“Confiamos en que las federaciones nacionales supervisen a sus miembros, porque no podemos vigilarlos a todos”, dice ErikaBochereau, secretaria general de CINOA. “Si vemos una infracción, suspendemos a ese miembro, como ha sucedido con Bagot”.

También es un acto de fe el de BRAFA, el salón donde el galerista logró exhibir varias de las piezas sospechosas. Un comité de expertos dictamina si son auténticas, pero no si son robadas o expoliadas. “Creemos la palabra de los marchantes, al igual que hacen otras ferias”, asume Nelis.

En el Ministerio de Cultura, donde vieron crecer a Bagot hasta convertirse en el poderoso anticuario que es hoy, explican: “A nosotros no nos corresponde investigar”. Afirman que eso es tarea de la policía y la guardia civil. “Nosotros revisamos si la documentación de las fichas de importación es coherente. Y en el caso de Bagot lo era. Pero no podemos saber si es falsa. Somos como el técnico de la ITV: no determinamos si el coche es robado, solo si está en regla”.

Ellos mismos también adquirieron obras de Bagot que hoy se exponen en museos como el Arqueológico Nacional o el de América. “A partir de 2016, cuando las autoridades intensificaron la investigación sobre él, dejamos de comprarle”, explican.

¿Existen los controles suficientes? —preguntamos a Walda.
—En las aduanas no tienen especialistas en antigüedades, en las casas de subastas no investigan si son robadas… Hay muchos agujeros.

Con una sonrisa suave, el profesor Walda recordará aquella tarde en Barcelona, con Bagot a su lado, la última vez que lo vio. “Tiene una vida muy interesante, debería publicar su biografía”, le dijo. El joven, de apenas 31 años, dándose cuenta de lo que estaba sucediéndole, le contestó: “Este no será un capítulo fácil de escribir”.

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