Mendoza, tierra de reinas, tonadas, cunetas y chocos


Claudio Barros-LosAndesOnLine – Esta tierra sobre la que se fundó una ciudad hace 450 años tiene algo más que sol y buen vino. Tiene música, vocabulario e íconos propios que nos dan identidad, acervo cultural y nos permiten conocernos a nosotros mismos.

Lo que somos hoy no nació ayer. Lleva ya 450 años de formación en los que forjamos una identidad que está ahora más firme que el Aconcagua en la cordillera. Si de algo no podemos quejarnos los mendocinos es de no tener identidad. Es una construcción cultural hecha a base de limpieza, veredas anchas, acequias, viñas y montañas pero también de palabras y modismos, de esos que sólo decimos aquí y que son casi un dialecto propio. Las decimos pero también las cantamos y son parte del cancionero mendocino.

Somos la palabra

Los “mendocinismos” son nuestra forma cotidiana de expresión. Sino sólo hay ver a las vecinas lampaceando la vereda y mientras una chusmea algo, la otra le dice: “Caiiiiiaaate”. También se puede pedir direcciones a alguien y será normal escuchar: “Allá donde la calle dobla a la izquierda” o recibir una en verano una invitación para lanzarse a la pileta con la promesa de que está “pandito”.

Así somos y así nos expresamos, con nuestra doble ere arrastrada y nuestra costumbre de utilizar la i en lugar de la doble ele. También con nuestra costumbre de llamar sopaipilla a una variedad de las tortas fritas, engarilla a la carretilla, poto a la cola o a peteco a la acción de subirse a alguien encima. Estas expresiones pasaron de generación en generación pero desde hace una década viven en una recopilación para que perduren más allá de estos 450 años de vida que tiene Mendoza. Gracias a Juan Carlos Rogé existe “Color, sabor y picardía en la cultura”, el primer diccionario de regionalismos de nuestra provincia.

El libro cuenta con 2.500 voces, palabras y expresiones junto a explicaciones sobre términos como “penepe”, que es una espina mínima que tienen los cactus, o la “chupalla”, que es el típico sombrero que se usa para cosechar.

Pero la palabra en Mendoza tiene varios referentes entre los que sobresalen nombres como el de Juan Draghi Lucero, Armando Tejada Gómez o Antonio Di Benedetto.

Canción con todos

Pero no todo es hablar en Mendoza. Las canciones también reflejan lo que somos. Desde el famoso “Otoño en Mendoza” hasta el clásico eterno hecho cueca en “Pongale por las Hileras”, creación del gran Félix Dardo Palorma. Y así como el maestro destacaba en esa letra que “Hay un brillo de chapecas”, otras canciones también nos reflejan con nuestros modismo mendocinos.

Se hizo antes y se hace ahora. Como ejemplo basta escuchar la mendocinidad al palo del `Mendutronic´, el éxito de los maipucinos Don Guorry que con frases como “Ay pero qué choco más malo” y “Todo eso era viña” no sólo cantan nuestras costumbres sino que demuestran que además de un vocabulario propio poseemos una unívoca forma de expresión. Uno de los homenajes a ese `mendocinismo´ fue realizado por el humorista, autor y poeta Jorge Sosa, un hombre oriundo de Santa Fe que adoptó a Mendoza como su hogar y le rindió tributo con la Cueca de los Menducos, que en algunos de sus fragmentos dice:

Si por causa’e chapecas / en las chínganas se alzó un camote / ha de llevar cuñado / poto arrastrado de pericote.

Juegue luche y payana / y si las ganas se han topetado / a peteco el cuchillo, dele un coscacho / si se ha enculado. Cueca de los menducos / que siempre tiene sabor a poco / cuando le falta el aro / seguro ladran los chocos.

Pero hasta la música tiene una característica que no existe en otras ciudades argentinas. Aquí tenemos la Tonada, esa música tan mendocina y tan particular que no tiene danza… y no se baila.

Monarquía democrática

Más allá de los rasgos que nos distinguen tenemos dos hitos que nos marcan como pueblo. La historia que cuenta cómo logramos transformar el desierto en oasis y el orgullo de haber albergado al padre de la Patria en su campaña libertadora. Quizá por eso ambos hechos históricos les rendimos homenaje en una de las fiestas más tradicionales que supimos conseguir: La Fiesta Nacional de la Vendimia.

Tanto nos gusta la celebración que llevamos más de tres cuartos de siglo festejando la cosecha bajo la increíble fusión de democracia con monarquía al coronar a una reina que se elige por votación.

Y esta Mendoza que cumple años no sólo es su gente sino también sus construcciones. La arboleda típica –y quizá más específicamente las alamedas- regadas por las cunetas y acequias son tan nuestras como el Parque General San Martín o la Plaza Independencia.

Pero también están aquellos íconos a los que sólo los mendocinos le damos importancia porque son una referencia en nuestra cotidianidad. Hablamos, claro, de aquellos “monumentos” que son referencia y más de una vez una señal vial. ¿Ejemplos? El Puente de Hierro de Guaymallén, la Banana del Acceso Este o la Rotonda del Avión de Las Heras. Para la mirada ajena no pasan de ser objetos llamativos, obsoletos o incluso ridículos, pero para nuestros ojos son tan representativos de Mendoza como la Fuente de los Continentes, el Teatro Griego Frank Romero Day o la Peatonal Sarmiento.

Lo que hacemos, lo que decimos, lo que caminamos, lo que cantamos, lo que amamos y hasta lo que odiamos de esta ciudad es lo que nos ha hecho parte de ella en los últimos cuatro siglos y medio. Nosotros pasaremos pero ella seguirá estando para demostrar que lo más importante de un pueblo es tener una identidad que la represente.

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