, a vista de pájaro
Aquel que haya llegado en coche ya tendrá una pista porque el párking que hay justo allí -de hecho, habilitado para poder parar a ver el sitio- se llama The Stone Barges.
Traducido, Las Barcazas de Piedra.
No se trata de un monumento, al menos en el sentido que se suele dar a esa palabra, porque las barcas no han sido labradas por un escultor; tampoco son la flota de un santo, si se me permite la gracia.
Su historia es mucho más reciente que la de Santiago. Y más dura.
Porque las dieciséis naves fueron construidas durante la Segunda Guerra Mundial para el famoso Desembarco de Normandía.
Es más, éstas sólo son una mínima parte de las decenas que se hicieron y que, como decía antes, tienen una singularidad: no son de piedra pero sí de hormigón armado.
Recalco, no es que se dedicaran a transportar hormigón sino que su casco está hecho de ese material tan poco común en el mundo naval. Aunque seguro que a más de uno le pilla con el pie cambiado, las embarcaciones de hormigón son más ligeras que el agua y flotan.
Construcción de un barco con casco de hormigón
El hormigón armado se usa para construir barcos desde el siglo XIX. El caso más antiguo documentado se remonta a la Francia de 1848, mérito de Joseph-Louis Lambot, inventor al fin y al cabo del propio material. Éste se aplicó -en el ámbito marinero- a barcazas fluviales fundamentalmente y sólo a finales de la centuria se hicieron barcos que salieron al mar; el italiano Liguria del ingeniero Carlo Gabellini, fue el más famoso. A partir de ahí se difundió y generalizó la técnica por lo baratos que resultaban, aunque a cambio su construcción era más compleja que la de las naves normales.
En el período de entreguerras se abandonó la técnica de embarcaciones de hormigón armado al hallarse materiales mejores, aún más económicos y fáciles de tratar. Sin embargo, en 1942 las dificultades propias del conflicto y muy especialmente la escasez de acero obligaron a recuperarla. En EEUU se construyeron veinticuatro barcazas desprovistas de motor y diseñadas para ser remolcadas; incluso se proyectó un submarino de hormigón (!) aunque nunca se concretó, al igual que tampoco prosperó el hacer buques mayores.
Una barcaza estadounidense
Dado que el acero debía reservarse a las naves de combate, para las de carga se optó por el hormigón sobre un esqueleto de hierro, que resultaba mucho más barato y disponible. El Dia D se usaron primero para transportar combustible y munición a los buques; después como transporte de soldados, parapetos en las playas, cantinas móviles y finalmente pontones de los puertos Mulberry.
Los puertos Mulberry, bautizados así porque aparentaban zarzamoras, eran infraestructuras artificiales que se improvisaron en el litoral francés para facilitar la labor de descarga de equipos y desembarco de soldados, una vez tomadas las playas. Hubo dos: el estadounidense Mulberry A de Omaha Beach (perdido por un temporal) y el británico Mulberry B de Arromanches (del que aún quedan restos). Las barcas, a las que se llamaba popularmente como beetles (escarabajos), aunque su nombre técnico era corncobs (mazorcas), sirvieron como pilotes para sostener los muelles, conocidos como whales (ballenas).
El Mulberry B de Arromanches en 1944
Si algunas de las ballenas supervivientes se reutilizaron luego para arreglar puentes destruidos en bombardeos, al terminar la guerra la mayor parte de las mazorcas acabaron en el fondo del Canal de la Mancha o en otras profundidades, ya que también se emplearon en el frente del Pacífico, donde después tuvieron un uso secundario como macro-neveras para mantener los víveres refrigerados ante las altas temperaturas; al parecer podían mantener unos doce grados gracias a un motor congelador.
Hay unidades dispersas por el mundo: Nueva Jersey, Cuba, Galveston, Irlanda, Escocia, California… En Holanda aún se fabrican como casas flotantes y en el río Powell (Columbia Británica) un grupo de ellas sirve de rompeolas; pero quizá las más interesantes, por su currículum, sean las dieciséis del Támesis: en 1953 se llevaron de vuelta a Inglaterra para ser ancladas en su cauce y servir de barreras contra inundaciones. Ahí siguen desde entonces, habiendo adquirido además una utilidad extra: la de alojamiento para los nidos de aves acuáticas.
3. Aleksandra Samusenko, la primera mujer comandante de un tanque durante la Segunda Guerra Mundial
Alexandra Samusenko
La guerra siempre ha sido, fundamentalmente, un trabajo de hombres; al menos en lo referente a combatir en el frente, donde las mujeres únicamente solían estar como auxiliares diversas (cantineras, sanitarias…), empuñando las armas sólo en casos extremos. Sin embargo, en el siglo XX la participación femenina experimentó una efervescencia notable y el primer gran paso en ese sentido, con permiso de las milicianas de la Guerra Civil Española, lo dio el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial.
En esa contienda brillaron unas cuantas con nombre propio y probablemente otras muchas hicieron méritos similares pero, por razones variadas, cayeron en el olvido o no obtuvieron tanta popularidad como las otras. Así, se puede citar a las cuatrocientas aviadoras que formaron el 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno, más conocido como las Brujas de la noche (también como los Halcones de Stalin), y en el que destacaron Anna Timofyeyevna Yegorova, Nadiezhda Vasílievna Popova o Yevgeniya Rudneva.
También hubo célebres francotiradoras como Tatiana Nikolaevna Baramzina, Aliya Moldagulova, Lyudmila Pavlichenko (ucraniana), Marie Ljalková y Nina Alexeyevna Lobkovskaya, o guerrilleras como Elena Fedorovna Kolesova, Valeriya Osipovna y Tania Chernova. Pero en este artículo vamos a centrarnos en la figura de Aleksandra Grigoryevna Samusenko, que sobresalió en una especialidad menos común: la de tanquista. No fue la única, como se suele decir, y habría que recordar también a otras como Mariya Oktiábrskaya o Irina Levchenko, pero sí parece que alcanzó más fama.
En la semblanza de Aleksandra, como no podía ser de otra manera, se mezclan a veces realidad y ficción, historia y leyenda, certeza y confusión. Por eso se le atribuye una intervención en España durante la Guerra Civil, donde, según biógrafos como Yuri Zukhov, el soldado Balandin le contó que había sido testigo de una conversación entre ella y un compañero ametrallador llamado Kalka, quien decía recordarla en el frente de Huesca e incluso la saludó mediante el clásico «¡No pasarán!», al que Aleksandra respondió que no le recordaba. No obstante, otro autor como Fabian Garin cree que se trata de una anécdota apócrifa y cita que Mindlin, el propio novio de la tanquista, negó que hubiera pisado suelo español; de hecho, por entonces tendría catorce años y parece muy improbable.
Sea verdad o no, enriquece la cuestión desde un punto de vista romántico y hará las delicias de los creadores. Los historiadores, en cambio, tendrán que ceñirse a los hechos ciertos y comprobados con seguridad. Para ello es necesario remontarse a Chitá, una ciudad rusa de la parte este de Siberia y cuna, paradójicamente, de Lev Okhotin, uno de los líderes del PFR (Partido Fascista Ruso) que en los años treinta fundó Konstantín Rodzayevski. En esa urbe, en 1922, nació Aleksandra, si bien su entrada en la Historia con mayúsculas no se produjo hasta un par de décadas después, cuando la Wehrmacht llevó a cabo la Operación Barbarroja e invadió la URSS.
Si hacemos caso a otro rumor, Aleksandra habría iniciado su actividad bélica un poco antes, en la Guerra de Invierno (la que los soviéticos llevaron a cabo contra Finlandia desde noviembre de 1939 a marzo de 1940), aunque de nuevo hay quien lo cuestiona. Así que es la invasión alemana cuando todo empieza en sentido estricto. Al igual que otras jóvenes, Aleksandra no se conformó con ver la contienda desde casa ni con colaborar en la retaguardia, de manera que lo que en la Unión Soviética se conoce como Gran Guerra Patriótica la llevó a sumarse a las filas de un regimiento de infantería.
Un T-34 expuesto en el museo ruso de Kubinka
Allí envió una carta al Soviet Supremo solicitando ingresar en la Academia de Tanques argumentando su experiencia en mecánica. Fue pionera en eso porque se adelantó a Mariya Oktiábrskaya, quien fue la primera conductora de carros de combate a mediados de 1943, entrando en liza en octubre como sargento en un tanque bautizado con el bonito nombre de Compañera de armas (en cuya construcción colaboró económicamente). Pero Aleksandra siguió sus pasos al igual que haría una veintena más de mujeres; algunas murieron en acción y otras fueron ascendiendo en el escalafón hasta la oficialidad: Ludmila Ivánovna Kalínina, por ejemplo, alcanzó el grado de coronel y otras como Yevguéniya Serguéyevna Kóstrikova o Irina Nikoláyevna Lévchenko recibieron el mando de sendos grupos de carros (la segunda una compañía entera).
El caso es que Aleksandra fue destinada al 1º Ejército de Tanques de la Guardia, reorganizado en enero de 1943 por Mikhail Katukov con los restos del anterior, que había sido destruido por los alemanes en Stalingrado. En él, Aleksandra tomó parte en la Operación Urano, la tenaza con que el Ejército Rojo envolvió al mariscal Von Paulus en Stalingrado hasta su rendición a finales de 1942. Posteriormente, en el verano de 1943, participó en la Batalla de Kursk, la mayor de tanques de la guerra -y de la Historia-, con más de cuatro mil unidades por parte germana y de cinco mil por parte soviética. El T-34 de Aleksandra, que era oficial de enlace, estaba adscrito a un cuerpo formado por entre quinientos y ochocientos carros, y fue responsable de toda una hazaña: abatir tres Tiger I, colaborando así no sólo en la victoria sino en la condecoración colectiva concedida tras el conflicto, la Orden de la Estrella Roja.
Orden de la Gran Guerra Patria y Orden de la Estrella Roja, las máximas condecoraciones obtenidas por Aleksandra
Poco después, en otra acción, Aleksandra se cubrió de gloria cuando sustituyó al comandante del batallón, que había caído, logrando sacar a los suyos de una emboscada. No es de extrañar que ese mismo año recibiera a su vez el ascenso a comandante -pasó a ser la primera comandante de tanques de la URSS- y la Orden de la Guerra Patria de Primera Clase. En su currículum figuran también la Ofensiva de Léopolis-Sandomierz (Ucrania, julio de 1944) y la toma de Berlín en abril de 1945, siendo parte de las tropas de ocupación en Alemania con base en la ciudad de Dresde.
Dos episodios dan una pátina humana a esta vida casi exclusivamente bélica. El primero se produjo cuando conoció al mencionado Mindlin, su novio, quien la convenció para que abandonase el tabaco y la bebida; aficiones, por lo visto, vinculadas a su duro trabajo. El segundo ocurrió en enero de 1945 al toparse en Polonia con un sargento estadounidense de la 101º División Aerotransportada llamado Joseph Beyrle, que se había fugado del Stalag III-C, un campo de prisioneros para soldados aliados situado cerca de la actual Drewice (a unos ochenta kilómetros de Berlín).
Joseph Beyrle en 1943
Beyrle era todo un personaje que merecería artículo propio; aquí baste decir que solicitó a Aleksandra incorporarse a sus filas de camino a la capital alemana y obtuvo la autorización, pasando así a ser el único militar norteamericano que combatió en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial (un mes) y pudo ostentar medallas de ambos países. El interés de Beyrle es doble porque aportó algunos datos sobre la poco conocida vida de su nueva oficial, como que había perdido a toda su familia en el conflicto.
Ella misma encontró el final de su vida de forma trágica, antes de poder ver la victoria final en la guerra. Trágica y bastante absurda, como sucede a menudo, ya que el óbito fue causado por un accidente al resultar aplastada bajo las orugas de un tanque en el contexto de la ofensiva en Pomerania. No por un carro enemigo sino propio: el conductor no la vio porque era de noche. Fue el 3 de marzo de 1945 en el pueblo germano de Zülzefitz (actual Suliszewice, Polonia), a unos setenta kilómetros de Berlín. Sus restos mortales reposan en la ciudad polaca de Lobez, cerca del monumento erigido en memoria del káiser Guillermo I.
4. Cómo miembros de las Waffen SS se alistaron en la Legión Extranjera Francesa tras la Segunda Guerra Mundial
Legionarios en Argelia, 1958
Todos tenemos en mente la imagen clásica -casi estereotipada- de los legionarios franceses: hombres de oscuro pasado que, ataviados con sus característicos quepis con cogotera y guerrera azul, atrincherados tras las almenas de una vieja alcazaba y escasos de agua, se defienden desesperadamente del ataque de beduinos ocultos entre las dunas. Lo hemos visto en infinidad de novelas y películas, desde la inolvidable Beau Geste a la más reciente Marchar o morir, pasando por Arenas en llamas, Marruecos, La legión del desierto, Argelia, etc.
Probablemente la Legión Extranjera Francesa sea uno de los cuerpos militares más románticos que han existido y existen, pues aún se halla operativo. Por supuesto, empleando el término romántico en su acepción relativa al Romanticismo, a saber, la exaltación de la fantasía, los sentimientos, el exotismo y, en suma, la aventura. Claro que la realidad aporta el componente mundano, el de la violencia de la guerra y la turbiedad de sus componentes, aspecto éste que allí cobra una dimensión especial por aquella promesa de perdón y olvido de sus acciones pretéritas que obtenían quienes se alistaban.
Beau Geste, un clásico
De hecho, ingresar en la Legión no sólo era una opción para quienes ansiaban una vida de aventura y cierta independencia sino también para multitud de delincuentes que encontraban en sus filas un escondite de la justicia, al proporcionarles la posibilidad de cambiar años de cárcel por un servicio al Estado entre camaradas y en un país más o menos lejano con una nueva identidad. Hoy en día las cosas han cambiado y ya no se admiten prófugos, pero fue algo vigente hasta hace relativamente poco. Es más, existe cierta polémica sobre el posible amparo que la Legión otorgó a criminales de guerra nazis.
Para ser exactos, no necesariamente criminales pero sí miembros de las Waffen SS que temiendo ser llevados a juicio por sus acciones durante la Segunda Guerra Mundial se alistaron y lograron desaparecer, participando en la Guerra de Indochina. Su presencia en Asia está acreditada y a raíz de la Batalla de Dien Bien Phu salió a la luz gracias a una denuncia del Viet Minh, si bien ello originó bastante discusión debido a que oficialmente los antiguos nazis tenían vetado su ingreso en el cuerpo.
Hitler entregando un estandarte a las SS en 1938
Evidentemente, una cosa es la teoría y otra la práctica. Así, aunque los médicos tenían que someter a los aspirantes a un minucioso examen físico para detectar a los que llevaran tatuado su número y grupo sanguíneo que les identificaba como miembros de las SS, hay testimonios de algunos legionarios recordando la cantidad de candidatos alemanes que presentaban heridas superficiales en la zona de la axila, precisamente el lugar donde se realizaban los susodichos tatuajes. Esos testigos también revelan la permisividad que, no obstante, había para el alistamiento dependiendo del tribunal médico.
Tanta como para que en la posguerra, entre 1945 y 1954, el 60% de los legionarios destinados a Indochina fuera de origen teutón. El número de efectivos en la colonia asiática superaba ligeramente los 36.000 (de un total de 150.000) y de ellos unos 21.000 eran alemanes o, para ser más exactos, germánicos, ya que en ese recuento suelen incluirse también los austríacos, holandeses, suizos e incluso belgas, dependiendo de la fuente. En Argelia habría destinados unos 20.000 y el porcentaje fue algo menor, en torno al 45% o 50%, porque allí había más italianos y españoles.
Tampoco es tan sorprendente, ya que Alemania siempre fue una de las canteras principales para la Legión después de la propia Francia y hasta hay aforismos al respecto. Se dieron casos curiosos, como el de los legionarios originarios de ese país que por los avatares bélicos tenían que luchar contra sus compatriotas defendiendo la bandera tricolor (caso de la guerra Franco-Prusiana e incluso en las dos mundiales).
Uniformes de la Legión Extranjera de 1863
Terminada la gran contienda los campos de prisioneros rebosaban de soldados deseosos de salir de su encierro, fueran de las SS o no, muchos de los cuales prefirieron alistarse y salir ya en vez de esperar una liberación oficial; a ellos se sumarían luego los veteranos inadaptados, los que habían perdido todo (bienes, familia, amigos…) y los delincuentes comunes. Probablemente en un primer momento se reclutaron oficiales de la Wehrmacht, matizando que ingresaban como soldados rasos, pues el reglamento exigía que la oficialidad debía ser gala; entre ellos logró colarse un pequeño número de Waffen SS, evitando los controles y el rechazo que experimentaban inicialmente quienes presentaban la citada cicatriz o cuyos nombres figuraban en las listas de buscados.
No obstante, estos efectivos eran minoritarios y seguramente se licenciaron o fueron redestinados a otros sitios fuera de Indochina antes del desastre de Bien Bien Phu, ya que la media anual de reclutamientos rondaba los 10.000 hombres. Para la década de los cincuenta ya había una nueva generación de legionarios deseoso de escapar de la miseria de la posguerra; pero si bien Alemania era un caladero importante por su coyuntural situación socioeconómica, también otros países pasaban por un período de penuria.
¿Cuántos de ellos eran criminales de guerra nazis? Es imposible saberlo. Primero, porque con la división de Alemania en cuatro zonas de ocupación se produjo un aluvión de germanos hacia las regidas por Francia, Reino Unido y EEUU, huyendo de la soviética, y es fácil imaginar el caos que devino de ese proceso, con los nazis -de diversas nacionalidades- mezclados entre los soldados normales buscando una solución rápida que les librase de la repatriación y con los consiguientes cambios de identidad. Y segundo, porque los informes del Viet Minh, que fueron los que levantaron la liebre acusando a la Legión Extranjera de ser un escondite de nazis huidos, han sido cuestionados.
Legionarios en las trincheras de Dien Bien Phu
El Viet Minh, abreviatura de la Liga Para La Independencia de Vietnam, era un movimiento fundado en 1941 por Ho Chi Minh, Lê Duẩn, Võ Nguyên Giáp y Pham Van Dong cuyo objetivo era la expulsión de los franceses. Por tanto, la propaganda pasaba a ser un arma más y desacreditar a la Legión, la principal fuerza enemiga, estaría entre los objetivos. Formaría parte de esa táctica el considerar nazis a todos los alemanes que la integraban (muchos, como hemos visto, y entre ellos, efectivamente, no faltarían los de esa ideología). Recordemos que en Dien Bien Phu cayeron presos 11.000 legionarios, de los 15.000 que quedaron copados en aquella posición en 1954.
Cabe añadir que la Legión Extranjera no fue el único cuerpo en el que se refugiarían los criminales de guerra y algunos lograron alistarse en otros, entre ellos la Legión Española, donde recibían un trato mejor. Un ejemplo podría ser el caso del sargento Larry Thorne, un SS finlandés llamado originalmente Lauri Torme que ingresó en las Fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU y llegó a sargento, combatiendo precisamente en Vietnam. Más curiosas son las historias, unas reales, otras legendarias, de judíos alistados para vengar la muerte de sus familiares persiguiendo a sus asesinos, también enrolados.
5. La historia de los Arditi, las tropas de élite italianas de la Primera Guerra Mundial
Gabriele D’Annunzio y sus Arditi en Fiume
El 9º Reggimento d’Assalto Paracadutisti Col Moschin, una de las fuerzas de élite del ejército italiano, es popularmente conocido como Arditi incursori, que significa «Incursores atrevidos». Pero este apodo no deriva tanto de su capacidad operativa como de su antecedente histórico: un cuerpo de choque creado durante la Primera Guerra Mundial para solventar el estancamiento que producía en el frente la guerra de trincheras y que recibió el nombre de Arditi.
Situémonos en la época. Desde finales de 1914 los frentes tendieron a estabilizarse deteniendo las operaciones ofensivas y convirtiendo el territorio fronterizo entre contendientes, la parte norte de Francia y Bélgica fundamentalmente, en una zona horadada por kilómetros y kilómetros de construcciones defensivas con zanjas, parapetos y alambradas que ningún bando era capaz de superar. Ni los bombardeos artilleros ni el lanzamiento de gases en 1915 ni la aparición de los primeros tanques al año siguiente -aún demasiado primitivos- pudieron impedir aquel empantanamiento de tropas que, en la práctica, provocaba enormes cifras de bajas por enfermedad por las pésimas condiciones higiénicas.
En tales circunstancias y teniendo en cuenta que las cargas masivas a pie de los soldados fracasaban al ser pasto fácil para las ametralladoras, en 1917 el Regio Esercito tuvo la idea de organizar lo que denominaba Reparti d’Assalto, unidades de asalto encargadas de allanar el camino para abrir paso al grueso de la infantería con acciones sobre puntos concretos. Este contingente adoptó por iniciativa propia el nombre de Arditi porque sus integrantes se reclutaban entre los más valientes de cada regimiento, lo que lleva a situar su origen en otras unidades previas, más pequeñas, que empezaron a operar en 1914 tras las líneas enemigas, a la manera de comandos, si bien solían desempeñar labores de exploración.
Una trinchera en el frente del Somme, 1916
Otro cuerpo que sin duda influyó en la creación de los Arditi fue el de las Compañías de la muerte, encargadas de despejar el terreno de alambradas -cortándolas con cizallas o volándolas- para facilitar los asaltos a gran escala. Dichas compañías tenían su propio y característico uniforme que las identificaba como unidad aparte, aunque cada regimiento contara con la suya. En cualquier caso, el espíritu estaba claro: atacar las trincheras enemigas para abrir paso y resistir en ellas hasta la llegada de los suyos. De hecho, los germanos también tenían su versión: los Stosstruppen, que asimismo debieron servir de modelo.
O la vittoria, o tutti accoppati era su lema, traducible por «O vencemos o morimos todos». Muy ajustado a la realidad, ya que el porcentaje de bajas que registraban era impresionante, muy superior al normal: hasta un treinta por ciento. Gajes del tipo de combate que debían desempeñar, que a menudo les obligaba a prescindir de su fusil en favor de granadas y petardos Thevenot (una bomba de mano de escasa potencia, idónea para lanzar dentro de la misma trinchera), además de pistola y una simple daga; las primeras para arrojar sobre los adversarios y eliminar al grueso de ellos y las otras para la lucha en distancia corta que tendrían que desarrollar en el estrecho espacio de la trinchera con los supervivientes, una vez se hubieran introducido dentro. También solían usar un peto blindado.
Esa singularidad de su oficio hacía que recibieran un entrenamiento especial, no sólo en intensidad sino también en variedad. Aprendían defensa personal, lucha cuerpo a cuerpo con cuchillo y todo lo relativo al uso de granadas de mano, aunque también practicaban con otras armas. En realidad, la mayoría de los Arditi ya eran soldados superiores antes, pues aparte de tener que superar exámenes psicológicos solían proceder de cuerpos como los Bersaglieri y los Alpini, en los que la movilidad requería miembros fuertes y resistentes. El uniforme mismo tenía elementos de ambos, siendo los principales una insignia con llamas (de un color diferente según la unidad), otra con el nudo típico de la casa Saboya y las siglas VE (alusión al rey Vittorio Emanuele III, signos que procedían de una condecoración al valor anterior); lo más sorprendente era que se cubrían con un fez (también de color variable) que en combate se trocaba por un casco.
Pese a las reticencias del alto mando, los Arditi fueron organizados en sentido estricto a mediados de 1917 e integrados en la 48ª División del VIII Cuerpo de Ejército que mandaba el coronel Giuseppe Bassi, quien obtuvo el apoyo decidido del general Francesco Saverio Grazioli. Cada unidad tenía unos cuatrocientos hombres, todos voluntarios, a las órdenes de trece oficiales, sumando un total de dieciocho mil efectivos. Su base inicial se ubicaba en Sdricca di Manzano, una localidad de la provincia italiana de Udine (donde, por cierto, hoy en día se les recuerda con una fiesta cada verano) y no se admitían antecedentes de delincuencia. En general, los Arditi no estaban bien vistos por los demás soldados debido a las prerrogativas de que gozaban.
Un batallón de Arditi hacia 1918
No está claro dónde fue su bautismo de fuego. Manejando las fechas con amplitud, podría reseñarse la Compagnia volontari esploratori del capitán Cristoforo Baseggio, que resultó completamente destruida en abril de 1916 en el ataque a Monte Osvaldo y fue disuelta un mes después. A Baseggio se le nombra a veces como creador de los Arditi, pero éstos mismos lo negaron en su día y podríamos considerársele uno más entre sus muchos padres. Así, el año de referencia es 1917. Concretamente el 14 de mayo, con el asalto al Monte San Marco por parte de los hombres de Bassi, que fue lo que dio luz verde a la creación del cuerpo y a su entrada en acción como tal el 18 de agosto en el Monte Fratta: dos compañías cruzaron el río Isonzo por sorpresa e hicieron quinientos prisioneros. Tres semanas más tarde otras tres compañías aumentaron la hazaña apresando tres mil austríacos y veintiocho cañones en el Monte San Gabriel.
Ese otoño participaron en la célebre batalla de Caporeto (una grave derrota que provocó la sustitución de Bassi por el general Capello), al igual que exactamente un año más tarde lo hicieron en la de Vittorio Veneto. Sin embargo, su acción más famosa fue en el verano de 1918, durante la batalla del Piave. Librada a la desesperada junto al río homónimo para detener el avance austríaco, terminó con una victoria que supuso un respiro para Italia, alejando la amenaza de invasión que había provocado la derrota en la citada Caporeto. Los Arditi protagonizaron varias incursiones nocturnas entre el enemigo, cruzando a nado hasta la otra orilla para acuchillar soldados contrarios, ganándose el sobrenombre de Caimani del Piave (Caimanes del Piave); los actuales COMSUBIN (Comando Subacquei e Incursori) usan ese reptil como emblema en su recuerdo.
En 1920, terminada la guerra y siendo innecesarios, los Arditi fueron desmovilizados. No obstante, su parafernalia fue adoptada tanto por el régimen de Mussolini como por la milicia antifascista autobautizada Arditi del Popolo; ambos usaron como símbolo la calavera con una daga entre los dientes que ostentaban los soldados. Ahora bien, muchos veteranos, incapaces de readaptarse a la vida civil como pasó en Alemania, se juntaron en la ANAI (Associazione Nazionale Arditi d’Italia) del capitán Mario Carli, un intelectual ex-ardito que apoyó el movimiento del poeta Gabriele D’Anunzio en la ciudad croata de Fiume para crear un estado libre vinculado a Italia. D’Anunzio se autonombró Duce y controló el poder mediante una milicia a la que llamó Arditi; sus miembros vestían camisa negra -luego copiada por Mussolini- y un típico fez del mismo color.
Bandera del Batallón de Arditi dei Popolo de Civitavecchia
En 1921 Carli se alejó del protofascismo para colaborar en la fundación del mencionado grupo Arditi del Popolo, de carácter izquierdista radical y republicano. A menudo chocaba con los fascistas en peleas callejeras al grito de «¡A noi!» (¡Por nosotros!) siendo la de Parma de 1922 la más grave, con participación de cientos de personas de ambos bandos y decenas de muertos registrados. Con la subida al poder de Mussolini ese mismo año los Arditi dei Popolo pasaron a ser perseguidos; para entonces, Carli ya los había abandonado y abrazado de nuevo el fascismo.
La imagen de la Virge de Guadalupe original, sin los agregados posteriores como los rayos, la media luna y el ángel a sus pies
Infobae(G.di Fazio) — Todas las religiones poseen sus misterios y eventos. Algunos son indescifrables, otros sólo pueden ser creídos por sus fieles. En este caso tomaremos uno de los enigmas más interesantes que ocurren en nuestro continente. La imagen plasmada de Nuestra Señora de Guadalupe sobre la tilma (un tipo de prenda) de Juan Diego.
Todos los 12 de diciembre México explota. Ese día es la celebración de la virgen de Guadalupe. Ningún mexicano que se precie no puede no ser guadalupano. Es el símbolo de su nación y de su patria. México y Guadalupe son una sola cosa. Los mexicanos se plantan delante al mundo junto a su virgen, emblema nacional. Al que le guste, bien y al que no, que mire para otro lado.
¿Cómo llega una advocación de la Virgen a tener un nombre árabe en la célebre capital de los Mexicas, México-Tenochtitlan? Como muchas veces ocurre, por una confusión dialéctica.
Los Mexicas poseían su panteón de divinidades. Entre ellos estaba la diosa Tonantzin, que en idioma náhuatl significa “nuestra madre venerada”. En ocasiones se identifica a Tonantzin como madre de Quetzalcóatl, dios supremo de los Mexicas, y en otras como su esposa. Esta divinidad poseía su lugar de adoración en el Tepeyac. Durante la conquista su templo fue destruido y en su lugar se construyó una ermita.
El sábado 9 de diciembre de 1531 un natural del lugar, perteneciente a la tribu de los Chichimecas llamado Cuauhtlatoatzin (que significa “águila que habla” y que luego de ser bautizado adoptó el nombre de Juan Diego), se dirigía a pie a Tlatelolco y en las laderas del cerro del Tepeyac -que debería rodear para llegar- tuvo lugar la primera aparición de la Virgen María.
Se presentó como “la perfecta siempre virgen santa María, madre del Dios verdadero”. La aparición se repitió cuatro veces entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 y le encomendó decir al entonces obispo de México fray Juan de Zumárraga, que en ese lugar quería que se edificara un templo más amplio que la ermita que allí se encontraba.
Juan Diego fue a ver al Obispo, pero este no le creyó hasta que trajera una prueba certera que el evento ocurría. Juan Diego le presentará a la aparición el requerimiento del Obispo, y la misma le indicó que cortara unas rosas que misteriosamente acababan de florecer en lo alto del cerro en pleno invierno para llevarlas al obispo Zumárraga en su tilma (vestimenta parecida a un poncho).
Ella misma acomodó las flores para que entren todas en su ayate. Así llegó Juan Diego Cuauhtlatoatzin ante el obispo. Luego de extender la tilma cayeron las rosas al piso y quedó estampada en ella una imagen icónica de la Virgen. El prelado ordenó la construcción de una ermita más grande que la que ya existía, donde Juan Diego Cuauhtlatoatzin viviría por el resto de sus días custodiando la tilma en lo que hoy se conoce como “capilla de los indígenas”.
Juan Diego murió en la Ciudad de México en 1548 a la edad de 74 y fue canonizado en 2002 por Juan Pablo II.
La aparición de la virgen de Guadalupe ante el indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1531 dio inicio a su veneración
En el año de 1666 se solicitó fiesta y misa propia para Nuestra Señora de Guadalupe y la traslación de la fecha de la fiesta del 8 de septiembre al 12 de diciembre, última fecha en que la Virgen se le apareció a Juan Diego y fue durante el pontificado de Benedicto XIV que la congregación de ritos confirmó el valor auténtico de las apariciones y concedió la celebración de misa y oficio propios para el día 12 de diciembre.
El 12 de octubre de 1895 la Virgen de Guadalupe fue coronada canónicamente en México. En 1910 el papa Pío X la nombró patrona de América y Pío XII la llamó “Emperatriz de las Américas” en 1945.
Con el paso de los siglos,la nación mexicana se identificará con la aparición del Tepeyac. La imagen de la virgen será la bandera de las guerras de independencia cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla en compañía de Ignacio Allende y Juan Aldama en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 tocó una de las campanas de la parroquia del pueblo de Dolores y con ella convocó al pueblo. Una vez reunido exclamó el famoso grito: “Viva nuestra madre santísima de Guadalupe… viva la América y que muera el mal gobierno…” mientras enarbolaba en su manos un lienzo de la Virgen de Guadalupe la cual sería bandera de la independencia.
En el lugar de las apariciones se construirá un complejo de varias capillas en torno a un templo principal: la capilla del Cerrito, la de los Indios o naturales, la del Pocito, el Templo Antiguo o Convento de las Capuchinas, un panteón, la antigua basílica -hoy templo expiatorio de Cristo Rey- y la actual basílica diseñada por los arquitectos José Luis Benlliure, Pedro Ramírez Vázquez, Alejandro Schoenhofer, fray Gabriel Chávez de la Mora y Javier García Lascuráin.
Algunos datos asombrosos sobre el hecho guadalupano:
⦁ Es muy extraño que en sus numerosos escritos y cartas el Obispo Zumárraga omitiera dejar alguna constancia del milagro de las rosas, o de la construcción de la ermita, o de la existencia del indio Juan Diego.
La fiesta de la Virgen de Guadalupe en la Basílica de la Ciudad de México en 2019, antes de la pandemia: peregrinaron allí alrededor de 10,6 millones de personas
La primera mención al indio Juan Diego y al evento milagroso se encuentra en el “Nican mopohua”, que se puede traducir como “aquí se narra” y es un texto incluido en el libro “Huei tlamahuiçoltica”.
Este opúsculo es conocido hoy como: “El gran suceso”. Aunque el título original en Nahualt es “Huei tlamahuizoltica omonexiti in ilhuícac tlatohcacihuapilli Santa María Totlazonantzin Guadalupe in nican huei altepenáhuac México itocayocan Tepeyácac” (“Escrito a raíz de un gran milagro en el cual apareció la reina celestial, nuestra preciosa madre Santa María de Guadalupe, cerca de México, ahí donde llaman Tepeya)”.
Este escrito es un opúsculo de 36 páginas publicado por primera vez en 1649, es decir 101 años después de la muerte de Juan Diego y escrito por Luis Lasso de la Vega, el cual era sacerdote. En dicho escrito agrega, como capítulo aparte el “Nicán…” el cual lo atribuyó a Antonio Valeriano de Azcapotzalco, quien habría sido un nativo letrado y que presuntamente habría escrito el primer manuscrito en 1556 después que el propio Juan Diego le había comentado la historia.
En el mismo libro se agrega un listado de 14 milagros obtenidosgracias a la intersección de la Virgen el llamado “Nican Motecpana” escrito por Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.
El nombre “Guadalupe” proviene del árabe “Wādi al-lub” es decir “río de lobos” y está asociado a la imagen de la Virgen Negra que se venera en la ciudad de Guadalupe, en la región de Extremadura en el reino de España.
Cuando la Virgen se le aparece a Juan Diego le hablaba en Náhuatl y le dijo en esa lengua que ella era “la que pisa la cabeza de la serpiente” que en esa lengua es “coatlaxopeuh” y se pronuncia “quatlasupe”. «Coa» significa «serpiente», «tla» equivale al artículo «la», mientras que «xopeuh» significa «aplastar»
A lo que los españoles escucharon parecido a la palabra “Guadalupe”. Por tanto escucharon lo que por su tradición lingüística quisieron escuchar; sumando a esto que la Virgen de Guadalupe de España era una devoción muy arraigada y de la región de Hernán Cortez.
Fray Bernardino de Sahagúnen en su “Historia general de las cosas de la Nueva España, 1540-1585″ nos relata la respecto: “…uno de estos (lugares de culto) está en México, donde está un montecillo que llaman Tepeacac y que los españoles llaman Tepeyac.
En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que ellos llaman Tonantzin, que quiere decir nuestra madre. Allí hacían muchos sacrificios en honra de esta diosa, y venían a ella de muy lejanas tierras, de más de veinte leguas de todas las comarcas de México, y traían muchas ofrendas: venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas.
Era grande el concurso de gente en estos días y todos decían ‘vamos a la fiesta de Tonantzin’; y ahora que está ahí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también la llaman Tonantzin, tomando ocasión de los predicadores que también la llaman Tonantzin. …y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin como antiguamente”.
Agreguemos a esto un dato no menor: el 12 de diciembre también era la fiesta de la diosa Tonantzin.
La imagen actual, con los rayos, el ángel, las flores del manto, la corona y las cuatro apariciones, según la mirada del pintor Nicolás Enríquez en 1773
La imagen plasmada en la tilma. En 1979 los norteamericanos Philip Callahan y Jody Brant Smith, fotografiaron el icono con cámara infrarroja y no encontraron explicación científica para la hechura del manto, túnica, manos y rostro de la Virgen.
⦁ La supervivencia de la tilma a través de los siglos es muy notoria. Sobre todo porque está hecha de una mezcla de cáñamo y lino y durante muchos años, estuvo expuesta al calor de las velas, y los devotos podían tocarla constantemente.
⦁ A principios del S. XX una bomba estalló en el altar donde se veneraba la tilma que estaba oculta dentro de un ramo de flores. Causo grandes daños a las escalinatas del altar y a los vitrales. A la imagen original no le pasó absolutamente nada, ni una esquirla. Solamente el crucifijo que se encontraba sobre el altar se dobló.
⦁ En 1979 el Dr. Callahan usando tecnología infrarroja descubrió que la tilma mantiene una temperatura constante de 36.6-37 grados centígrados
⦁ Cuando el oftalmólogo peruano Dr. José Alte Tonsmann realizó el estudio sobre los ojos de la tilma, el cual consistió en examinar los ojos con 2.500 aumentos, se pudo observar con nitidez hasta 13 individuos en ambos ojos en diferentes proporciones, tal como el ojo humano reflejaría una imagen.
La imagen original no presenta ningún rastro de pintura. De hecho, a una distancia de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela en crudo: los colores desaparecen.
Estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica de pintura conocida. Los científicos de la NASA afirmaron que el material que origina los colores no es ninguno de los elementos conocidos.
Y ahí sí se notan los retoques que le fueron agregando a la pintura original: Los rayos, la media luna, el ángel a sus pies; denotan el paso del tiempo. En cambio el resplandor, el vestido y túnica sin las flores, y su rostro parecen inalterables.
Hoy la imagen de la Virgen de Guadalupe es reconocida y celebrada en todo el mundo. Posee bajo esta advocación iglesias, capillas, catedrales y basílicas dedicadas a ella y esta indivisiblemente unida a la nación azteca.
En san Pedro del Vaticano, se oficia una celebración especial ese día y en las grutas vaticanas su imagen se encuentra tan solo al ingresar en ellas. En la República Argentina dicha advocación mariana posee un gran arraigo en la ciudad de Santa Fe, en la provincia homónima desde el año de 1747.
Tal es así que en 1899 el papa León XIII proclamó a la Virgen de Guadalupe patrona y titular de la diócesis de Santa Fe. La imagen que se venera en Santa Fe es una talla de bulto que recrea, en versión libre, a la de la tilma de Juan Diego y recibió la coronación pontificia el domingo 22 de abril de 1928.
También Nuestra Señora del valle de Catamarca es una copia en piedra de la guadalupana.
Para los fieles católicos la imagen del Tepeyac es el amor de una madre plasmada en una simple tilma y las palabras dichas por la Virgen a san Juan Diego Cuauhtlatoatzin en Náhuatl, siguen resonando para hoy más que nunca: “Cuix amo nican nica nimonantzin? Cuix amo nocehuallotitlan, necauhyotitlan in tica? Cuix amo nehuatl in nimopaccayeliz? Cuix amo nocuixanco nomamalhuazco in tica? Cuix oc itla in motech monequi?” que en castellano significa: “¿No estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”.
lavozdigital.es(M.P.Villatoro) — La gran pantalla ha logrado, a golpe de película, que sea imposible no asociar el Lejano Oeste a los tiroteos en mitad de un poblado polvoriento o a un Sheriff ávido de venganza después de que los indios raptasen a su bella esposa. Otro tanto ha ocurrido con los burdeles y las prostitutas del «Wild West».
La gran pantalla ha mostrado a los primeros como antros de perversión y, a las meretrices, como chicas dispuestas a hacer lo que fuera a cambio de unas monedas con las que comprar alcohol.
La leyenda es real en buena medida, pero también es cierto que, tras ese aura de aberración, se escondían lupanares en los que era importante que los hombres fuesen educados y mujeres que no practicaban sexo oral porque lo consideraban una conducta poco decorosa típica de las francesas.
Todo ello no impedía, eso sí, que la mayoría de los burdeles fuesen «lugares sórdidos» en los que «lo único que prosperaba era el alcoholismo, las enfermedades venéreas y toda clase de miserias», tal y como afirma el autor Gregorio Doval en su obra « Breve historia del Salvaje Oeste: Pistoleros y forajidos».
Según señala el experto en su obra, en los prostíbulos del «Wild West» había una «doble moral» similar a la que se había instaurado en una sociedad en la que, a pesar de que las chicas de la noche eran vistas de forma despectiva, también eran toleradas como un «mal necesario» por las mujeres de los poblados.
Y es que, la mayoría que creían que, con su trabajo, evitaban que los «hombres persiguieran a sus hijas» o las molestaran con sus «lascivos deseos».
Hacia el lejano Oeste
Pero la generalización de los prostíbulos en el Lejano Oeste no salió de la nada.
Su origen hay que buscarlo en el siglo XIX. Por entonces los habitantes de los recién creados Estados Unidos vivían en un continente aún sin explorar en su totalidad y que todavía estaba dominado por los nativos allí asentados desde tiempos inmemoriales.
La frontera -el territorio conocido- se hallaba en 1845 a la altura de Montana. Oklahoma y Luisiana, lo que aún dejaba un buen pellizco del país por anexionar hacia el oeste.
En principio no se dio mayor importancia a este territorio, pero la superpoblación de las ciudades y la falta de trabajo provocaron que esta región se viera con otros ojos.
Poco a poco fueron partiendo a su conquista cientos de peregrinos que, muertos de hambre en sus hogares, poco tenían que perder. Acababa de comenzar, en definitiva, la toma del lejano e inexplorado oeste americano.
En su momento, el propio Doval definió la «conquista del oeste» como «un movimiento migratorio poco o nada programado (al menos, al principio), en el que una ingente e inagotable corriente continua de emigrantes provenientes de muy distintas partes de Europa (y también de otras partes del mundo, como el lejano Oriente o el cercano México) se fue abriendo paso por un inmenso territorio».
En sus palabras, el este norteamericano necesitaba expandirse para absorber a sus millones de inmigrantes y la partida hacia el oeste fue la gran solución.
Las prostitutas de Dawson City posan para una fotografía
Tan solo había un problema para los norteamericanos: en estas nuevas regiones estaban asentados los mal llamados indios.
Nativos que vivían allí desde hacía siglos y que, para defender su territorio, no dudaron en hacer uso del arco y las flechas.
Su objetivo no era otro que evitar que los colonos conquistases sus tierras y les expulsasen de allí.
Aunque, para su desgracia, sus enemigos venían cargados con armas de fuego.
«Sobre el Oeste corrían todo tipo de rumores más o menos fundados: que era un inacabable desierto sin agua y sin recursos; que su fauna era temible (incluso se llegaba a decir que abundaban los dinosaurios); que había tribus hostiles…
Pero los rumores no detuvieron a los colonos. Al final, esta gran migración humana, concentrada en unas breves décadas de la segunda mitad del siglo XIX, adquirió un carácter epopéyico porque los peligros eran realmente muchos y reales, incluyendo la inimaginable distancia, el desconocimiento casi absoluto del territorio y la falta de guías, los desaprensivos que se aprovechaban de ellos y también, cómo no, un conglomerado muy diverso de tribus indígenas», destacaba el experto.
Prostitutas y homosexualidad en la frontera
La expansión a marchas forzadas dio lugar a los famosos pueblos de frontera que tanto vemos en las películas.
Los objetivos de estos centros urbanos (que solían levantarse a base de dinero privado) eran varios: acoger a los nuevos colonos que llegaban desde el este, servir de centro neurálgico para los campamentos mineros que se ubicaban en los alrededores (allí donde hubiera oro, para ser más concretos), hacer las veces de puestos avanzados para el ejército y, entre otras tantas cosas, servir de vivienda para los trabajadores ferroviarios que buscaban extender la civilización a golpe de raíl y locomotora.
Todos estos personajes acudían a la calidez que les ofrecían los típicos pueblos del «Far West» en busca de una buena comida, un lingotazo de whisky y, por qué no decirlo, una amable chica con la que pasar el rato.
El problema era que aquella expansión hacia el Oeste era protagonizada principalmente por hombres. No en vano, en algunas regiones había hasta un 20% más de varones que de mujeres. Hubo dos soluciones. La primera es la menos conocida.
Según afirmaron en una entrevista para « True West» el historiador Clifford P. Westermeier y su colega Peter Boag (este último, de la Washington State University) no era extraño que los rudos vaqueros apostasen por mantener relaciones sexuales con otros hombres.
«Era algo aceptado y no eran vistos como homosexuales, esa terminología empezó a ser utilizada después», explicaba el segundo.
Bessie Colvin, una prostituta de El Paso, Texas
Su compañero confirmaba esta práctica y añadía (en el mismo texto) que existen instantáneas en las que se puede ver cómo los colonos celebraban fiestas en las que «la mitad de los hombres hacían el papel de las mujeres ataviados con parches en la entrepierna para señalar su papel femenino».
En este sentido, ambos coinciden en que, aunque una de las características que se le atribuyen a los vaqueros es la lujuría (además de su pasión por el juego, la bebida y las apuestas) la realidad es que no le daban tanta importancia al sexo como hoy en día podríamos creer.
En todo caso, la necesidad de mujeres provocó que, al igual que el mítico «Saloon», no tardasen en exportarse hacia los pueblos de la frontera los burdeles. Lugares que navegaron entre la legalidad y la prohibición y que desvelaban su presencia con un farolillo rojo en la entrada y unas cortinas del mismo color en las ventanas inferiores.
Tampoco faltaban las meretrices que vivían alejadas de los poblados para ganar unas monedas extra satisfaciendo las necesidades de los mineros que habitaban en pequeños campamentos ubicados en los alrededores.
De hecho, desde los primeros años de la expansión hacia el Oeste, hasta principios del siglo XIX, el negocio de las prostitutas contribuyó en gran medida a la economía local.
Ejemplo de ello es que, durante la mitad del siglo, unas 50.000 mujeres ejercían como meretrices.
Un ejemplo claro de lo masificada que esta esta práctica en algunas ciudades es que, en 1895, tan solo hacía falta abrir la «Travelers Guide of Colorado» para saber cuáles eran las características de cada uno de los burdeles de la zona.
«Las prostitutas eran tan numerosas en algunas ciudades que se ha llegado a estimar que suponían en algunos casos hasta el 25% de la población», añade el autor.
El oficio de prostituta
Prostitutas de Denver
Tanto Doval como Michael Rutter (este último, en su obra « Upstairs Girls: Prostitution in the American West») son partidarios de que una mujer solía terminar ejerciendo como prostituta por múltiples causas.
Lo más habitual era que empezaran en este negocio si eran «abandonadas o se quedaban solas al morir sus padres» en las ciudades del Oeste.
Aunque también era tristemente habitual que sucediera otro tanto si perdían la virginidad antes de contraer matrimonio.
Eso hacía que, según el experto, su «condición de casaderas se esfumara».
Pero había una tercera y triste vía: ser secuestra por los indios.
Mary Ellen Snodgrass afirma en « Frontier Women and Their Art: A Chronological Encyclopedia» que uno de los casos más claros en este sentido fue el de Mary Elizabeth Libby Haley Thompson, más conocida por el apodo que se le otorgó debido a la separación de sus dientes: «Squirrel Tooth Alice» («Alicia dientes de ardilla»).
Con apenas 9 años, esta joven fue capturada por los comanches.
Cuando logró regresar con su familia después de tres años, fue marginada porque la sociedad asumió que habría sido violada por los nativos.
Acabó sus días siguiendo a una banda de pistoleros primero, y ejerciendo como bailarina y prostituta poco después.
También era habitual que las hijas de estas chicas de moral distraída siguieran los pasos de sus madres y se dedicaran al «oficio más antiguo del mundo».
Dos prostitutas rn la habitación de un burdel
Lo habitual era que las meretrices rondasen desde los 14 hasta los 30 años y, aunque parezca sorprendente, podían estar felizmente casadas.
Sus maridos no solían cargar contra ellas ni criticar su comportamiento.
De hecho, en muchos casos lo alentaban debido a que, si sus esposas ganaban un buen sueldo, podían vivir de sus ingresos.
Aunque también pasaba a la inversa.
«Con mucha fortuna, otras lograban casarse con algún cliente y retirarse con suficiente dinero como para mantener una vida confortable», añade Doval.
En todo caso, aquellas que no eran consideradas prostitutas eran las bailarinas y las chicas de alterne. Su función era totalmente distinta.
A pesar de lo que nos han demostrado las películas de Hollywood, se encargaban de entretener a los clientes e intentar que bebieran lo más posible para ganar unas monedas de más.
Estas se esforzaban en que los hombres bebieran hasta la saciedad copas subidas de precio, mientras ingerían té o agua con algún colorante que hacían pasar por alcohol.
El prostíbulo
Mujeres de Vodevil
Dentro de las prostitutas del lejano Oeste también había clases.
Las meretrices peor consideradas y con menos recursos solían vagar por las polvorientas calles de las grandes ciudades dispuestas a ofrecer sus favores sexuales a cualquiera.
Lo más habitual era que llevasen consigo una manta que arrojaban al suelo para complacer a su cliente cuando este se lo pidiera.
Un poco más arriba en el escalafón se encontraban aquellas que ejercían su profesión de forma independiente en pequeñas viviendas sin más encanto o equipamiento que una solitaria habitación o una triste salita tras la cocina.
Aunque, en palabras de Doval, lo más habitual era que «algunas madames mantenían una red de casas individuales en las que ponían a trabajar a las que tenían una edad superior».
Por encima de estos dos primeros escalones se encontraban las que trabajaban en un burdel.
La mayoría de los prostíbulos tenían dos plantas. En la primera los clientes eran distraídos con música y un pequeño escenario en el que -en los mejores casos- actuaban cantantes.
En la segunda estaban las habitaciones, donde se mantenían las relaciones sexuales.
Pero hasta en estos centros había clases. En los tugurios más pestilentes e inmundos lo principal era subir las escaleras cuanto antes y entretener al cliente era algo secundario.
Según narra el autor, en los peores era incluso normal tener sexo encima de la mencionada tarima, de pie y a la vista de todos.
Dos meretrices lucen sus encantos ante la cámara
Con todo, los burdeles de mayor postín se vanagloriaban de distraer los sentidos de sus clientes, más allá de ser un mero mercado de mujeres.
En los más caros se podía disfrutar de una buena bebida alcohólica, espectáculos de todo tipo (hasta malabaristas) y una selección de platos cocinados de forma exquisita.
Los más recatados ofrecían caras bebidas traídas de lugares exóticos.
«Se trataba generalmente de locales magníficamente decorados, con sofás y sillas alineadas en las paredes», añade el escritor.
Los modales que se mantenían en estos burdeles eran exquisitos. Las prostitutas estaban obligadas a tratar con sus mejores palabras a los clientes.
Para ellas, cualquier vaquero que atravesara la puerta era considerado un Lord.
«Todas las chicas vestían corsé y tenían un comportamiento más o menos refinado», añade Doval.
A su vez, tenían prohibido decir palabrotas o mostrar cualquier comportamiento soez ante de subir a las habitaciones.
Además, una de las preocupaciones era que se mantuviera un ambiente hogareño. La máxima era, como ellas mismas afirmaban, «ser una dama en la sala de estar y una puta en el dormitorio».
Cara y cruz del sexo
Mattie Silks se convirtió en la indiscutible «Reina del Barrio Rojo de Denver» a fines del siglo XIX.
Para saber lo que sucedía una vez que las prostitutas subían las escaleras del burdel no es necesario tener un manual de historia.
De hecho, pocos testimonios han quedado que hagan referencia a sus prácticas sexuales.
No obstante, algo curioso es que la mayor parte de las meretrices del lejano Oeste se negaban a practicar sexo oral a sus clientes.
Así lo afirma, al menos, el historiador Chad Heap en su obra « Slumming: Sexual and Racial Encounters in American Nightlife».
En la mencionada obra el autor explica que «muchos americanos consideraban el sexo oral como una práctica «no natural» y de «forasteros«, más específicamente de las francesas».
No en vano, en las crónicas de la época se afirmaba que las mujeres galas solían proponer a los hombres «tener relaciones de una manera extraña». Las prostitutas sentían, en sus palabras, verdadera aversión a estas prácticas y despreciaban a las compañeras que las llevaban a cabo.
Por el contrario, las prostitutas no tenían pudor a la hora de mantener relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos, lo que provocó multiplicó los embarazos y generalizó las enfermedades de transmisión sexual.
BBC News — De acuerdo, no es la manera más común ni, por supuesto, la más clara de empezar un artículo pero resulta que es de eso que vamos a hablar, algo que, como dice el título, tiene que ver con conocimiento y con milagros.
Se trata del teorema de Bayes y, aunque muchos de nosotros no hemos oído hablar de él, las estadísticas bayesianas han permeado todo, desde la física -con interpretaciones bayesianas de la mecánica cuántica y defensas bayesianas de las teorías de cuerdas y multiverso- hasta la investigación del cáncer y el covid, pasando por la ecología, la filosofía, la neurología, la psicología, además de la informática.
Hay hasta científicos cognitivos que han conjeturado que nuestros cerebros incorporan algoritmos bayesianos al percibir, deliberar y decidir, y fanáticos del teorema que señalan que si adoptáramos el razonamiento bayesiano consciente (más allá del procesamiento bayesiano inconsciente que supuestamente emplea nuestro cerebro), el mundo sería mejor.
Ante todo eso, vale la pena saber un poco sobre esa fórmula con la que empezamos y su autor.
Él
«Thomas Bayes fue un ministro presbiteriano en el siglo XVIII», empezó contándole a la BBC Sharon Bertsch McGrayne, autora del libro «La teoría que nunca murió».
De Bayes no hay retratos, pero tenemos su firma.
«Fue parte de una generación que no pudo asistir a la universidad en Oxford o Cambridge, las principales universidades inglesas en ese momento, porque no era la Iglesia de Inglaterra.
«Esto fue una suerte para Bayes porque se fue al norte a Escocia, que era presbiteriana y tenía una universidad mucho mejor en Edimburgo en ese momento, y allí estudió teología, como su padre, y matemáticas, que era su verdadero interés, y se convirtió en un matemático aficionado».
Bayes logró mezclar sus dos intereses, escribió al menos un libro sobre matemáticas y pasó gran parte de su tiempo estudiando las obras de otros matemáticos y teólogos.
Así, comenzó a desarrollar una idea.
La idea
«Fue durante una gran controversia religiosa de si se podía usar la evidencia del mundo natural para demostrar que Dios existe».
Uno de los que participó en el debate fue el filósofo David Hume quien publicó, en 1748, el hasta hoy influyente libro «Investigación sobre el entendimiento humano», cuestionando, entre otras cosas, la existencia de milagros.
David Hume, 1711-1776. Historidor y filósofo, pintado por Allan Ramsay en 1754.
Según Hume, la probabilidad de que las personas afirmaran incorrectamente que habían visto la resurrección de Jesús superaba con creces la probabilidad de que el evento hubiera ocurrido en primer lugar.
«Un milagro es una violación de las leyes de la naturaleza; y como una experiencia firme e inalterable ha establecido estas leyes, la prueba contra un milagro, por la naturaleza misma del hecho, es tan completa como se pueda imaginar que cualquier argumento basado en la experiencia lo sea«, escribió el filósofo.
Esto no le cayó bien al reverendo y, queriendo demostrar que Hume estaba equivocado, empezó a tratar de cuantificar la probabilidad de un evento imaginándose situaciones como la siguiente:
Imagínate que estás en una habitación y a tus espaldas está una mesa.
Alguien lanza una pelota que aterriza en esa mesa pero, sin mirar, no tienes forma de saber dónde.
Entonces, le pides a esa persona que lance otra pelota y te diga si cayó a la derecha o a la izquierda de la primera. Si aterrizó hacia la derecha es más probable que la primera esté en el lado izquierdo de la mesa, pues supones que hay más espacio a ese lado para que caiga la segunda bola.
Con cada nueva pelota que se lance, puedes actualizar tu conjetura e ir precisando la ubicación de la original.
De manera similar, pensó Bayes, los diversos testimonios de la resurrección de Cristo indicaban que el evento no podía descartarse de la forma en que Hume afirmó.
«La resurrección», pintada circa 1475, por el artista español Bartolomé Bermejo (ca 1440-ca 1498).
«Se le ocurrió un teorema de una línea realmente simple que sirve para trabajar con datos incompletos y dijo que está bien comenzar con una idea a medias sobre una situación, siempre y cuando modifiques implacablemente tus ideas iniciales cada vez que aparezca nueva información«, señaló McGrayne.
«Nos dio un razonamiento matemático para situaciones altamente inciertas».
El rechazo
Bayes no publicó su teorema pero un amigo suyo, Richard Price, un matemático aficionado, lo desarrolló y, en 1767, publicó «Sobre la importancia del cristianismo, sus evidencias y las objeciones que se le han hecho», en el que usó las ideas de Bayes para desafiar el argumento de Hume.
«El punto probabilístico básico» de Price, dice el historiador y estadístico Stephen Stigler en su artículo «El verdadero título del ensayo de Bayer», «fue que Hume subestimó el impacto de que hubiera varios testigos independientes de un milagro, y que los resultados de Bayes mostraron cómo la multiplicación de incluso evidencia falible podría abrumar la gran improbabilidad de un evento y establecerlo como un hecho«.
Quizás ni siquiera así Price logró probar la existencia de los milagros, pero sí sacó a la luz pública algo que de otra forma se habría quedado oculto entre los papeles del para entonces ya difunto Bayes.
No obstante, el teorema cayó en la oscuridad hasta que el ilustre matemático francés Pierre Simon Laplace formalizó la visión de Bayes y mostró claramente cómo se podía aplicar a principios del siglo XIX.
Pierre-Simon Laplace (Beaumont-en-Auge, 1749-París, 1827), marqués de Laplace, matemático y astrónomo francés, fue quien le dio prominencia al trabajo de Bayes.
A partir de entonces, entró y pasó de moda, se aplicó en una ciencia tras otra sólo para luego ser condenado por ser vago, subjetivo o poco científico, y se convirtió en la manzana de la discordia entre campos rivales de matemáticos antes de disfrutar de un renacimiento en los últimos años.
¿Por qué?
Recuerda que el enfoque bayesiano dice que puedes comenzar con una estimación subjetiva de una probabilidad, cualquier probabilidad, independientemente de si hay algún dato.
¿Cuán probable es que Dios exista? ¿Mutará el nuevo coronavirus para inutilizar las vacunas? ¿Cuál es la posibilidad de una guerra nuclear antes del 1 de enero de 2030?
Habiendo comenzado con lo que es poco más que una suposición, usamos la regla de Bayes para revisar nuestra opinión a medida que llegan nuevos datos.
John Stuart Mill, el filósofo y economista político británico del siglo XIX, lo llamó «la ignorancia acuñada en la ciencia».
Durante mucho tiempo, el enfoque bayesiano fue tabú en las estadísticas convencionales, pero no murió, y a lo largo de las décadas personas inteligentes encontraron formas inteligentes de aplicarlo.
Enigma
Un caso sorprendente es que el teorema de Bayes fue utilizado por Alan Turing mientras trabajaba con su equipo descifrando el código Enigma utilizado por los submarinos alemanes o los U-Boot durante la Segunda Guerra Mundial.
El teorema de Bayes le sirvió a Turing para salvar a millones de personas.
«En ese momento, los submarinos salían de Francia y recibían órdenes de radio de dónde ir y qué hacer, y esas órdenes eran un lenguaje codificado llamado Enigma. Y la Armada alemana lo había hecho tan complicado que nadie en Reino Unido ni en Alemania pensó que los británicos podrían descifrarlo», recuerda McGrayne.
Pero Turing estaba decidido a hacerlo, aprovechando cuanto pudieran.
«Conocían la organización general de una oración alemana. Se dieron cuenta de que usaban la palabra eins (1 en alemán) en casi todos los mensajes, así que allí tenían tres letras. Esa fue una pista. Así siguieron agregando datos una y otra y otra vez».
Turing y sus colegas crearon un sistema bayesiano para adivinar un tramo de letras en un mensaje Enigma, medir su creencia en la validez de estas conjeturas utilizando métodos bayesianos para evaluar las probabilidades y agregar más pistas a medida que llegaban.
«Eventualmente pudieron leer los mensajes».
Cuando los hechos cambian…
Así, fue utilizado por muchas otras personas y una vez que llegaron las computadoras, sencillamente explotó.
Para darte una idea de cómo funciona, responde esta pregunta: Si obtienes un resultado positivo en una prueba de covid que solo da un falso positivo una vez de cada 1.000, ¿cuál es la probabilidad de que realmente tengas coronavirus?
¿Pensaste que el 99,9%?… La respuesta correcta es que no tienes suficiente información para saberlo.
Es ahí cuando entra en juego el teorema de Bayes. Su notación matemática, esa que está al principio del artículo, parece complicada. Pero es más fácil de entender con un ejemplo que decifrando el significado de todos esos símbolos.
Imagínate que te sometes a una prueba para detectar una enfermedad. La prueba es increíblemente precisa: si la persona tiene la enfermedad, lo dirá correctamente el 99% de las veces; si no, también. Pero la enfermedad en cuestión es muy rara; sólo una persona de cada 10.000 la tiene. Esto se conoce como su «probabilidad previa»: la tasa de fondo en la población.
Así que ahora imagina que le hacen la prueba a 1’000.000 de personas. Hay 100 personas que tienen la enfermedad: la prueba identifica correctamente a 99 de ellas. Y hay 999.900 personas que no la tienen: la prueba identifica correctamente a 989,901 de ellas.
Pero eso significa que la prueba, a pesar de dar la respuesta correcta en el 99% de los casos, le ha dicho a 9.999 personas que tienen la enfermedad, cuando en realidad no es así.
Entonces, si obtienes un resultado positivo, en este caso, tu probabilidad de tener la enfermedad es de 99 en 10.098, o poco menos del 1%. Sin el enfoque bayensiano se asustaría a muchas personas y se las enviaría a procedimientos médicos intrusivos y potencialmente peligrosos por un diagnóstico erróneo.
Sin conocer la probabilidad previa, no se sabe cuán probable es que un resultado sea falso o verdadero.
«Según Bill Gates, la base del éxito de Microsoft fue el uso de Bayes», cuenta McGrayne
Este no es un problema hipotético.
En medicina, por ejemplo, una revisión de casos realizada en 2016 encontró que el 60% de las mujeres que se hicieron mamografías anuales durante 10 años tuvieron al menos un falso positivo. En los tribunales de justicia, una falla conocida como la «falacia del fiscal», que puede condenar a inocentes, también depende del teorema.
Y eso es sólo la punta del iceberg. Los investigadores utilizan la estadística bayesiana para abordar problemas de formidable complejidad.
El razonamiento bayesiano combinado con la potencia informática avanzada ha revolucionado la búsqueda de planetas que orbitan estrellas distantes; las estadísticas bayesianas contribuyeron a la reducción de la edad del Universo, que a fines de la década de 1990 se calculaba entre 8.000 a 15.000 millones de años y ahora se ha concluido con cierta confianza que es de 13.800 millones de años.
«Hoy en día se utiliza en la genética, para detectar diferencias sutiles en el ADN y las proteínas, así como para proteger la vida silvestre, hacer estudios cerebrales, traducir idiomas extranjeros…», enumera la autora de «La teoría que nunca murió».
«Se ha incrustado en la informática, el aprendizaje automático, la inteligencia artificial.
«Puede que no sea exactamente como lo hizo Bayes, pero se ha modernizado y es increíblemente útil… está en todas partes», señaló McGrayne en conversación con la BBC y concluyó con una cita que se le han atribuido a los economistas John Maynard Keynes y Paul Samuelson, así como al premier británico Winston Churchill y otros, para resumir la esencia del teorema de Bayes:
«Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace?».
QUO(L.Landi) — La Tierra tira de nosotros. Sus efectos determinan nuestras vidas y sin embargo, parecen cosa de magia
Estamos definitivamente atrapados en el campo de acción de la Tierra, vivimos entregados por completo a sus efectos, pero el tirón gravitacional no se ejerce con cuerdas visibles.
La gravedad nos tiene atados a la Tierra, pero también es la base de la vida. Sin su fuerza, el mundo sería un terreno yermo, similar a un asteroide rocoso, e incapaz de mantener sobre sí una atmósfera habitable, porque ésta huiría hacia el espacio.
En lugar de eso, tenemos un planeta en el que el agua puede mantenerse en estado líquido, caer en forma de lluvia y alcanzar los más recónditos lugares donde la vida la necesita para avanzar.
Todos los seres vivos se han configurado obedeciendo a sus leyes: las plantas lanzan sus raíces hacia el subsuelo para buscar nutrientes y los animales y seres humanos han configurado sus sistemas sanguíneos, digestivos, musculares y óseos en función de las limitaciones o ventajas aportadas por esta fuerza. Los planetas se agrupan unos en torno a otros en sistemas de órbitas elípticas debido al entramado de fuerzas que conforman sus campos gravitatorios.
La materia que hay en el universo se atrae, se acumula y desencadena procesos como la formación de las estrellas, la aparición de planetas o el colapso de agujeros negros.
De esta forma, la fuerza de la gravedad nos aferra sin remedio al mundo, pero, afortunadamente, en él han surgido seres como los pájaros, que nos han enseñado a diseñar alas delta, parapentes o paracaídas para disfrutar del inmenso placer de burlarla.
¿Cuánto pesarías en otro planeta?
Lo que nos muestra la báscula depende no sólo de nuestra masa, sino también de la potencia del campo gravitatorio en el que nos encontremos. Esto significa que, con el mismo cuerpo, podemos pesar más o menos en función de si nos encontramos en la Tierra, en la Luna o en un asteroide. En los cuerpos más importantes del Sistema Solar una persona de 70 kg pesaría:
26,4 kg En Mercurio
63,4 kg En Venus
11,6 kg En la Luna
26,3 kg En Marte
165,4 kg En Júpiter
64,1 kg En Saturno
62,2 kg En Urano
78,7 kg En Neptuno
4,6 kg En Plutón
1.895 kg En el Sol
9.800.000.000.000 kg En una estrella de neutrones
Cualquier cuerpo atrae lo que le rodea
Todos los objetos, por diminutos que sean, se atraen entre sí. Y sí, hay atracción más allá de la emocional entre un cuerpo y otro, pero absolutamente irrelevante. Dentro del paraguas de la gravitación terrestre, ese potente campo gravitatorio de la Tierra, cualquier otra fuerza queda totalmente aplacada. Si no existiera, nuestros cuerpos tendrían una mayor fuerza de atracción sobre otros cuerpos y sobre objetos más pequeños.
Sin gravedad, la inercia hace que cualquier objeto en movimiento sea imparable. Una vez acelerado un coche, su velocidad sería constante; necesitaríamos un sistema que imprimiese mucha más fuerza de frenado a los vehículos para poder detenerlos.
Para levantar cualquier objeto necesitamos ejercer una fuerza similar al peso del mismo. En una situación de gravedad cero, la masa permanece, pero el peso no existe, así que podríamos cambiar las ruedas del coche sin necesidad de utilizar un gato.
Nuestro sistema digestivo utiliza la gravedad para realizar el tránsito intestinal. Sin gravedad, los movimientos peristálticos que empujan el alimento hacia abajo serían mucho más enérgicos, algo así como comer boca abajo.
Los deportes más populares también sufrirían al no haber gravedad. La práctica de cualquier actividad deportiva basada en el lanzamiento (baloncesto fútbol, tenis, tiro, golf…) o en los saltos (hípica, altura, trampolín…) perdería su sentido completamente.
11,2KM/SG Para poder escapar de la tierra
Si la Tierra nos atrae con la intensidad suficiente como para que nada ‘caiga’ de ella por su propio peso, ¿Cómo es posible lanzar naves al espacio y hacerlas escapar así a semejante magnetismo?
La fuerza del campo gravitatorio decrece con la distancia, de forma que, a determinada altitud, es posible alcanzar un punto de ingravidez. Para ello es necesario imprimir al objeto que se desee lanzar la velocidad suficiente como para originar una fuerza centrífuga cuya magnitud equilibre la de la gravedad.
La velocidad mínima inicial que necesita un objeto para escapar de la gravitación de un cuerpo astronómico y continuar desplazándose sin tener que hacer otro esfuerzo propulsor se denomina velocidad de escape; su valor depende de la masa de dicho cuerpo y de la distancia que media entre él y el centro del cuerpo del que pretende despegar. La velocidad de escape de la Tierra se ha calculado en unos 11,2 km/sg.
El sistema que se utiliza para conseguir propulsar un cohete se basa en el principio que expone la tercera ley de la mecánica de Isaac Newton y que afirma que toda acción provoca una reacción de igual intensidad y dirección opuesta. El motor del cohete deja escapar hacia abajo gases que impulsan el cohete hacia arriba con la misma fuerza.
Dentro de nuestra inmensa jaula planetaria existen posibilidades de alcanzar la ingravidez durante cortos periodos de tiempo. Los astronautas utilizan grandes piscinas para ensayar las tareas que efectuarán en órbita, ya que la flotabilidad simula bastante bien la falta de peso, a pesar del rozamiento con el agua. Para experiencias más cortas, los cosmonautas viajan en aviones que trazan rutas parabólicas en el aire; durante unos segundos, en las cercanías del apogeo de la trayectoria, experimentan la sensación de ingravidez en un receptáculo cerrado.
Para poner a punto los instrumentos que usarán en el espacio, utilizan también torres especialmente diseñadas para ello, en cuyo interior los sueltan en caída libre.
En la vida cotidiana, accionar un ascensor para bajar permite sentir la ingravidez durante unas décimas de segundo. Y, si queremos experimentar más aventura, sólo tenemos que lanzarnos en paracaídas. En cualquier caso, los efectos de la gravedad cero sobre nuestro organismo no nos resultarían agradables: los huesos y músculos se atrofian y la sangre, desorientada, se acumula libremente en distintas zonas del cuerpo.
Yorokobu(M.García) — Contaba doña Luisa que Arturo y Leo ya se odiaban cuando se estaban desarrollando en su vientre. Durante la gestación, no hacían más que moverse y ella sentía la rabia que había en las patadas que los dos fetos se regalaban dentro de su cuerpo. «Eso es que te van a salir moviditos», le decían las amigas cuando comentaba lo incómoda que se sentía al notar aquellas peleas en su tripa. Pero la pobre mujer tenía el pálpito de que aquello no era energía y nervios, sino algo más grave.
Después, cuando nacieron, las sospechas de doña Luisa quedaron demostradas. Los dos hermanos se odiaban con tanta fuerza que resultaba muy difícil tenerlos en la misma cuna. Daba angustia ver cómo aquellas dos criaturitas, aquellos dos preciosos bebés que parecían salidos de un calendario, se arañaban y golpeaban cuando les tumbaban uno frente al otro en el nido. La cosa tampoco mejoró cuando se fueron haciendo mayores. Al contrario, la inquina que se tenían crecía con ellos. Si estaban juntos, había bronca. Solo llegaba la paz si no se veían.
Doña Luisa, que era una mujer piadosa, en lugar de consultar con algún profesional de la psicología, prefirió acudir a su párroco, que no dudó en recomendarle mucha oración, mucha resignación cristiana y un generoso donativo para santa Rita, patrona de los imposibles y del pueblo en el que vivían, para que la santa obrara el milagro de apaciguar a los dos hermanos. Pero viendo que la cosa no funcionaba y que santa Rita no estaba por la labor de escucharla, a la buena mujer solo le quedó una opción: enviarles cada uno a un colegio diferente e internarles allí para que no tuvieran ni el más mínimo contacto. Y asumir que tenía que quererlos por turnos y hacerse las fotos de familia por separado con cada uno de ellos para que luego su sobrina, la artista, le hiciera un montaje en Photoshop y parecer, al menos en el mundo virtual de la fotografía, una familia unida.
Ni siquiera el día que doña Luisa falleció fueron capaces Arturo y Leo de firmar una tregua. Dos veces tuvieron que enterrar a la pobre mujer para complacer a cada uno de sus vástagos y evitar que en lugar de un funeral hubiera tres. De santa Rita, por cierto, sigue sin haber noticias.
Los odios, como los amores, son inexplicables. Se sienten y punto. La historia de Arturo y Leo puede ser también la historia de etcétera (y su abreviatura, etc.) con los puntos suspensivos. No hay manera de que puedan ir juntos. Por mucho que alguien se empeñe en colocarlos unos detrás de otra, se tienen tanto asco que si no quieres ver cómo se genera en tu texto la III Guerra Mundial, es mejor que te abstengas de escribir: *etcétera…/etc… ¿Por qué? Porque es una redundancia, o lo que es lo mismo, porque al hacerlo te repites más que el chorizo. Los puntos suspensivos, dice la Ortografía de la lengua española, pueden aparecer «al final de enumeraciones abiertas o incompletas con el mismo valor que la palabra etcétera o su abreviatura […]. Debe evitarse, por redundante, la aparición conjunta de ambos elementos». La Fundéu, que es más moderna, lo explica igual de bien en este vídeo.
Por tanto, escribir cositas como *«Cuando acabe el confinamiento me iré al bar a jartarme de cerveza, bravas, chopitos, etcétera…» no hablará muy bien de ti. Como tampoco lo hará plantar en un texto cosas como *«Haz lo que te dé la gana: ríe, llora, salta, baila…, etc.», por mucho que te hayas acordado de escribir el punto en el etc. abreviado.
Tampoco está de más recordar que, por convención, debe escribirse una coma antes de su aparición en una frase, ya escribas etcétera o etc. y después de ellas, si sigue el enunciado, aunque forme parte del sujeto: «Comer, dormir, caminar por el pasillo, hacer videollamadas, etc./etcétera, son mis ocupaciones estos días». Ya ves, hay ocasiones en que la coma criminal no es tan criminal.
Representación de los tres Reyes Magos en el Atlás Catalán (1375).
lavozdigital.com(M.P.Villatoro)/El Independiente(A.Monzon) — Poco falta para que los Reyes Magos hagan las delicias de los más pequeños y comiencen su viaje a lo largo del planeta repartiendo ilusión y alegría. En unas horas, Melchor, Gaspar y Baltasar subirán a sus camellos para premiar a los niños buenos y dar un tirón de orejas con carbón a los que peor se hayan portado. Poco se puede decir de ellos que no se sepa. A día de hoy, de hecho, Sus Majestades son unos de los personajes más populares entre los niños Aunque lo que no se suele contar de ellos es su verdadero final. Quizá porque, en parte, navega entre la realidad, el mito y la tragedia.
Hechiceros para unos, astrólogos para otros, una de las versiones que narra la verdadera historia de los Reyes Magos afirma que estos desgraciados persas se convirtieron al cristianismo después de haber viajado hasta Belén y que, tras ser bautizados, fueron capturados y murieron martirizados por ayudar a extender y predicar el cristianismo.
La controversia sobre estos personajes no terminó, ni siquiera, cuando murieron. En la actualidad, por ejemplo, se cree que sus restos reposan en la catedral de Colonia, donde habrían llegado después de que el popular Barbarroja destrozara su último sepulcro en Constantinopla.
Comienza la leyenda
El primer testimonio de su leyenda hay que buscarlo en la Biblia. El creador fue Mateo. El Apóstol fue el único de todos sus compañeros que desveló en el libro sagrado la existencia de estos personajes. Aunque no dejó escrito en las crónicas que fueran tres. Por el contrario, se limitaba a señalar que, tras el nacimiento de Jesucristo, llegaron de «Oriente a Jerusalén unos magos». A continuación, explicaba que habían preguntado por el pequeño. «¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?». En el texto, por lo tanto, no hacía ninguna referencia tampoco a su raza.
Mateo también incidía en que los Reyes Magos afirmaron que habían visto «su estrella» en «el Oriente» y que habían acudido a adorarle.
Esta inesperada visita no tardó en ser conocida por Herodes, rey del país.
Según el Apóstol, tras enterarse de que unos magos habían arribado a sus dominios, «el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él».
El monarca, sin dudarlo, convocó a los principales sacerdotes y a los escribas y «les preguntó dónde había de nacer el Cristo».
La respuesta de todos estos sabios fue unánime: en Belén. ¿La razón? Que así lo decía la profecía.
Siempre según las crónicas de Mateo, Herodes se reunió con los recién llegados y les tendió una trampa: les envió a la ciudad y les pidió que averiguasen todo lo que pudiesen acerca del niño, pues él quería adorarle también.
«Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño». El evangelista continúa afirmando que, después de llegar a la casa en la que había nacido Jesús, se postraron y le adoraron como aun rey.
El texto también habla, por primera vez, de los regalos que llevaron a Jesús. «Le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra».
Posteriormente se marcharon, pero no cumplieron su promesa de avisar al rey tras ser advertidos en sueños (por un poder superior) de lo que este pretendía. «Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino», completa Mateo.
Esta es la información que daría lugar a la llegada de Sus Majestades a todas nuestras casas en la noche del 5 de enero. Una tradición que ha ido evolucionando con el paso de los siglos debido, entre otras cosas, a las múltiples versiones existentes.
«Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino». Con este escueto versículo se pierde todo rastro de los magos de Oriente que, según detalla el Evangelio de San Mateo, acudieron a Belén a adorar al niño Jesús poco después de su nacimiento. A partir de entonces, e incluso antes, todo en torno a ellos se torna misterio.
¿Quiénes fueron?
¿De dónde provenían?
¿Qué fue la «estrella» que los condujo hasta Belén?
¿Cuántos eran realmente?
Éstas son solo algunas de las cuestiones que a lo largo de los siglos han tratado de desgranar muy diversos autores que, con una base más o menos científica, más o menos sólida o, al menos, conocida han tratado de abordar distintos aspectos de estos misteriosos hombres que habrían acudido a territorio judío para adorar al Mesías y agasajarlo con una serie de regalos: oro, incienso y mirra.
La escasez de fuentes fiables no ha sido, en cualquier caso, óbice para la abundancia de leyendas en torno a estos magos, concebidos como reyes con el paso de los años (pese a que nada al respecto afirma el evangelista) y que la tradición ha acabado convirtiendo en tres (entre otras cosas por adecuación al número de presentes mencionados), aunque autores como Andrew Edward Breen han manifestado sus dudas sobre la posibilidad de que una caravana tan reducida protagonizara un viaje de este tipo.
Hoy es común denominar a estos supuestos soberanos orientales con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, considerarlos provenientes de Persia, Arabia o hasta (al menos en el caso de Baltasar) Etiopía, representar a este último como de tez negra, e incluso imaginarlos guiados por un fenómeno astronómico como la conjunción de Saturno y Júpiter que, según diversos estudios, se produjo hasta en tres ocasiones a lo largo del año 7 después de Cristo, arrojando un brillo especial que la haría fácilmente distinguible desde la Tierra.
Si todas estas cuestiones son aún hoy objeto de debate, más dudas ofrecen aún las historias que tratan de abordar qué fue de los hoy denominados Reyes Magos tras el encuentro de Belén. Y, sin embargo, son varias las versiones que, a lo largo de los siglos han ido circulando sobre el destino que les esperaría a los adoradores de Jesús de los que da referencia Mateo. Y algunas de ellas les deparan un trágico final a «sus majestades» orientales.
Triste final
De forma independiente al momento exacto en el que nació su leyenda, cabe destacar que la tradición ha dado también un cruel final a los Reyes Magos. Según la creencia popular, nuestros protagonistas fueron bautizados por Santo Tomás y comenzaron a predicar el Evangelio por la India. En palabras de Juan de Hildesheim (« El libro de los Reyes Magos»), el religioso «consagró obispos a los tres Reyes y ellos, a su vez, eligieron entre las gentes del pueblo a personas sin mancha».
La cabalgata de Reyes Magos: una tradición ni religiosa, ni milenaria
«Después de la partida y la muerte del bienaventurado Tomás, los tres reyes, ya ordenados obispos, peregrinaron por todas las ciudades y todos los pueblos, construyendo muchas iglesias y ordenando sacerdotes y ministros de Dios. Y puesta a un lado toda mundana vanidad, eligieron como morada perpetua la ciudad de Seuva, y con el auxilio de Dios y de todos los obispos y sacerdotes, gobernaron desde allí sus tierras y reinos, en lo espiritual y en lo temporal. Y todos los pueblos los obedecieron no por temor, sino por amor, no como señores, sino como padres, y los amaron con un amor que no era apariencia», añade el autor.
A partir de entonces las versiones sobre su muerte se diluyen. La más extendida es la que afirma que fueron martirizados en el año 70, después de evitar ser linchados en varias ocasiones por predicar el cristianismo. Uno de los que incide en este final es el cronista Pedro de Rojas en su obra del siglo XVII « Historia de la imperial ciudad de Toledo, cabeza de su felicísimo reino, fundación, antigüedades, grandezas (etc.)». En la misma, además, contradice a De Hildesheim al señalar que no eran reyes, sino que les denominaban de esta forma por el reconocido nivel de sabiduría que habían alcanzado.
«Ellos, santos Reyes Magos, padecieron martirio el año setenta del Señor, por su Santa Fe, teniendo Gaspar ciento y treinta años de edad, Baltasar ciento y diez y Melchor noventa y cuatro. Bien Logrados años, y buen remate de sus santas vidas. Novedad grande, curiosa y de ninguno tocada en esos tiempos», desvela este autor. Otros como Flavio Lucio Dextro (del que bebe De Rojas) es partidario de la versión del martirio y señala que se sucedió en la ciudad de «Sefania Adrumenta».
Sin embargo, De Hildesheim cree, como otros estudiosos y cronistas de la época, que los Reyes Magos fallecieron de muerte natural. En sus palabras, dejaron este mundo «poco antes de la fiesta de natividad del Señor» y justo después de que una estrella apareciera en el cielo como presagio de su defunción. A su vez, señala que el primero en partir fue Melchor, en su «centésimo decimosexto año de vida», y que lo hizo en presencia de todo el pueblo y sin sentir dolor. «Los otros dos Reyes, con todos los nobles y el pueblo, depositaron su cuerpo en el túmulo».
Relicario en el que se encontrarían los restos de los Reyes Magos
Según la versión de la tortura, sus cuerpos fueron enterrados en el mismo sarcófago, lo que podría sugerir que eran familiares.
En todo caso, la leyenda afirma que santa Elena (la misma que halló la Vera Cruz) se llevó sus restos hasta Constantinopla en el siglo IV.
Así, hasta que fueron dejados en Milán.
A partir de aquí se les habría perdido la pista, pues se cuenta que -cuando el emperador Federico Barbarroja asedió la ciudad en 1162- los huesos fueron llevados hasta Colonia.
Comenzaron su viaje en 1164 y, poco después, se edificó una iglesia en la región en su honor. En ella, a día de hoy, permanece su relicario.
Distintas versiones
Según un relato legado por el afamado viajero veneciano Marco Polo en el siglo XIII -y que bebía de crónicas anteriores- tras presentar sus regalos a Jesús, los magos abandonaron Belén portando un regalo que éste les había entregado en una caja cerrada. A mitad de camino decidieron abrir la caja y al descubrir que se trataba de una piedra la arrojaron a un pozo. «Arrojada la piedra al pozo, un fuego descendió del cielo ardiendo y cayó dentro del pozo. Cuando los reyes vieron esta maravilla, se arrepintieron de lo que habían hecho; tomaron aquel fuego y lo llevaron a su tierra y lo pusieron en una de sus iglesias. Y de continuo lo hacen arder y oran a ese fuego como a un dios», señala el relato.
La mayor parte de los textos que tratan de recrear la vida de los magos tras su encuentro con Jesús relatan la conversión de éstos a la fe cristiana, un proceso que generalmente se atribuye al esfuerzo evangelizador del apóstol Tomás, que habría sido el encargado de bautizarlos. Así, los magos se dedicarían al apostolado y llevarían a cabo diversas obras para la extensión del Evangelio en aquellas tierras orientales hasta su muerte. Una muerte que, según el relato de Juan de Hildesheim (siglo XIV), fue «dulce y feliz».
Tal y como parafrasea Franco Cardini en Los Reyes Magos. Historia y leyenda (Ediciones Península, 2001), tras recibir la señal divina de su próxima muerte -que se suele fechar en torno al año 70, cuando ya superaban el siglo de vida-, «mandaron preparar en Seuva un sepulcro de forma real y murieron a breve distancia uno de otro. Los enterraron en pie, como corresponde a los reyes, y juntos, como habían vivido; antes de su fallecimiento apareció una estrella que permaneció en el lugar de su sepultura hasta su traslado».
Esta versión de la muerte de los magos de Oriente se vio, sin embargo, eclipsada por las que planteaban un fallecimiento mucho más cruento. Entre éstas está la relatada por el jesuita toledano Jerónimo Román de la Higuera, que, bajo el título de Chronicon Omnimodae Historiae, trató de pasar su texto -escrito en pleno siglo XVI- como una obra de Flavio Lucio Dextro, obispo de Barcelona en el siglo V. Según la versión recogida en su escrito por De la Higuera los magos fallecieron tras sufrir martirio en la localidad arábiga de Sessania de Andruneti.
La obra de Román de la Higuera, catalogado como uno de los mayores farsantes de la historia de España, caería en el descrédito varios siglos después, cuando se descubrió que buena parte de las referencias utilizadas en su relato, supuestamente histórico, habían sido falseadas. Sin embargo, la historia de la tortura de los Reyes Magos no fue -al menos no en exclusiva- fruto de su imaginación, sino que también fue incluida en otras recreaciones de su vida. Así, tal y como relata Andre Edward Breen en su Exposición armonizada de los cuatro evangelios,«existía la tradición de que los magos fueron martirizados por la fe». De este modo, sus esfuerzos por trasladar su creencia en la divinidad de aquel niño al que habían adorado en Belén les habría acabado costando una trágica muerte como a otros muchos apóstoles de Cristo en los primeros siglos de la era moderna.
Su muerte no supondría, en cualquier caso, el punto final de los relatos en torno a los misteriosos magos de Oriente. La leyenda cuenta que la emperatriz Elena de Constantinopla (proclamada posteriormente como Santa Elena), tras su célebre viaje a Jerusalén en torno al año 300 -durante el cual se hallaría también la reliquia de la Vera Cruz-, trasladaría los cuerpos y las reliquias de los magos desde un impreciso Oriente hasta Constantinopla, donde serían objeto de adoración. Tiempo después, un obispo de Milán llamado Eustorgio se encargaría de llevarlos hasta la ciudad italiana.
Habría que esperar hasta el siglo XII para encontrar nuevas noticias sobre las reliquias de los magos, que en 1164 serían nuevamente trasladados hasta la ciudad germana de Colonia, tras el asedio de Milán por parte del emperador Federico I, Barbarroja. El arzobispo de Colonia, Reinaldo de Dassell, sería el responsable de aquella nueva mudanza. Depositados en la iglesia de San Pedro -posteriormente transformada en catedral-, los responsables de los restos de los reyes impulsarían la construcción de un arca de plata dorada para el reposo de los mismos.
La importancia que adquirirían aquellos restos en los años posteriores queda probada por el hecho de que, desde finales del siglo XII es posible determinar un flujo constante de peregrinos hacia la ciudad germánica con el fin de venerar las reliquias de los magos, de lo que quedan evidencias como insignias o amuletos que llevaban escritos los nombres de los tres magos. La relevancia de la que gozaría motivaría que, por ejemplo, durante las invasiones mongolas dirigidas por Bathu Khan, el nieto de Genghis Khan, a mediados del siglo XIII, se llegaría a extender «la noticia de que los mongoles se dirigían a Colonia para recuperar los despojos de sus antepasados, los reyes magos», apunta Cardini.
Es cierto, no obstante, que desde entonces han sido varias las ciudades que han discutido a Colonia la autenticidad de aquellos restos y el propio Marco Polo relataría cómo durante su travesía por territorio de Persia se le mostró un lugar donde, presuntamente, descansaban los restos de los Reyes Magos. «En Persia se encuentra la ciudad de Saba, desde donde partieron los Tres Magos cuando fueron a adorar a Jesucristo; y en esta ciudad están enterrados, en tres monumentos muy grandes y hermosos, uno al lado del otro. Y sobre ellos hay un edificio cuadrado, cuidadosamente cuidado. Los cuerpos aún están completos, manteniendo el pelo y la barba», observa el relato del viajero.
Así pues, incluso el lugar de su enterramiento como casi cada paso de su vida permanece envuelto en el misterio. Pero sea en un punto u otro, tras una muerte «dulce y feliz» o tras padecer la tortura por sus creencias, lo cierto es que la leyenda de los misteriosos magos de Oriente ha sido capaz de sobrevivir al paso de los siglos para convertirse en una tradición navideña que rebasa con mucho toda la liturgia cristiana.
Historias de la Historia(J.Sanz) — A mediados del siglo XIX la población europea se enfrentaba, acaso por primera vez, a los presagios de la teoría de Malthus que venía a decir que la producción de alimentos no aumentaría en la misma proporción que la población, lo que quería decir que, de hecho, habría a corto plazo graves problemas de abastecimiento de productos básicos.
Los campos del Viejo Mundo estaban agotados después de décadas de sobreexplotación y erosión. Fueron los británicos, a partir de la década de 1840, los que descubrieron las magníficas propiedades fertilizantes del guano (excrementos de aves marinas) y en esa época comenzó la explotación a gran escala de tan preciado abono desde Perú.
La “recolección” de este fertilizante, rico en nitrógeno, amoníaco, fosfatos y sales alcalinas, se hacía casi en exclusiva en las Islas Chincha (Perú). Esta zona del Pacífico está poblada de productores de guano (gaviotas, pelícanos…) que durante años se ha ido acumulando en la superficie insular (varios metros de espesor). Perú controlaba la producción e Inglaterra su comercio.
Como es de suponer, otras muchas islas del Pacífico eran también potenciales productoras del preciado fertilizante. En 1856, para reducir costes y no depender de la importación, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Guano Islands Act (Acta de Islas Guaneras), autorizando a ciudadanos de los Estados Unidos a tomar posesión de las islas con depósitos de guano:
Cuando cualquier ciudadano de los Estados Unidos descubra un depósito de guano sobre cualquier isla, roca, o cayo, no dentro de la jurisdicción legal de cualquier otro gobierno, y no ocupada por ciudadanos de cualquier otro gobierno, y tome posesión pacíficamente, y ocupe, ya sea, isla, roca o cayo, puede, según la discreción del presidente, ser considerado perteneciente a los Estados Unidos.
Más de cien depósitos de guano fueron reclamados como estadounidenses bajo esta ley. Hoy en día, varias de estas islas todavía siguen bajo dominio estadounidense. La respuesta de Perú e Inglaterra fue aumentar la producción de las islas Chincha e intentar acaparar el mercado.
Para ello necesitaban contratar más mano de obra… y barata. Se enviaron barcos a China donde prometían a los humildes campesinos trabajos bien remunerados en las minas de oro.
Cuando llegaban a Perú, eran enviados como ganado a las islas para trabajar en las minas de guano en condiciones precarias y peligrosas, propias de la esclavitud que, recordemos, los británicos habían abolido hacía unos años (inventaron la esclavitud laboral con cero derechos y todas las obligaciones).
En 1875 había más de cien mil chinos en Perú. A causa de la alta mortandad de los trabajadores chinos (accidentes, enfermedades e incluso suicidios) y la disminución de nuevas remesas (comenzaron a llegar a China las noticias de las falsas ofertas de trabajo) tuvieron que buscar nuevas fuentes de mano de obra.
El 10 de mayo de 1869 la Central Pacific Railroad y la Union Pacific Railroad se encontraban en Promontory Summit (Utah) haciendo realidad el sueño de un gran ferrocarril transcontinental estadounidense, el proyecto de ingeniería más grande de la época, crucial para desarrollar el oeste americano y conectar a los Estados Unidos en toda su extensión.
El presidente Abraham Lincoln pudo ver más allá de las necesidades de un país en guerra (estaban en plena Guerra de Secesión) y plantear proyectos de futuro, así que el 1 de julio de 1862 firmó la Ley de Ferrocarriles del Pacífico, comprometiendo recursos federales para el ambicioso plan de construir una línea ferroviaria continua desde el Atlántico hasta el Pacífico.
La contrata se concedió a dos empresas: la Union Pacific, que comenzaría en Omaha (Nebraska) e iría hacia el oeste, y a la Central Pacific, que construiría desde Sacramento (California) hacia el este. Una loca carrera por conseguir el mayor número de kilómetros de vía férrea por las dos compañías implicadas en su construcción.
El resultado fue que la Central Pacific, partiendo desde Sacramento en enero de 1863, construyó 1.110 kms de vías, atravesando California y Nevada; mientras que la Union Pacific, lo hacía desde Omaha en diciembre de 1865, y construyó 1.749 kms, atravesando el río Missouri, y pasando por Nebraska, Colorado y Utah.
Al comienzo de la construcción, Central Pacific no tenía planes de contratar trabajadores chinos. Hasta el punto de que Leland Stanford, presidente de la compañía, que llegaría a ser gobernador de California apoyado por la plataforma anti-inmigrante china y, cosas de la vida, fundador de la prestigiosa Universidad de Stanford, los llamaba «escoria» y los consideraba una raza inferior.
Al igual que había hecho la Union Pacific, intentaron contratar inmigrantes europeos, sobre todo irlandeses, pero en California la mano de obra «blanca» era escasa o prefería dedicarse a otros trabajos mejor pagados y menos peligrosos.
De hecho, de los 5.000 puestos que se ofertaron en Sacramento solo se cubrieron unos cientos, por lo que tuvieron enfundársela y recurrir a los chinos.
Contrataron a un grupo de 50 trabajadores chinos, entre los muchos que había desperdigados por California, para probar y, la verdad, es que fue todo un éxito, tanto como que entre 1865 y 1869 el 90% de los trabajadores del Central Pacific (entre 15.000 y 20.000) fueron chinos. Incluso se llegaron a fletar barcos desde China.
Nada raro si pensamos que eran disciplinados, su dedicación era plena, su productividad la más alta, no se emborrachaban ni se me metían en peleas y, además, cobraban menos que los europeos y trabajaban más horas. Vamos, un chollo.
Tanto, tanto se abusó de ellos que, aunque parezca mentira, el 25 de junio de 1867 ¡¡¡5.000 chinos fueron a la huelga!!! Pedían la equiparación salarial con el resto de trabajadores, ya que los chinos cobraban 35 dólares al mes y 40 los blancos. Y por si esto no fuera suficiente motivo, que lo era, a lo blancos se les proporcionaba alojamiento y comida y los chinos tenían que pagárselo ellos.
A pesar de que sus reivindicaciones eran más que justas y que la huelga fue «tranquila» («si hubiera habido esa cantidad de trabajadores blancos en huelga, habría sido imposible controlarlos»; informaban los medios locales), la Central Pacific no se planteó en ningún momento ceder ni negociar.
Tras 8 días de pérdidas (recordemos que las concesionarias cobraban por kms de vía tendida), la compañía tomó una decisión drástica: se prohibió vender comida a los chinos, suministros e incluso proporcionarles medios para salir de allí.
O regresaban al trabajo o allí mismo morirían de hambre. Así estaban las cosas por allí. No les quedó más remedio que volver sin conseguir ninguna concesión. De alguna forma sirvió para contrarrestar la imagen de que los chinos eran dóciles y no lucharían por sus derechos, y seguro que en el futuro eso se tuvo en cuenta pero en este caso… nada de nada.
Estos menudos e incansables trabajadores fueron capaces de excavar 15 túneles a través de las graníticas montañas de Sierra Nevada acompañados de la peligrosa dinamita y la caprichosa nitroglicerina (con muertes diarias por accidentes); desmochar colinas con pico y pala para rellenar grietas y cañones; construir muros de contención… y cuando llegaron al desierto de Nevada y Utah, después de dejar atrás el frío y las nevadas, y donde todo parecía más fácil al ser llano, tuvieron que lidiar con el calor extremo.
Aunque los inmigrantes chinos ayudaron a construir una parte primordial de la economía estadounidense, sus esfuerzos no fueron reconocidos ni apreciados durante mucho tiempo.
En cambio, poco después de la finalización del ferrocarril, el sentimiento anti-chino continuó creciendo en los Estados Unidos, acusándolos de competencia desleal porque aceptaban salarios más bajos (sin comentarios).
La situación se agravó en la década de 1870 con la crisis económica que derivó en actos violentos en la costa oeste contra la comunidad china.
La presión social se tradujo en la aprobación de leyes que prohibían a los trabajadores chinos venir a Estados Unidos y limitaban los derechos de quienes ya estaban en el país. Incluso el Partido de los Trabajadores de California, organización laboral estadounidense fundada en 1877, lanzó la campaña «Chinese must go!» (¡Los chinos deben irse!), cuyo objetivo era «librar al país de la mano de obra barata china».
Dicen que la historia es la propaganda de los vencedores, pero ser olvidados formando parte del ejército vencedor es todavía más cruel. Esta es la historia de los 140.000 trabajadores chinos que fueron contratados por los Aliados en la Primera Guerra Mundial.
Los miles de bajas sufridas por franceses y británicos, especialmente en Somme y Verdún, durante los dos primeros años de la guerra, obligaron a los Aliados a retraer efectivos destinados en otros menesteres para cubrir las bajas en el frente de batalla.
Esta solución dejó sin efectivos destinados a labores menos heroicas pero igualmente necesarias como la excavación de trincheras y letrinas, reparación de carreteras y vías férreas, carga y descarga de material… Así que, se contrataron trabajadores fuera de Francia e Inglaterra… concretamente en China.
Como nación no beligerante, el gobierno chino no permitía contratar a sus ciudadanos para luchar pero sí como peones. Aunque los primeros en contratar a chinos fueron los franceses en 1916, el mayor número -unos 100.000- fue reclutado por el ejército británico creando los Chinese Labour Corps o CLC (Cuerpos de Trabajo Chinos).
Estos peones fueron reclutados de entre los campesinos de las zonas más pobres de China con la promesa de estar alejados de primera línea, de recibir un buen trato y un salario digno del que parte sería enviado a sus familias.
Después de un largo y tortuoso viaje llegaban al frente occidental de Europa para trabajar durante 12 horas, los siete días de la semana, en condiciones penosas y sometidos a la estricta disciplina militar, sin ser militares.
Sus condiciones de vida eran más parecidas a las de condenados a trabajos forzados que a trabajadores contratados: en sus horas de descanso debían permanecer recluidos en un campamento cercado, tenían prohibido confraternizar con el resto, eran identificados mediante un número, las cartas a sus familias debían entregarse abiertas para ser inspeccionadas… su única recompensa era un suministro abundante de cigarrillos.
Con el Armisticio de 1918 parecía que todo había terminado… pero no fue así. Más de la mitad de los trabajadores chinos -unos 80.000- permanecieron en Europa y fueron empleados en reconstruir las infraestructuras destruidas, rellenar las trincheras excavadas por ellos mismos, recuperar y enterrar los cuerpos de los soldados muertos todavía desperdigados en el campo de batalla en ocasiones plagado de minas -lo que les convirtió en detectores de minas humanos- y otras penalidades de este tipo.
Según las fuentes francesas e inglesas, 2.000 trabajadores chinos murieron durante su servicio en Europa ya fuese como resultado directo de la guerra y, sobre todo, por la pandemia de la llamada gripe española; las fuentes chinas elevan este número hasta los 20.000.
Se han identificado 40 cementerios repartidos por Francia y Bélgica en los que fueron enterrados sus cuerpos, siendo el más numeroso el de Noyelles-sur-Mer (Francia) en el que se han identificado más de 800 tumbas chinas. Excepto unos 5.000 chinos que decidieron quedarse en París, en 1920 todos los supervivientes habían regresado a casa.
Es la foto que recuerda el momento del rescate. La sacó un marinero a bardo del barco petrolero griego Captain Theo. Así Terry Jo Duperrault estuvo viviendo cuatro días
Infobae(C.Balbiani) — Nicolaos Spachidakis, el segundo oficial del barco petrolero griego Captain Theo, que navegaba con destino a Puerto Rico, entrecerró sus ojos hasta convertirlos en una delgada línea. Quería evitar que el sol lo encegueciera mientras escrutaba, centímetro a centímetro, las aguas del canal Providence del Océano Atlántico a la altura de las Islas Bahamas.
Desde la altura del puente de mando podía ver cómo decenas de barcos salpicaban la enorme superficie azul. Algo muy pequeño que brillaba en el horizonte le llamó la atención. No parecía ir a ningún lado y danzaba al compás de la marea.
Primero pensó que era un diminuto barco de pescadores. Fijó la vista, intrigado. La idea era ridícula, ¿qué haría un pescador tan alejado de la costa? Dejó anclada su mirada en ese punto blanco resplandeciente. Por alguna razón o quizá por ninguna.
Suerte o destino. Por lo que fuera, decidió llamar al capitán del barco, Stylianos Coutsodontis, para que lo ayudara a resolver la incógnita. Cuando este subió al puente el objeto de su atención ya estaba más próximo.
No era un bote.
No era un catamarán.
No era nada de lo que esperaban.
Sobre ese pequeño islote flotante, entre tiburones y enormes olas, había una especie de sirena. Parecía una jugada de la imaginación más acalorada. Surrealista. Era una chica, más rubia que el sol, tremendamente bronceada, de mirada desfalleciente que flotaba sobre un salvavidas ovalado con un fondo de red. Llevaba puesto una blusa blanca, unos pantalones capri rosa pálido y tenía sus pies sumergidos a un lado del flotador.
La sirena era una sobreviviente de algo que desconocían.
Tiburones al acecho
Los hombres dieron la orden de parar las máquinas del barco, querían evitar golpear a la diminuta embarcación. Le gritaron a la pequeña que no saltara al agua, que era muy peligroso, que la rescatarían. En pocos minutos armaron, con barriles de combustible vacíos, una especie de balsa para acercarse hasta ella. Tenían que apurarse, habían observado varios tiburones nadando en círculos alrededor de la sirena agónica que seguía con sus pies sumergidos.
Desde la cubierta un marinero tomó una foto. La imagen del ángel rubio hallado en el mar daría la vuelta al mundo y ocuparía la tapa de la importante revista Life. El que finalmente logró alzarla en brazos y subirla a la balsa fue un miembro de la tripulación llamado Evangelos Kantzilas. Casi desvanecida la izaron a cubierta con una soga que colocaron por debajo de sus brazos. La emoción de los marineros se expresó en un tenso silencio.
La trasladaron hasta una camilla ubicada a la sombra. La náufraga estaba severamente deshidratada y el termómetro marcaba 40.5 grados. Le dieron sorbos de agua y de jugo de naranja. Le pasaron con suavidad toallas húmedas por la cara, los brazos y las piernas y le aplicaron vaselina en los labios inflamados. El capitán le habló varias veces, pero ella no respondía. Tenía clavada su mirada marrón sobre el piso.
“Entonces… ¿tienes familia en algún lado?”, insistió el capitán. Ella terminó por asentir con la cabeza. Él acercó la oreja a su boca para poder escucharla. Con un hilo de voz le dijo que se llamaba Terry Jo Duperrault, que tenía 11 años y que sus familiares eran de Green Bay, en Wisconsin. Luego, se desmayó.
Estamos en una mañana soleada de hace seis décadas. Es el jueves 16 de noviembre de 1961 y Terry lleva, aunque no las ha contado, ochenta y cuatro horas a la deriva. Día y noche, bajo el sol abrasador, rodeada por tiburones, hamacada por la inmensidad.
Todavía nadie sabe la pesadilla sangrienta que ha atravesado antes de esta odisea.
Brian tenía 14 años, su hermano Rene tenía siete. Jean, la mamá, 38 y Arthur, el padre, 41. Todos fallecieron a bordo del barco Bluebelle
Felices vacaciones
Los Duperrault eran una familia originaria de Wisconsin, Estados Unidos, un estado que se encuentra situado lejos del mar y que suele enfrentar inviernos duros. Arthur (41) y Jean (38) tenían tres hijos: Brian (14), Terry Jo (11) y Rene (7). Arthur era un exitoso optometrista que comercializaba lentes de contacto.
Desde hacía tiempo que él venía ahorrando con un objetivo: tomarse un año sabático, alquilar un velero y pasar doce meses embarcado con su familia. Era su sueño y, también, el de Jean. Pero antes de concretarlo la pareja quería ensayar con unas vacaciones y ver cómo era la convivencia familiar a bordo.
Decidieron que se tomarían unas tres semanas en un velero alquilado para navegar entre los cayos de la Florida y las Bahamas. De esa manera él aprendería los vericuetos de la navegación, escaparían del clima crudo del invierno y probarían cómo se sentían en esa vida náutica.
Para esto se contactó con un viejo conocido, Julien Harvey (44), un veterano de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea, condecorado doce veces. El hombre era un experimentado marinero y teniente coronel retirado de la Fuerza Aérea donde había piloteado bombarderos.
Ahora Harvey estaba casado por sexta vez con Mary Dene Jordan (34), una joven que soñaba con ser escritora y había trabajado como azafata. Acordaron que Arthur le pagaría 100 dólares por día para que Harvey fuera el capitán. Dene sería la encargada de cocinarles.
Los Duperrault viajaron al estado de Florida. El velero alquilado se llamaba Bluebell, tenía 18 metros de eslora y estaba amarrado en la marina Bahía del Mar, en Fort Lauderdale.
Se embarcaron al mediodía del miércoles 8 de noviembre de 1961 y zarparon. Estaban fascinados y tenían al mando a un capitán de lujo. Las soñadas vacaciones estaban en marcha.
Dejaron atrás la costa de Florida y se dirigieron hacia las Bahamas. Navegaron hacia las pequeñas islas Bimini. Tal como lo habían soñado nadaron en mares color turquesa, descubrieron islas exóticas, bucearon en playas paradisíacas y bajaron a comprar souvenirs…
Uno de los lugares en los que desembarcaron fue en Sandy Point, un pueblito al sur de la isla Gran Ábaco. Todo marchaba perfecto.
El domingo 12 de noviembre Harvey decidió que navegarían de noche. Eso prometía ser una aventura. Antes de las 20 cenaron en la cubierta del Bluebelle. Dene fue la encargada de cocinar pollo con verduras y ensalada.
Arthur tocaba el cielo con las manos. Esos primeros cuatro días habían sido exactamente como lo había soñado. Tanto que al funcionario Roderick Pinder, que esa tarde antes de partir del puerto lo había ayudado a rellenar los papeles para el retorno a los Estados Unidos, le dijo que volverían “antes de Navidad” porque estaba decidido a concretar su anhelo de vivir un año sobre el agua.
Pero el futuro no sería lo soñado. Es más, no existiría ningún futuro. Esa misma noche, la quinta de la travesía, todo se iría a pique.
Terry Jo Duperrault en la clínica, donde demoró once días en recuperarse. Tenía más de 40 grados de fiebre cuando la encontraron a la deriva en el océano Atlántico
Matar para encubrir
Terry Jo estaba muy cansada, así que luego de comer descendió a su camarote para dormir. Por lo general, Rene bajaba con ella, pero esa noche se quedó en la cubierta con el resto, disfrutando de la velada.
Al rato, unos gritos aterradores despertaron a Terry sobresaltada. Los alaridos provenían de arriba. Era la voz de su hermano: “¡Ayuda, papá! ¡Ayuda!”. Escuchó pasos acelerados, como de personas corriendo y, luego, silencio total.
Terry se quedó inmóvil en su cama, petrificada. Un poco después, se animó a salir para ir a ver lo que ocurría. En el camino tropezó con su madre y su hermano Brian. Estaban tirados en el suelo cubiertos de sangre. A Terry le pareció ver un rifle tirado a un costado. Subió despacio a la cubierta, quería encontrar a su padre… pero encontró dos ojos desorbitados.
Eran los del capitán Julian Harvey. A los gritos le indicó que volviera a su camarote y comenzó a empujarla escaleras abajo. El corazón de Terry se escapaba de su pecho. Confundida dio marcha atrás y pasó casi corriendo al lado de los cuerpos de su madre y de su hermano. Se refugió en su cuarto y volvió a meterse en la cama deseando estar en medio de un mal sueño.
¿Era una pesadilla? ¿Qué pasaba? ¿Por qué no se despertaba de una vez? De pronto un sonido la devolvió a la realidad. Era el agua que había comenzado a colarse por el casco e inundaba el piso. ¿Qué tenía que hacer? ¿Dónde estaba el resto?
De pronto, Harvey entró a la cabina con una pistola en la mano. La miró fijo a los ojos, no dijo una palabra y se fue. Terry, quedó temblando. El agua subía. No podía quedarse allí. El frío líquido había alcanzado el colchón. Tenía que moverse y salir, se iba a ahogar y no solo de lágrimas.
Se empujó contra el agua que se arremolinaba alrededor de su cintura y subió los escalones. Llegó justo para ver cuando Harvey se disponía a lanzarse al bote que se había desatado. No le preocupaba Terry, ella se estaba hundiendo con el Bluebelle.
Con Harvey fuera de su vista, la adrenalina la espoleó. Recordó el pequeño salvavidas del que su padre le había hablado, levantó la vista y ahí estaba. Era blanco y estaba cerca. Trepó por el costado de la vela y lo alcanzó. Se arrojó al agua con él.
Segundos después el barco se hundió completamente.
Julian Harvey tenía 44 años y era un veterano de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea, condecorado doce veces, cuando Arthur lo contrató para que fuese el capitán del barco: le pagaba 100 dólares por día
Huérfana y a la deriva
Ahora sí sintió ese miedo demoledor. Era tangible y oscuro como la noche en la que estaba, como el mar inmenso que se la tragaría. Estaba, por primera vez en su vida, absolutamente sola ante lo desconocido. Solo escuchaba el rugido suave del agua y el roce de sus manos contra la lona del salvavidas.
Su mayor temor, sin embargo, era volver a encontrarse con la mirada lunática de Harvey. Sabía que él había hecho algo muy malo. Tenía una única certeza: ese hombre había matado a su familia. Las imágenes de su madre y su hermano en un enorme charco de sangre la acosaban. Pero su padre era fuerte… ¿dónde estaría? Estaba tan traumatizada que anuló el hambre y la sed. Sí pensó en los tiburones. ¿Habría? Claro que sí.
Con el paso de las horas, llegó el amanecer y enfrentó otro problema: el sol. La compañía de la luz traía aparejada la insolación. Al segundo día, padecía náuseas y fiebre. Encima, el pequeño salvavidas había comenzado a desintegrarse. Cada hora que transcurría Terry sentía la lengua más seca, era como una lija que no le pertenecía.
Habían pasado 48 horas desde el naufragio cuando un pequeño avión rojo la sobrevoló en círculos. Movió los brazos intentando no perder el equilibrio, pero los pilotos no la vieron.
Por la noche, las olas volvieron a convertirse en monstruos enormes y negros, e iban acompañadas por un viento helado. La mayor parte del tiempo se sentía más segura sentada en la red, con el agua a la cintura. De día se colocaba en los bordes para intentar secarse, pero el sol la abrasaba.
El tercer día amaneció también soleado y caluroso. Le dolía el cuerpo y estaba confundida. La piel le ardía y sentía la boca hinchada, entumecida. La mañana de la cuarta jornada la encontró sin fuerzas, apenas si mantenía el equilibrio sobre su precario flotador.
Alucinaba. Vio una isla y una palmera. Quiso remar con sus pies hacia allí, pero no llegaba nunca. La imagen se alejaba una y otra vez. Se quedó dormida.
A media mañana, abrió sus ojos y observó la sombra de un barco gigante. ¿Soñaba? ¿Dónde estaba? Poco después, escuchó unas voces y vio unas cabezas que se acercaron a ella. Unos brazos la alzaron. Había sido rescatada por el barco griego.
Rápidamente fue trasladada en helicóptero a un hospital donde demoró once días en recuperarse.
En la cama del hospital Terry fue interrogada por las autoridades y contó su pesadilla.
El asesino de su familia había dejado que Terry Jo Duperrault se ahogara junto al velero. No tuvo en cuenta que la niña de 11 años pudiera escapar en un pequeño bote
Harvey, el malvado
El lunes 13 de noviembre a las 12.30 del mediodía, mientras Terry luchaba en soledad por su vida en el medio del mar, Julian Harvey fue rescatado por la guardia costera de los Estados Unidos. En la embarcación estaba también el cuerpo de la pequeña Rene. Harvey dijo que él había visto su cuerpo con el salvavidas flotando en el agua, la había rescatado y había intentado reanimarla sin éxito. Los médicos certificaron que la menor, efectivamente, había muerto por ahogamiento.
En los días que siguieron, Harvey se la pasó explicando el tremendo accidente. Una tormenta súbita los había embestido alrededor de las ocho de la noche del domingo 12 y había herido de muerte al velero. El mástil había sido arrancado por la fuerza del viento y al caer había golpeado fatalmente a los otros pasajeros dejando a Harvey separado de los demás.
Encima, se había abierto una grieta en el casco de la embarcación, el agua estaba inundando el barco. Harvey dijo haber intentado cruzar hacia donde estaba el resto, pero justo se desató un incendio que se lo impidió. Se arrojó al bote segundos antes de que el velero se fuera al fondo del mar.
La historia no cerraba. No había registros de semejante viento huracanado o tormenta. ¿De qué hablaba este hombre tan condecorado? Pero no había muchas razones para dudar de él.
Estaba declarando cuando las autoridades de Miami le dieron la noticia: Terry Jo Duperrault había sido rescatada con vida. Harvey dijo alegrarse, pero entró en pánico. Se excusó de la audiencia en la que estaba y volvió a su hotel. Cayó en la cuenta de que pasaría el resto de su vida en prisión.
A la mañana siguiente, viernes 17 de noviembre, cuando la mucama del hotel entró a su cuarto y vio sangre en las sábanas, se asustó. Pidió ayuda porque no podía abrir la puerta del baño. Cuando lograron entrar encontraron el cuerpo desangrado de Julian Harvey.
Se había suicidado cortándose una arteria en una de sus piernas y haciéndose un tajo en el cuello. Había dejado una nota que decía: “Estoy en un nervioso naufragio y no puedo continuar”.
Además de un experimentado marinero y teniente coronel retirado de la Fuerza Aérea, Harvey era un estafador mortal dispuesto a cualquier cosa por conseguir dinero
Motivos para un crimen
Las autoridades buscaron rearmar el caso y bucear en los motivos para semejante matanza. Encontraron que Mary Dene tenía contratado un seguro de vida por 20 mil dólares. Ese habría sido el motivo por el cual Julian quería deshacerse de ella. Aceptó el trabajo con la familia Duperrault y planeó su crimen. Sería muy fácil simular un ahogamiento accidental en alta mar.
Pero nada salió como lo planeado.
Se cree que lo que sucedió fue que Arthur encontró al capitán Harvey intentando ahogar a Dene y lo quiso detener. Harvey, no desistió y terminó acuchillándolo. Luego, apuñaló a los demás testigos. Mató a Jean y a Brian a puñaladas (Terry Jo vio los cuerpos). En algún momento de su locura habría ahogado también a la menor de los chicos, Rene. Con el propósito de que se fuera pique hizo un agujero en el barco. Decidió dejar que Terry se hundiera viva con él. Y abandonó la nave pensando que había terminado su faena homicida.
Pero hubo un error de cálculo. Terry era fuerte y decidida.
Además, con la investigación salió a luz el pasado de Harvey. Descubrieron que, en 1949, una de sus esposas y su madre, habían muerto mientras él conducía un auto que se despistó, pasó por encima del guardrail y se precipitó a un pantano. Harvey consiguió escapar, pero las dos mujeres quedaron atrapadas y se ahogaron. Por supuesto, su esposa tenía contratado un buen seguro de vida.
Su propio barco el Torbatross y su lancha de motor Valiant, se habían hundido en extrañas circunstancias, y algunos aviones que había piloteado habían sufrido accidentes muy raros. El fraude y cobrar las pólizas eran lo suyo. Harvey era un estafador mortal dispuesto a cualquier cosa por conseguir dinero.
Arthur Duperrault no podía saber que el hombre que había contratado para materializar su gran sueño era un ser humano desquiciado y perverso.
Mary Dene Jordan se había casado con Harvey. Soñaba con ser escritora y había trabajado como azafata. Tenía contratado un seguro de vida por 20 mil dólares. Su marido la mató para cobrar el dinero
Hablar medio siglo después
La historia de Terry dio varias veces la vuelta al mundo arrancando lágrimas. Pero ella no habló en público por mucho tiempo, aunque fue la nota de tapa del mes de diciembre de la revista Life. Era la perfecta historia de un milagro navideño.
Terry Jo decidió vivir con sus tíos, primos y su abuela. Terminado el secundario estudió para ser radioterapeuta, pero se dio cuenta de que no podía tolerar el mundo de las emergencias médicas.
Decidió modificar su rumbo y comenzó a estudiar geografía cultural en la Universidad de Wisconsin. Y, más tarde, se dedicó a trabajar en el Departamento de Recursos Naturales del estado como especialista en temas hídricos. Le llevó años aceptar la desaparición de su padre. Como no había visto el cuerpo elucubraba teorías: “Recién a los 35 años acepté que se había ido. Hasta entonces me la pasé buscándolo…”.
En el año 2010, con la ayuda del autor y especialista en experiencias de supervivencia, Richard Logan, se animó a volcar en un libro la pesadilla vivida. Lo tituló Sola: una huérfana en el océano.
Tuvo altos y bajos anímicos, siguió tratamientos, se casó cuatro veces, parió tres hijos y, ahora, con 71 años, lleva siete casada con Ron Fassbender. Viven en Kewaunee, Wisconsin.
Barry Leibowitz, la entrevistó y el reportaje fue publicado por el medio CBS en el año 2010. Logró que contara cosas que no había dicho antes. Aquí van algunas de sus respuestas.
-”Siempre creí que fui salvada por alguna razón, pero me tomó cincuenta años obtener la fortaleza para ser capaz de darle a otros esperanza con mi historia. Aunque solo ayude a sanar a una persona que haya vivido una desgracia, mi camino habrá valido la pena. Soy una sobreviviente intentando hallar a otros sobrevivientes”.
-”Perdí a mi familia y volví sin poder hacer preguntas ni hablar con nadie acerca de mis sentimientos. Iba al colegio donde las maestras y mis compañeros sabían de mi pérdida, pero no podían hablarme. Cuando publiqué el libro y un día me dediqué a firmarlos, muchas de mis maestras que habían estado 49 años antes, aparecieron solo para ver si yo estaba bien. Dijeron que lamentaban no haber sabido hablar conmigo, por no haber podido hacerlo y ayudarme. Les habían dicho que hicieran de cuenta que nada había pasado”.
-”Julian Harvey me abandonó pensando que el océano me tragaría, pero por el contrario creé un lazo con el agua”.
-”El agua no me repele, todo lo contrario. Me dediqué a protegerla, así como ella me protegió a mí de pequeña. El agua es vida y me calma estar cerca (…) Pienso más claramente, me relajo y me siento más cerca de mi familia perdida”
-”(…) por mi caso, cambiaron las regulaciones, y es por eso que ahora tenemos los salvavidas naranja brillante”.
«Soy una sobreviviente intentando hallar a otros sobrevivientes”, dijo Terry Jo Duperrault en su primera entrevista en 2010
Han pasado exactos 60 años desde aquella noche, pero lo vivido está ahí, en su cabeza, como si hubiese ocurrido ayer.
Los hirvientes días. Las oscuras madrugadas. El miedo. Las imágenes de su madre y su hermano flotando en un mar rojo. La certeza de que toda su familia ha desaparecido. El estómago apretado por la angustia. El corazón galopando de pavor. El mar inmenso que la abraza y la acuna. Su cuerpo vacío y seco que resiste. Su alma quebrada. Terry flota, como puede, sobre la vida. Aquel pedazo de corcho de sesenta centímetros por metro y medio la sigue sosteniendo.
Yorokobu(C.Lago) — Más que llover, nos están cayendo piedras. Un mes confinados en casa mirando cómo la primavera está llegando y nos da con todas sus flores en las narices para decirnos «mirarás pero no tocarás» deprime a cualquiera. Salvo a aquellos que son optimistas por naturaleza y se sienten capaces de ver la botella siempre medio llena, aunque la realidad se empeñe en darle unos tragos que la dejen tiritando.
Los demás mortales se ven en la tesitura de asumir que la vida no siempre tiene forma de arcoíris ni huele a unicornios de algodón, lo que tampoco es que sea malo: es, simplemente, ver la vida con algo más de realismo. Pero una cosa es eso y otra, ser un pesimista recalcitrante.
Frente a quienes dicen que lo sienten pero que les dibujaron así y que son pesimistas porque lo fueron también sus padres, y sus abuelos y sus tatarabuelos…; es decir, quienes creen que hay una cierta cuestión genética en eso de verlo todo negro, el doctor Martin Seligman, director del departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania, se empeña en llevarles la contraria.
El pesimismo puede que sea algo hereditario que define trágicamente a una persona, pero la buena noticia es que con esfuerzo y práctica puede llegar a dársele la vuelta y ver el mundo desde el lado optimista de las cosas. «El pesimismo es uno de los rasgos de la personalidad que es altamente heredable, pero también modificable por ejercicios específicos», afirma Seligman en su artículo Authentic Happiness.
Lo cierto es que siendo optimista la vida te sonríe.
Muchos estudios relacionan esta manera positiva de ver la vida con una salud mejor, con ganar más dinero y con ser más productivos en el trabajo.
Ahora bien, ser positivo no es lo mismo que caer en el pasteleo wonderful que tanto se ve impreso en las tazas de desayuno.
«Si lo único que tuviéramos fueran emociones positivas, nuestra especie habría muerto hace mucho tiempo», afirma Martin Seligman para defender su teoría del optimismo realista.
Porque la cosa se resume en encontrar ese término medio donde no se niegan las malas rachas, sino que se afrontan con la perspectiva de que todo pasa.
Para Shawn Achor, orador norteamericano especializado en la psicología positiva, «no es que la realidad nos transforme, sino que la lente con la que miramos el mundo transforma nuestra realidad. Y si cambiamos la lente, no solo cambia el grado de felicidad, sino también los resultados educativos y empresariales».
Los informativos, por ejemplo, no dejan de dar malas noticias: crímenes, pandemias, guerras, economía que se hunde, paro…
Podemos dejarnos arrastrar por esa negatividad y asumir que todo se va a la mierda o, por el contrario, asumir que esa es solo parte de la realidad y que en ella confluyen otras muchas circunstancias infinitamente menos negativas o incluso bellas.
«Si conozco tu mundo exterior, puedo predecir el 10% de tu felicidad a largo plazo. El otro 90% no proviene del exterior, sino de la manera en que procesa esa realidad externa. Y si lo cambiamos, la fórmula del éxito y la felicidad cambiará la manera en la que te afecta la realidad», aseguraba Achor en una charla TED.
Porque para este experto en felicidad, el cerebro positivo funciona mucho mejor que uno negativo o estresado y hace que aumente nuestra energía y nuestra productividad.
Así pues, conviene dejar de ver el lado negro de las cosas, que existe, está ahí, y no se va a ir solo por negarlo, y empezar a trabajar el optimismo.
Basta con añadir a tus rutinas de ejercicio físico otros truquis para fortalecer el músculo de la felicidad.
«Necesitamos aprender a invertir la fórmula», explica Achor, «para ver de lo que el cerebro es capaz. La dopamina, la sustancia que produce el cuerpo cuando somos positivos, tienen dos funciones: no solo te hace sentir más feliz, sino que también activa los centros de aprendizaje, permitiéndote adaptarte al mundo de forma diferente».
Entrenamniento mental para ser optimista y feliz (sin pasteleos)
Eso sí, igual que por hacer tres flexiones y diez abdominales no te vas a transformar en una maciza de calendario, tampoco esperes conseguir transformar tu pesimismo en dos días. A tu cerebro le tocará sudar tinta, no queda otra.
Es cuestión de ser constantes. Shawn Achor habla de una rutina de ejercicios durante 21 días (¿no es ese el plazo en el que acabamos convirtiendo algo en una rutina?) en lapsos de dos minutos. Pero las suyas no son las únicas técnicas para atraer el positivismo a tu vida. Aquí van unos cuantos consejos:
Da gracias por tres cosas buenas que te hayan pasado. Pero sé concreto. No basta con que digas «gracias por tener trabajo», por ejemplo, porque sería lo mismo que dirías día a día y ahí, originalidad cero. Ya hemos dicho que no iba a ser fácil.
Esfuérzate: «Gracias porque han pensado en mí para llevar adelante un proyecto molón con el que no contaba» suena mucho mejor y mañana encontrarás otra cosa por la que estar agradecido.
Visualiza tu mejor yo.
¿Cómo te ves dentro de 10 años, en el mejor de tus sueños?
¿Cómo te sentirías?
Fantasea, tron, que soñar es bueno.
Psicólogos y expertos como Sonja Lyubomirsky recomiendan hacerlo una vez a la semana, entre uno y dos meses, durante seis u ocho minutos.
Siéntate un ratito y escribe sobre ello, centrándote en un solo ámbito: familia, carrera profesional, amor, salud…
No te lo tomes a guasa. No es que vaya a hacer un milagro y lo consigas solo por imaginarlo, pero sí te hará cosquillitas en el humor, que es lo que cuenta. Además, hay unos cuantos estudios que demuestran que imaginar tu futuro ideal puede aumentar tu nivel de optimismo. Y, además, ya sabes: soñar es gratis.
No veas la decepción como el enemigo: acéptala. Parece una perogrullada, pero muchos pesimistas lo son porque les resulta imposible o complicado entender que las cosas pueden salir mal a veces y no pasa nada. Esperar continuamente lo peor, dice la doctora Laura Oliff, directora del American Institute for Cognitive Therapy, puede denotar que lo que intentas es protegerte de esa decepción.
Si niegas los altibajos de la vida te pierdes la «anticipación positiva de los acontecimientos», como, por ejemplo, el placer de planear unas vacaciones o un viaje, da igual si al final puedes ir o no.
Si tienes que elegir entre expectativas que quizá puedan fallar y otras negativas que tienen más cartas de poder cumplirse, elige las primeras. Y aunque es verdad que es más fácil decirlo que hacerlo, ayuda mucho recordar el hecho de que muchas de las cosas malas que imaginamos no llegan a ocurrir realmente. Y si lo hacen, nos recuperamos bastante rápido del golpe.
Como decían los Monty Python, «always look on the bright side of life» (Mira siempre el lado brillante de la vida).
Argumenta contra ti mismo.
No eres peor que otros por mucho que te hayan ido mal las cosas.
Según Martin Seligman, primero debes reconocer la voz interior que hace esos comentarios negativos y discutir con ella como si lo hicieras con tu suegra.
No es verdad que te vaya peor que a otros solo porque tú eres tú. Evita las comparaciones odiosas y céntrate en lo positivo. No dejes que tu yo Mr. Scrooge lleve la razón.
Mira las cosas con perspectiva. Ni todo es una mierda ni todo es maravilloso. Hay que encontrar el término medio y para eso es necesario poner distancia, cambiar el ángulo de visión.
Multiplica por dos lo bueno que te ha pasado. Ojo, que no se trata de exagerar la realidad y pasar del bueno al buenérrimo, sino de regodearte en los detalles bonitos. Según Shawn Achor, el cerebro no puede diferenciar entre la visualización y la experiencia real, por lo que duplicas la experiencia positiva en tu cabeza.
Haz ejercicio, pero del bueno. O sea, cardiovascular. 15 minutos al día de darle leña al cuerpo como si te poseyera el espíritu de un marine vigoréxico podrían funcionar como el mejor antidepresivo, sobre todo si sobrevives. Tu cerebro lo registra como una victoria y eso siempre da mucho gustirrinín. Las agujetas también se pasan, recuérdalo antes de volver a plantar el culo en el escay del sofá.
Respira… Deja lo que estés haciendo y dedica dos minutos al día a sentir únicamente tu respiración. Sí, eso es: mindfulness de toda la vida. Reduce tu estrés y te ayuda a ser más feliz. ¿Qué puedes perder?
Contagia tu optimismo. En lugar de escribir a tu compañero de curro para hablarle solo de trabajo, prueba a decirle de vez en cuando lo bien que hace ciertas cosas, lo mucho que te ayuda y las ganas que tienes de tomarte unas cañas con él a la salida (eso, cuando todo vuelva a la normalidad. Ahora no toca).
Y quien dice compañero de curro dice hermano, amigo, cuñado (sí, cuñado), conserje o vecino. Lo importante es que sea uno cada día y por distintos motivos.
Vale un email o un comentario positivo en redes sociales.
Tú eliges el formato.
Verás que la respuesta será buena y además cambiará la idea que tienen esas personas de ti.
Según Achor, las personas que hacen estas cosas no solo son percibidos como líderes positivos por los elogios y el reconocimiento, sino que su puntuación de conexión social está en lo más alto de la escala.
Y sonríe a menudo. Recuerda que la risa es contagiosa. Si no tienes a quién dedicársela, ponte delante de un espejo y regálatela a ti.